viernes, 11 de septiembre de 2009
"lo más prudente es pedir una nueva investigación, pero la hipótesis más plausible es la del golpe de estado"
Entrevista sobre el 11-S con el profesor de filosofía del derecho en la Universidad de Barcelona José Luis Gordillo.
Salvador López Arnal*
En una nota editorial, magnífica en mi opinión, publicada en el número 110-111 de mientras tanto, informabas que en la revista The Open Chemical Physics Journal, se había publicado en abril de 2009 un artículo titulado: “Active Thermitic Material Discovered in Dust from the 9/11 World Trade Center Castastrophe” (“Material de termita activa descubierto en el polvo de la catástrofe del WTC del 11-S”). ¿Qué nuevas informaciones de interés contenía este artículo?
Básicamente, como el mismo título indica, que se han encontrado restos de un explosivo denominado “nano-thermite” en el polvo generado por el hundimiento de los edificios del World Trade Center. Más en concreto, el artículo concluye diciendo: “Basándonos en estas observaciones, llegamos a la conclusión de que las capas rojas de las esquirlas rojo/gris que hemos descubierto en el polvo generado en el WTC es material termítico activo sin reaccionar que incorpora tecnología nanotermítica y se trata de un material altamente energético, pirotécnico o explosivo.” El artículo incluye fotografías de esos restos. La “termita” es un explosivo que se utiliza para la demolición controlada de edificios. Ese hallazgo corrobora la principal tesis defendida por la asociación norteamericana “Arquitectos e ingenieros por la verdad sobre el 11-S” (que ya tiene más de 700 miembros), según la cual la forma en que se derrumbaron la Torre Norte, la Torre Sur y el Edificio nº 7 (un edificio con estructura de acero contra el que no se estrelló ningún avión y que se derrumbó a las 17’20h. en 6’60 segundos de manera totalmente simétrica), sólo pudo ocurrir como resultado de una serie de explosiones en secuencia. Richard Gage, arquitecto y presidente de dicha asociación, lo explicó con mucho detalle en una conferencia de tres horas pronunciada en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, el 7 de noviembre del año pasado. Tele 5 ofreció un breve pero fiel resumen de su contenido en el telediario del mediodía del día posterior (ver http://www.youtube.com/watch?v=Ngw1YWvzjgc).
¿Quién o quiénes firmaban el artículo, un trabajo que, según apuntas en tu nota, fue entregado en mano por un activista estadounidense a Biden, el vicepresidente de Estados Unidos?
La referencia del artículo es “Active Thermitic Material Discovered in Dust from the 9/11 World Trade Center”, The Open Chemical Physics Journal, 2009; 2:7-31. doi: 10.2174/1874412500902010007. Esta revista es de libre acceso, se publica online, utiliza revisores por pares (peer reviewed Journal) e incluye artículos originales sobre todas las áreas de la físico-química.
Los autores del artículo son: Niels H. Harrit, profesor del Departamento de Química de la Universidad de Copenhague; Jeffrey Farrer, profesor del Departamento de Física y Astronomía de la Brigham Young University de EE.UU; Steve Jones, físico y antiguo profesor de la universidad citada anteriormente; Kevin R. Ryan, ingeniero estadounidense y antiguo empleado de la empresa Underwriters Laboratories a la que se pidió que colaborara con la investigación oficial sobre las causas del derrumbe de las torres del WTC (Ryan fue despedido cuando denunció que esa investigación no se fundamentaba en datos contrastados); Frank M. Legge, químico empleado en la empresa australiana Logical Systems Consulting; Daniel Farnsworth, profesor del Departamento de Física y Astronomía de la Brigham Young University; Gregg Roberts, psicólogo y colaborador de “Arquitectos e Ingenieros por la verdad sobre el 11-S”; James R. Gourley, ingeniero químico y colaborador del International Center for 9/11 Studies de Dallas; y Bradley R. Larsen, colaborador de “científicos por la verdad y por la justicia sobre el 11-S(ver www.911truth.org).
El artículo fue entregado efectivamente a Joseph Biden por activistas del grupo We Are Change (Somos el cambio). El mismo grupo repitió la misma operación con varios congresistas norteamericanos hacia mediados de julio. Existe una grabación de la acción muy divertida que se puede encontrar en la web de “investigar11-S” (www.investigar11s.org/). Los activistas de We Are Change persiguen por los pasillos del Congreso a todos los congresistas que encuentran y les entregan una copia del artículo de manera muy educada. En España, activistas de “investigar11-S” se fueron a la redacción de El País y entregaron una nota de prensa, con registro de entrada, en la que se informaba que Niels H. Harrit pronunciaría una conferencia sobre el contenido del artículo el 21 de julio pasado en el Ateneo de Madrid. Si el diario más leído de España no ha dicho ni una sola palabra sobre dicha conferencia o sobre el artículo, está claro que no ha sido por ignorancia, sino por decisión de sus jefes de redacción.
¿Cómo hay que interpretar que el director del equipo científico investigador trabaje en una Universidad danesa?
No hay que darle un significado especial. Como sabes, los científicos se relacionan entre sí a nivel internacional. A Niels H. Harrit, como buen científico, lo que le interesa es la verdad sobre el 11-S. Harrit explicó por televisión (ver: http://www.youtube.com/watch?v=pgcvZQcMSdM) que cuando vio el hundimiento del Edificio nº 7 (un hecho que el informe de la Comisión ni siquiera menciona) se quedó boquiabierto y pensó que el 11 de septiembre de 2001 habían sucedido cosas muy extrañas en EE.UU que convenía estudiar. A Harrit le sucedió lo que a muchos otros a lo largo y ancho del mundo: que a poco de interesarse por la cuestión, descubren que la versión oficial es una tomadura de pelo del tamaño de la Catedral de Burgos. Eso sí: hay que meterse en el asunto, leer, estudiar y buscar información por canales alternativos. Una vez que lo has hecho es muy fácil, por cierto, saber quién se ha metido en el asunto y quién no: basta con preguntar cuántos edificios del WTC se hundieron el 11-S en cuestión de segundos. Si la respuesta es “las Torres Gemelas”, ya sabes que se trata de alguien que del 11-S no sabe casi nada.
¿Ha habido hasta la fecha alguna reacción de la nueva administración usamericana ante estas nuevas investigaciones?
Ninguna que yo sepa. Para el gobierno de EE.UU el 11-S es tabú, no se habla ni se discute sobre él. Obama ha dado por buena y ha repetido como un loro la versión sobre su autoría difundida por Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía tres días después de los atentados, ¡cómo si en tres días fuera posible investigar en serio unos atentados de esa magnitud! La versión oficial del 11-S es cuestión de fe (en última instancia, de fe en el poder norteamericano), no de raciocinio. En nombre del 11-S se han justificado guerras, como la de Iraq, en las que están en juego grandes intereses que tienen que ver, directa o indirectamente, con el aprovisionamiento energético de las sociedades occidentales. Si dudas sobre la versión oficial del 11-S estás cuestionando también la guerra de Afganistán y, más en general, la penetración occidental en Asia Central que tiene como objetivo prioritario controlar las reservas y las rutas de transporte del petróleo y el gas del Mar Caspio. Y recuerda que la era del petróleo abundante y barato está dando sus últimas boqueadas.
Señalas en tu nota que el resultado de la investigación “supone una bofetada monumental al informe del gubernamental NIST (Instituto Nacional sobre Estándares y Tecnología) que atribuyó el hundimiento de las tres torres del WTC al efecto combinado del impacto de los aviones y los incendios consiguientes”. ¿Por qué? ¿Quieres decir con ello que lo que se nos ha contado una y mil veces oficialmente en mentira, una mentira diseñada con todo detalle y con malévola intención?
Hay muchos elementos para pensar que así es. El NIST -una institución cuyos directivos son designados por el gobierno- afirmó que el impacto de los aviones provocó un incendio pavoroso que fundió y/o debilitó las vigas de acero de los pisos afectados por el choque, provocando después un derrumbe en cadena de los pisos inferiores. Pero ni antes ni después del 11-S se han hundido edificios con estructura de acero como consecuencia de un incendio en unos pocos segundos, de forma perpendicular, simétrica y sobre sus propios cimientos (la Torre Norte y la Torre Sur se hundieron en 10 segundos, el Edificio 7 en 6’60 segundos como ya se ha dicho). La increíble afirmación del gubernamental NIST llamó la atención, para decirlo de forma suave, de científicos de varios países. Lo cual es bastante lógico, porque si fuese cierto que un edificio con un esqueleto de vigas de acero puede colapsar en cuestión de segundos a causa de un incendio, las empresas que se dedican a la demolición controlada de edificios deberían echar el cierre y los arquitectos e ingenieros de todo el mundo deberían celebrar un congreso internacional para revisar las reglas de construcción de rascacielos, algo que no ha sucedido que yo sepa.
La mala intención fue notoria cuando la Administración Bush intentó convencer al mundo de que Sadam Husein era uno de los conspiradores del 11-S. Hay un video en youtube (titulado: “bush wmd lies”) que denuncia de forma magistral las mentiras de la guerra de Iraq, incluidas las que hacían referencia a Al Qaeda. Para la propaganda bélica occidental, el 11-S, el 7-J, el 11-M y otros atentados similares –con independencia de su real o supuesta autoría- se han convertido en “atentados multiusos” que igual sirven para un fregado que para un barrido; igual sirven para justificar la invasión de Iraq que el envío de más soldados a Afganistán; igual para justificar la aprobación de un montón de nuevas leyes antiterroristas que una tanda de bombardeos en Somalia. Después de los atentados de Nueva York y Washington, el gobierno estadounidense hizo pública una lista en la que se nombraban decenas de organizaciones “terroristas” muy bien repartidas por el mundo. A continuación, Bush y sus cómplices dijeron que esas organizaciones eran los objetivos a abatir en la “guerra contra el terrorismo”. El problema era que el 99’9% de ellas no tenía nada que ver con el 11-S: ni ETA, ni el Partido Comunista de las Filipinas, ni los paramilitares colombianos, ni los lealistas irlandeses, ni Sendero Luminoso, ni Hamas, ni Hezbolá, para citar sólo algunas que se mencionaban en la lista, tenían relación alguna con el 11-S. Ningún gobernante europeo alzó la voz para denunciar una manipulación tan grosera y escandalosa. Todos dijeron amén. Y no sólo los gobernantes. Rodríguez Zapatero, entonces en la oposición, llegó a decir que la sociedad norteamericana había dado una lección de “patriotismo constitucional” después del 11-S. Josep Piqué, por entonces ministro de asuntos exteriores, literalmente dijo: “cualquier acción de EE.UU tendrá su justificación”. Más recientemente Obama ha dicho, con motivo del sesenta aniversario de la fundación de la OTAN, que los Estados europeos debían enviar más soldados a Afganistán porque Al Qaeda podía volver a atentar y lo haría seguramente en Europa. Eso fue, como diría Al Gore, “política del miedo” (incluso sonaba como una amenaza). Los dirigentes occidentales no tienen buena opinión sobre las poblaciones que gobiernan: piensan que son como niños atontados a quienes hay que asustar para obtener su sumisión y obediencia. Sí, los gobernantes occidentales mienten como bellacos y también lo han hecho en relación con el 11-S.
¿Hay que creer entonces la hipótesis, a la que haces también referencia, apuntada por testimonios de centenares de personas que afirmaron haber oído y/o padecidos explosiones antes y mientras se hundían los edificios? ¿Los tres rascacielos fueron destruidos mediante una demolición controlada?
No es cuestión de creencias, sino de hechos, pruebas y leyes científicas. Como dicen los arquitectos por la verdad sobre el 11-S, no hay muchas más opciones de acuerdo con las leyes de la física y las reglas de la ingeniería y de la arquitectura. Además de la investigación dirigida por Niels Harrit, existen efectivamente los testimonios de cientos de personas entrevistadas en vivo y en directo inmediatamente después de los colapsos. Uno de ellos es el de William Rodríguez, un portero de la Torres Gemelas que padeció –y no sólo escuchó- una explosión en los sótanos de la Torre Norte momentos antes de que se estrellara el primer avión. Un compañero suyo, llamado Felipe David, resultó gravemente herido, con quemaduras en su cara y en sus brazos. Rodríguez ayudó después a salir del edificio a decenas de personas. Fue recibido por Bush en la Casa Blanca y alcanzó cierta notoriedad porque los medios le bautizaron como uno de los “héroes del 11-S”. Fue llamado a declarar ante la Comisión y explicó lo de la explosión en los sótanos previa al impacto del primer avión. Mientras la declaración de otros testimonios fue televisada, la suya fue a puerta cerrada. En el Informe final, su testimonio y su nombre no aparecen por ninguna parte.
Pero hay más datos que apuntan en la misma dirección: en un documental muy interesante de Massimo Mazzucco, titulado Engaño global, se pueden ver el hundimiento de las Torres Gemelas a cámara lenta (ver: http://www.nodo50.org/rebeldemule/foro/viewtopic.php?f=4&t=5244). En esas imágenes se ven claramente estelas del humo horizontales procedentes de explosiones. A esto hay que añadir los charcos enormes de metal fundido que se formaron en los cimientos tras los derrumbes. Ante la estupefacción general, semanas después del 11-S todavía persistían esos charcos con el metal al rojo vivo. El físico Steve E. Jones, mencionado más arriba, se planteó la cuestión en su artículo “¿Por qué se derrumbaron realmente los edificios del WTC?”, que se puede consultar en la web www.journalof911studies.com, donde ya se apuntaba que la respuesta más probable a ese fenómeno tenía que ver con el uso de la termita, un explosivo que permite cortar y fundir fácilmente el acero.
¿Una conjetura así no olvida los otros aviones y las otras explosiones, algunas de ellas no exitosas desde el punto de vista de su aparente finalidad?
No, porque lo uno no es incompatible con lo otro. Dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y provocaron daños graves, así como unos incendios que al cabo de quince minutos ya emitían humo grisáceo, lo que era indicativo de que al fuego le faltaba oxígeno y por tanto que no eran unos incendios pavorosos. Con todo lo terribles que pudieron ser para quienes se vieron atrapados en ellos, no fueron unos grandes incendios que consiguieran fundir los cientos de vigas de acero.
El avión del Pentágono resultó ser un avión muy extraño: no dejó rastros visibles de su existencia después de chocar contra la fachada del edificio más vigilado del mundo. En la primera versión oficial que se dio del incidente se dijo literalmentee que el avión se había evaporado o “gasificado”. Había 86 cámaras de video que filmaron la escena del impacto, pero esas filmaciones fueron requisadas por el FBI inmediatamente después del ataque. En 2006, el Pentágono accedió a hacer públicas algunas imágenes de vídeo para intentar acallar la polémica. Pero éstas tuvieron el efecto contrario, ya que en esas imágenes (que, repito, son las imágenes “oficiales”, dadas por buenas por el gobierno de Bush) no se ve por ningún lado un Boeing 757, que es un armatoste considerable. Únicamente se ve una explosión, pero no lo que la provoca.
El avión de Pensilvania dejó restos en un radio de 15 kilómetros, lo que sugiere que estalló a gran altura y no que se estrelló contra el suelo. Y aún hay más cosas de una larga lista de temas muy poco claros: el mismo FBI, por ejemplo, ha reconocido que en 2001 no se había comercializado todavía la tecnología que hubiera permitido hacer o recibir llamadas con teléfonos móviles desde los aviones de pasajeros cuando éstos estaban volando.
Cuando uno cuenta estas cosas, siempre hay quien pregunta por el verdadero destino del avión del Pentágono o por quién o qué pudo hacer estallar el avión de Pensilvania. También yo me lo pregunto porque, la verdad, no conozco ninguna versión alternativa a la oficial completa, redonda y creíble que dé razón de todo lo ocurrido el 11-S. Pero sí conozco muchos asuntos oscuros de ese acontecimiento que merecerían ser investigados a fondo por periodistas que sean críticos y no acepten una versión oficial tan poco verosímil. Les animo a hacerlo. Después de todo, se supone que eso forma parte de su trabajo.
¿Hay que desechar entonces a Al Qaeda, una organización que se movía en la clandestinidad en el país más vigilado del mundo, según tú mismo recuerdas, como autora del atentado?
No necesariamente, pero conviene reflexionar sobre lo que sabemos de Al Qaeda y Osama Bin Laden. Sabemos que Al Qaeda fue fundada por la CIA al final de la invasión soviética de Afganistán. Como es notorio, la guerra contó con abundante apoyo financiero y militar de Estados Unidos y Arabia Saudí con el reclutamiento de miles de voluntarios islámicos, con fuerte presencia de egipcios, saudíes, pakistaníes y yemeníes (como el propio Bin Landen, hijo de un multimillonario constructor saudita de origen yemení) y el apoyo logístico de Pakistán. Algunos miembros de Al Qaeda reaparecieron en la guerra de los Balcanes contratados por la compañía privada de seguridad MPRI (Military Profesional Resources Incorporated), que es una empresa subcontratista del Pentágono. Por el testimonio de Michael Springman, empleado del cuerpo diplomático de EE.UU, sabemos que muchos de los secuestradores suicidas entraron en EE.UU gracias a unas visas expedidas por la oficina consular estadounidense de Jeddah, en Arabia Saudí, gracias a un plan organizado por la CIA que Springman denomina “visados para terroristas”. Springman es un testigo muy importante porque cuando eso ocurría él estaba trabajando en el consulado de Jeddah. Sabemos que el FBI dice que no tiene pruebas para inculpar a Osama Bin Laden, antiguo colaborador de la CIA, como responsable del 11-S y que por eso no lo acusa en su página web (ver: www.fbi.gov/wanted/terrorists/terbinladen.htm) de ser responsable de esos atentados, pero sí en cambio de los de Kenia y Tanzania de 1998, pues sobre esos atentados sí dispone de pruebas.
Es posible que Bin Laden y personas vinculadas a Al Qaeda tuvieron algo que ver con el 11-S, pero no sabemos en calidad de qué. Pudo ser en calidad de tontos útiles, de figurantes o de chivos expiatorios. En Madrid he visto pintadas que dicen “Al Qaeda=CIA”. ¿Nos atrevemos a pensar sobre ello? Por lo demás, la Al Qaeda de la que hablan los medios de comunicación es una cosa muy rara. De entrada posee el don de la ubicuidad, como el dios de los católicos. Si nos hemos de creer todo lo que dicen los medios, Al Qaeda está en todas partes: en Afganistán, en Iraq, en Indonesia, en las islas Filipinas, en Balí, en Argelia, en Marruecos, en Somalia, en la China, en Pakistán, en Arabia Saudí, en Líbano, en EE.UU., en Barcelona, en Madrid, en Santa Coloma de Gramenet … Para los medios de comunicación occidentales, todo grupo islámico que practica la violencia política es Al Qaeda, está relacionado con Al Qaeda o hay alguien de ese grupo que tiene un primo que conoce a uno que es de Al Qaeda. Por cierto, si alguien quiere videos de Al Qaeda puede entrar en la página web de la empresa “IntelCenter” (www.intelcenter.com/audio-video/index.html) y comprarlos a un precio asequible.
Los historiadores del futuro, cuando analicen la política occidental de la primera década del siglo XXI, señalas en tu nota, deberán optar como mínimo entre tres líneas de interpretación. ¿Qué líneas interpretativas son esas? ¿Por qué como mínimo? ¿Tienes en mente alguna más o es simple precaución intelectual?
Es precaución intelectual, como muy bien dices, pero también recurso retórico, para dar perspectiva al lector, y un poco de ironía amarga, sobre todo lo de “los historiadores de dentro de 50 años”: dado el conformismo generalizado, la verdad sobre 11-S es probable que se conozca en un tiempo superior al que hemos tardado en saber que no hubo “incidente de Tonkin”, el hecho que fue invocado para justificar el envío masivo de tropas norteamericanas a la guerra de Vietnam. Lo de las tres líneas de interpretación es otra manera de hablar de la versión de los gobiernos (todo se explica como una reacción al 11-S, siendo éste un ataque externo), la percepción mayoritaria que tiene ahora la opinión pública europea (reacción al 11-S como ataque externo más aplicación de una agenda política decidida con anterioridad) y el 11-S como acto decisivo de un plan golpista, como ha defendido con mucho coraje el movimiento norteamericano por la verdad sobre el 11-S y es convicción muy extendida en los países musulmanes, en Rusia y en la América Latina “bolivariana”.
¿Qué aspectos te parecen más débiles en la primera línea que propones?
El más débil es algo en lo que no pongo suficiente énfasis en la nota y debería haberlo hecho: la absoluta falta de fundamentación empírica de la afirmación de que el 11-S fue un ataque externo. La versión oficial no se sostiene en pruebas creíbles. Cinco o seis de los diecinueve secuestradores “suicidas”, por ejemplo, están vivitos y coleando, como informaron The Independent, el 17 de septiembre de 2001, The Daily Telegraph, el 23 de septiembre de 2001 y la CBS el 27 de septiembre del mismo año. Tras el ataque a Pearl Harbour, se llevaron a cabo ocho investigaciones para determinar responsabilidades. A consecuencia de ellas, dimitieron o fueron depuestos varios generales y responsables políticos. Respecto al 11-S, sólo ha habido una investigación que, si se caracteriza por algo, es por sus muchas omisiones y por los muchos misterios que deja sin resolver. De ella han renegado hasta sus principales responsables: Thomas Kean y Lee Hamilton, presidente y vicepresidente de la Comisión del 11-S. Estos dos políticos publicaron un artículo en el The New York Times, el 2 de enero de 2008, en el que acusaban a la Administración Bush de haber obstaculizado las investigaciones sobre los atentados. Si Bush y los suyos hicieron eso, entonces toda la investigación es una tomadura de pelo monumental porque no puede contestar, con datos fiables, a una de las preguntas más importantes que siempre hay que hacer en relación con el 11-S: ¿por qué durante dos horas se mostró tan ineficaz el rigidísimo sistema de protección del espacio aéreo de los EE.UU? Vale la pena recordar que si un avión entra en el espacio aéreo de EE.UU y se desvía de su ruta o desconecta el transponder -la emisora de radar que le mantiene permanentemente localizable-, en diez minutos como máximo se va a encontrar escoltado por dos cazas que tienen la potestad autónoma de pegarle un pepinazo si no obedece las órdenes de los pilotos militares. Durante el 11-S, cuatro aviones se desviaron de su ruta y apagaron los transponders pero ninguno fue interceptado. Nadie dimitió o fue destituido por ello. Es más: algunos de los principales responsables militares fueron ascendidos. Cada vez que un responsable político occidental invoca el 11-S para justificar una barbaridad, pongamos por caso enviar más soldados a la guerra de Afganistán, los parlamentarios que se tienen por personas decentes le deberían preguntar a ese responsable quién cree que llevó a cabo el 11-S y qué pruebas tiene de ello. Si el debate fuera serio y riguroso, todos los responsables políticos occidentales sudarían la gota gorda para contestar a esa y a otras muchas preguntas.
La segunda línea de interpretación, señalas, debería resolver “la escasa preocupación por la seguridad nacional que mostró el gobierno de Bush después de haber padecido una agresión tan brutal”. ¿Por qué la precaución fue tan escasa? ¿No se tomaron medidas, numerosas medidas, en ese sentido?
Si te refieres a las medidas internas, se puede pensar que fue así, pero si piensas en las decisiones referidas al ámbito internacional, la cosa no hay por donde cogerla. ¿Cómo puede ser que el día siguiente a lo que se supone fue la peor agresión padecida por EE.UU, el presidente y sus principales consejeros estuvieran discutiendo sobre los planes de ataque a Iraq sin tener una sola prueba que relacionase a este país con los atentados? Eso muestra que el gobierno de los EE.UU estaba pensando en otras cosas, no en la protección de su país, repito: ¡el día siguiente!, ¡sin haber transcurrido ni 24 horas desde los atentados!
La tercera opción, ¿no nos remite a la teoría conspirativa o conspiranoica de la historia? ¿Admitirías una adjetivación así?
No, porque la teoría conspirativa de la historia es otra cosa, al menos para quienes hemos leído a Marx: es el absurdo de presentar, por ejemplo, la transición del feudalismo al capitalismo como el resultado de un complot. Aquí estamos hablando de cosas más concretas y más limitadas en el tiempo: de decisiones adoptadas tras unos atentados que no se pudieron perpetrar sin preparación y planificación previas. Si sus autores fueron Bin Laden y los 19 suicidas, también tuvieron que prepararlos con mucha antelación. Dicho con otras palabras: sin conspiración no hay atentados del 11-S, sean quienes sean sus autores. La versión oficial es también una teoría de la conspiración. No puede ser de otra manera. En ese sentido, todos los que se la creen son también “conspiranoicos”. Lo que ocurre es que la expresión “conspiración” se usa para deslegitimar, para ridiculizar, para quitar importancia a un tema, para hacer creer que se produjeron un conjunto de actos de forma casi automática. Pero si los edificios del WTC fueron demolidos, como cabe deducir de la investigación de Harrit y sus colegas, eso sólo se pudo hacer con la complicidad de los responsables de seguridad de los edificios y, en última instancia, de las autoridades. Harrit ha declarado en la televisión danesa que se debieron necesitar varias toneladas de explosivos para destruir los edificios. En el Edificio nº7 había oficinas de la CIA. ¿Colocó Al Qaeda explosivos en las columnas de ese edificio sin que los agentes de la CIA se dieran cuenta? Si fuera así, esos agentes serían más ineptos que Mortadelo y Filemón, los famosos agentes de la TIA.
Hablas en tu nota, al dar cuenta de esta tercera opción, de “golpe de Estado” que había dado paso a un régimen político autoritario. ¿Podrías precisar esta afirmación?
Tras el 11-S se aprobó, entre otras cosas, la Patriot Act, con el voto favorable de los dos partidos. En 2006 se renovó su vigencia con el voto favorable nuevamente de los dos partidos o de las dos corrientes principales del partido único que gobierna EE.UU desde hace más de un siglo, como prefieras. Esa ley viola derechos tan fundamentales como el derecho a no ser detenido arbitrariamente por la policía o el derecho al habeas corpus. En virtud de la Patriot Act, en EE.UU cualquiera puede ser detenido y encarcelado por tiempo indefinido por decisión del gobierno, sin que se le hagan acusaciones concretas y sin que un juez pueda revisar su caso. Cuando un Estado hace eso, no hay que dudar: se está ante alguna clase de despotismo.
Tal como lo veo, las medidas legales que toma la junta de Bush tienen un “carácter preventivo”: se trataba de aprobar toda una serie de medidas con las que poder afrontar las tensiones sociales generadas por el final de la era de petróleo abundante y barato. Un autor norteamericano, Michael Ruppert, lo ha expuesto con mucha lucidez en su libro: Crossing the Rubicon: The Decline of the American Empire at the End of the Age of Oil, (Gabriola Island, Canada, New Society Publisher, 2004). Entre las medidas legales a las que aludía se encuentra la National Security Presidencial Directive 51, promulgada el 9 de mayo de 2007, en virtud de la cual el Presidente se arroga la potestad de “coordinar” la dirección de los tres poderes del Estado en caso de “emergencia catastrófica”, siendo ésta: “un incidente, sin importar su ubicación geográfica, que produzca niveles extraordinarios de desastre masivo, daño o perturbación que afecten severamente a la población de EEUU, su infraestructura, medio ambiente, economía o funciones de gobierno”. La competencia para determinar si se está o no ante un supuesto de “emergencia catastrófica” es del propio presidente. La directiva, además, tiene unos anexos secretos. Cuando el poder ejecutivo se prepara para asumir el control de los otros dos poderes del Estado, tampoco hay que dudar: se está a las puertas de una dictadura pura y dura, en el sentido más clásico de la palabra.
¿Cuál de las tres posibilidades señaladas te parece más plausible? ¿Crees que tenemos elementos de juicio suficientes en la actualidad para apostar por ella?
Lo más prudente y sensato es pedir una nueva investigación sobre el 11-S, como lo están haciendo decenas de miles de ciudadanos de Nueva York en este momento (por cierto, ¿dónde están, para apoyarles, todos aquellos que en 2001 gritaban “Todos somos americanos” dándose muchos golpes en el pecho?). Pero si me preguntas por mis intuiciones racionales (si es que se puede hablar en estos términos), desde que en 2005 escuché al profesor Mariano Marzo explicar el problema del pico del petróleo, considero la hipótesis del golpe de estado como la más plausible. Y de datos para apoyarla hay muchos. Volviendo, por ejemplo, a la pregunta que hacía más arriba sobre la protección del espacio aéreo de EE.UU. ¿Por qué no funcionó? Por el documental de Michael Moore, Fahrenheit 9/11, sabemos que Bush, el Comandante en Jefe del ejército de EE.UU, estuvo más de veinte minutos leyendo un cuento a los niños de una escuela después de que le comunicaran que un segundo avión se había estrellado contra la Torre Sur. No se levantó inmediatamente y dijo algo así como: “¡venga, vamos a defender a este país!”. Siguió leyendo un rato más, y eso que su propia vida se suponía que también estaba en peligro. El vicepresidente Cheney estuvo metido en un bunker junto a Norman Mineta, el que entonces era secretario de transporte. Por el testimonio de éste, expuesto ante la Comisión del 11-S, sabemos que Cheney se negó a interceptar el vuelo 77 que supuestamente se dirigía hacia Washington D.C, la ciudad donde se encontraba el propio Cheney. Donald Rumsfeld, el secretario de defensa, estuvo ilocalizable hasta después de que se estrellara el último avión. ¿Por qué no funcionó el sistema de protección del espacio aéreo de EE.UU.? Verde y con asas, alcarraza: porque los principales responsables políticos de ponerlo en marcha no lo pusieron en marcha, así de claro. Todo eso lo sabe mucha gente, pero hay un miedo irracional a hablar de ello y a extraer las oportunas conclusiones.
Apuntas en tu nota, por otra parte, dos problemas en la tercera interpretación: señalar los hechos y pruebas que fundamenten la afirmación de que el 11-S fue un acto criminal realizado por redes estatales y/o paraestatales y hacer frente al ambiente inquisitorial que demoniza todo cuestionamiento de la versión oficial del 11-S. ¿No son demasiados problemas para que sean superados por una posición crítica señalada con dedos, manos y órganos represivos?
Quienes seguimos la actividad de los arquitectos e ingenieros por la verdad sobre el 11-S o la de los científicos por el mismo objetivo, sentimos una gran admiración por todos ellos y estamos gratamente sorprendidos por la eficacia de su trabajo. Con todo, acepto que investigar crímenes de Estado es algo muy difícil. Nosotros todavía estamos desenterrando a los republicanos asesinados tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936. Es posible que lo más realista sea, para el corto plazo, denunciar las mentiras sobre el 11-S para conseguir de esta manera que, al menos, dejen de invocarlo como pretexto para intentar justificar más destrucción y muerte. En cualquier caso, las familias de las víctimas del 11-S exigen simplemente la verdad y hay que apoyarles por una cuestión de principio. Ahora bien, la verdad no se impone por sí sola, necesita de agentes que la defiendan y que la den a conocer. La actividad de los científicos no es suficiente. Se necesita de un amplio movimiento sociopolítico de alcance planetario que exija aclaraciones y responsabilidades a la Administración norteamericana. Recuerda que en la Torres Gemelas murieron miles de personas de nacionalidades diferentes. Los gobiernos de cada una de ellas tienen la obligación de averiguar quiénes asesinaron a sus ciudadanos. Richard Falk, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Princenton y relator especial de la ONU, ha propuesto la formación de una Comisión Internacional que lleve a cabo una nueva investigación sobre el 11-S similar a la que se formó para investigar el asesinato de Rafik Hariri, el que fuera primer ministro del Líbano.
¿Por qué el artículo, el trabajo que citas en tu nota, no ha merecido, como tú mismo recuerdas, ni una sola línea en ningún gran medio de comunicación, europeo o usamericano?
Habría que preguntárselo a los responsables de esos medios de comunicación. Es posible que si pudiéramos hablar a solas con el más cínico de ellos, nos diría que las dudas sobre la autoría del 11-S son razonables, pero que no conviene hablar sobre estos asuntos porque podría afectar a la fortaleza del dólar, la moneda del comercio internacional, y que eso podría agravar la crisis económica mundial. Así que hay que apechugar con las mentiras y los muertos y confiar en que Obama vaya desactivando los aspectos más escandalosos de las políticas adoptadas tras el 11-S. Pero seguramente nos diría algo parecido si le preguntásemos sobre el carácter catastrófico de algunas de las consecuencias del 11-S, como por ejemplo las guerras de Iraq y Afganistán. Seguramente nos diría que sí, que estas guerras son una catástrofe, pero que no hay que crearle problemas a Obama porque es un tipo simpático y porque sin un papel activo de EE.UU no va a haber recuperación económica a nivel mundial. Personalmente estimo que no hay solución buena a ninguno de los grandes problemas que afronta la humanidad (el hambre, la pobreza, el desempleo, el cambio climático y la crisis ecológica, el cambio de modelo energético, la crisis financiera, la militarización del mundo, etc.) que no pase por la pérdida de poder e influencia de EE.UU y sus aliados. El 11-S ha sido la gran excusa para intentar imponer el unilateralismo de los EE.UU, pero también es el principal talón de Aquiles de ese proyecto.
El filósofo estadounidense David Ray Griffin, recuerdas tú mismo, ha sostenido que la única verdad que podemos afirmar ahora sobre el 11-S es que la versión oficial sobre su autoría es mentira. ¿Estás de acuerdo con esta consideración?
Sí, totalmente. Por eso he traducido al castellano, junto con mi amigo Toni Giménez, la lista de diálogos del documental ZERO-Investigación sobre el 11-S, en el que participan Dario Fo y Gore Vidal y que ilustra con mucho detalle esa afirmación.
Perdona, José Luis. ¿Puede darnos la referencia de esa traducción?
La versión castellana de ese documental italiano todavía no ha sido comercializada en España, así que no te puedo dar las referencias. Hicimos la traducción de la lista de diálogos gratia et amore y encargamos al servicio de audiovisuales de la Universidad de Barcelona la versión doblada al castellano. Pensamos que sería una buena contribución a la transmisión de conocimiento de la universidad a la sociedad, ese objetivo por el que tanto suspiran los rectores de nuestras universidades. Pero ZERO todavía está buscando un distribuidor en España y no lo encuentra. Hemos hablado con algunas empresas productoras y distribuidoras de documentales y nos han dicho que el tema “no encajaba en su línea” y cosas así. Hemos enviado copias a responsables de programación de cines muy conocidos de Barcelona y, salvo en un solo caso, ni siquiera nos han respondido. El documental lo ha visto un productor de programas de televisión y tampoco le ha parecido “programable” en TV. Por eso, junto con los compañeros de “Barcelona 11-S” e “investigar 11-S”, hemos organizado diversos pases gratuitos de ese documental en cines, Facultades, Escuelas de Ingenieros y centros cívicos.
Prosigue por favor. Te preguntaba por las declaraciones de David Ray Griffin.
Decía que estoy tan de acuerdo con ellas que también he aceptado formar parte de la lista de profesores que cuestionan la versión oficial del 11-S. Somos unos 400 Professors Question 9/11 (a sumar a los más de 200 militares, agentes de inteligencia o altos funcionarios; 200 pilotos y aviadores profesionales; 230 supervivientes y familiares de víctimas; 200 artistas y profesionales de los medios de comunicación; así como los 700 arquitectos e ingenieros de los que hablaba más arriba). No estoy en mala compañía: Gianni Vattimo, Francis Boyle, Richard Falk, Daniel Berrigan, Michel Chossudovsky o Jean Bricmont también están en la lista. Por ahora, soy el único profesor universitario español que aparece en ella. Como, por lo que parece, eso no está bien visto y tampoco está de moda, estoy muy orgulloso de ello.
No, no estás en mala compañía, en absoluto. ¿Y por qué crees que no se han sumado más profesores universitarios españoles a esa lista de personas críticas y razonables? Estoy pensando en muchos amigos y amigas que se adherirían con gusto y con ganas.
Me olvidaba mencionar que para estar en ella hay que haber expresado en público, en una entrevista o en un artículo por ejemplo, dudas razonadas sobre la versión oficial del 11-S. Estoy seguro que muchos amigos y conocidos nuestros harán eso cuando estén seguros de que hay buenas razones para formular esas dudas. Para lo cual hay que proporcionarles buena información. Yo lo intento hacer con los que tengo más cerca y ya he conseguido que, al menos, me tomen en serio. Vamos lentos pero seguros.
¿Qué nuevas investigaciones podían realizarse, en tu opinión, para esclarecer lo sucedido?
Los diferentes aspectos que deberían ser considerados en una investigación seria sobre el 11-S están muy bien explicados en diferentes artículos publicados en la revista electrónica Journal of 911 Studies (ver http://www.journalof911studies.com/), y a ellos me remito. Lo que sí creo que se debería hacer es divulgar los hechos, pruebas y testimonios que ya se conocen. Para lo cual se podría organizar un “Tribunal Russell” sobre el 11-S con un jurado compuesto por intelectuales y científicos de prestigio, e invitar a declarar a Niels Harrit y sus colegas, así como a todas las personas que escucharon y/o padecieron las explosiones en los edificios del WTC. Te aseguro que sólo con eso unos cuantos se pondrían muy nerviosos.
Por lo demás, señalas también que las teorías oficiales sirven para intentar justificar lo injustificable, como, por ejemplo, el envío de más soldados españoles a la guerra de Afganistán. ¿Qué petición o exigencia debería realizarse al gobierno español en este sentido? ¿Debería dejarse Afganistán en manos de los talibanes?
Al gobierno español hay que exigirle que retire las tropas españolas de Afganistán y que deje de intentar legitimar con mentiras esa desdichada aventura neocolonial. La ministra Chacón ha dicho que las tropas españolas deben estar ahí para evitar otro 11-S y otro 11-M. Con ello ha sugerido que hubo una relación entre el 11-M y Afganistán, cuando es notorio que en marzo de 2004 hacía casi tres años que ese país había sido “liberado” por las tropas de la OTAN y muchos columnistas celebraban, a bombo y platillo, la “llegada de la democracia” a ese desgraciado país. Por otra parte, los jueces de la Audiencia Nacional dijeron en su sentencia que los atentados del 11-M fueron perpetrados por un grupo local sin conexión orgánica con Al Qaeda. ¿Qué relación hay, pues, entre el 11-M y Afganistán? Ninguna, según los jueces de la Audiencia Nacional. A la ministra Chacón, por lo tanto, le está empezando a crecer la nariz como a Pinocho. Y sobre el 11-S, el gobierno español, antes de repetir el dogma de que Afganistán fue la cuna del “terrorismo internacional”, debería exigir a Obama que lleve a cabo una nueva investigación sobre el 11-S en la que, entre otras cosas, se pregunte a Bush, Cheney y Rumsfeld por qué no funcionó el sistema de protección del espacio aéreo aquel día.
En Afganistán existe una guerra civil desde hace treinta años. La intervención occidental de 2001 consistió en apoyar a un bando de esa guerra civil en contra del otro por razones puramente geoestratégicas. Si eso es una “misión humanitaria y de paz”, que baje dios y lo vea. Karzai y los “señores de la guerra” que le apoyan son igual de bestias, brutales, corruptos, fundamentalistas y misóginos que los talibanes. Los dos bandos sacan provecho del cultivo y el tráfico de opio. Como ha escrito Tariq Ali, lo mejor que se podría hacer es retirar todas las tropas de la OTAN y convocar una conferencia regional en la que estuvieran presentes todos los vecinos de Afganistán, para lograr de ellos el compromiso de no seguir armando a los grupos afganos afines a sus intereses. Sin armas no se puede continuar la guerra. Y si hicieran falta fuerzas de interposición durante un tiempo limitado, que envíen tropas países como Bolivia, Ecuador, Túnez, Siria, Cuba, Venezuela o Sudáfrica, esto es, países que no tienen ningún interés geoestratégico en Afganistán.
No es una mala idea; gracias por tus respuestas, José Luis. ¿Quieres añadir algo más? Si no fuera así, y no te pareciese un error, además de agradecer la ayuda de Joan Benach, podríamos dedicar la conversación a las víctimas del 11 de septiembre neoyorquino y a las otras víctimas de aquel 11 de septiembre de 1973 en que tanto tuvo que ver los deseos y finalidades de un imperio siempre insaciable.
Gracias a ti por la entrevista y a Joan Benach por sus comentarios a la misma. Me parece una idea fantástica lo de acabar esta conversación invocando el recuerdo de las víctimas de los dos 11 de septiembre. Al final, a lo mejor, va a resultar que tienen más cosas en común que lo que parecía hace ocho años.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_L%C3%B3pez_Arnal
Salvador López Arnal*
En una nota editorial, magnífica en mi opinión, publicada en el número 110-111 de mientras tanto, informabas que en la revista The Open Chemical Physics Journal, se había publicado en abril de 2009 un artículo titulado: “Active Thermitic Material Discovered in Dust from the 9/11 World Trade Center Castastrophe” (“Material de termita activa descubierto en el polvo de la catástrofe del WTC del 11-S”). ¿Qué nuevas informaciones de interés contenía este artículo?
Básicamente, como el mismo título indica, que se han encontrado restos de un explosivo denominado “nano-thermite” en el polvo generado por el hundimiento de los edificios del World Trade Center. Más en concreto, el artículo concluye diciendo: “Basándonos en estas observaciones, llegamos a la conclusión de que las capas rojas de las esquirlas rojo/gris que hemos descubierto en el polvo generado en el WTC es material termítico activo sin reaccionar que incorpora tecnología nanotermítica y se trata de un material altamente energético, pirotécnico o explosivo.” El artículo incluye fotografías de esos restos. La “termita” es un explosivo que se utiliza para la demolición controlada de edificios. Ese hallazgo corrobora la principal tesis defendida por la asociación norteamericana “Arquitectos e ingenieros por la verdad sobre el 11-S” (que ya tiene más de 700 miembros), según la cual la forma en que se derrumbaron la Torre Norte, la Torre Sur y el Edificio nº 7 (un edificio con estructura de acero contra el que no se estrelló ningún avión y que se derrumbó a las 17’20h. en 6’60 segundos de manera totalmente simétrica), sólo pudo ocurrir como resultado de una serie de explosiones en secuencia. Richard Gage, arquitecto y presidente de dicha asociación, lo explicó con mucho detalle en una conferencia de tres horas pronunciada en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, el 7 de noviembre del año pasado. Tele 5 ofreció un breve pero fiel resumen de su contenido en el telediario del mediodía del día posterior (ver http://www.youtube.com/watch?v=Ngw1YWvzjgc).
¿Quién o quiénes firmaban el artículo, un trabajo que, según apuntas en tu nota, fue entregado en mano por un activista estadounidense a Biden, el vicepresidente de Estados Unidos?
La referencia del artículo es “Active Thermitic Material Discovered in Dust from the 9/11 World Trade Center”, The Open Chemical Physics Journal, 2009; 2:7-31. doi: 10.2174/1874412500902010007. Esta revista es de libre acceso, se publica online, utiliza revisores por pares (peer reviewed Journal) e incluye artículos originales sobre todas las áreas de la físico-química.
Los autores del artículo son: Niels H. Harrit, profesor del Departamento de Química de la Universidad de Copenhague; Jeffrey Farrer, profesor del Departamento de Física y Astronomía de la Brigham Young University de EE.UU; Steve Jones, físico y antiguo profesor de la universidad citada anteriormente; Kevin R. Ryan, ingeniero estadounidense y antiguo empleado de la empresa Underwriters Laboratories a la que se pidió que colaborara con la investigación oficial sobre las causas del derrumbe de las torres del WTC (Ryan fue despedido cuando denunció que esa investigación no se fundamentaba en datos contrastados); Frank M. Legge, químico empleado en la empresa australiana Logical Systems Consulting; Daniel Farnsworth, profesor del Departamento de Física y Astronomía de la Brigham Young University; Gregg Roberts, psicólogo y colaborador de “Arquitectos e Ingenieros por la verdad sobre el 11-S”; James R. Gourley, ingeniero químico y colaborador del International Center for 9/11 Studies de Dallas; y Bradley R. Larsen, colaborador de “científicos por la verdad y por la justicia sobre el 11-S(ver www.911truth.org).
El artículo fue entregado efectivamente a Joseph Biden por activistas del grupo We Are Change (Somos el cambio). El mismo grupo repitió la misma operación con varios congresistas norteamericanos hacia mediados de julio. Existe una grabación de la acción muy divertida que se puede encontrar en la web de “investigar11-S” (www.investigar11s.org/). Los activistas de We Are Change persiguen por los pasillos del Congreso a todos los congresistas que encuentran y les entregan una copia del artículo de manera muy educada. En España, activistas de “investigar11-S” se fueron a la redacción de El País y entregaron una nota de prensa, con registro de entrada, en la que se informaba que Niels H. Harrit pronunciaría una conferencia sobre el contenido del artículo el 21 de julio pasado en el Ateneo de Madrid. Si el diario más leído de España no ha dicho ni una sola palabra sobre dicha conferencia o sobre el artículo, está claro que no ha sido por ignorancia, sino por decisión de sus jefes de redacción.
¿Cómo hay que interpretar que el director del equipo científico investigador trabaje en una Universidad danesa?
No hay que darle un significado especial. Como sabes, los científicos se relacionan entre sí a nivel internacional. A Niels H. Harrit, como buen científico, lo que le interesa es la verdad sobre el 11-S. Harrit explicó por televisión (ver: http://www.youtube.com/watch?v=pgcvZQcMSdM) que cuando vio el hundimiento del Edificio nº 7 (un hecho que el informe de la Comisión ni siquiera menciona) se quedó boquiabierto y pensó que el 11 de septiembre de 2001 habían sucedido cosas muy extrañas en EE.UU que convenía estudiar. A Harrit le sucedió lo que a muchos otros a lo largo y ancho del mundo: que a poco de interesarse por la cuestión, descubren que la versión oficial es una tomadura de pelo del tamaño de la Catedral de Burgos. Eso sí: hay que meterse en el asunto, leer, estudiar y buscar información por canales alternativos. Una vez que lo has hecho es muy fácil, por cierto, saber quién se ha metido en el asunto y quién no: basta con preguntar cuántos edificios del WTC se hundieron el 11-S en cuestión de segundos. Si la respuesta es “las Torres Gemelas”, ya sabes que se trata de alguien que del 11-S no sabe casi nada.
¿Ha habido hasta la fecha alguna reacción de la nueva administración usamericana ante estas nuevas investigaciones?
Ninguna que yo sepa. Para el gobierno de EE.UU el 11-S es tabú, no se habla ni se discute sobre él. Obama ha dado por buena y ha repetido como un loro la versión sobre su autoría difundida por Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía tres días después de los atentados, ¡cómo si en tres días fuera posible investigar en serio unos atentados de esa magnitud! La versión oficial del 11-S es cuestión de fe (en última instancia, de fe en el poder norteamericano), no de raciocinio. En nombre del 11-S se han justificado guerras, como la de Iraq, en las que están en juego grandes intereses que tienen que ver, directa o indirectamente, con el aprovisionamiento energético de las sociedades occidentales. Si dudas sobre la versión oficial del 11-S estás cuestionando también la guerra de Afganistán y, más en general, la penetración occidental en Asia Central que tiene como objetivo prioritario controlar las reservas y las rutas de transporte del petróleo y el gas del Mar Caspio. Y recuerda que la era del petróleo abundante y barato está dando sus últimas boqueadas.
Señalas en tu nota que el resultado de la investigación “supone una bofetada monumental al informe del gubernamental NIST (Instituto Nacional sobre Estándares y Tecnología) que atribuyó el hundimiento de las tres torres del WTC al efecto combinado del impacto de los aviones y los incendios consiguientes”. ¿Por qué? ¿Quieres decir con ello que lo que se nos ha contado una y mil veces oficialmente en mentira, una mentira diseñada con todo detalle y con malévola intención?
Hay muchos elementos para pensar que así es. El NIST -una institución cuyos directivos son designados por el gobierno- afirmó que el impacto de los aviones provocó un incendio pavoroso que fundió y/o debilitó las vigas de acero de los pisos afectados por el choque, provocando después un derrumbe en cadena de los pisos inferiores. Pero ni antes ni después del 11-S se han hundido edificios con estructura de acero como consecuencia de un incendio en unos pocos segundos, de forma perpendicular, simétrica y sobre sus propios cimientos (la Torre Norte y la Torre Sur se hundieron en 10 segundos, el Edificio 7 en 6’60 segundos como ya se ha dicho). La increíble afirmación del gubernamental NIST llamó la atención, para decirlo de forma suave, de científicos de varios países. Lo cual es bastante lógico, porque si fuese cierto que un edificio con un esqueleto de vigas de acero puede colapsar en cuestión de segundos a causa de un incendio, las empresas que se dedican a la demolición controlada de edificios deberían echar el cierre y los arquitectos e ingenieros de todo el mundo deberían celebrar un congreso internacional para revisar las reglas de construcción de rascacielos, algo que no ha sucedido que yo sepa.
La mala intención fue notoria cuando la Administración Bush intentó convencer al mundo de que Sadam Husein era uno de los conspiradores del 11-S. Hay un video en youtube (titulado: “bush wmd lies”) que denuncia de forma magistral las mentiras de la guerra de Iraq, incluidas las que hacían referencia a Al Qaeda. Para la propaganda bélica occidental, el 11-S, el 7-J, el 11-M y otros atentados similares –con independencia de su real o supuesta autoría- se han convertido en “atentados multiusos” que igual sirven para un fregado que para un barrido; igual sirven para justificar la invasión de Iraq que el envío de más soldados a Afganistán; igual para justificar la aprobación de un montón de nuevas leyes antiterroristas que una tanda de bombardeos en Somalia. Después de los atentados de Nueva York y Washington, el gobierno estadounidense hizo pública una lista en la que se nombraban decenas de organizaciones “terroristas” muy bien repartidas por el mundo. A continuación, Bush y sus cómplices dijeron que esas organizaciones eran los objetivos a abatir en la “guerra contra el terrorismo”. El problema era que el 99’9% de ellas no tenía nada que ver con el 11-S: ni ETA, ni el Partido Comunista de las Filipinas, ni los paramilitares colombianos, ni los lealistas irlandeses, ni Sendero Luminoso, ni Hamas, ni Hezbolá, para citar sólo algunas que se mencionaban en la lista, tenían relación alguna con el 11-S. Ningún gobernante europeo alzó la voz para denunciar una manipulación tan grosera y escandalosa. Todos dijeron amén. Y no sólo los gobernantes. Rodríguez Zapatero, entonces en la oposición, llegó a decir que la sociedad norteamericana había dado una lección de “patriotismo constitucional” después del 11-S. Josep Piqué, por entonces ministro de asuntos exteriores, literalmente dijo: “cualquier acción de EE.UU tendrá su justificación”. Más recientemente Obama ha dicho, con motivo del sesenta aniversario de la fundación de la OTAN, que los Estados europeos debían enviar más soldados a Afganistán porque Al Qaeda podía volver a atentar y lo haría seguramente en Europa. Eso fue, como diría Al Gore, “política del miedo” (incluso sonaba como una amenaza). Los dirigentes occidentales no tienen buena opinión sobre las poblaciones que gobiernan: piensan que son como niños atontados a quienes hay que asustar para obtener su sumisión y obediencia. Sí, los gobernantes occidentales mienten como bellacos y también lo han hecho en relación con el 11-S.
¿Hay que creer entonces la hipótesis, a la que haces también referencia, apuntada por testimonios de centenares de personas que afirmaron haber oído y/o padecidos explosiones antes y mientras se hundían los edificios? ¿Los tres rascacielos fueron destruidos mediante una demolición controlada?
No es cuestión de creencias, sino de hechos, pruebas y leyes científicas. Como dicen los arquitectos por la verdad sobre el 11-S, no hay muchas más opciones de acuerdo con las leyes de la física y las reglas de la ingeniería y de la arquitectura. Además de la investigación dirigida por Niels Harrit, existen efectivamente los testimonios de cientos de personas entrevistadas en vivo y en directo inmediatamente después de los colapsos. Uno de ellos es el de William Rodríguez, un portero de la Torres Gemelas que padeció –y no sólo escuchó- una explosión en los sótanos de la Torre Norte momentos antes de que se estrellara el primer avión. Un compañero suyo, llamado Felipe David, resultó gravemente herido, con quemaduras en su cara y en sus brazos. Rodríguez ayudó después a salir del edificio a decenas de personas. Fue recibido por Bush en la Casa Blanca y alcanzó cierta notoriedad porque los medios le bautizaron como uno de los “héroes del 11-S”. Fue llamado a declarar ante la Comisión y explicó lo de la explosión en los sótanos previa al impacto del primer avión. Mientras la declaración de otros testimonios fue televisada, la suya fue a puerta cerrada. En el Informe final, su testimonio y su nombre no aparecen por ninguna parte.
Pero hay más datos que apuntan en la misma dirección: en un documental muy interesante de Massimo Mazzucco, titulado Engaño global, se pueden ver el hundimiento de las Torres Gemelas a cámara lenta (ver: http://www.nodo50.org/rebeldemule/foro/viewtopic.php?f=4&t=5244). En esas imágenes se ven claramente estelas del humo horizontales procedentes de explosiones. A esto hay que añadir los charcos enormes de metal fundido que se formaron en los cimientos tras los derrumbes. Ante la estupefacción general, semanas después del 11-S todavía persistían esos charcos con el metal al rojo vivo. El físico Steve E. Jones, mencionado más arriba, se planteó la cuestión en su artículo “¿Por qué se derrumbaron realmente los edificios del WTC?”, que se puede consultar en la web www.journalof911studies.com, donde ya se apuntaba que la respuesta más probable a ese fenómeno tenía que ver con el uso de la termita, un explosivo que permite cortar y fundir fácilmente el acero.
¿Una conjetura así no olvida los otros aviones y las otras explosiones, algunas de ellas no exitosas desde el punto de vista de su aparente finalidad?
No, porque lo uno no es incompatible con lo otro. Dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y provocaron daños graves, así como unos incendios que al cabo de quince minutos ya emitían humo grisáceo, lo que era indicativo de que al fuego le faltaba oxígeno y por tanto que no eran unos incendios pavorosos. Con todo lo terribles que pudieron ser para quienes se vieron atrapados en ellos, no fueron unos grandes incendios que consiguieran fundir los cientos de vigas de acero.
El avión del Pentágono resultó ser un avión muy extraño: no dejó rastros visibles de su existencia después de chocar contra la fachada del edificio más vigilado del mundo. En la primera versión oficial que se dio del incidente se dijo literalmentee que el avión se había evaporado o “gasificado”. Había 86 cámaras de video que filmaron la escena del impacto, pero esas filmaciones fueron requisadas por el FBI inmediatamente después del ataque. En 2006, el Pentágono accedió a hacer públicas algunas imágenes de vídeo para intentar acallar la polémica. Pero éstas tuvieron el efecto contrario, ya que en esas imágenes (que, repito, son las imágenes “oficiales”, dadas por buenas por el gobierno de Bush) no se ve por ningún lado un Boeing 757, que es un armatoste considerable. Únicamente se ve una explosión, pero no lo que la provoca.
El avión de Pensilvania dejó restos en un radio de 15 kilómetros, lo que sugiere que estalló a gran altura y no que se estrelló contra el suelo. Y aún hay más cosas de una larga lista de temas muy poco claros: el mismo FBI, por ejemplo, ha reconocido que en 2001 no se había comercializado todavía la tecnología que hubiera permitido hacer o recibir llamadas con teléfonos móviles desde los aviones de pasajeros cuando éstos estaban volando.
Cuando uno cuenta estas cosas, siempre hay quien pregunta por el verdadero destino del avión del Pentágono o por quién o qué pudo hacer estallar el avión de Pensilvania. También yo me lo pregunto porque, la verdad, no conozco ninguna versión alternativa a la oficial completa, redonda y creíble que dé razón de todo lo ocurrido el 11-S. Pero sí conozco muchos asuntos oscuros de ese acontecimiento que merecerían ser investigados a fondo por periodistas que sean críticos y no acepten una versión oficial tan poco verosímil. Les animo a hacerlo. Después de todo, se supone que eso forma parte de su trabajo.
¿Hay que desechar entonces a Al Qaeda, una organización que se movía en la clandestinidad en el país más vigilado del mundo, según tú mismo recuerdas, como autora del atentado?
No necesariamente, pero conviene reflexionar sobre lo que sabemos de Al Qaeda y Osama Bin Laden. Sabemos que Al Qaeda fue fundada por la CIA al final de la invasión soviética de Afganistán. Como es notorio, la guerra contó con abundante apoyo financiero y militar de Estados Unidos y Arabia Saudí con el reclutamiento de miles de voluntarios islámicos, con fuerte presencia de egipcios, saudíes, pakistaníes y yemeníes (como el propio Bin Landen, hijo de un multimillonario constructor saudita de origen yemení) y el apoyo logístico de Pakistán. Algunos miembros de Al Qaeda reaparecieron en la guerra de los Balcanes contratados por la compañía privada de seguridad MPRI (Military Profesional Resources Incorporated), que es una empresa subcontratista del Pentágono. Por el testimonio de Michael Springman, empleado del cuerpo diplomático de EE.UU, sabemos que muchos de los secuestradores suicidas entraron en EE.UU gracias a unas visas expedidas por la oficina consular estadounidense de Jeddah, en Arabia Saudí, gracias a un plan organizado por la CIA que Springman denomina “visados para terroristas”. Springman es un testigo muy importante porque cuando eso ocurría él estaba trabajando en el consulado de Jeddah. Sabemos que el FBI dice que no tiene pruebas para inculpar a Osama Bin Laden, antiguo colaborador de la CIA, como responsable del 11-S y que por eso no lo acusa en su página web (ver: www.fbi.gov/wanted/terrorists/terbinladen.htm) de ser responsable de esos atentados, pero sí en cambio de los de Kenia y Tanzania de 1998, pues sobre esos atentados sí dispone de pruebas.
Es posible que Bin Laden y personas vinculadas a Al Qaeda tuvieron algo que ver con el 11-S, pero no sabemos en calidad de qué. Pudo ser en calidad de tontos útiles, de figurantes o de chivos expiatorios. En Madrid he visto pintadas que dicen “Al Qaeda=CIA”. ¿Nos atrevemos a pensar sobre ello? Por lo demás, la Al Qaeda de la que hablan los medios de comunicación es una cosa muy rara. De entrada posee el don de la ubicuidad, como el dios de los católicos. Si nos hemos de creer todo lo que dicen los medios, Al Qaeda está en todas partes: en Afganistán, en Iraq, en Indonesia, en las islas Filipinas, en Balí, en Argelia, en Marruecos, en Somalia, en la China, en Pakistán, en Arabia Saudí, en Líbano, en EE.UU., en Barcelona, en Madrid, en Santa Coloma de Gramenet … Para los medios de comunicación occidentales, todo grupo islámico que practica la violencia política es Al Qaeda, está relacionado con Al Qaeda o hay alguien de ese grupo que tiene un primo que conoce a uno que es de Al Qaeda. Por cierto, si alguien quiere videos de Al Qaeda puede entrar en la página web de la empresa “IntelCenter” (www.intelcenter.com/audio-video/index.html) y comprarlos a un precio asequible.
Los historiadores del futuro, cuando analicen la política occidental de la primera década del siglo XXI, señalas en tu nota, deberán optar como mínimo entre tres líneas de interpretación. ¿Qué líneas interpretativas son esas? ¿Por qué como mínimo? ¿Tienes en mente alguna más o es simple precaución intelectual?
Es precaución intelectual, como muy bien dices, pero también recurso retórico, para dar perspectiva al lector, y un poco de ironía amarga, sobre todo lo de “los historiadores de dentro de 50 años”: dado el conformismo generalizado, la verdad sobre 11-S es probable que se conozca en un tiempo superior al que hemos tardado en saber que no hubo “incidente de Tonkin”, el hecho que fue invocado para justificar el envío masivo de tropas norteamericanas a la guerra de Vietnam. Lo de las tres líneas de interpretación es otra manera de hablar de la versión de los gobiernos (todo se explica como una reacción al 11-S, siendo éste un ataque externo), la percepción mayoritaria que tiene ahora la opinión pública europea (reacción al 11-S como ataque externo más aplicación de una agenda política decidida con anterioridad) y el 11-S como acto decisivo de un plan golpista, como ha defendido con mucho coraje el movimiento norteamericano por la verdad sobre el 11-S y es convicción muy extendida en los países musulmanes, en Rusia y en la América Latina “bolivariana”.
¿Qué aspectos te parecen más débiles en la primera línea que propones?
El más débil es algo en lo que no pongo suficiente énfasis en la nota y debería haberlo hecho: la absoluta falta de fundamentación empírica de la afirmación de que el 11-S fue un ataque externo. La versión oficial no se sostiene en pruebas creíbles. Cinco o seis de los diecinueve secuestradores “suicidas”, por ejemplo, están vivitos y coleando, como informaron The Independent, el 17 de septiembre de 2001, The Daily Telegraph, el 23 de septiembre de 2001 y la CBS el 27 de septiembre del mismo año. Tras el ataque a Pearl Harbour, se llevaron a cabo ocho investigaciones para determinar responsabilidades. A consecuencia de ellas, dimitieron o fueron depuestos varios generales y responsables políticos. Respecto al 11-S, sólo ha habido una investigación que, si se caracteriza por algo, es por sus muchas omisiones y por los muchos misterios que deja sin resolver. De ella han renegado hasta sus principales responsables: Thomas Kean y Lee Hamilton, presidente y vicepresidente de la Comisión del 11-S. Estos dos políticos publicaron un artículo en el The New York Times, el 2 de enero de 2008, en el que acusaban a la Administración Bush de haber obstaculizado las investigaciones sobre los atentados. Si Bush y los suyos hicieron eso, entonces toda la investigación es una tomadura de pelo monumental porque no puede contestar, con datos fiables, a una de las preguntas más importantes que siempre hay que hacer en relación con el 11-S: ¿por qué durante dos horas se mostró tan ineficaz el rigidísimo sistema de protección del espacio aéreo de los EE.UU? Vale la pena recordar que si un avión entra en el espacio aéreo de EE.UU y se desvía de su ruta o desconecta el transponder -la emisora de radar que le mantiene permanentemente localizable-, en diez minutos como máximo se va a encontrar escoltado por dos cazas que tienen la potestad autónoma de pegarle un pepinazo si no obedece las órdenes de los pilotos militares. Durante el 11-S, cuatro aviones se desviaron de su ruta y apagaron los transponders pero ninguno fue interceptado. Nadie dimitió o fue destituido por ello. Es más: algunos de los principales responsables militares fueron ascendidos. Cada vez que un responsable político occidental invoca el 11-S para justificar una barbaridad, pongamos por caso enviar más soldados a la guerra de Afganistán, los parlamentarios que se tienen por personas decentes le deberían preguntar a ese responsable quién cree que llevó a cabo el 11-S y qué pruebas tiene de ello. Si el debate fuera serio y riguroso, todos los responsables políticos occidentales sudarían la gota gorda para contestar a esa y a otras muchas preguntas.
La segunda línea de interpretación, señalas, debería resolver “la escasa preocupación por la seguridad nacional que mostró el gobierno de Bush después de haber padecido una agresión tan brutal”. ¿Por qué la precaución fue tan escasa? ¿No se tomaron medidas, numerosas medidas, en ese sentido?
Si te refieres a las medidas internas, se puede pensar que fue así, pero si piensas en las decisiones referidas al ámbito internacional, la cosa no hay por donde cogerla. ¿Cómo puede ser que el día siguiente a lo que se supone fue la peor agresión padecida por EE.UU, el presidente y sus principales consejeros estuvieran discutiendo sobre los planes de ataque a Iraq sin tener una sola prueba que relacionase a este país con los atentados? Eso muestra que el gobierno de los EE.UU estaba pensando en otras cosas, no en la protección de su país, repito: ¡el día siguiente!, ¡sin haber transcurrido ni 24 horas desde los atentados!
La tercera opción, ¿no nos remite a la teoría conspirativa o conspiranoica de la historia? ¿Admitirías una adjetivación así?
No, porque la teoría conspirativa de la historia es otra cosa, al menos para quienes hemos leído a Marx: es el absurdo de presentar, por ejemplo, la transición del feudalismo al capitalismo como el resultado de un complot. Aquí estamos hablando de cosas más concretas y más limitadas en el tiempo: de decisiones adoptadas tras unos atentados que no se pudieron perpetrar sin preparación y planificación previas. Si sus autores fueron Bin Laden y los 19 suicidas, también tuvieron que prepararlos con mucha antelación. Dicho con otras palabras: sin conspiración no hay atentados del 11-S, sean quienes sean sus autores. La versión oficial es también una teoría de la conspiración. No puede ser de otra manera. En ese sentido, todos los que se la creen son también “conspiranoicos”. Lo que ocurre es que la expresión “conspiración” se usa para deslegitimar, para ridiculizar, para quitar importancia a un tema, para hacer creer que se produjeron un conjunto de actos de forma casi automática. Pero si los edificios del WTC fueron demolidos, como cabe deducir de la investigación de Harrit y sus colegas, eso sólo se pudo hacer con la complicidad de los responsables de seguridad de los edificios y, en última instancia, de las autoridades. Harrit ha declarado en la televisión danesa que se debieron necesitar varias toneladas de explosivos para destruir los edificios. En el Edificio nº7 había oficinas de la CIA. ¿Colocó Al Qaeda explosivos en las columnas de ese edificio sin que los agentes de la CIA se dieran cuenta? Si fuera así, esos agentes serían más ineptos que Mortadelo y Filemón, los famosos agentes de la TIA.
Hablas en tu nota, al dar cuenta de esta tercera opción, de “golpe de Estado” que había dado paso a un régimen político autoritario. ¿Podrías precisar esta afirmación?
Tras el 11-S se aprobó, entre otras cosas, la Patriot Act, con el voto favorable de los dos partidos. En 2006 se renovó su vigencia con el voto favorable nuevamente de los dos partidos o de las dos corrientes principales del partido único que gobierna EE.UU desde hace más de un siglo, como prefieras. Esa ley viola derechos tan fundamentales como el derecho a no ser detenido arbitrariamente por la policía o el derecho al habeas corpus. En virtud de la Patriot Act, en EE.UU cualquiera puede ser detenido y encarcelado por tiempo indefinido por decisión del gobierno, sin que se le hagan acusaciones concretas y sin que un juez pueda revisar su caso. Cuando un Estado hace eso, no hay que dudar: se está ante alguna clase de despotismo.
Tal como lo veo, las medidas legales que toma la junta de Bush tienen un “carácter preventivo”: se trataba de aprobar toda una serie de medidas con las que poder afrontar las tensiones sociales generadas por el final de la era de petróleo abundante y barato. Un autor norteamericano, Michael Ruppert, lo ha expuesto con mucha lucidez en su libro: Crossing the Rubicon: The Decline of the American Empire at the End of the Age of Oil, (Gabriola Island, Canada, New Society Publisher, 2004). Entre las medidas legales a las que aludía se encuentra la National Security Presidencial Directive 51, promulgada el 9 de mayo de 2007, en virtud de la cual el Presidente se arroga la potestad de “coordinar” la dirección de los tres poderes del Estado en caso de “emergencia catastrófica”, siendo ésta: “un incidente, sin importar su ubicación geográfica, que produzca niveles extraordinarios de desastre masivo, daño o perturbación que afecten severamente a la población de EEUU, su infraestructura, medio ambiente, economía o funciones de gobierno”. La competencia para determinar si se está o no ante un supuesto de “emergencia catastrófica” es del propio presidente. La directiva, además, tiene unos anexos secretos. Cuando el poder ejecutivo se prepara para asumir el control de los otros dos poderes del Estado, tampoco hay que dudar: se está a las puertas de una dictadura pura y dura, en el sentido más clásico de la palabra.
¿Cuál de las tres posibilidades señaladas te parece más plausible? ¿Crees que tenemos elementos de juicio suficientes en la actualidad para apostar por ella?
Lo más prudente y sensato es pedir una nueva investigación sobre el 11-S, como lo están haciendo decenas de miles de ciudadanos de Nueva York en este momento (por cierto, ¿dónde están, para apoyarles, todos aquellos que en 2001 gritaban “Todos somos americanos” dándose muchos golpes en el pecho?). Pero si me preguntas por mis intuiciones racionales (si es que se puede hablar en estos términos), desde que en 2005 escuché al profesor Mariano Marzo explicar el problema del pico del petróleo, considero la hipótesis del golpe de estado como la más plausible. Y de datos para apoyarla hay muchos. Volviendo, por ejemplo, a la pregunta que hacía más arriba sobre la protección del espacio aéreo de EE.UU. ¿Por qué no funcionó? Por el documental de Michael Moore, Fahrenheit 9/11, sabemos que Bush, el Comandante en Jefe del ejército de EE.UU, estuvo más de veinte minutos leyendo un cuento a los niños de una escuela después de que le comunicaran que un segundo avión se había estrellado contra la Torre Sur. No se levantó inmediatamente y dijo algo así como: “¡venga, vamos a defender a este país!”. Siguió leyendo un rato más, y eso que su propia vida se suponía que también estaba en peligro. El vicepresidente Cheney estuvo metido en un bunker junto a Norman Mineta, el que entonces era secretario de transporte. Por el testimonio de éste, expuesto ante la Comisión del 11-S, sabemos que Cheney se negó a interceptar el vuelo 77 que supuestamente se dirigía hacia Washington D.C, la ciudad donde se encontraba el propio Cheney. Donald Rumsfeld, el secretario de defensa, estuvo ilocalizable hasta después de que se estrellara el último avión. ¿Por qué no funcionó el sistema de protección del espacio aéreo de EE.UU.? Verde y con asas, alcarraza: porque los principales responsables políticos de ponerlo en marcha no lo pusieron en marcha, así de claro. Todo eso lo sabe mucha gente, pero hay un miedo irracional a hablar de ello y a extraer las oportunas conclusiones.
Apuntas en tu nota, por otra parte, dos problemas en la tercera interpretación: señalar los hechos y pruebas que fundamenten la afirmación de que el 11-S fue un acto criminal realizado por redes estatales y/o paraestatales y hacer frente al ambiente inquisitorial que demoniza todo cuestionamiento de la versión oficial del 11-S. ¿No son demasiados problemas para que sean superados por una posición crítica señalada con dedos, manos y órganos represivos?
Quienes seguimos la actividad de los arquitectos e ingenieros por la verdad sobre el 11-S o la de los científicos por el mismo objetivo, sentimos una gran admiración por todos ellos y estamos gratamente sorprendidos por la eficacia de su trabajo. Con todo, acepto que investigar crímenes de Estado es algo muy difícil. Nosotros todavía estamos desenterrando a los republicanos asesinados tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936. Es posible que lo más realista sea, para el corto plazo, denunciar las mentiras sobre el 11-S para conseguir de esta manera que, al menos, dejen de invocarlo como pretexto para intentar justificar más destrucción y muerte. En cualquier caso, las familias de las víctimas del 11-S exigen simplemente la verdad y hay que apoyarles por una cuestión de principio. Ahora bien, la verdad no se impone por sí sola, necesita de agentes que la defiendan y que la den a conocer. La actividad de los científicos no es suficiente. Se necesita de un amplio movimiento sociopolítico de alcance planetario que exija aclaraciones y responsabilidades a la Administración norteamericana. Recuerda que en la Torres Gemelas murieron miles de personas de nacionalidades diferentes. Los gobiernos de cada una de ellas tienen la obligación de averiguar quiénes asesinaron a sus ciudadanos. Richard Falk, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Princenton y relator especial de la ONU, ha propuesto la formación de una Comisión Internacional que lleve a cabo una nueva investigación sobre el 11-S similar a la que se formó para investigar el asesinato de Rafik Hariri, el que fuera primer ministro del Líbano.
¿Por qué el artículo, el trabajo que citas en tu nota, no ha merecido, como tú mismo recuerdas, ni una sola línea en ningún gran medio de comunicación, europeo o usamericano?
Habría que preguntárselo a los responsables de esos medios de comunicación. Es posible que si pudiéramos hablar a solas con el más cínico de ellos, nos diría que las dudas sobre la autoría del 11-S son razonables, pero que no conviene hablar sobre estos asuntos porque podría afectar a la fortaleza del dólar, la moneda del comercio internacional, y que eso podría agravar la crisis económica mundial. Así que hay que apechugar con las mentiras y los muertos y confiar en que Obama vaya desactivando los aspectos más escandalosos de las políticas adoptadas tras el 11-S. Pero seguramente nos diría algo parecido si le preguntásemos sobre el carácter catastrófico de algunas de las consecuencias del 11-S, como por ejemplo las guerras de Iraq y Afganistán. Seguramente nos diría que sí, que estas guerras son una catástrofe, pero que no hay que crearle problemas a Obama porque es un tipo simpático y porque sin un papel activo de EE.UU no va a haber recuperación económica a nivel mundial. Personalmente estimo que no hay solución buena a ninguno de los grandes problemas que afronta la humanidad (el hambre, la pobreza, el desempleo, el cambio climático y la crisis ecológica, el cambio de modelo energético, la crisis financiera, la militarización del mundo, etc.) que no pase por la pérdida de poder e influencia de EE.UU y sus aliados. El 11-S ha sido la gran excusa para intentar imponer el unilateralismo de los EE.UU, pero también es el principal talón de Aquiles de ese proyecto.
El filósofo estadounidense David Ray Griffin, recuerdas tú mismo, ha sostenido que la única verdad que podemos afirmar ahora sobre el 11-S es que la versión oficial sobre su autoría es mentira. ¿Estás de acuerdo con esta consideración?
Sí, totalmente. Por eso he traducido al castellano, junto con mi amigo Toni Giménez, la lista de diálogos del documental ZERO-Investigación sobre el 11-S, en el que participan Dario Fo y Gore Vidal y que ilustra con mucho detalle esa afirmación.
Perdona, José Luis. ¿Puede darnos la referencia de esa traducción?
La versión castellana de ese documental italiano todavía no ha sido comercializada en España, así que no te puedo dar las referencias. Hicimos la traducción de la lista de diálogos gratia et amore y encargamos al servicio de audiovisuales de la Universidad de Barcelona la versión doblada al castellano. Pensamos que sería una buena contribución a la transmisión de conocimiento de la universidad a la sociedad, ese objetivo por el que tanto suspiran los rectores de nuestras universidades. Pero ZERO todavía está buscando un distribuidor en España y no lo encuentra. Hemos hablado con algunas empresas productoras y distribuidoras de documentales y nos han dicho que el tema “no encajaba en su línea” y cosas así. Hemos enviado copias a responsables de programación de cines muy conocidos de Barcelona y, salvo en un solo caso, ni siquiera nos han respondido. El documental lo ha visto un productor de programas de televisión y tampoco le ha parecido “programable” en TV. Por eso, junto con los compañeros de “Barcelona 11-S” e “investigar 11-S”, hemos organizado diversos pases gratuitos de ese documental en cines, Facultades, Escuelas de Ingenieros y centros cívicos.
Prosigue por favor. Te preguntaba por las declaraciones de David Ray Griffin.
Decía que estoy tan de acuerdo con ellas que también he aceptado formar parte de la lista de profesores que cuestionan la versión oficial del 11-S. Somos unos 400 Professors Question 9/11 (a sumar a los más de 200 militares, agentes de inteligencia o altos funcionarios; 200 pilotos y aviadores profesionales; 230 supervivientes y familiares de víctimas; 200 artistas y profesionales de los medios de comunicación; así como los 700 arquitectos e ingenieros de los que hablaba más arriba). No estoy en mala compañía: Gianni Vattimo, Francis Boyle, Richard Falk, Daniel Berrigan, Michel Chossudovsky o Jean Bricmont también están en la lista. Por ahora, soy el único profesor universitario español que aparece en ella. Como, por lo que parece, eso no está bien visto y tampoco está de moda, estoy muy orgulloso de ello.
No, no estás en mala compañía, en absoluto. ¿Y por qué crees que no se han sumado más profesores universitarios españoles a esa lista de personas críticas y razonables? Estoy pensando en muchos amigos y amigas que se adherirían con gusto y con ganas.
Me olvidaba mencionar que para estar en ella hay que haber expresado en público, en una entrevista o en un artículo por ejemplo, dudas razonadas sobre la versión oficial del 11-S. Estoy seguro que muchos amigos y conocidos nuestros harán eso cuando estén seguros de que hay buenas razones para formular esas dudas. Para lo cual hay que proporcionarles buena información. Yo lo intento hacer con los que tengo más cerca y ya he conseguido que, al menos, me tomen en serio. Vamos lentos pero seguros.
¿Qué nuevas investigaciones podían realizarse, en tu opinión, para esclarecer lo sucedido?
Los diferentes aspectos que deberían ser considerados en una investigación seria sobre el 11-S están muy bien explicados en diferentes artículos publicados en la revista electrónica Journal of 911 Studies (ver http://www.journalof911studies.com/), y a ellos me remito. Lo que sí creo que se debería hacer es divulgar los hechos, pruebas y testimonios que ya se conocen. Para lo cual se podría organizar un “Tribunal Russell” sobre el 11-S con un jurado compuesto por intelectuales y científicos de prestigio, e invitar a declarar a Niels Harrit y sus colegas, así como a todas las personas que escucharon y/o padecieron las explosiones en los edificios del WTC. Te aseguro que sólo con eso unos cuantos se pondrían muy nerviosos.
Por lo demás, señalas también que las teorías oficiales sirven para intentar justificar lo injustificable, como, por ejemplo, el envío de más soldados españoles a la guerra de Afganistán. ¿Qué petición o exigencia debería realizarse al gobierno español en este sentido? ¿Debería dejarse Afganistán en manos de los talibanes?
Al gobierno español hay que exigirle que retire las tropas españolas de Afganistán y que deje de intentar legitimar con mentiras esa desdichada aventura neocolonial. La ministra Chacón ha dicho que las tropas españolas deben estar ahí para evitar otro 11-S y otro 11-M. Con ello ha sugerido que hubo una relación entre el 11-M y Afganistán, cuando es notorio que en marzo de 2004 hacía casi tres años que ese país había sido “liberado” por las tropas de la OTAN y muchos columnistas celebraban, a bombo y platillo, la “llegada de la democracia” a ese desgraciado país. Por otra parte, los jueces de la Audiencia Nacional dijeron en su sentencia que los atentados del 11-M fueron perpetrados por un grupo local sin conexión orgánica con Al Qaeda. ¿Qué relación hay, pues, entre el 11-M y Afganistán? Ninguna, según los jueces de la Audiencia Nacional. A la ministra Chacón, por lo tanto, le está empezando a crecer la nariz como a Pinocho. Y sobre el 11-S, el gobierno español, antes de repetir el dogma de que Afganistán fue la cuna del “terrorismo internacional”, debería exigir a Obama que lleve a cabo una nueva investigación sobre el 11-S en la que, entre otras cosas, se pregunte a Bush, Cheney y Rumsfeld por qué no funcionó el sistema de protección del espacio aéreo aquel día.
En Afganistán existe una guerra civil desde hace treinta años. La intervención occidental de 2001 consistió en apoyar a un bando de esa guerra civil en contra del otro por razones puramente geoestratégicas. Si eso es una “misión humanitaria y de paz”, que baje dios y lo vea. Karzai y los “señores de la guerra” que le apoyan son igual de bestias, brutales, corruptos, fundamentalistas y misóginos que los talibanes. Los dos bandos sacan provecho del cultivo y el tráfico de opio. Como ha escrito Tariq Ali, lo mejor que se podría hacer es retirar todas las tropas de la OTAN y convocar una conferencia regional en la que estuvieran presentes todos los vecinos de Afganistán, para lograr de ellos el compromiso de no seguir armando a los grupos afganos afines a sus intereses. Sin armas no se puede continuar la guerra. Y si hicieran falta fuerzas de interposición durante un tiempo limitado, que envíen tropas países como Bolivia, Ecuador, Túnez, Siria, Cuba, Venezuela o Sudáfrica, esto es, países que no tienen ningún interés geoestratégico en Afganistán.
No es una mala idea; gracias por tus respuestas, José Luis. ¿Quieres añadir algo más? Si no fuera así, y no te pareciese un error, además de agradecer la ayuda de Joan Benach, podríamos dedicar la conversación a las víctimas del 11 de septiembre neoyorquino y a las otras víctimas de aquel 11 de septiembre de 1973 en que tanto tuvo que ver los deseos y finalidades de un imperio siempre insaciable.
Gracias a ti por la entrevista y a Joan Benach por sus comentarios a la misma. Me parece una idea fantástica lo de acabar esta conversación invocando el recuerdo de las víctimas de los dos 11 de septiembre. Al final, a lo mejor, va a resultar que tienen más cosas en común que lo que parecía hace ocho años.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_L%C3%B3pez_Arnal
miércoles, 2 de septiembre de 2009
mafias farmacéuticas
Ignacio Ramonet*
Muy pocos medios de comunicación lo han comentado. La opinión pública no ha sido alertada. Y sin embargo, las preocupantes conclusiones del Informe final (1), publicado por la Comisión Europea el pasado 8 de julio, sobre los abusos en materia de competencia en el sector farmacéutico merecen ser conocidas por los ciudadanos y ampliamente difundidas.
¿Qué dice ese informe? En síntesis: que, en el comercio de los medicamentos, la competencia no está funcionando, y que los grandes grupos farmacéuticos recurren a toda suerte de juegos sucios para impedir la llegada al mercado de medicinas más eficaces y sobre todo para descalificar los medicamentos genéricos mucho más baratos. Consecuencia: el retraso del acceso del consumidor a los genéricos se traduce en importantes pérdidas financieras no sólo para los propios pacientes sino para la Seguridad Social a cargo del Estado (o sea de los contribuyentes). Esto, además, ofrece argumentos a los defensores de la privatización de los Sistemas Públicos de Salud, acusados de ser fosos de déficits en el presupuesto de los Estados.
Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años. Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la mayoría de los Gobiernos recomiendan el uso de genéricos porque, por su menor coste, favorecen el acceso equitativo a la salud de las poblaciones expuestas a enfermedades evitables (2).
El objetivo de las grandes marcas farmacéuticas consiste, por consiguiente, en retrasar por todos los medios posibles la fecha de vencimiento del periodo de protección de la patente; y se las arreglan para patentar añadidos superfluos del producto (un polimorfo, una forma cristalina, etc.) y extender así, artificialmente, la duración de su control del medicamento. El mercado mundial de los medicamentos representa unos 700.000 millones de euros (3); y una docena de empresas gigantes, entre ellas las llamadas " Big Pharma " -Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis-, controlan la mitad de ese mercado. Sus beneficios son superiores a los obtenidos por los poderosos grupos del complejo militar-industrial. Por cada euro invertido en la fabricación de un medicamento de marca, los monopolios ganan mil en el mercado (4). Y tres de esas firmas, GSK, Novartis y Sanofi, se disponen a ganar miles de millones de euros más en los próximos meses gracias a las ventas masivas de la vacuna contra el virus A(H1N1) de la nueva gripe (5).
Esas gigantescas masas de dinero otorgan a las " Big Pharma " una potencia financiera absolutamente colosal. Que usan en particular para arruinar, mediante múltiples juicios millonarios ante los tribunales, a los modestos fabricantes de genéricos. Sus innumerables lobbies hostigan también permanentemente a la Oficina Europea de Patentes (OEP), cuya sede se halla en Múnich, para retrasar la concesión de autorizaciones de entrada en el mercado a los genéricos. Asimismo lanzan campañas engañosas sobre estos fármacos bioequivalentes y asustan a los pacientes. El resultado es que, según el reciente Informe publicado por la Comisión Europea, los ciudadanos han tenido que esperar, por término medio, siete meses más de lo normal para acceder a los genéricos, lo cual se ha traducido en los últimos cinco años en un sobregasto innecesario de cerca de 3.000 millones de euros para los consumidores y en un 20% de aumento para los Sistemas Públicos de Salud.
La ofensiva de los monopolios farmacéutico-industriales no tiene fronteras. También estarían implicados en el reciente golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, país que importa todas sus medicinas, producidas fundamentalmente por las " Big Pharma ". Desde que Honduras ingresó en el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de América), en agosto de 2008, Manuel Zelaya negociaba un acuerdo comercial con La Habana para importar genéricos cubanos, con el propósito de reducir los gastos de funcionamiento de los hospitales públicos hondureños. Además, en la Cumbre del 24 de junio pasado, los Presidentes del ALBA se comprometieron a "revisar la doctrina sobre la propiedad industrial", o sea, la intangibilidad de las patentes en materia de medicamentos. Estos dos proyectos, que amenazaban directamente sus intereses, impulsaron a los grupos farmacéuticos transnacionales a apoyar con fuerza el movimiento golpista que derrocaría a Zelaya el 28 de junio último (6).
Asimismo, Barack Obama, deseoso de reformar el sistema de salud de Estados Unidos que deja sin cobertura médica a 47 millones de ciudadanos, está afrontando las iras del complejo farmacéutico-industrial. Aquí, las sumas en juego son gigantescas (los gastos de salud representan el equivalente del 18% del PIB) y las controla un vigoroso lobby de intereses privados que reúne, además de las " Big Pharma ", a las grandes compañías de seguros y a todo el sector de las clínicas y de los hospitales privados. Ninguno de estos actores quiere perder sus opulentos privilegios. Por eso, apoyándose en los grandes medios de comunicación más conservadores y en el Partido Republicano, están gastando decenas de millones de dólares en campañas de desinformación y de calumnias contra la necesaria reforma del sistema de salud.
Es una batalla crucial. Y sería dramático que las mafias farmacéuticas la ganasen. Porque redoblarían entonces los esfuerzos para atacar, en Europa y en el resto del mundo, el despliegue de los medicamentos genéricos y la esperanza de unos sistemas de salud menos costosos y más solidarios.
Notas:
(1) http://ec.europa.eu/comm/competition/sectors/ pharmaceuticals/inquiry/index.html
(2) El 90% de los gastos de la gran industria farmacéutica para el desarrollo de nuevos fármacos está destinado a enfermedades que sólo padece el 10% de la población mundial.
(3) Intercontinental Marketing Services (IMS) Health, 19 de marzo de 2009.
(4) Carlos Machado, "La mafia farmacéutica. Peor el remedio que la enfermedad", 5 de marzo de 2007 (www.ecoportal.net/content/view/full/67184).
(5) Léase, Ignacio Ramonet, "Los culpables de la gripe porcina", Le Monde diplomatique en español , junio de 2009.
(6) Observatorio Social Centroamericano, 29 de junio de 2009.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Ramonet
Muy pocos medios de comunicación lo han comentado. La opinión pública no ha sido alertada. Y sin embargo, las preocupantes conclusiones del Informe final (1), publicado por la Comisión Europea el pasado 8 de julio, sobre los abusos en materia de competencia en el sector farmacéutico merecen ser conocidas por los ciudadanos y ampliamente difundidas.
¿Qué dice ese informe? En síntesis: que, en el comercio de los medicamentos, la competencia no está funcionando, y que los grandes grupos farmacéuticos recurren a toda suerte de juegos sucios para impedir la llegada al mercado de medicinas más eficaces y sobre todo para descalificar los medicamentos genéricos mucho más baratos. Consecuencia: el retraso del acceso del consumidor a los genéricos se traduce en importantes pérdidas financieras no sólo para los propios pacientes sino para la Seguridad Social a cargo del Estado (o sea de los contribuyentes). Esto, además, ofrece argumentos a los defensores de la privatización de los Sistemas Públicos de Salud, acusados de ser fosos de déficits en el presupuesto de los Estados.
Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años. Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la mayoría de los Gobiernos recomiendan el uso de genéricos porque, por su menor coste, favorecen el acceso equitativo a la salud de las poblaciones expuestas a enfermedades evitables (2).
El objetivo de las grandes marcas farmacéuticas consiste, por consiguiente, en retrasar por todos los medios posibles la fecha de vencimiento del periodo de protección de la patente; y se las arreglan para patentar añadidos superfluos del producto (un polimorfo, una forma cristalina, etc.) y extender así, artificialmente, la duración de su control del medicamento. El mercado mundial de los medicamentos representa unos 700.000 millones de euros (3); y una docena de empresas gigantes, entre ellas las llamadas " Big Pharma " -Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis-, controlan la mitad de ese mercado. Sus beneficios son superiores a los obtenidos por los poderosos grupos del complejo militar-industrial. Por cada euro invertido en la fabricación de un medicamento de marca, los monopolios ganan mil en el mercado (4). Y tres de esas firmas, GSK, Novartis y Sanofi, se disponen a ganar miles de millones de euros más en los próximos meses gracias a las ventas masivas de la vacuna contra el virus A(H1N1) de la nueva gripe (5).
Esas gigantescas masas de dinero otorgan a las " Big Pharma " una potencia financiera absolutamente colosal. Que usan en particular para arruinar, mediante múltiples juicios millonarios ante los tribunales, a los modestos fabricantes de genéricos. Sus innumerables lobbies hostigan también permanentemente a la Oficina Europea de Patentes (OEP), cuya sede se halla en Múnich, para retrasar la concesión de autorizaciones de entrada en el mercado a los genéricos. Asimismo lanzan campañas engañosas sobre estos fármacos bioequivalentes y asustan a los pacientes. El resultado es que, según el reciente Informe publicado por la Comisión Europea, los ciudadanos han tenido que esperar, por término medio, siete meses más de lo normal para acceder a los genéricos, lo cual se ha traducido en los últimos cinco años en un sobregasto innecesario de cerca de 3.000 millones de euros para los consumidores y en un 20% de aumento para los Sistemas Públicos de Salud.
La ofensiva de los monopolios farmacéutico-industriales no tiene fronteras. También estarían implicados en el reciente golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, país que importa todas sus medicinas, producidas fundamentalmente por las " Big Pharma ". Desde que Honduras ingresó en el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de América), en agosto de 2008, Manuel Zelaya negociaba un acuerdo comercial con La Habana para importar genéricos cubanos, con el propósito de reducir los gastos de funcionamiento de los hospitales públicos hondureños. Además, en la Cumbre del 24 de junio pasado, los Presidentes del ALBA se comprometieron a "revisar la doctrina sobre la propiedad industrial", o sea, la intangibilidad de las patentes en materia de medicamentos. Estos dos proyectos, que amenazaban directamente sus intereses, impulsaron a los grupos farmacéuticos transnacionales a apoyar con fuerza el movimiento golpista que derrocaría a Zelaya el 28 de junio último (6).
Asimismo, Barack Obama, deseoso de reformar el sistema de salud de Estados Unidos que deja sin cobertura médica a 47 millones de ciudadanos, está afrontando las iras del complejo farmacéutico-industrial. Aquí, las sumas en juego son gigantescas (los gastos de salud representan el equivalente del 18% del PIB) y las controla un vigoroso lobby de intereses privados que reúne, además de las " Big Pharma ", a las grandes compañías de seguros y a todo el sector de las clínicas y de los hospitales privados. Ninguno de estos actores quiere perder sus opulentos privilegios. Por eso, apoyándose en los grandes medios de comunicación más conservadores y en el Partido Republicano, están gastando decenas de millones de dólares en campañas de desinformación y de calumnias contra la necesaria reforma del sistema de salud.
Es una batalla crucial. Y sería dramático que las mafias farmacéuticas la ganasen. Porque redoblarían entonces los esfuerzos para atacar, en Europa y en el resto del mundo, el despliegue de los medicamentos genéricos y la esperanza de unos sistemas de salud menos costosos y más solidarios.
Notas:
(1) http://ec.europa.eu/comm/competition/sectors/ pharmaceuticals/inquiry/index.html
(2) El 90% de los gastos de la gran industria farmacéutica para el desarrollo de nuevos fármacos está destinado a enfermedades que sólo padece el 10% de la población mundial.
(3) Intercontinental Marketing Services (IMS) Health, 19 de marzo de 2009.
(4) Carlos Machado, "La mafia farmacéutica. Peor el remedio que la enfermedad", 5 de marzo de 2007 (www.ecoportal.net/content/view/full/67184).
(5) Léase, Ignacio Ramonet, "Los culpables de la gripe porcina", Le Monde diplomatique en español , junio de 2009.
(6) Observatorio Social Centroamericano, 29 de junio de 2009.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Ramonet
lunes, 24 de agosto de 2009
capitalismo, estilo sarah palin
Naomi Klein
Estamos en una época progresista, una época en la cual el suelo se mueve debajo de nuestros pies, y cualquier cosa es posible. Lo que hace un año considerábamos que era inimaginable decir y esperar, ahora es posible. En tiempos como éstos, es esencial que tengamos la mayor claridad posible acerca de qué queremos, porque en una de esas lo conseguimos. Así que las apuestas son elevadas.
Hoy en día, en los discursos normalmente hablo sobre el rescate (bancario). Todos necesitamos entenderlo porque se está llevando a cabo un robo, el mayor atraco en la historia monetaria. Pero hoy quisiera abordarlo de otro modo: ¿qué tal que el rescate sí funcione, qué tal que sí salvan al sector financiero y la economía regresa al curso que llevaba antes de que estallara la crisis? ¿Es eso lo que queremos? ¿Y cómo se vería ese mundo?
La respuesta es que se vería como Sarah Palin. Escuchen mis argumentos, no es un chiste. Creo que no hemos prestado suficiente atención al significado del momento Palin. Piénsenlo: Se subió al escenario mundial como candidata vicepresidencial el 29 de agosto, con mucha fanfarria, en un mitin de campaña de McCain. Exactamente dos semanas después, el 14 de septiembre, Lehman Brothers colapsó, y desencadenó el derrumbe financiero global.
Así que de cierta manera Palin fue la última expresión clara del capitalismo-de-más-de-lo-mismo antes de que todo se viniera abajo. Eso es bastante útil porque nos mostró –a su manera, llana, campechana– la trayectoria por la cual iba la economía estadunidense antes del actual colapso. Al ofrecernos este vistazo al futuro que apenas evitamos, Palin nos da la oportunidad de plantear una pregunta esencial: ¿Queremos ir ahí? ¿Queremos salvar ese sistema pre crisis, regresarlo a donde estaba el pasado septiembre? ¿O queremos utilizar esta crisis y el mandato electoral de hacer un cambio en serio que se obtuvo en la pasada elección, para transformar radicalmente ese sistema? Ya debemos tener clara nuestra respuesta porque no hemos tenido la potente combinación de una crisis seria y un claro mandato democrático progresista por un cambio desde los años 30. Usamos esta oportunidad o la perdemos.
Así que, ¿qué nos estaba diciendo Sarah Palin acerca del capitalismo-de-más-de-lo-mismo antes de que el colapso la interrumpiera de modo tan grosero? Primero recordemos que antes de que llegara, el público estadunidense, al fin, estaba comenzando a aceptar la urgencia de la crisis climática, el hecho de que nuestra actividad económica está en guerra contra el planeta, que hace falta de inmediato un cambio radical. De verdad estábamos teniendo esa conversación: los osos polares estaban en la cubierta de la revista Newsweek. Y luego, hizo su aparición Sarah Palin. La esencia de su mensaje fue: esos ecologistas, esos liberales, esos hacedores-de-bien están equivocados. No tienes que cambiar nada. No tienes que repensar nada. Sigue conduciendo tu coche que se chupa la gasolina, sigue yendo a Wal-Mart y compra todo lo que quieras. La razón de esto es un lugar mágico llamado Alaska. Simplemente vengan y llévense todo lo que quieran. "Estadunidenses", dijo durante la Convención Nacional Republicana, “necesitamos producir más de nuestro propio petróleo y gasolina. Se los dice una chica que conoce el North Slope of Alaska: tenemos un montón de ambos”.
Y la gente en la convención respondió, coree y coree: "Taladra, nena, taladra". Al mirar esa escena en televisión, con esa extraña y espeluznante mezcla de sexo, petróleo y patrioterismo, recuerdo haber pensado: "Guau, la convención se transformó en un mitin en favor de chingarse al planeta Tierra." Literalmente.
Pero lo que Palin decía implicaba algo que forma parte del mismísimo ADN del capitalismo: la idea de que el mundo no tiene límites. Lo que decía implicaba que no hay tal cosa como consecuencias o déficits en el mundo real. Porque siempre habrá otra frontera, otra Alaska, otra burbuja. Simplemente sigue adelante y descúbrelo. El mañana nunca llega.
Ésta es la mentira más reconfortante y peligrosa: la mentira de que el crecimiento perpetuo y sinfín es posible en nuestro planeta finito. Y tenemos que recordar que este mensaje fue increíblemente popular en esas primeras dos semanas, antes de que Lehman colapsara. A pesar del historial de Bush, Palin y McCain tomaban la delantera. Y si no hubiera sido por la crisis financiera y por el hecho de que Obama comenzó a hacer conexión con los votantes de la clase trabajadora al poner en el banquillo de los acusados la desregulación y la economía de goteo (de arriba hacia abajo), quizá habrían ganado.
El presidente nos dice que quiere mirar hacia delante, no hacia atrás. Pero para poder confrontar la mentira del crecimiento perpetuo y la abundancia sin límite que está en el centro de las crisis del medio ambiente y financiera, tenemos que mirar hacia atrás. Y tenemos que mirar muy atrás, no sólo a los pasados ocho años de Bush y Cheney, sino a la fundación misma de este país, a la idea del estado de colonos.
El capitalismo moderno nació con el llamado descubrimiento de las Américas. El pillaje de los increíbles recursos naturales de las Américas generó el exceso de capital que hizo posible la revolución industrial. Los primeros exploradores hablaron de esta tierra como la Nueva Jerusalén, una tierra con una abundancia sin fondo, ahí para ser tomada, tan vasta que el pillaje nunca tendría que terminar. Esta mitología está en nuestras historias bíblicas –de inundaciones y comienzos nuevos, de éxtasis y rescates– y está en el centro del sueño americano de la constante reinvención. Este mito nos dice que no tenemos por qué vivir con nuestros pasados, con las consecuencias de nuestras acciones. Siempre podemos escapar, comenzar de nuevo.
Claro, estas historias siempre fueron peligrosas para la gente que ya vivía en las tierras "descubiertas", para la gente que la trabajaba como mano de obra forzada. Pero ahora el planeta nos dice que ya no podemos darnos el lujo de estas historias de eternos nuevos comienzos. Por eso es tan significativo que justo en el momento en el cual cobró vida cierto instinto de supervivencia humana y finalmente parecía que aceptábamos que la Tierra tiene límites naturales, llegó Palin, la nueva y reluciente encarnación de la mujer colonialista del territorio salvaje: vengan a Alaska. Siempre hay más. No piensen, nomás tomen.
Esto no se trata sobre Sarah Palin. Es sobre el significado de este mito del constante "descubrimiento", y lo que nos dice sobre el sistema económico en el que gastan billones de dólares para salvar. Lo que nos dice es que el capitalismo, si se le deja, nos empujará más lejos del punto del cual el clima se pueda recuperar. Y, a toda costa, el capitalismo evitará una seria rendición de cuentas, ya sea de sus deudas financieras o sus deudas relacionadas con el medio ambiente. Porque siempre hay más. Un nuevo y rápido arreglo. Una nueva frontera.
Ese mensaje se lo compraban, como siempre ocurre. Fue sólo cuando la bolsa de valores se derrumbó que la gente dijo: "Quizá Sarah Palin no sea una buena idea esta vez. Vayámonos con el tipo inteligente para surcar la crisis".
Casi siento que nos dieron una última oportunidad, una especie de aplazamiento. Trato de no ser apocalíptica, pero los textos científicos sobre el calentamiento global que leo, asustan. Esta crisis económica, tan terrible como es, nos jaló del precipicio ecológico del cual estábamos a punto de salir volando con Sarah Palin y nos dio un poquito de tiempo y espacio para cambiar el curso que llevábamos. Y creo que es significativo que cuando pegó la crisis hubo casi una sensación de alivio, como si la gente supiera que estaba viviendo más allá de sus posibilidades económicas y los hubieran cachado. De pronto teníamos permiso para hacer cosas juntos más allá de ir de compras, y eso resonó profundamente.
Pero no estamos libres del mito. La intencionada ceguera que Sarah Palin representa tan bien, está incrustada en la manera en que Washington responde a la crisis financiera. Hay una total negación a ver qué tan mal está la cosa. Washington prefiere aventar billones de dólares en un hoyo negro en vez de averiguar qué tan profundo está. Así de intencionado es el deseo de no saber.
Y vemos muchas otras señales de que la vieja lógica vuelve. Los salarios de Wall Street regresaron casi a los niveles de 2007. Hay cierta electricidad en las afirmaciones de que la bolsa de valores repunta. "¿Podemos dejar de sentirnos culpables?", prácticamente puedes escuchar que preguntan los comentaristas en televisión por cable. "¿Ya regresó la burbuja?"
Y quizá tengan razón. Esta crisis no va a matar al capitalismo o siquiera cambiarlo sustancialmente. Sin una enorme presión popular en favor de la reforma estructural, se comprobará que la crisis sólo fue un muy doloroso ajuste. El resultado será una desigualdad aún mayor que la anterior a la crisis. Porque está muy, muy difícil que todas las millones de personas que perdieron su empleo y su hogar los vayan a recuperar. Y la capacidad manufacturera es muy difícil de reconstruir una vez que ha sido subastada.
Es apropiado llamar a esto un "rescate". Los mercados financieros son rescatados para evitar que el barco del capitalismo financiero se hunda, pero no están sacando agua. Sino gente. Son personas las que avientan por la borda en nombre de la "estabilización". El resultado será un navío más angosto y más mezquino. Mucho más mezquino. Porque una profunda desigualdad –los super ricos viviendo al lado de los económicamente desesperados– requiere de un endurecimiento de los corazones. Necesitamos creer que somos superiores a aquellos que son excluidos para tolerar la situación. Así que este es el sistema que están salvando: el mismo, sólo que más mezquino.
Y la pregunta que enfrentamos es: ¿nuestro trabajo debería ser rescatar este barco, el mayor barco pirata que jamás existió, o hundirlo y remplazarlo con una barca más sólida, una con espacio para todos? Una que no necesite de estas purgas rituales, durante las cuales aventamos por la borda a nuestros amigos y vecinos para salvar a las personas que viajan en primera clase. Una que comprenda que la Tierra no tiene la capacidad como para que todos vivamos mejor y mejor. Pero sí tiene la capacidad, como recientemente dijo el presidente boliviano Evo Morales, en Naciones Unidas, "para que todos vivamos bien".
Porque, no se equivoquen: el capitalismo estará de regreso. Y el mismo mensaje regresará, aunque quizá haya alguien nuevo vendiéndolo: no necesitas cambiar. Sigue consumiendo todo lo que quieras. Hay bastante más. Taladra, nena, taladra. Quizá haya alguna solución tecnológica que haga que desaparezcan todos nuestros problemas.
Y por eso, ahora debemos ser absolutamente claros. El capitalismo puede sobrevivir esta crisis. Pero el mundo no puede sobrevivir otra vuelta del capitalismo.
El texto es una adaptación de un discurso pronunciado el 2 de mayo de 2009, en la conferencia del centenario de la revista The Progressive y publicado en la edición de agosto de 2009.
Traducción: Tania Molina Ramírez.
* http://www.naomiklein.org
Estamos en una época progresista, una época en la cual el suelo se mueve debajo de nuestros pies, y cualquier cosa es posible. Lo que hace un año considerábamos que era inimaginable decir y esperar, ahora es posible. En tiempos como éstos, es esencial que tengamos la mayor claridad posible acerca de qué queremos, porque en una de esas lo conseguimos. Así que las apuestas son elevadas.
Hoy en día, en los discursos normalmente hablo sobre el rescate (bancario). Todos necesitamos entenderlo porque se está llevando a cabo un robo, el mayor atraco en la historia monetaria. Pero hoy quisiera abordarlo de otro modo: ¿qué tal que el rescate sí funcione, qué tal que sí salvan al sector financiero y la economía regresa al curso que llevaba antes de que estallara la crisis? ¿Es eso lo que queremos? ¿Y cómo se vería ese mundo?
La respuesta es que se vería como Sarah Palin. Escuchen mis argumentos, no es un chiste. Creo que no hemos prestado suficiente atención al significado del momento Palin. Piénsenlo: Se subió al escenario mundial como candidata vicepresidencial el 29 de agosto, con mucha fanfarria, en un mitin de campaña de McCain. Exactamente dos semanas después, el 14 de septiembre, Lehman Brothers colapsó, y desencadenó el derrumbe financiero global.
Así que de cierta manera Palin fue la última expresión clara del capitalismo-de-más-de-lo-mismo antes de que todo se viniera abajo. Eso es bastante útil porque nos mostró –a su manera, llana, campechana– la trayectoria por la cual iba la economía estadunidense antes del actual colapso. Al ofrecernos este vistazo al futuro que apenas evitamos, Palin nos da la oportunidad de plantear una pregunta esencial: ¿Queremos ir ahí? ¿Queremos salvar ese sistema pre crisis, regresarlo a donde estaba el pasado septiembre? ¿O queremos utilizar esta crisis y el mandato electoral de hacer un cambio en serio que se obtuvo en la pasada elección, para transformar radicalmente ese sistema? Ya debemos tener clara nuestra respuesta porque no hemos tenido la potente combinación de una crisis seria y un claro mandato democrático progresista por un cambio desde los años 30. Usamos esta oportunidad o la perdemos.
Así que, ¿qué nos estaba diciendo Sarah Palin acerca del capitalismo-de-más-de-lo-mismo antes de que el colapso la interrumpiera de modo tan grosero? Primero recordemos que antes de que llegara, el público estadunidense, al fin, estaba comenzando a aceptar la urgencia de la crisis climática, el hecho de que nuestra actividad económica está en guerra contra el planeta, que hace falta de inmediato un cambio radical. De verdad estábamos teniendo esa conversación: los osos polares estaban en la cubierta de la revista Newsweek. Y luego, hizo su aparición Sarah Palin. La esencia de su mensaje fue: esos ecologistas, esos liberales, esos hacedores-de-bien están equivocados. No tienes que cambiar nada. No tienes que repensar nada. Sigue conduciendo tu coche que se chupa la gasolina, sigue yendo a Wal-Mart y compra todo lo que quieras. La razón de esto es un lugar mágico llamado Alaska. Simplemente vengan y llévense todo lo que quieran. "Estadunidenses", dijo durante la Convención Nacional Republicana, “necesitamos producir más de nuestro propio petróleo y gasolina. Se los dice una chica que conoce el North Slope of Alaska: tenemos un montón de ambos”.
Y la gente en la convención respondió, coree y coree: "Taladra, nena, taladra". Al mirar esa escena en televisión, con esa extraña y espeluznante mezcla de sexo, petróleo y patrioterismo, recuerdo haber pensado: "Guau, la convención se transformó en un mitin en favor de chingarse al planeta Tierra." Literalmente.
Pero lo que Palin decía implicaba algo que forma parte del mismísimo ADN del capitalismo: la idea de que el mundo no tiene límites. Lo que decía implicaba que no hay tal cosa como consecuencias o déficits en el mundo real. Porque siempre habrá otra frontera, otra Alaska, otra burbuja. Simplemente sigue adelante y descúbrelo. El mañana nunca llega.
Ésta es la mentira más reconfortante y peligrosa: la mentira de que el crecimiento perpetuo y sinfín es posible en nuestro planeta finito. Y tenemos que recordar que este mensaje fue increíblemente popular en esas primeras dos semanas, antes de que Lehman colapsara. A pesar del historial de Bush, Palin y McCain tomaban la delantera. Y si no hubiera sido por la crisis financiera y por el hecho de que Obama comenzó a hacer conexión con los votantes de la clase trabajadora al poner en el banquillo de los acusados la desregulación y la economía de goteo (de arriba hacia abajo), quizá habrían ganado.
El presidente nos dice que quiere mirar hacia delante, no hacia atrás. Pero para poder confrontar la mentira del crecimiento perpetuo y la abundancia sin límite que está en el centro de las crisis del medio ambiente y financiera, tenemos que mirar hacia atrás. Y tenemos que mirar muy atrás, no sólo a los pasados ocho años de Bush y Cheney, sino a la fundación misma de este país, a la idea del estado de colonos.
El capitalismo moderno nació con el llamado descubrimiento de las Américas. El pillaje de los increíbles recursos naturales de las Américas generó el exceso de capital que hizo posible la revolución industrial. Los primeros exploradores hablaron de esta tierra como la Nueva Jerusalén, una tierra con una abundancia sin fondo, ahí para ser tomada, tan vasta que el pillaje nunca tendría que terminar. Esta mitología está en nuestras historias bíblicas –de inundaciones y comienzos nuevos, de éxtasis y rescates– y está en el centro del sueño americano de la constante reinvención. Este mito nos dice que no tenemos por qué vivir con nuestros pasados, con las consecuencias de nuestras acciones. Siempre podemos escapar, comenzar de nuevo.
Claro, estas historias siempre fueron peligrosas para la gente que ya vivía en las tierras "descubiertas", para la gente que la trabajaba como mano de obra forzada. Pero ahora el planeta nos dice que ya no podemos darnos el lujo de estas historias de eternos nuevos comienzos. Por eso es tan significativo que justo en el momento en el cual cobró vida cierto instinto de supervivencia humana y finalmente parecía que aceptábamos que la Tierra tiene límites naturales, llegó Palin, la nueva y reluciente encarnación de la mujer colonialista del territorio salvaje: vengan a Alaska. Siempre hay más. No piensen, nomás tomen.
Esto no se trata sobre Sarah Palin. Es sobre el significado de este mito del constante "descubrimiento", y lo que nos dice sobre el sistema económico en el que gastan billones de dólares para salvar. Lo que nos dice es que el capitalismo, si se le deja, nos empujará más lejos del punto del cual el clima se pueda recuperar. Y, a toda costa, el capitalismo evitará una seria rendición de cuentas, ya sea de sus deudas financieras o sus deudas relacionadas con el medio ambiente. Porque siempre hay más. Un nuevo y rápido arreglo. Una nueva frontera.
Ese mensaje se lo compraban, como siempre ocurre. Fue sólo cuando la bolsa de valores se derrumbó que la gente dijo: "Quizá Sarah Palin no sea una buena idea esta vez. Vayámonos con el tipo inteligente para surcar la crisis".
Casi siento que nos dieron una última oportunidad, una especie de aplazamiento. Trato de no ser apocalíptica, pero los textos científicos sobre el calentamiento global que leo, asustan. Esta crisis económica, tan terrible como es, nos jaló del precipicio ecológico del cual estábamos a punto de salir volando con Sarah Palin y nos dio un poquito de tiempo y espacio para cambiar el curso que llevábamos. Y creo que es significativo que cuando pegó la crisis hubo casi una sensación de alivio, como si la gente supiera que estaba viviendo más allá de sus posibilidades económicas y los hubieran cachado. De pronto teníamos permiso para hacer cosas juntos más allá de ir de compras, y eso resonó profundamente.
Pero no estamos libres del mito. La intencionada ceguera que Sarah Palin representa tan bien, está incrustada en la manera en que Washington responde a la crisis financiera. Hay una total negación a ver qué tan mal está la cosa. Washington prefiere aventar billones de dólares en un hoyo negro en vez de averiguar qué tan profundo está. Así de intencionado es el deseo de no saber.
Y vemos muchas otras señales de que la vieja lógica vuelve. Los salarios de Wall Street regresaron casi a los niveles de 2007. Hay cierta electricidad en las afirmaciones de que la bolsa de valores repunta. "¿Podemos dejar de sentirnos culpables?", prácticamente puedes escuchar que preguntan los comentaristas en televisión por cable. "¿Ya regresó la burbuja?"
Y quizá tengan razón. Esta crisis no va a matar al capitalismo o siquiera cambiarlo sustancialmente. Sin una enorme presión popular en favor de la reforma estructural, se comprobará que la crisis sólo fue un muy doloroso ajuste. El resultado será una desigualdad aún mayor que la anterior a la crisis. Porque está muy, muy difícil que todas las millones de personas que perdieron su empleo y su hogar los vayan a recuperar. Y la capacidad manufacturera es muy difícil de reconstruir una vez que ha sido subastada.
Es apropiado llamar a esto un "rescate". Los mercados financieros son rescatados para evitar que el barco del capitalismo financiero se hunda, pero no están sacando agua. Sino gente. Son personas las que avientan por la borda en nombre de la "estabilización". El resultado será un navío más angosto y más mezquino. Mucho más mezquino. Porque una profunda desigualdad –los super ricos viviendo al lado de los económicamente desesperados– requiere de un endurecimiento de los corazones. Necesitamos creer que somos superiores a aquellos que son excluidos para tolerar la situación. Así que este es el sistema que están salvando: el mismo, sólo que más mezquino.
Y la pregunta que enfrentamos es: ¿nuestro trabajo debería ser rescatar este barco, el mayor barco pirata que jamás existió, o hundirlo y remplazarlo con una barca más sólida, una con espacio para todos? Una que no necesite de estas purgas rituales, durante las cuales aventamos por la borda a nuestros amigos y vecinos para salvar a las personas que viajan en primera clase. Una que comprenda que la Tierra no tiene la capacidad como para que todos vivamos mejor y mejor. Pero sí tiene la capacidad, como recientemente dijo el presidente boliviano Evo Morales, en Naciones Unidas, "para que todos vivamos bien".
Porque, no se equivoquen: el capitalismo estará de regreso. Y el mismo mensaje regresará, aunque quizá haya alguien nuevo vendiéndolo: no necesitas cambiar. Sigue consumiendo todo lo que quieras. Hay bastante más. Taladra, nena, taladra. Quizá haya alguna solución tecnológica que haga que desaparezcan todos nuestros problemas.
Y por eso, ahora debemos ser absolutamente claros. El capitalismo puede sobrevivir esta crisis. Pero el mundo no puede sobrevivir otra vuelta del capitalismo.
El texto es una adaptación de un discurso pronunciado el 2 de mayo de 2009, en la conferencia del centenario de la revista The Progressive y publicado en la edición de agosto de 2009.
Traducción: Tania Molina Ramírez.
* http://www.naomiklein.org
miércoles, 19 de agosto de 2009
los engaños del verano
Alberto Piris *
Aunque la placidez del reposo estival suele suavizar las tensiones sociales, no conviene pensar que los medios de comunicación dejan de lado en esta época esas tareas veladamente desinformativas a las que tan acostumbrados nos tienen.
Veamos un ejemplo extraído de un diario británico de la máxima solvencia, muchas de cuyas informaciones son de gran valor para todos los que comentamos la realidad internacional y cuyas preferencias políticas están muy lejos del conservadurismo, hasta el punto de que no faltan quienes le acusan de "tendencias izquierdistas", como se le califica en la Wikipedia.
Simon Tisdall es assistant editor, algo así como adjunto a la dirección, de The Guardian y columnista para asuntos internacionales. El pasado 2 de agosto publicó un artículo de opinión titulado "A Obama se le está acabando el tiempo en Irán".
Tras comentar que a Obama apenas le quedaban 60 días para definir la postura a adoptar ante Irán, si este país no responde adecuadamente a las ofertas de diálogo avanzadas por la Casa Blanca antes de que concluya el mes de septiembre, en su artículo incluía dos opiniones que no conviene pasar por alto.
Afirmaba, en primer lugar, que un endurecimiento de las sanciones que deberían aplicarse al régimen de Teherán, si éste permanece insensible a las ofertas de EEUU, "serviría para desanimar a los israelíes -al menos por ahora- y evitar que éstos tomaran el asunto en sus manos, desencadenando un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes". Para aclararlo, añadía: "Los dirigentes israelíes no creen que el diálogo o las sanciones sirvan para algo. Pero cínicamente calculan que deben darle a la diplomacia de Obama la posibilidad de que fracase".
Dicho de otro modo: el generalmente ecuánime comentarista aceptaba sin objeción alguna el hecho de que Israel pueda destruir instalaciones de un país soberano en su propio territorio, olvidando que esto es un flagrante acto de piratería internacional. Recordemos que Israel ya perpetró agresiones similares en anteriores ocasiones - contra Irak en 1981 y contra Siria en 2007- en la más absoluta impunidad y sin apenas ser recriminado por ello.
Tampoco se le ocurre comentar que, si la justicia universal fuera mínimamente imparcial, habría que incluir a Israel en la lista de países proscritos de la comunidad internacional y aplicarle la tarifa más alta en la escala de sanciones.
¡Ah, si a Venezuela o a Cuba hubiera podido acusárseles de alguna agresión similar! Es una evidente hipocresía el hecho de someter a Cuba a un duradero régimen de sanciones, mientras Israel es aceptado y legitimado como el violento guardián de los intereses occidentales en Oriente Próximo. Y, por si fuera poco, provisto además de armas nucleares.
Pero la cosa no termina ahí. Algunas líneas más abajo el periodista de The Guardian escribía, quizá para justificar lo anterior: "A pesar de que Irán sigue insistiendo en que no pretende disponer de capacidad nuclear militar, y a pesar de que no hay pruebas que demuestren lo contrario, EEUU, sus aliados occidentales y los países árabes vecinos creen que miente y que continuará engañando y retrasando todo intento de diálogo. En el diario israelí Haaretz, Amos Harel advertía con evidente satisfacción cómo había dado la vuelta la opinión pública desde los esperanzadores momentos de Obama en el mes de enero".
Es decir, que aunque no existan ni se encuentren pruebas, conviene hacer creer a toda costa que Irán miente y que, por el contrario, lo que sospechan algunos países de "nuestro bando" es la verdad incontrovertible. ¿Es que ninguno de estos países ha mentido en el pasado, como cuando atribuyeron a Sadam Husein la posesión de armas nucleares y su firme designio de utilizarlas? Por citar solo el ejemplo más notorio de mentira y el de más nefastas consecuencias para todo el mundo, que ya nadie se atreve siquiera a ocultar ni disimular.
Aunque Haaretz sea también un diario de tendencias progresistas, nótese cómo alude a la satisfacción con la que observa el viraje de la opinión pública, que inicialmente tanto esperó de la anunciada distensión entre EEUU y Teheran, cuando Obama, recién investido como presidente, basó en ella sus proyectos para un futuro más pacífico que el que le había legado su nefasto predecesor en la Casa Blanca.
En resumen: arrojemos a la basura la distensión que prometía Obama, y esperemos a ver si los cazabombarderos israelíes ponen las cosas en su punto y terminan con este molesto problema. Si ésta es la solución que no repugna a uno de los más prestigiosos diarios de la izquierda internacional, habrá que pensar que los calores veraniegos se han abatido sobre su redacción y pasar a leer el Wall Street Journal.
* General de Artillería en la reserva y analista del Centro de Investigación para la Paz
http://www.rodelu.net/piris/piris.htm
Aunque la placidez del reposo estival suele suavizar las tensiones sociales, no conviene pensar que los medios de comunicación dejan de lado en esta época esas tareas veladamente desinformativas a las que tan acostumbrados nos tienen.
Veamos un ejemplo extraído de un diario británico de la máxima solvencia, muchas de cuyas informaciones son de gran valor para todos los que comentamos la realidad internacional y cuyas preferencias políticas están muy lejos del conservadurismo, hasta el punto de que no faltan quienes le acusan de "tendencias izquierdistas", como se le califica en la Wikipedia.
Simon Tisdall es assistant editor, algo así como adjunto a la dirección, de The Guardian y columnista para asuntos internacionales. El pasado 2 de agosto publicó un artículo de opinión titulado "A Obama se le está acabando el tiempo en Irán".
Tras comentar que a Obama apenas le quedaban 60 días para definir la postura a adoptar ante Irán, si este país no responde adecuadamente a las ofertas de diálogo avanzadas por la Casa Blanca antes de que concluya el mes de septiembre, en su artículo incluía dos opiniones que no conviene pasar por alto.
Afirmaba, en primer lugar, que un endurecimiento de las sanciones que deberían aplicarse al régimen de Teherán, si éste permanece insensible a las ofertas de EEUU, "serviría para desanimar a los israelíes -al menos por ahora- y evitar que éstos tomaran el asunto en sus manos, desencadenando un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes". Para aclararlo, añadía: "Los dirigentes israelíes no creen que el diálogo o las sanciones sirvan para algo. Pero cínicamente calculan que deben darle a la diplomacia de Obama la posibilidad de que fracase".
Dicho de otro modo: el generalmente ecuánime comentarista aceptaba sin objeción alguna el hecho de que Israel pueda destruir instalaciones de un país soberano en su propio territorio, olvidando que esto es un flagrante acto de piratería internacional. Recordemos que Israel ya perpetró agresiones similares en anteriores ocasiones - contra Irak en 1981 y contra Siria en 2007- en la más absoluta impunidad y sin apenas ser recriminado por ello.
Tampoco se le ocurre comentar que, si la justicia universal fuera mínimamente imparcial, habría que incluir a Israel en la lista de países proscritos de la comunidad internacional y aplicarle la tarifa más alta en la escala de sanciones.
¡Ah, si a Venezuela o a Cuba hubiera podido acusárseles de alguna agresión similar! Es una evidente hipocresía el hecho de someter a Cuba a un duradero régimen de sanciones, mientras Israel es aceptado y legitimado como el violento guardián de los intereses occidentales en Oriente Próximo. Y, por si fuera poco, provisto además de armas nucleares.
Pero la cosa no termina ahí. Algunas líneas más abajo el periodista de The Guardian escribía, quizá para justificar lo anterior: "A pesar de que Irán sigue insistiendo en que no pretende disponer de capacidad nuclear militar, y a pesar de que no hay pruebas que demuestren lo contrario, EEUU, sus aliados occidentales y los países árabes vecinos creen que miente y que continuará engañando y retrasando todo intento de diálogo. En el diario israelí Haaretz, Amos Harel advertía con evidente satisfacción cómo había dado la vuelta la opinión pública desde los esperanzadores momentos de Obama en el mes de enero".
Es decir, que aunque no existan ni se encuentren pruebas, conviene hacer creer a toda costa que Irán miente y que, por el contrario, lo que sospechan algunos países de "nuestro bando" es la verdad incontrovertible. ¿Es que ninguno de estos países ha mentido en el pasado, como cuando atribuyeron a Sadam Husein la posesión de armas nucleares y su firme designio de utilizarlas? Por citar solo el ejemplo más notorio de mentira y el de más nefastas consecuencias para todo el mundo, que ya nadie se atreve siquiera a ocultar ni disimular.
Aunque Haaretz sea también un diario de tendencias progresistas, nótese cómo alude a la satisfacción con la que observa el viraje de la opinión pública, que inicialmente tanto esperó de la anunciada distensión entre EEUU y Teheran, cuando Obama, recién investido como presidente, basó en ella sus proyectos para un futuro más pacífico que el que le había legado su nefasto predecesor en la Casa Blanca.
En resumen: arrojemos a la basura la distensión que prometía Obama, y esperemos a ver si los cazabombarderos israelíes ponen las cosas en su punto y terminan con este molesto problema. Si ésta es la solución que no repugna a uno de los más prestigiosos diarios de la izquierda internacional, habrá que pensar que los calores veraniegos se han abatido sobre su redacción y pasar a leer el Wall Street Journal.
* General de Artillería en la reserva y analista del Centro de Investigación para la Paz
http://www.rodelu.net/piris/piris.htm
domingo, 9 de agosto de 2009
haciendo la guerra para traer "paz"
Noam Chomsky *
Se libra un debate en la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre una política que podría parecer indiscutible: un marco internacional para evitar crímenes graves contra la humanidad.
El marco es llamado "responsabilidad para proteger", o R2P, en lenguaje de la ONU. Una versión restringida del R2P, adoptada durante la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, reafirmó derechos y responsabilidades aceptadas con anterioridad por países miembros y, en algunas ocasiones, ejercidos por ellos.
Sin embargo, las discusiones sobre el R2P o sobre su primo, "intervención humanitaria", son perturbadas regularmente por el cascabeleo de un fantasma en el armario: la historia, hasta el presente.
A lo largo de la historia, pocos principios de asuntos internacionales se aplican generalmente. Uno es la máxima de Tucídides de que los fuertes hacen lo que quieren mientras que los débiles sufren como deben.
Otro principio es que virtualmente todo uso de fuerza en asuntos internacionales ha venido acompañado de retórica excelsa sobre la solemne responsabilidad de proteger las poblaciones sufridas, así como de justificaciones objetivas para ello.
Prefieren olvidar la historia
Comprensiblemente, los poderosos prefieren olvidar la historia y mirar hacia adelante. Para los débiles, ésta no es una opción inteligente.
El fantasma del armario apareció en la primera disputa considerada por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) hace 60 años; el caso del Canal de Corfú sobre un incidente que involucró a Gran Bretaña y Albania.
La CIJ determinó que "únicamente puede considerar el supuesto derecho de intervención como manifestación de una política de fuerza, que como tal ha originado, en el pasado, los abusos más serios y, como tal, no puede, cualesquiera sean los defectos en la organización mundial, encontrar un lugar en el derecho internacional ... ; desde el origen de las cosas (la intervención) estaría reservada para los estados más poderosos, y fácilmente podría llevar a pervertir la propia administración de justicia".
La misma perspectiva moldeó el primer encuentro de la Cumbre del Sur de 133 estados en 2000. Su declaración, seguramente teniendo en mente el bombardeo de Serbia, rechazó “el así llamado ‘derecho’ de intervención humanitaria, que carece de sustento legal en la Carta de Naciones Unidas o en los principios generales del derecho internacional”.
El texto reafirma la Declaración sobre Relaciones Amistosas de la ONU (1970). Ha sido repetido desde entonces, entre otros, por el Encuentro Ministerial del movimiento de los no alineados en Malasia en 2006, representando otra vez a las víctimas tradicionales en Asia, África, América Latina y el mundo árabe.
Se llegó a la misma conclusión en 2004 por el Panel sobre Amenazas, Retos y Cambio de la ONU. Determinó que dentro de la Carta de la ONU "el artículo 51 no necesita ni extensiones ni restricciones a su alcance desde hace tiempo entendido".
Añadió que "para los impacientes con tal respuesta, ésta debe ser que, en un mundo lleno de amenazas potenciales percibidas, el riesgo para el orden mundial y la norma de no intervención sobre la que continúa basándose simplemente es demasiado grande para la legalidad de la acción preventiva unilateral, distintamente a la acción respaldada colectivamente, como para ser aceptado. Permitir que alguien actúe así es permitirles a todos" –lo que por supuesto resulta impensable.
La misma postura básica fue adoptada por la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, que también declaró disposición "para tomar acciones colectivas ... a través del Consejo de Seguridad, de acuerdo con la Carta ... en caso de que los medios pacíficos sean inadecuados y las autoridades nacionales estén fallando manifiestamente en proteger a sus poblaciones" de crímenes serios.
Cuando más, la frase agudiza la terminología del artículo 42 sobre la autorización para que el Consejo de Seguridad recurra a la fuerza. Y la frase conserva el fantasma en el armario –si podemos considerar al Consejo de Seguridad como árbitro neutral, sin estar sujeto a la máxima de Tucídides.
No obstante, ese supuesto es insostenible.
El consejo está controlado por sus cinco miembros permanentes, y no son iguales en autoridad operativa. Un indicador es el historial de vetos –la forma más extrema de violación a una resolución del Consejo de Seguridad.
Durante el último cuarto de siglo, China y Francia vetaron en conjunto siete resoluciones; Rusia, seis; Reino Unido, 10, y Estados Unidos, 45, incluso incluyendo resoluciones para exhortar a los estados a observar el derecho internacional.
Una forma de mitigar este defecto en el consenso de la Cumbre Mundial sería eliminar el veto, en concordancia con la voluntad de la mayoría de la población estadunidense. Pero tal herejía es impensable, tanto como aplicar el R2P en este momento a los que necesitan protección desesperadamente pero que no forman parte de la lista favorecida de los poderosos.
Ha habido alejamientos de la restricción del Canal de Corfú y sus descendientes. El Acta Constitutiva de la Unión Africana (UA) asevera "el derecho de la Unión para intervenir en un país miembro ... en virtud de graves circunstancias". Eso difiere de la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), que prohíbe la intervención, "sin importar la causa, en asuntos internos o externos de cualquier otro Estado".
La causa de la diferencia es clara. La Carta de la OEA busca refrenar la intervención de Estados Unidos, pero luego de la desaparición de los estados apartheid, la UA no se enfrenta a ningún problema similar.
Técnicamente tengo conocimiento de una sola propuesta de alto nivel para extender el R2P más allá del consenso de la cumbre y la extensión de la UA: el reporte de la Comisión Internacional de Intervención y Soberanía de Estado sobre la Responsabilidad para Proteger (2001).
La comisión considera la situación en que "el Consejo de Seguridad rechaza una propuesta o no la encara en tiempo razonable". En ese caso, el reporte autoriza "acción dentro del área de jurisdicción de organizaciones regionales o subregionales ... sujeta a que soliciten autorización subsecuente del Consejo de Seguridad".
En este punto, el fantasma del armario se sacude ruidosamente. Los poderosos determinan unilateralmente su propia "área de jurisdicción". La OEA y la UA no pueden hacerlo, pero la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sí puede, y así lo hace.
La OTAN ha determinado que su "área de jurisdicción" se extienda a los Balcanes, Afganistán y más allá.
Los derechos expansivos acordados por la Comisión Internacional en la práctica se ven restringidos únicamente a la OTAN, violando los principios del Canal de Corfú y abriendo la puerta al R2P como arma de intervención imperial a capricho.
La "responsabilidad de proteger" siempre ha sido selectiva. Por tanto, no se aplicó a las sanciones contra Irak impuestas por Estados Unidos y el Reino Unido y administradas por el Consejo de Seguridad, condenadas como "genocidas" por los distinguidos diplomáticos a cargo, ambos de los cuales renunciaron como protesta.
En la actualidad, tampoco se piensa en aplicar el R2P a la gente de Gaza, una "población protegida" de la que la ONU es responsable.
La peor catástrofe en África
Y nada serio está contemplado sobre la peor catástrofe en África, si no es que del mundo: el sanguinario conflicto en el este de Congo. Allí, recién informó la BBC, las multinacionales una vez más han sido acusadas de violar una resolución de la ONU contra el tráfico ilícito de minerales valiosos –con lo que se financia la violencia.
El R2P también es invocado para responder a la hambruna masiva en los países pobres.
Hace varios años, el Unicef informó que 16 mil niños mueren diariamente por falta de alimentos, muchos más a consecuencia de enfermedades fácilmente prevenibles. Las cifras ahora son más elevadas. Tan sólo en el sur de África se presentan las mismas muertes que en Ruanda, no en 100 días, sino diariamente. Sería fácil actuar bajo el R2P, si sólo hubiera voluntad.
En éstos y otros casos numerosos, la selectividad se ajusta a la máxima de Tucídides y a las expectativas de la CIJ de hace 60 años.
Pero las máximas que guían principalmente los asuntos internacionales no son inmutables y, de hecho, se han suavizado durante los años como resultado del efecto civilizador de los movimientos populares.
Para tal reforma progresiva, el R2P puede ser una herramienta valiosa, muy parecida a lo que ha sido la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Aun cuando los estados no se adhieren a ésta, y algunos la rechazan parcialmente de forma oficial (incluyendo, crucialmente, el país más poderoso del mundo), sirve empero como ideal al que pueden apelar los activistas para ingresar esfuerzos educacionales y organizacionales, a menudo efectivamente.
La discusión sobre el R2P pudiera ser similar. Con un grado de compromiso suficiente, desafortunadamente todavía no detectable entre los poderosos, podría resultar verdaderamente significativo.
* http://www.chomsky.info/
Se libra un debate en la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre una política que podría parecer indiscutible: un marco internacional para evitar crímenes graves contra la humanidad.
El marco es llamado "responsabilidad para proteger", o R2P, en lenguaje de la ONU. Una versión restringida del R2P, adoptada durante la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, reafirmó derechos y responsabilidades aceptadas con anterioridad por países miembros y, en algunas ocasiones, ejercidos por ellos.
Sin embargo, las discusiones sobre el R2P o sobre su primo, "intervención humanitaria", son perturbadas regularmente por el cascabeleo de un fantasma en el armario: la historia, hasta el presente.
A lo largo de la historia, pocos principios de asuntos internacionales se aplican generalmente. Uno es la máxima de Tucídides de que los fuertes hacen lo que quieren mientras que los débiles sufren como deben.
Otro principio es que virtualmente todo uso de fuerza en asuntos internacionales ha venido acompañado de retórica excelsa sobre la solemne responsabilidad de proteger las poblaciones sufridas, así como de justificaciones objetivas para ello.
Prefieren olvidar la historia
Comprensiblemente, los poderosos prefieren olvidar la historia y mirar hacia adelante. Para los débiles, ésta no es una opción inteligente.
El fantasma del armario apareció en la primera disputa considerada por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) hace 60 años; el caso del Canal de Corfú sobre un incidente que involucró a Gran Bretaña y Albania.
La CIJ determinó que "únicamente puede considerar el supuesto derecho de intervención como manifestación de una política de fuerza, que como tal ha originado, en el pasado, los abusos más serios y, como tal, no puede, cualesquiera sean los defectos en la organización mundial, encontrar un lugar en el derecho internacional ... ; desde el origen de las cosas (la intervención) estaría reservada para los estados más poderosos, y fácilmente podría llevar a pervertir la propia administración de justicia".
La misma perspectiva moldeó el primer encuentro de la Cumbre del Sur de 133 estados en 2000. Su declaración, seguramente teniendo en mente el bombardeo de Serbia, rechazó “el así llamado ‘derecho’ de intervención humanitaria, que carece de sustento legal en la Carta de Naciones Unidas o en los principios generales del derecho internacional”.
El texto reafirma la Declaración sobre Relaciones Amistosas de la ONU (1970). Ha sido repetido desde entonces, entre otros, por el Encuentro Ministerial del movimiento de los no alineados en Malasia en 2006, representando otra vez a las víctimas tradicionales en Asia, África, América Latina y el mundo árabe.
Se llegó a la misma conclusión en 2004 por el Panel sobre Amenazas, Retos y Cambio de la ONU. Determinó que dentro de la Carta de la ONU "el artículo 51 no necesita ni extensiones ni restricciones a su alcance desde hace tiempo entendido".
Añadió que "para los impacientes con tal respuesta, ésta debe ser que, en un mundo lleno de amenazas potenciales percibidas, el riesgo para el orden mundial y la norma de no intervención sobre la que continúa basándose simplemente es demasiado grande para la legalidad de la acción preventiva unilateral, distintamente a la acción respaldada colectivamente, como para ser aceptado. Permitir que alguien actúe así es permitirles a todos" –lo que por supuesto resulta impensable.
La misma postura básica fue adoptada por la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, que también declaró disposición "para tomar acciones colectivas ... a través del Consejo de Seguridad, de acuerdo con la Carta ... en caso de que los medios pacíficos sean inadecuados y las autoridades nacionales estén fallando manifiestamente en proteger a sus poblaciones" de crímenes serios.
Cuando más, la frase agudiza la terminología del artículo 42 sobre la autorización para que el Consejo de Seguridad recurra a la fuerza. Y la frase conserva el fantasma en el armario –si podemos considerar al Consejo de Seguridad como árbitro neutral, sin estar sujeto a la máxima de Tucídides.
No obstante, ese supuesto es insostenible.
El consejo está controlado por sus cinco miembros permanentes, y no son iguales en autoridad operativa. Un indicador es el historial de vetos –la forma más extrema de violación a una resolución del Consejo de Seguridad.
Durante el último cuarto de siglo, China y Francia vetaron en conjunto siete resoluciones; Rusia, seis; Reino Unido, 10, y Estados Unidos, 45, incluso incluyendo resoluciones para exhortar a los estados a observar el derecho internacional.
Una forma de mitigar este defecto en el consenso de la Cumbre Mundial sería eliminar el veto, en concordancia con la voluntad de la mayoría de la población estadunidense. Pero tal herejía es impensable, tanto como aplicar el R2P en este momento a los que necesitan protección desesperadamente pero que no forman parte de la lista favorecida de los poderosos.
Ha habido alejamientos de la restricción del Canal de Corfú y sus descendientes. El Acta Constitutiva de la Unión Africana (UA) asevera "el derecho de la Unión para intervenir en un país miembro ... en virtud de graves circunstancias". Eso difiere de la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), que prohíbe la intervención, "sin importar la causa, en asuntos internos o externos de cualquier otro Estado".
La causa de la diferencia es clara. La Carta de la OEA busca refrenar la intervención de Estados Unidos, pero luego de la desaparición de los estados apartheid, la UA no se enfrenta a ningún problema similar.
Técnicamente tengo conocimiento de una sola propuesta de alto nivel para extender el R2P más allá del consenso de la cumbre y la extensión de la UA: el reporte de la Comisión Internacional de Intervención y Soberanía de Estado sobre la Responsabilidad para Proteger (2001).
La comisión considera la situación en que "el Consejo de Seguridad rechaza una propuesta o no la encara en tiempo razonable". En ese caso, el reporte autoriza "acción dentro del área de jurisdicción de organizaciones regionales o subregionales ... sujeta a que soliciten autorización subsecuente del Consejo de Seguridad".
En este punto, el fantasma del armario se sacude ruidosamente. Los poderosos determinan unilateralmente su propia "área de jurisdicción". La OEA y la UA no pueden hacerlo, pero la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sí puede, y así lo hace.
La OTAN ha determinado que su "área de jurisdicción" se extienda a los Balcanes, Afganistán y más allá.
Los derechos expansivos acordados por la Comisión Internacional en la práctica se ven restringidos únicamente a la OTAN, violando los principios del Canal de Corfú y abriendo la puerta al R2P como arma de intervención imperial a capricho.
La "responsabilidad de proteger" siempre ha sido selectiva. Por tanto, no se aplicó a las sanciones contra Irak impuestas por Estados Unidos y el Reino Unido y administradas por el Consejo de Seguridad, condenadas como "genocidas" por los distinguidos diplomáticos a cargo, ambos de los cuales renunciaron como protesta.
En la actualidad, tampoco se piensa en aplicar el R2P a la gente de Gaza, una "población protegida" de la que la ONU es responsable.
La peor catástrofe en África
Y nada serio está contemplado sobre la peor catástrofe en África, si no es que del mundo: el sanguinario conflicto en el este de Congo. Allí, recién informó la BBC, las multinacionales una vez más han sido acusadas de violar una resolución de la ONU contra el tráfico ilícito de minerales valiosos –con lo que se financia la violencia.
El R2P también es invocado para responder a la hambruna masiva en los países pobres.
Hace varios años, el Unicef informó que 16 mil niños mueren diariamente por falta de alimentos, muchos más a consecuencia de enfermedades fácilmente prevenibles. Las cifras ahora son más elevadas. Tan sólo en el sur de África se presentan las mismas muertes que en Ruanda, no en 100 días, sino diariamente. Sería fácil actuar bajo el R2P, si sólo hubiera voluntad.
En éstos y otros casos numerosos, la selectividad se ajusta a la máxima de Tucídides y a las expectativas de la CIJ de hace 60 años.
Pero las máximas que guían principalmente los asuntos internacionales no son inmutables y, de hecho, se han suavizado durante los años como resultado del efecto civilizador de los movimientos populares.
Para tal reforma progresiva, el R2P puede ser una herramienta valiosa, muy parecida a lo que ha sido la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Aun cuando los estados no se adhieren a ésta, y algunos la rechazan parcialmente de forma oficial (incluyendo, crucialmente, el país más poderoso del mundo), sirve empero como ideal al que pueden apelar los activistas para ingresar esfuerzos educacionales y organizacionales, a menudo efectivamente.
La discusión sobre el R2P pudiera ser similar. Con un grado de compromiso suficiente, desafortunadamente todavía no detectable entre los poderosos, podría resultar verdaderamente significativo.
* http://www.chomsky.info/
jueves, 30 de julio de 2009
al menos dos guardias civiles muertos en un atentado en mallorca
Al menos dos agentes de la Guardia Civil han muerto en un atentado contra una oficina de atención al ciudadano del Instituto Armado en Palmanova, en el municipio mallorquín de Calvià, han confirmado fuentes de la Delegación de Gobierno a elmundo.es. Las mismas fuentes apuntan a que también habría varias personas heridas.
La deflagración se ha producido alrededor 13.50 horas. Todavía las fuentes de la investigación no pueden confirmar si se trata de un coche bomba o de otro tipo de dispositivo como una bomba lapa instalada bajo coche. La explosión ha sido fuerte y ha causado daños.
Hasta el lugar del suceso se han trasladado efectivos de los servicios de emergencia, Policía y Bomberos.
Se trata del segundo atentado de ETA en poco más de 24 horas, después de la explosión de una potente furgoneta bomba contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos, que causó medio centenar de heridos leves e importantes daños materiales.
http://www.terrorismo.com/
La deflagración se ha producido alrededor 13.50 horas. Todavía las fuentes de la investigación no pueden confirmar si se trata de un coche bomba o de otro tipo de dispositivo como una bomba lapa instalada bajo coche. La explosión ha sido fuerte y ha causado daños.
Hasta el lugar del suceso se han trasladado efectivos de los servicios de emergencia, Policía y Bomberos.
Se trata del segundo atentado de ETA en poco más de 24 horas, después de la explosión de una potente furgoneta bomba contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos, que causó medio centenar de heridos leves e importantes daños materiales.
http://www.terrorismo.com/
miércoles, 29 de julio de 2009
una bomba de [e-t-a] deja 46 heridos en un cuartel de la Guardia Civil en Burgos
Una furgoneta bomba ha hecho explosión en torno a las cuatro de la madrugada de este miércoles junto a una casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos, entre la calle de Jerez y la avenida de Cantabria, según informaron fuentes policiales que confirmaron la existencia de hasta 46 heridos, entre ellos varios guardias civiles, si bien todos ellos de carácter leve.
La mayoría de los heridos sufrieron el alcance de cristales rotos de estos inmuebles; 38 de ellos fueron trasladados al hospital General Yagüe. Asimismo, en el gimnasio de las instalaciones de la Policía Local se instaló un puesto médico avanzado para atenderlos. El Grupo de Intervención Psicológica en Desastres y Emergencias atiende a los miembros de las 43 familias afectadas.
El vehículo, aparcado en la parte posterior del cuartel, donde residen los agentes con sus familias, provocó un enorme cráter en el suelo así como cuantiosos daños en el mismo edificio, afectando a sus 14 plantas, de las que las dos primeras quedaron totalmente destrozadas. Asimismo, la onda expansiva causó destrozos en varios edificios colindantes, entre ellos las oficinas de la Policía Local y se rompieron algunas canalizaciones de agua. Se investiga qué tipo de vehículo fue utilizado, aunque la Policía dice que “está completamente destrozado y sus restos están calcinados”.
Según las primeras pesquisas por parte de las fuerzas de seguridad, no se produjo ningún aviso previo a la explosión, atribuida a la banda terrorista ETA. Además, fuentes de la investigación señalan la posibilidad de que este ataque fuera realizado con una furgoneta bomba robada en Francia.
http://www.terrorismo.com
La mayoría de los heridos sufrieron el alcance de cristales rotos de estos inmuebles; 38 de ellos fueron trasladados al hospital General Yagüe. Asimismo, en el gimnasio de las instalaciones de la Policía Local se instaló un puesto médico avanzado para atenderlos. El Grupo de Intervención Psicológica en Desastres y Emergencias atiende a los miembros de las 43 familias afectadas.
El vehículo, aparcado en la parte posterior del cuartel, donde residen los agentes con sus familias, provocó un enorme cráter en el suelo así como cuantiosos daños en el mismo edificio, afectando a sus 14 plantas, de las que las dos primeras quedaron totalmente destrozadas. Asimismo, la onda expansiva causó destrozos en varios edificios colindantes, entre ellos las oficinas de la Policía Local y se rompieron algunas canalizaciones de agua. Se investiga qué tipo de vehículo fue utilizado, aunque la Policía dice que “está completamente destrozado y sus restos están calcinados”.
Según las primeras pesquisas por parte de las fuerzas de seguridad, no se produjo ningún aviso previo a la explosión, atribuida a la banda terrorista ETA. Además, fuentes de la investigación señalan la posibilidad de que este ataque fuera realizado con una furgoneta bomba robada en Francia.
http://www.terrorismo.com
martes, 28 de julio de 2009
distribución de la renta y estabilidad macroeconómica
Juan Torres López *
La economía es una lucha constante para apropiarse de rentas pero ese aspecto esencial de la vida económica se suele ocultar.
La teoría económica clásica que sirve de base teórica a las políticas liberales afirma que los aspectos distributivos no son un asunto que concierna a la Economía. Y en el discurso de los políticos de esta ideología (en incluso a veces en el de quienes afirman ser más progresistas) se suele afirmar que "primero hay que crecer para luego poder distribuir". Una idea que es completamente engañosa porque lo cierto es que al mismo tiempo que se lleva a cabo cualquier tipo de actividad productiva se están repartiendo ya, en ese mismo instante, las rentas que se generan originariamente (y a las que ya después se podrán añadir las que resulten de la redistribución que haga el estado).
Así, cuando los empresarios reclaman contención salarial para crear empleo o para invertir más, lo que verdaderamente están pidiendo es que aumente su beneficio, sus rentas del capital. Cuando los trabajadores reivindican más prestaciones sociales lo que quieren es recibir más rentas salariales (en forma de salarios indirectos en este caso). Cuando la patronal o los bancos defienden la privatización de las pensiones o que se reduzcan los impuestos, buscan aumentar la parte que reciben de la renta global y cuando los trabajadores quieren leyes más protectoras lo que están buscando es que haya condiciones que les permitan obtener más fácilmente salarios más elevados, una parte más grande de la tarta.
Precisamente por eso, no es posible establecer que una determinada solución distributiva, un reparto determinado de la renta, es mejor que otro o más conveniente o apropiado, como casi siempre nos quieren hacer creer. En cuestiones de distribución no se pueda establecer un criterio objetivo e indiscutible sobre cuál es el reparto más favorable para la economía porque cada uno de los partícipes en el reparto tendrá una idea sobre su bondad. Una idea que dependerá, lógicamente, de la parte que le corresponda o de sus preferencias éticas, del criterio que cada uno tenga sobre lo que es justo o injusto.
Y como la distribución es inseparable de la producción, resulta entonces que ésta, el modo en que se lleva a cabo, tampoco es independiente de nuestra preferencia, de la opción ética que realicemos sobre un resultado distributivo u otro.
Cuando los economistas liberales afirman que la economía no tiene que ver con la distribución, con la ética, lo que buscan en realidad es que no se ponga en cuestión el orden económico establecido por quienes tienen poder para ello y que, lógicamente, suelen ser quienes más se benefician del estado de cosas existente, de la solución de reparto dominante.
Por el contrario, cuando se reconoce que la economía es también, y sobre todo, distribución de la renta lo que se deduce es que el modo de llevar a cabo la actividad económica no es algo neutro o determinado técnicamente, sino que es dependiente de las preferencias éticas dominantes en cada momento, de las preferencias de quienes tengan poder suficiente para imponerlas, más o menos democráticamente al conjunto de la sociedad.
Por eso, la política económica que no responde a una deliberación social previa o que no lleva consigo una discusión explícita sobre sus efectos sobre la distribución de la renta y la riqueza es una deleznable expresión más del totalitarismo.
Pero no solo eso.
La distribución de la renta es una cuestión que tiene que ver con la ética, como acabo de señalar, pero es también algo que influye muy directamente sobre la marcha global de la vida económica, sobre el grado de eficiencia que puede conseguirse y sobre la estabilidad e inestabilidad con que pueden llevarse a cabo los procesos económicos.
Como han demostrado sin ningún tipo de dudas muchos economistas, la distribución de la renta es una determinante esencial de la evolución de variables económicas como el consumo, el ahorro, incluso la inversión y, en consecuencia, también del equilibrio o desequilibrio económico que entre todas ellas puede llegar a darse, así como en la dinámica del crecimiento económico. Además, por supuesto, de determinar el bienestar efectivo de cada sujeto económico que, al fin y al cabo, debería ser el fin último de la actividad y la política económicas.
No es de ninguna manera casual, por ejemplo, que en el último periodo en que se ha producido un deterioro extraordinario del peso de los salarios en el conjunto de las rentas, las crisis financieras y monetarias se hayan multiplicado (96 bancarias y 176 monetarias según el Banco Mundial entre 1973 y 2000); que la mayor recesión desde 1929 se haya producido en Estados Unidos cuando la distancia entre los niveles más altos y más bajos de rentas alcanzaba el nivel máximo desde entonces; o que la mayor destrucción de empleo durante la crisis se produzca España que es el único país de la OCDE en donde el poder adquisitivo de los salarios bajó -un 4%- entre 1995 y 2005.
Más beneficio y rentas del capital han implicado más ahorro y menos salarios y, por tanto, menos capacidad de gasto, menos demanda y menos capacidad potencial de crecimiento. Es decir, más peligro de crisis y recesión económica
En consecuencia, revertir el proceso de incremento de las desigualdades que se viene produciendo desde hace treinta años y lograr un reparto más justo de la renta no es solo una (deseable) aspiración moral. Es también el pre-requisito de la estabilidad macroeconómica futura, la garantía de que la economía no entre en una deriva irreversible hacia la crisis global y permanente y, por supuesto, la única manera de reactivar los mercados y de crear condiciones adecuadas para la creación de empleo e, incluso, de beneficios empresariales que no procedan simplemente de la especulación financiera.
Evidentemente, no se trata tan solo de frenar la financiarización de nuestras economías para regenerar la actividad productiva. Es un paso previo, pero también hay que tener en cuenta que ésta misma es fuente de profundas, injustas e ineficiente desigualdades que, al fin y al cabo, son las que provocan deterioro de la economía real. Se debe tratar de modificar el modo de crear actividad económica para que ésta se lleve a cabo de un modo sostenible, más justo e incluso más eficaz desde el punto de vista de la economía de los recursos que utilizamos para crear bienes y servicios. Es decir, con un reparto más eficiente y equitativo de las rentas.
Y de esto es de lo que en estos momentos habría que hablar para salir de la crisis. No hacer explícita la cuestión del reparto de las rentas no solamente es dar por hecho que se acepta un estado de cosas que ha provocado, por ejemplo, que de 2002 a 2005 solo el 10% más rico de los hogares españoles aumentara sus rentas medias. Es asumir que la salida de la crisis será en falso y que volveremos a repetir los desastres que estamos viviendo.
Los trabajadores, con sus organizaciones sindicales a la cabeza, deberían luchar para que cualquier medida o cualquier acuerdo que se tome en esta coyuntura se inserte en un pacto de rentas que haga posible instaurar otra pauta distributiva. Esa y no otra es la base para cambiar de verdad de modelo productivo y la única posibilidad de abandonar el injusto e ineficiente que hasta ahora ha tenido la economía española.
* Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla)
http://www.juantorreslopez.com
La economía es una lucha constante para apropiarse de rentas pero ese aspecto esencial de la vida económica se suele ocultar.
La teoría económica clásica que sirve de base teórica a las políticas liberales afirma que los aspectos distributivos no son un asunto que concierna a la Economía. Y en el discurso de los políticos de esta ideología (en incluso a veces en el de quienes afirman ser más progresistas) se suele afirmar que "primero hay que crecer para luego poder distribuir". Una idea que es completamente engañosa porque lo cierto es que al mismo tiempo que se lleva a cabo cualquier tipo de actividad productiva se están repartiendo ya, en ese mismo instante, las rentas que se generan originariamente (y a las que ya después se podrán añadir las que resulten de la redistribución que haga el estado).
Así, cuando los empresarios reclaman contención salarial para crear empleo o para invertir más, lo que verdaderamente están pidiendo es que aumente su beneficio, sus rentas del capital. Cuando los trabajadores reivindican más prestaciones sociales lo que quieren es recibir más rentas salariales (en forma de salarios indirectos en este caso). Cuando la patronal o los bancos defienden la privatización de las pensiones o que se reduzcan los impuestos, buscan aumentar la parte que reciben de la renta global y cuando los trabajadores quieren leyes más protectoras lo que están buscando es que haya condiciones que les permitan obtener más fácilmente salarios más elevados, una parte más grande de la tarta.
Precisamente por eso, no es posible establecer que una determinada solución distributiva, un reparto determinado de la renta, es mejor que otro o más conveniente o apropiado, como casi siempre nos quieren hacer creer. En cuestiones de distribución no se pueda establecer un criterio objetivo e indiscutible sobre cuál es el reparto más favorable para la economía porque cada uno de los partícipes en el reparto tendrá una idea sobre su bondad. Una idea que dependerá, lógicamente, de la parte que le corresponda o de sus preferencias éticas, del criterio que cada uno tenga sobre lo que es justo o injusto.
Y como la distribución es inseparable de la producción, resulta entonces que ésta, el modo en que se lleva a cabo, tampoco es independiente de nuestra preferencia, de la opción ética que realicemos sobre un resultado distributivo u otro.
Cuando los economistas liberales afirman que la economía no tiene que ver con la distribución, con la ética, lo que buscan en realidad es que no se ponga en cuestión el orden económico establecido por quienes tienen poder para ello y que, lógicamente, suelen ser quienes más se benefician del estado de cosas existente, de la solución de reparto dominante.
Por el contrario, cuando se reconoce que la economía es también, y sobre todo, distribución de la renta lo que se deduce es que el modo de llevar a cabo la actividad económica no es algo neutro o determinado técnicamente, sino que es dependiente de las preferencias éticas dominantes en cada momento, de las preferencias de quienes tengan poder suficiente para imponerlas, más o menos democráticamente al conjunto de la sociedad.
Por eso, la política económica que no responde a una deliberación social previa o que no lleva consigo una discusión explícita sobre sus efectos sobre la distribución de la renta y la riqueza es una deleznable expresión más del totalitarismo.
Pero no solo eso.
La distribución de la renta es una cuestión que tiene que ver con la ética, como acabo de señalar, pero es también algo que influye muy directamente sobre la marcha global de la vida económica, sobre el grado de eficiencia que puede conseguirse y sobre la estabilidad e inestabilidad con que pueden llevarse a cabo los procesos económicos.
Como han demostrado sin ningún tipo de dudas muchos economistas, la distribución de la renta es una determinante esencial de la evolución de variables económicas como el consumo, el ahorro, incluso la inversión y, en consecuencia, también del equilibrio o desequilibrio económico que entre todas ellas puede llegar a darse, así como en la dinámica del crecimiento económico. Además, por supuesto, de determinar el bienestar efectivo de cada sujeto económico que, al fin y al cabo, debería ser el fin último de la actividad y la política económicas.
No es de ninguna manera casual, por ejemplo, que en el último periodo en que se ha producido un deterioro extraordinario del peso de los salarios en el conjunto de las rentas, las crisis financieras y monetarias se hayan multiplicado (96 bancarias y 176 monetarias según el Banco Mundial entre 1973 y 2000); que la mayor recesión desde 1929 se haya producido en Estados Unidos cuando la distancia entre los niveles más altos y más bajos de rentas alcanzaba el nivel máximo desde entonces; o que la mayor destrucción de empleo durante la crisis se produzca España que es el único país de la OCDE en donde el poder adquisitivo de los salarios bajó -un 4%- entre 1995 y 2005.
Más beneficio y rentas del capital han implicado más ahorro y menos salarios y, por tanto, menos capacidad de gasto, menos demanda y menos capacidad potencial de crecimiento. Es decir, más peligro de crisis y recesión económica
En consecuencia, revertir el proceso de incremento de las desigualdades que se viene produciendo desde hace treinta años y lograr un reparto más justo de la renta no es solo una (deseable) aspiración moral. Es también el pre-requisito de la estabilidad macroeconómica futura, la garantía de que la economía no entre en una deriva irreversible hacia la crisis global y permanente y, por supuesto, la única manera de reactivar los mercados y de crear condiciones adecuadas para la creación de empleo e, incluso, de beneficios empresariales que no procedan simplemente de la especulación financiera.
Evidentemente, no se trata tan solo de frenar la financiarización de nuestras economías para regenerar la actividad productiva. Es un paso previo, pero también hay que tener en cuenta que ésta misma es fuente de profundas, injustas e ineficiente desigualdades que, al fin y al cabo, son las que provocan deterioro de la economía real. Se debe tratar de modificar el modo de crear actividad económica para que ésta se lleve a cabo de un modo sostenible, más justo e incluso más eficaz desde el punto de vista de la economía de los recursos que utilizamos para crear bienes y servicios. Es decir, con un reparto más eficiente y equitativo de las rentas.
Y de esto es de lo que en estos momentos habría que hablar para salir de la crisis. No hacer explícita la cuestión del reparto de las rentas no solamente es dar por hecho que se acepta un estado de cosas que ha provocado, por ejemplo, que de 2002 a 2005 solo el 10% más rico de los hogares españoles aumentara sus rentas medias. Es asumir que la salida de la crisis será en falso y que volveremos a repetir los desastres que estamos viviendo.
Los trabajadores, con sus organizaciones sindicales a la cabeza, deberían luchar para que cualquier medida o cualquier acuerdo que se tome en esta coyuntura se inserte en un pacto de rentas que haga posible instaurar otra pauta distributiva. Esa y no otra es la base para cambiar de verdad de modelo productivo y la única posibilidad de abandonar el injusto e ineficiente que hasta ahora ha tenido la economía española.
* Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla)
http://www.juantorreslopez.com
lunes, 20 de julio de 2009
nadie podrá decir que no sabía
Marco Revelli *
Las cifras de los estragos son públicas, accesibles a todos. Basta consultar el sitio Fortress Europe (http://fortresseurope.blogspot.com) para conocer las cifras de nuestra vergüenza. En los cuatro primeros meses del año han muerto ya 329 inmigrantes [en Italia], anegados en el Canal de Sicilia. Fueron 1.274 a lo largo de 2008. Y ascienden a 4.009 en los tres lustros transcurridos desde 1994, cuando empezó el registro de muertes a partir de las noticias periodísticas. Otra decena de miles de víctimas se ha registrado en las vías hacia España y las Canarias (4.463), en el mar Egeo, hacia Grecia (1.310), en nuestro Adriático, procedentes de Albania (603), o en el desierto del Sahara, a lo largo de “las pistas entre Sudán, el Chad, Níger y Mali, de un lado, y Libia y Argelia, del otro” (1.691 muertos censados, pero la cifra está subestimada, porque el grueso de la tragedia se consuma fuera del alcance de la vista, sin dejar traza ni noticia).
Otros han muerto de frío, intentando atravesar las zonas montañosas entre Turquía y Grecia. O saltando por los aires en los campos minados de Evros, en Macedonia (91 personas). O anegados en las aguas del Oder, del Sava, del Morava, los ríos que separan Polonia de Alemania, Bosnia de Croacia, Eslovaquia de la República Checa. O ateridos de frío, ocultos en las bodegas de un avión para escapar a los controles (41 personas). O sofocados en el calor infernal de un contenedor. O aun caídos bajo las balas de las distintas policías fronterizas, en Ceuta y Melilla, los enclaves españoles en Marruecos, en Gambia, en Egipto, o en Israel; en Libia, en dónde están bien documentadas las feroces torturas practicadas “en los centros de detención para extranjeros, tres de los cuales financiados por Italia”.
La cifra total hiela la sangre: 14.679 muertos documentados a lo largo del perímetro que circunda la civilizada Europa con un inmenso muro imaginario, infinitamente más largo, alto y terrible que aquel Muro de Berlín, cuya caída fue celebrada como una liberación respecto de los fantasmas del siglo XX.
No se ha hablado de esas cifras en la cumbre del G-8 celebrada Aquila, que, sin embargo, no se ha privado de servirse de la tragedia africana como escudo para disimular su vacío. Esas cifras no han turbado los paseos de compras de las primeras damas por las calles romanas. Ni las voces de sus augustos maridos en el cuartel de Coppito, remodelado a toda prisa para la ocasión, probablemente con el trabajo de un buen número de supervivientes “regularizados” de aquellos estragos. Y sobre todo: esas cifras no han asomado siquiera, para escándalo de propios y ajenos, a los discursos oficiales de los llamados “Grandes”, detentadores de una extenuada soberanía nacional que –cocida en el jugo de su propio anacronismo— no tolera ni discusiones ni excepciones, presta a vengarse de la propia impotencia ante la fuerza de los mercados y de los capitales con la segregación, el rechazo, el cierre de fronteras y la cárcel: exhibiendo músculo ante los más débiles entre los débiles.
Con todo y con eso, esas cifras –de eso se trataba— sólo han aflorado en la discusión de nuestro parlamento sobre el decreto de seguridad que, transformado en ley, convierte en acto penalizable la culpa de haber sobrevivido a la travesía. Callando sobre los caídos, constituye en “criminales” a los que han logrado salvarse. El Senado la ha aprobado en un clima de dimisión general, tras un debate perezoso, como si se tratara de legislación administrativa rutinaria, con una oposición resignada, distraída y, una parte de ella al menos, connivente en su fuero interno. Y con una prensa dividida entre las historias de burdel del primer ministro y la crónica rosa de la cumbre, con un ojo en las alcobas del palacio Grazioli y el otro en las mesas de Coppito. Y, sin embargo, con este acto se ha producido un grave desgarrón –el enésimo desgarrón: ya empezamos a acostumbrarnos— en nuestra civilidad jurídica y en la más elemental moral pública: con la introducción del “delito de clandestinidad”, en una forma única en Europa, se ha traspasado un límite. Sancionando penalmente el ingreso o la permanencia del individuo extranjero en nuestro territorio, se tipifica como crimen, no un hecho o una serie de “hechos lesivos de bienes merecedores de tutela penal”, sino –como han sostenido con buenos argumentos muchos juristas— “una condición individual, la condición de inmigrante”, conforme a una lógica que asume sin más “una connotación discriminatoria que choca, no sólo con el principio de igualdad, sino con la garantía constitucional fundamental en materia penal, de acuerdo con la cual el castigo tiene que fundarse exclusivamente en hechos materiales”.
En la práctica, los efectos serán nulos, sino, más probablemente, negativos. Cualquiera que conozca el problema sabe que la aplicación de aquel oprobio es técnicamente imposible, porque pondría en crisis al conjunto del sistema judicial. Amedrentará, desde luego. Reforzará unas tendencias xenófobas ya demasiado difundidas en nuestras instituciones públicas, entre los comisarios de policía, entre los pliegos de la burocracia. Alimentará el miedo entre quienes quieren huir del miedo experimentado en la propia tierra de la que tratan de huir. Pero lo seguro es que no producirá más “seguridad”. Ni más orden. Al contrario. Puede que por algún tiempo tenga alguna influencia en la geografía de los flujos, desaconsejando al menos parcialmente las rutas hacia Italia, derivando la migración hacia otras direcciones, de Turquía a Grecia, en primer lugar, hacia fronteras orientales de mayor peligro y en las que la mortalidad corre el riesgo de crecer.
Un efecto evidente tendrá esta ley en el plano simbólico. Por el mensaje que lanza. Y por la incultura que revela. Un desgarrón intolerable, porque la política y la consciencia colectiva se nutren hoy de efectos simbólicos. Y una democracia muere de ultrajes simbólicos al pudor civil. Esperemos que la figura que, en última instancia, ha de jugar el papel de “custodio de la Constitución” no avale ese desgarrón. Que el escándalo de aquellas cifras, inatendido en las demás instancias de poder, traspase al menos los muros del Quirinal.
* Marco Revelli , antiguo militante del autonomismo obrero italiano y celebrado estudioso del fordismo y el postfordismo, es profesor de ciencia política en la Universidad de Turín. Sus dos últimos libros más debatidos son La sinistra sociale (una investigación muy importante sobre el tránsito del capitalismo fordista al postfordista y la evolución de las bases sociales de la izquierda) y Más allá del siglo XX (traducido al castellano y publicado por la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2003).
http://es.wikipedia.org/wiki/Marco_Revelli
Las cifras de los estragos son públicas, accesibles a todos. Basta consultar el sitio Fortress Europe (http://fortresseurope.blogspot.com) para conocer las cifras de nuestra vergüenza. En los cuatro primeros meses del año han muerto ya 329 inmigrantes [en Italia], anegados en el Canal de Sicilia. Fueron 1.274 a lo largo de 2008. Y ascienden a 4.009 en los tres lustros transcurridos desde 1994, cuando empezó el registro de muertes a partir de las noticias periodísticas. Otra decena de miles de víctimas se ha registrado en las vías hacia España y las Canarias (4.463), en el mar Egeo, hacia Grecia (1.310), en nuestro Adriático, procedentes de Albania (603), o en el desierto del Sahara, a lo largo de “las pistas entre Sudán, el Chad, Níger y Mali, de un lado, y Libia y Argelia, del otro” (1.691 muertos censados, pero la cifra está subestimada, porque el grueso de la tragedia se consuma fuera del alcance de la vista, sin dejar traza ni noticia).
Otros han muerto de frío, intentando atravesar las zonas montañosas entre Turquía y Grecia. O saltando por los aires en los campos minados de Evros, en Macedonia (91 personas). O anegados en las aguas del Oder, del Sava, del Morava, los ríos que separan Polonia de Alemania, Bosnia de Croacia, Eslovaquia de la República Checa. O ateridos de frío, ocultos en las bodegas de un avión para escapar a los controles (41 personas). O sofocados en el calor infernal de un contenedor. O aun caídos bajo las balas de las distintas policías fronterizas, en Ceuta y Melilla, los enclaves españoles en Marruecos, en Gambia, en Egipto, o en Israel; en Libia, en dónde están bien documentadas las feroces torturas practicadas “en los centros de detención para extranjeros, tres de los cuales financiados por Italia”.
La cifra total hiela la sangre: 14.679 muertos documentados a lo largo del perímetro que circunda la civilizada Europa con un inmenso muro imaginario, infinitamente más largo, alto y terrible que aquel Muro de Berlín, cuya caída fue celebrada como una liberación respecto de los fantasmas del siglo XX.
No se ha hablado de esas cifras en la cumbre del G-8 celebrada Aquila, que, sin embargo, no se ha privado de servirse de la tragedia africana como escudo para disimular su vacío. Esas cifras no han turbado los paseos de compras de las primeras damas por las calles romanas. Ni las voces de sus augustos maridos en el cuartel de Coppito, remodelado a toda prisa para la ocasión, probablemente con el trabajo de un buen número de supervivientes “regularizados” de aquellos estragos. Y sobre todo: esas cifras no han asomado siquiera, para escándalo de propios y ajenos, a los discursos oficiales de los llamados “Grandes”, detentadores de una extenuada soberanía nacional que –cocida en el jugo de su propio anacronismo— no tolera ni discusiones ni excepciones, presta a vengarse de la propia impotencia ante la fuerza de los mercados y de los capitales con la segregación, el rechazo, el cierre de fronteras y la cárcel: exhibiendo músculo ante los más débiles entre los débiles.
Con todo y con eso, esas cifras –de eso se trataba— sólo han aflorado en la discusión de nuestro parlamento sobre el decreto de seguridad que, transformado en ley, convierte en acto penalizable la culpa de haber sobrevivido a la travesía. Callando sobre los caídos, constituye en “criminales” a los que han logrado salvarse. El Senado la ha aprobado en un clima de dimisión general, tras un debate perezoso, como si se tratara de legislación administrativa rutinaria, con una oposición resignada, distraída y, una parte de ella al menos, connivente en su fuero interno. Y con una prensa dividida entre las historias de burdel del primer ministro y la crónica rosa de la cumbre, con un ojo en las alcobas del palacio Grazioli y el otro en las mesas de Coppito. Y, sin embargo, con este acto se ha producido un grave desgarrón –el enésimo desgarrón: ya empezamos a acostumbrarnos— en nuestra civilidad jurídica y en la más elemental moral pública: con la introducción del “delito de clandestinidad”, en una forma única en Europa, se ha traspasado un límite. Sancionando penalmente el ingreso o la permanencia del individuo extranjero en nuestro territorio, se tipifica como crimen, no un hecho o una serie de “hechos lesivos de bienes merecedores de tutela penal”, sino –como han sostenido con buenos argumentos muchos juristas— “una condición individual, la condición de inmigrante”, conforme a una lógica que asume sin más “una connotación discriminatoria que choca, no sólo con el principio de igualdad, sino con la garantía constitucional fundamental en materia penal, de acuerdo con la cual el castigo tiene que fundarse exclusivamente en hechos materiales”.
En la práctica, los efectos serán nulos, sino, más probablemente, negativos. Cualquiera que conozca el problema sabe que la aplicación de aquel oprobio es técnicamente imposible, porque pondría en crisis al conjunto del sistema judicial. Amedrentará, desde luego. Reforzará unas tendencias xenófobas ya demasiado difundidas en nuestras instituciones públicas, entre los comisarios de policía, entre los pliegos de la burocracia. Alimentará el miedo entre quienes quieren huir del miedo experimentado en la propia tierra de la que tratan de huir. Pero lo seguro es que no producirá más “seguridad”. Ni más orden. Al contrario. Puede que por algún tiempo tenga alguna influencia en la geografía de los flujos, desaconsejando al menos parcialmente las rutas hacia Italia, derivando la migración hacia otras direcciones, de Turquía a Grecia, en primer lugar, hacia fronteras orientales de mayor peligro y en las que la mortalidad corre el riesgo de crecer.
Un efecto evidente tendrá esta ley en el plano simbólico. Por el mensaje que lanza. Y por la incultura que revela. Un desgarrón intolerable, porque la política y la consciencia colectiva se nutren hoy de efectos simbólicos. Y una democracia muere de ultrajes simbólicos al pudor civil. Esperemos que la figura que, en última instancia, ha de jugar el papel de “custodio de la Constitución” no avale ese desgarrón. Que el escándalo de aquellas cifras, inatendido en las demás instancias de poder, traspase al menos los muros del Quirinal.
* Marco Revelli , antiguo militante del autonomismo obrero italiano y celebrado estudioso del fordismo y el postfordismo, es profesor de ciencia política en la Universidad de Turín. Sus dos últimos libros más debatidos son La sinistra sociale (una investigación muy importante sobre el tránsito del capitalismo fordista al postfordista y la evolución de las bases sociales de la izquierda) y Más allá del siglo XX (traducido al castellano y publicado por la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2003).
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domingo, 5 de julio de 2009
¿por qué los economistas y medios liberales están equivocados?
Vicenç Navarro
En un artículo reciente en el The New York Times (03/02/09), el Premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, criticaba a aquellos economistas que durante la Gran Depresión, a principios del siglo XX, negaron la necesidad de estimular el crecimiento económico y la producción de empleo a través del incremento de la inversión pública. Pero la mayor crítica de Samuelson era para los economistas de ahora, que también se oponen al crecimiento de la inversión pública como manera de resolver la crisis económica actual. Samuelson señalaba que sólo la ceguera ideológica puede explicar que tales economistas ignoren la enorme evidencia acumulada durante aquel periodo. La evidencia empírica, que muestra como la inversión pública resolvió la crisis de la Gran Depresión, es abundante y robusta.
Si miramos que pasó durante la Gran Depresión a principios del siglo XX, podemos ver que el Presidente Herbert Hoover hizo lo que los economistas liberales y el PP están pidiendo hoy en España. Hoover bajó el gasto público para equilibrar las cuentas del Estado, alcanzando incluso un superávit, en el año 1929-1930. El deterioro que ello causó (la economía sufrió un gran bajón; el desempleo alcanzó a ser el 23% de la población activa; desaparecieron ocho millones de puestos de trabajo) hizo insostenible tal política de mantener equilibrado el presupuesto del Estado. Ello explica que Franklin D. Roosevelt ganara las elecciones y a partir del año 1933 se iniciaran una serie de medidas que estimularon la economía (ver mi artículo “Como salir de la II Gran Depresión” en www.vnavarro.org, secciones Economía política y EEUU). Entre estas medidas hubo, en el año 1933, un aumento del gasto público (se dobló en un año) y un crecimiento del déficit público que alcanzó el 4,3% del PIB. Resultado del estímulo económico, la economía estadounidense aumentó un 10% al año desde 1934 a 1936, y el desempleo bajó al 9% de la población activa.
Esta evolución exitosa hizo creer que ya se estaba resolviendo la crisis económica –la Gran Depresión- y que podía y debería comenzar a reducirse el déficit del Estado. Y en 1937 se inició la política de reducción del déficit del Estado (tal como está aconsejando ahora el Sr. Miguel Angel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España). El impacto negativo fue casi inmediato. En 1938, el desempleo subió tres puntos, alcanzando un 12% de la población activa. De ahí que Roosevelt, dándose cuenta de que se había equivocado, aumentó de nuevo el gasto público, permitiendo un aumento del déficit del estado. El desempleo bajó de nuevo, descenso que fue facilitado por la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial, lo cual significó un enorme incremento del gasto público. Hasta aquí los datos.
La evidencia de que la Gran Depresión se resolvió debido al enorme crecimiento del gasto público es, pues, definitiva, por mucho que ideólogos liberales continúen basando sus creencias en la fe liberal en lugar de en la evidencia científica. Uno de los autores, apóstoles del liberalismo, que continúa cuestionando aquellos hechos -sujeto de crítica de Samuelson- es el economista Barro, al cual podríamos añadir un gran número de economistas españoles liberales que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios de información (tales como el “darling” del establishment financiero español, el Sr. Sala i Martí) (ver “El Pánico seguirá”. La Vanguardia. 12.03.09). Consecuencia de la gran influencia de tales ideólogos todavía persiste un debate en España sobre si una de las maneras más efectivas de resolver la crisis de la economía real de nuestro país es aumentando la inversión pública. En gran parte del mundo, este debate es anticuado. En su lugar, el debate es como crear empleo a partir del gasto público. En España comienza ya a generalizarse (¡por fin!) que hay que aumentar las inversiones públicas como manera de crear empleo y a la vez modernizar el país. Esperemos que esta propuesta vaya aumentando en su aceptación.
Ahora bien, quisiera acentuar que esta política de inversiones en obras públicas (a las cuales se añaden también inversiones en educación y en investigación y desarrollo), aunque necesaria, es insuficiente. Se requieren, además, inversiones en los servicios públicos del Estado de Bienestar. El Instituto de Economía Política de la Universidad de Massachussets, en un estudio dirigido por el Profesor Robert Pollin (y que influenció, en gran manera, a la Administración Obama), ha analizado la tasa de creación de empleo que puede alcanzarse a partir de una misma cantidad de inversión pública. El estudio calculaba cuantos puestos de trabajo se creaban por cada 1.000 millones de dólares de gasto público. Tal estudio econométrico muestra que la creación de nuevos empleos mediante el ahorro creado por la reducción de impuestos (la propuesta elegida por los economistas liberales y conservadores) tiene un estímulo económico muy bajo, resultado, en gran parte, de que la población, que está profundamente endeudada, no gasta tal dinero sino que lo utiliza para pagar sus deudas. En EEUU, sólo una tercera parte de los fondos adquiridos a base de reducción de impuestos se gastó en consumo. Algo más de producción de empleo tuvo el gasto militar. Pero, donde la producción era mayor fue en los servicios públicos y muy en especial en sanidad, escuelas de infancias, servicios domiciliarios y servicios sociales. Era en estos servicios donde la producción de empleo era más acentuada. Es un error que el gobierno socialista español no esté dando mayor importancia a la inversión en estos servicios públicos como manera de resolver la crisis, crear empleo y modernizar el país. Esto es, por cierto, lo que está intentando hacer la Administración Obama en EEUU. Es a través de esta inversión pública que se moderniza el país y se crea empleo a la vez. Un indicador de la gran influencia del pensamiento liberal en la cultura económica de España es que hoy el debate sobre cómo reducir el desempleo se está centrando en la desregulación de los mercados de trabajo y no en como modernizar y crear empleo a base de invertir y aumentar el gasto público.
Una última observación. Estamos hoy viendo una campaña liberal con gran apoyo mediático, que intenta explicar el escaso desempeño económico español como consecuencia de lo que se considera un excesivo número de empleados públicos (que se definen erróneamente como funcionarios) en las distintas administraciones públicas. Así, El Periódico publicó el pasado lunes (15.06.09) un amplio informe de dos páginas, y El País, edición Cataluña, un artículo (llamado “Funcionarios”), firmado por su colaborador habitual, Enric González, en los que se denunciaba el excesivo tamaño del sector público como una causa del escaso desempeño económico. Como prueba de la supuesta exuberancia del sector público, señalaban que en España había casi tantos funcionarios como empresarios.
Lo que tales escritos definen incorrectamente, erróneamente y (creo) maliciosamente como funcionarios, no son funcionarios. Incluyen como tales a todas las personas empleadas en el sector público (sea sector central, autonómico o local), trabajando en su mayoría en los servicios del estado del bienestar, como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios de dependencia, vivienda social, servicios sociales, además de correos, transportes públicos, servicios de seguridad pública y otros. Estos empleados tienen distintos tipos de contratos, de los cuales, por cierto, los funcionariales son una minoría (28%).
El segundo error en aquellos informes es que consideran que el hecho de que en España el número de personas empleadas en el sector público sea casi igual al número de empresarios y autónomos como causa de alarma, mostrando esta situación como ejemplo de la exuberancia del sector público. En realidad, en todos los países de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico que España) el número de empleados en el sector público es mucho mayor que en el número de empresarios y autónomos. Así, mientras el porcentaje de personas adultas que son empresarios y autónomos en España (10,64%) es mayor que en el promedio de la UE-15 (9,78%), el porcentaje de personas adultas trabajando en el sector público es sólo un 9,51%, uno de los porcentajes menores en la UE-15, cuyo promedio es un 16%. En los países escandinavos es un 29,54% en Dinamarca, un 19% en Finlandia, y un 21,34% en Suecia; siendo éstos los países con mayor eficiencia económica en Europa según varios informes sobre competitividad y eficiencia económica (ver “Economic Efficiency in the OECD”. Economic Policy Institute. Washington. 2008). En contra de lo que dicen aquellos medios, en España el sector público está subdesarrollado, y es una de las causas de su bajo rendimiento económico.
Tengo que admitir que me abruma y agota la constante manipulación de los datos que algunos de los medios de mayor difusión del país hacen para promover su ideología transformándolos en meros instrumentos de propaganda en lugar de ser medios de información. Y hay muy pocas voces que denuncien esta manipulación, puesto que el poder de tales medios es enorme. Ruego al lector que, por favor, distribuya activamente esta información que muestra tal manipulación.
http://www.vnavarro.org
En un artículo reciente en el The New York Times (03/02/09), el Premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, criticaba a aquellos economistas que durante la Gran Depresión, a principios del siglo XX, negaron la necesidad de estimular el crecimiento económico y la producción de empleo a través del incremento de la inversión pública. Pero la mayor crítica de Samuelson era para los economistas de ahora, que también se oponen al crecimiento de la inversión pública como manera de resolver la crisis económica actual. Samuelson señalaba que sólo la ceguera ideológica puede explicar que tales economistas ignoren la enorme evidencia acumulada durante aquel periodo. La evidencia empírica, que muestra como la inversión pública resolvió la crisis de la Gran Depresión, es abundante y robusta.
Si miramos que pasó durante la Gran Depresión a principios del siglo XX, podemos ver que el Presidente Herbert Hoover hizo lo que los economistas liberales y el PP están pidiendo hoy en España. Hoover bajó el gasto público para equilibrar las cuentas del Estado, alcanzando incluso un superávit, en el año 1929-1930. El deterioro que ello causó (la economía sufrió un gran bajón; el desempleo alcanzó a ser el 23% de la población activa; desaparecieron ocho millones de puestos de trabajo) hizo insostenible tal política de mantener equilibrado el presupuesto del Estado. Ello explica que Franklin D. Roosevelt ganara las elecciones y a partir del año 1933 se iniciaran una serie de medidas que estimularon la economía (ver mi artículo “Como salir de la II Gran Depresión” en www.vnavarro.org, secciones Economía política y EEUU). Entre estas medidas hubo, en el año 1933, un aumento del gasto público (se dobló en un año) y un crecimiento del déficit público que alcanzó el 4,3% del PIB. Resultado del estímulo económico, la economía estadounidense aumentó un 10% al año desde 1934 a 1936, y el desempleo bajó al 9% de la población activa.
Esta evolución exitosa hizo creer que ya se estaba resolviendo la crisis económica –la Gran Depresión- y que podía y debería comenzar a reducirse el déficit del Estado. Y en 1937 se inició la política de reducción del déficit del Estado (tal como está aconsejando ahora el Sr. Miguel Angel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España). El impacto negativo fue casi inmediato. En 1938, el desempleo subió tres puntos, alcanzando un 12% de la población activa. De ahí que Roosevelt, dándose cuenta de que se había equivocado, aumentó de nuevo el gasto público, permitiendo un aumento del déficit del estado. El desempleo bajó de nuevo, descenso que fue facilitado por la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial, lo cual significó un enorme incremento del gasto público. Hasta aquí los datos.
La evidencia de que la Gran Depresión se resolvió debido al enorme crecimiento del gasto público es, pues, definitiva, por mucho que ideólogos liberales continúen basando sus creencias en la fe liberal en lugar de en la evidencia científica. Uno de los autores, apóstoles del liberalismo, que continúa cuestionando aquellos hechos -sujeto de crítica de Samuelson- es el economista Barro, al cual podríamos añadir un gran número de economistas españoles liberales que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios de información (tales como el “darling” del establishment financiero español, el Sr. Sala i Martí) (ver “El Pánico seguirá”. La Vanguardia. 12.03.09). Consecuencia de la gran influencia de tales ideólogos todavía persiste un debate en España sobre si una de las maneras más efectivas de resolver la crisis de la economía real de nuestro país es aumentando la inversión pública. En gran parte del mundo, este debate es anticuado. En su lugar, el debate es como crear empleo a partir del gasto público. En España comienza ya a generalizarse (¡por fin!) que hay que aumentar las inversiones públicas como manera de crear empleo y a la vez modernizar el país. Esperemos que esta propuesta vaya aumentando en su aceptación.
Ahora bien, quisiera acentuar que esta política de inversiones en obras públicas (a las cuales se añaden también inversiones en educación y en investigación y desarrollo), aunque necesaria, es insuficiente. Se requieren, además, inversiones en los servicios públicos del Estado de Bienestar. El Instituto de Economía Política de la Universidad de Massachussets, en un estudio dirigido por el Profesor Robert Pollin (y que influenció, en gran manera, a la Administración Obama), ha analizado la tasa de creación de empleo que puede alcanzarse a partir de una misma cantidad de inversión pública. El estudio calculaba cuantos puestos de trabajo se creaban por cada 1.000 millones de dólares de gasto público. Tal estudio econométrico muestra que la creación de nuevos empleos mediante el ahorro creado por la reducción de impuestos (la propuesta elegida por los economistas liberales y conservadores) tiene un estímulo económico muy bajo, resultado, en gran parte, de que la población, que está profundamente endeudada, no gasta tal dinero sino que lo utiliza para pagar sus deudas. En EEUU, sólo una tercera parte de los fondos adquiridos a base de reducción de impuestos se gastó en consumo. Algo más de producción de empleo tuvo el gasto militar. Pero, donde la producción era mayor fue en los servicios públicos y muy en especial en sanidad, escuelas de infancias, servicios domiciliarios y servicios sociales. Era en estos servicios donde la producción de empleo era más acentuada. Es un error que el gobierno socialista español no esté dando mayor importancia a la inversión en estos servicios públicos como manera de resolver la crisis, crear empleo y modernizar el país. Esto es, por cierto, lo que está intentando hacer la Administración Obama en EEUU. Es a través de esta inversión pública que se moderniza el país y se crea empleo a la vez. Un indicador de la gran influencia del pensamiento liberal en la cultura económica de España es que hoy el debate sobre cómo reducir el desempleo se está centrando en la desregulación de los mercados de trabajo y no en como modernizar y crear empleo a base de invertir y aumentar el gasto público.
Una última observación. Estamos hoy viendo una campaña liberal con gran apoyo mediático, que intenta explicar el escaso desempeño económico español como consecuencia de lo que se considera un excesivo número de empleados públicos (que se definen erróneamente como funcionarios) en las distintas administraciones públicas. Así, El Periódico publicó el pasado lunes (15.06.09) un amplio informe de dos páginas, y El País, edición Cataluña, un artículo (llamado “Funcionarios”), firmado por su colaborador habitual, Enric González, en los que se denunciaba el excesivo tamaño del sector público como una causa del escaso desempeño económico. Como prueba de la supuesta exuberancia del sector público, señalaban que en España había casi tantos funcionarios como empresarios.
Lo que tales escritos definen incorrectamente, erróneamente y (creo) maliciosamente como funcionarios, no son funcionarios. Incluyen como tales a todas las personas empleadas en el sector público (sea sector central, autonómico o local), trabajando en su mayoría en los servicios del estado del bienestar, como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios de dependencia, vivienda social, servicios sociales, además de correos, transportes públicos, servicios de seguridad pública y otros. Estos empleados tienen distintos tipos de contratos, de los cuales, por cierto, los funcionariales son una minoría (28%).
El segundo error en aquellos informes es que consideran que el hecho de que en España el número de personas empleadas en el sector público sea casi igual al número de empresarios y autónomos como causa de alarma, mostrando esta situación como ejemplo de la exuberancia del sector público. En realidad, en todos los países de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico que España) el número de empleados en el sector público es mucho mayor que en el número de empresarios y autónomos. Así, mientras el porcentaje de personas adultas que son empresarios y autónomos en España (10,64%) es mayor que en el promedio de la UE-15 (9,78%), el porcentaje de personas adultas trabajando en el sector público es sólo un 9,51%, uno de los porcentajes menores en la UE-15, cuyo promedio es un 16%. En los países escandinavos es un 29,54% en Dinamarca, un 19% en Finlandia, y un 21,34% en Suecia; siendo éstos los países con mayor eficiencia económica en Europa según varios informes sobre competitividad y eficiencia económica (ver “Economic Efficiency in the OECD”. Economic Policy Institute. Washington. 2008). En contra de lo que dicen aquellos medios, en España el sector público está subdesarrollado, y es una de las causas de su bajo rendimiento económico.
Tengo que admitir que me abruma y agota la constante manipulación de los datos que algunos de los medios de mayor difusión del país hacen para promover su ideología transformándolos en meros instrumentos de propaganda en lugar de ser medios de información. Y hay muy pocas voces que denuncien esta manipulación, puesto que el poder de tales medios es enorme. Ruego al lector que, por favor, distribuya activamente esta información que muestra tal manipulación.
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