sábado, 30 de mayo de 2009

nuevas herramientas para ampliar la percepción de la realidad

Alicia Montesdeoca *

El físico
David Bohm, antiguo colaborador de Einstein, utiliza la metáfora del holograma como punto de partida de una nueva explicación de realidad: el orden plegado. La realidad clásica se ha centrado en manifestaciones secundarias, el aspecto desplegado de las cosas, y no en su fuente. Estas apariencias se abstraen de un flujo intangible, invisible, que no se compone de partes. Se trata de una interconexión inseparable... “Bajo la esfera explicada de cosas y acontecimientos separados se halla una esfera implicada de totalidad indivisa, y este todo implicado está simultáneamente disponible para cada parte implicada”.


Según esta visión, que se recoge en su obra “La totalidad y el orden implicado”, fruto de cuarenta años de investigación física y filosófica, en cualquier elemento del universo se contiene la totalidad del mismo: la parte está en el todo, y el todo está en la parte. Detrás de la apariencia del orden desplegado existe un orden implicado, afirma.

Además, para él, “la conciencia (pensamientos, emociones, deseos, voluntad, toda la vida mental o psíquica) está básicamente en el orden implicado como lo está la materia, y, por consiguiente, no es que la conciencia sea una cosa y la materia otra, sino más bien que la conciencia es un proceso material y está ella misma en el orden implicado, como lo está toda la materia, y que la conciencia se manifiesta en algún orden explicado, como hace la materia en general”. Según su hipótesis, la diferencia entre la materia y la conciencia se encuentra en el estado de sutilidad, “la conciencia es posiblemente una forma más sutil de materia y de movimiento, un aspecto más sutil del holomovimiento”.

Para David Bohm, el pensamiento crea un orden de lo “real” que no considera el orden interno de la realidad, el orden no desplegado, no manifestado (...) “El propio pensamiento ha establecido una distinción entre materia y espíritu. Y resulta evidente en qué consiste esta diferencia: lo que no tiene una forma sólida evidente y lo que mueve a algo distinto se llama espíritu” (...) “Así que, finalmente, diríamos que una visión consecuente sería afirmar que algo como la materia no manifiesta desempeña un papel semejante a lo que pensamos como espíritu. Es materia manifiesta en movimiento, pero ambas son materia, una sutil y otra materia bruta. Ahora bien, sea lo que sea lo que queremos decir con lo que está más allá de la materia, es algo que no podemos aprehender con el pensamiento. Quiero decir, el pensamiento puede plantear la cuestión, pero no puede ir más allá”.

El pensamiento no puede percibir lo que está más allá de sí mismo, su mecanismo está atrapado por su propio intento de aprehender en un concepto lo no manifiesto, filtrando, conforme a su pequeña medida, la inmensa totalidad que no se puede ajustar a ningún espacio ni a ningún tiempo (...) “El pensamiento tiene su lugar; pero el pensamiento que intenta trascender su lugar bloquea lo que está más allá”, concluye.

La percepción del orden implicado

David Bohm considera que la intuición es la facultad humana capacitada para penetrar en ese estado de cosas, y cambiar la materia misma, concluyendo que aquella, la intuición, tiene capacidad para cambiar y ordenar la propia materia cerebral. (...) “La idea es que la intuición es una inteligencia que trasciende cualquiera de las energías que podrían definirse en el pensamiento (...) Una inteligencia activa. Es activa en el sentido de que no presta atención al pensamiento. Transforma directamente la materia; puentea, por así decirlo, al pensamiento”.

Según la valoración que hace Bohm, el mecanismo de la intuición no sólo acalla el pensamiento, sino que actúa sobre los bloqueos originados por éste, sobre las confusiones, etc. “Es como si tomase un imán y se redispusieran las partículas de una cinta, eso. Sólo que se haría de un modo inteligente, como para eliminar el ruido y conservar limpio el mensaje” (...) “Al ser la inteligencia suprema, la intuición es capaz de reorganizar la materia estructural del cerebro que subyace por debajo del pensamiento, de suerte que quita el mensaje que origina la confusión, deja la información necesaria y el cerebro abierto para percibir la realidad de una manera diferente”. Pero, de momento está bloqueada, los condicionamientos nos bloquean, porque presionan para mantener lo que es familiar y viejo y le meten a la gente el miedo a todo lo nuevo.

Así que la realidad viene limitada por el mensaje que ya se ha grabado profundamente en las células cerebrales desde la primera infancia. La intuición elimina ese mensaje, la parte del mensaje que origina el bloqueo” (...) “Abre el pensamiento para que se refresque y renueve de manera que pueda operar racionalmente. Podría decirse que permanecer en este bloqueo es totalmente irracional. Es el resultado de la presión. Se adopta la idea de que este bloqueo es cierto porque elimina la presión de la incertidumbre”.

La sincronicidad revela los significados universales

Pero, las posibilidades de adquirir nuevas herramientas, que nos permitan acercarnos más a los contenidos de la realidad, no se han agotado; la impresión que seguimos teniendo es que estamos al comienzo del camino, aún creyendo que estamos bien “encaminados”.

Estas certezas se fundamentan en las implicaciones que, en otras disciplinas como la medicina, psiquiatría, psicología, pedagogía, etc., están teniendo las nuevas corrientes científico-filosóficas, generando, asimismo, una sorprendente experiencia práctica y nuevos debates teóricos, que van parejo con una visión más compleja del ser humano y del universo. La primera conclusión, a la que llegamos, es que lo que miramos y lo que somos se definen como algo único, confundido y diluido en una misma y única materia.

F. David Peat nos propone una reflexión que nos coloca en una perspectiva aún más honda de la propuesta por Bohm. Este autor le reconoce a la percepción, a la intuición y a la creatividad la posibilidad de llevarnos aún más lejos, en el conocimiento de la realidad, pero afirma que, “el concepto de un orden plegado sólo nos lleva hasta la mitad del camino. La naturaleza entera de la conciencia y de la mente debe contener niveles más profundos que lleguen hasta una fuente de creatividad incondicional” (...) está claro que determinados aspectos de la mente y de la conciencia parecen ser apropiados para una descripción en términos de órdenes implicados y campos de información activa” (...)

“En otras palabras, aunque el pensamiento y las formas materiales explicadas del mundo deben su existencia a un orden plegado oculto, son capaces de realimentar al movimiento fundamental y darle una nueva forma. Esto sugiere que la realidad se alcanza a través de un movimiento doble. En cierto sentido el universo entero está plegado en cada individuo y en cada región del espacio. La naturaleza de esta realidad, por lo tanto, se puede tocar extendiéndose hacia fuera, hacia las formas explicadas (que realimentan al segundo orden implicado) o hacia dentro, hacia el orden implicado mismo”.

Y aún va más lejos, cuando fija que el movimiento de los órdenes implicados y explicados no tiene por qué terminar en el nivel del segundo orden implicado, sino que puede extenderse indefinidamente hasta órdenes más profundos e incluso más sutiles. Para llegar a esos órdenes se cuenta, dice Peat, con las llamadas sincronicidades. Según este autor la sincronicidad tiene su origen en los patrones fundamentales del universo y no a través de una causalidad de impulsos y tirones que normalmente relacionamos con sucesos de la naturaleza.

Física y Filosofía

Por esta razón, Carl Jung ha llamado a la sincronicidad un “principio conector acausal". La naturaleza de la sincronicidad se caracteriza como suceso único significativo y acausal que implicaría alguna forma de patrón. Carl Jung demuestra que el significado inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad de una coincidencia. La historia de la sincronicidad comienza con Carl Jung y con el físico Wolfgang Pauli, en ellos se unen los planeamientos de la física y de la filosofía.

La causalidad, dice Peat, no es la apropiada para explicar la complejidad de la realidad, las nuevas leyes de la emergencia y la dinámica orgánica: estructuras disipativas (Prigogine), orden implicado (Bohm), campos formativos (Sheldrake), pueden ayudar a explorar los funcionamientos internos de la sincronicidad, por lo que parece interesante seguir explorando por esas vías ya adelantadas.

“Las sincronicidades nos retan a construir un puente con un fundamento apoyado sobre la objetividad de la dura ciencia y el otro, sobre la subjetividad de los valores personales”. Puesto que, “la causalidad y la sincronicidad no son contradictorias sino percepciones dobles de la misma realidad fundamental”. (...)“De este modo se hace posible conservar una experiencia objetiva de la naturaleza y un sentido del significado e interconexión de las cosas sin necesidad de rechazar el planteamiento científico, dice Peat.

“Es sólo cuando la causalidad, añade el autor, se lleva hasta sus límites que se descubre que el contexto real en que ocurren los sucesos debe extenderse indefinidamente. En otras palabras, todo lo que sucede en nuestro universo es causado, de hecho, por todo lo demás. Se podría considerar que la totalidad del universo se revela o se expresa en sus acontecimientos individuales. Es dentro de esta visión global que es posible considerar a las sincronicidades como sucesos significativos que se originan en el corazón de la naturaleza”.

Peat, siguiéndole los pasos al funcionamiento que siguen las células para construir un organismo complejo, confirma que lo que se da en la naturaleza es una cooperación para la vida, cada unidad orienta su actividad hacia un objetivo, el suyo, su propio desarrollo, y asimismo coopera con las otras unidades en un objetivo más complejo, la construcción de un órgano, de un aparato, de un sistema y de un ser vivo, que se manifiesta como unidad en sí mismo, pero que está creado y desarrollado por la labor de cada unidad.

Según se desprende de la aportación de Peat, la visión que hay que alimentar es aquella que trata de descubrir lo que está escondido, y se niega a construir empalizadas que lo oculten aún más; para ello hay que ir detrás de lo que se ha dado en llamar coincidencias, casualidades, azar, suerte, etc., casi siempre con connotaciones despectivas, y que sin embargo han sido fenómenos que han acompañado el devenir humano.

Nuevo juego

Por eso proponemos un nuevo juego, que a las coincidencias con significados íntimos para el sujeto se les reconozca el valor, por lo menos, que hasta ahora se le ha dado a cualquier factor con capacidad para entrar en los órdenes cuantitativos, para ser empíricamente reconocido, para no ser negada su existencia. El valor de ellas está, cuando menos, en que pone en marcha las preguntas y detrás de ellas la imaginación, y con ella la posibilidad de una permanente tensión con la búsqueda de la verdad que nos seduce.

Las coincidencias significativas (las sincronicidades) permiten que se abran grietas en nuestra visión homogénea del universo, con ellas se rompe la rígida comprensión que tenemos y se flexibiliza esa comprensión. Al flexibilizarse, la realidad manifestada puede tornarse transparente y a partir de ahí surgir el movimiento, la luz, el color, el sonido, la no forma y, con todos ellos, la potencia creadora.

También, la naturaleza de la sincronicidad o de los fenómenos que se manifiestan así, nos ayuda a abundar en la íntima relación entre las manifestaciones externas y los procesos internos, en la unidad del sujeto con el objeto que está en el campo de su atención o de su investigación. A través del lenguaje del arte, la literatura, la música o la ciencia, se despliegan o cabe pensar que se despliegan, aspectos del inconsciente que con fórmulas simbólicas nos comunican la esencia de que estamos hechos y que compartimos con toda la naturaleza. “Los muchos ejemplos de movimientos coincidentes del pensamiento, sentimiento e ideas entre grupos y disciplinas inconexos, sugieren que hay un significado más profundo más allá de estas coincidencias y sincronicidades”.

No hemos de extrañarnos de la existencia de un orden, de unas leyes permanentes, cuando cualquier creación, aclara este autor, (en el lenguaje, en la música, etc) está enmarcada o sometida a esas leyes que la estructura, y que no por ello, ese llamado orden, impide crear a ningún individuo: lo que se manifiesta como instrumento para ir al encuentro del inconsciente colectivo que diría Jung, u objetivo que concluiría Pauli.

Los mundos simultáneos que vivimos pueden ser el efecto del movimiento de las mareas de la conciencia humana. Estas mareas, producidas por las corrientes internas, ponen de manifiesto aquellos aspectos de lo que somos, en los distintos grados o niveles del inconsciente.

En el lenguaje marinero diríamos que hay mar de fondo cuando lo que emerge es aquello que durante mucho tiempo ha estado oculto, mientras la superficie de la conciencia ha parecido estar en “calma chicha”, para continuar con la terminología costera. Las sincronicidades parecen ser una oportunidad para acercarnos mejor hoy al significado de los fenómenos, aunque siempre han estado ahí provocando nuestra atención.

Si basta con que haya un observador escudriñando el interior de la realidad manifestada, para que se produzca ese aparente resurgir de lo que está plegado, también sucede en la acción contraria. La negación militante de una realidad evocadora de algo más allá de lo que consideramos lo real, hace emerger, sincrónicamente, otros sucesos, acausales, con significado por sí mismos, que nos animan a no dormirnos en lo obvio y a buscar lo que la paradoja trata de indicar.

El viejo paradigma es el que nos permite mirar y medir pero es, asimismo, el que nos dificulta levantar la mirada de lo que enfocamos. También, la mirada que fragmenta es la misma que impide ver los grandes patrones que estructuran la naturaleza y los contextos globales en que se producen los fenómenos. No parece que se pierda nada por dejar la seguridad aparente que dan los dogmas y adentrarnos en la incertidumbre provocadora que nos ofrecen los filósofos cuánticos.


http://www.tendencias21.net/sociofilosofia/

domingo, 24 de mayo de 2009

Somalia envenenada

Antumi Toasijé *

Un aforismo español afirma que, a río revuelto, ganancia de pescadores. En este caso, los pescadores que ganan son los de las decenas de países que pescan en aguas de Somalia sin pagar ninguna clase de arancel y cuya ganancia asciende, según el Congreso Somalí de Canadá, a 300 millones de dólares anuales. Tampoco es parca la ganancia de las navieras y comerciantes que necesitan pasar por aguas somalís, pues esquivando Yemen ahorran cientos de millones de dólares. Pero hay otros pescadores peculiares, pescadores que, más que pescar, hacen lo contrario, es decir, arrojar cargas envenenadas por la borda cuando nadie mira.

En los siglos de la edad de oro de la piratería, esta se concentraba en el mar Caribe, por el que cada año surcaban miles de buques cargados con el producto del sudor y la sangre de millones de africanos esclavizados que trabajaban gratuitamente para que Europa lo derrochara en los dispendiosos fastos de las monarquías absolutas y en las guerras interétnicas que sacudían el continente. No menos de un tercio de estos piratas eran personas esclavizadas que habían conseguido escapar de la opresión y la ignominia del más productivo crimen de la Historia de la humanidad, la esclavitud de africanos en América. Ya por entonces existía la contaminación por metales pesados, sobre todo por los productos utilizados en los procesos de minería del oro y la plata. En la actualidad, poco parece haber cambiado en el mapa del saqueo y las justificaciones morales para matar pájaros a cañonazos son las mismas que entonces.

Cuando en 2008 los ex pescadores somalís asaltaron el buque ucraniano Fania cargado con armamento no declarado, el representante de los corsarios Januna Ali aseguró que “se tomaban el rescate en pago por la destrucción de las costas somalís por la basura tóxica”. Entonces, en medio de la polémica por el destino de las armas, pocos medios se hicieron eco de estas declaraciones, pero esta puede ser otra de las razones por la que Wardheer News asegura que más del 70 por ciento de la población local apoya las acciones de estos hombres de mar por considerarlas una forma de defensa de los intereses nacionales.

El Partido Verde Europeo puso de manifiesto que, ya en 1992, las compañías Suiza Achair Partners e Italiana Progresso negociaron con determinados señores de la guerra arrojar basura tóxica en las costas del Cuerno de África, si bien ambas firmas han negado este extremo. El oportunismo ha llevado desde entonces a decenas de compañías de diferentes países a arrojar sin pedir permiso, ni siquiera a las débiles e ilegítimas autoridades de los estados semi independientes, decenas de toneladas de residuos tóxicos, incluido material radiactivo. La razón es evidente: se calcula que el coste por tonelada de residuo tóxico en Somalia es de entre 8 dólares para los vertidos negociados y 2,5 dólares para los vertidos gratuitos, mientras que el coste de hacerlo en un país con control y tratamiento científico de residuos tóxicos puede alcanzar los 1.000 dólares. El tsunami de diciembre de 2004 puso de manifiesto este problema al remover las aguas cercanas a la costa y llevar hasta las playas de las humildes aldeas y pueblos bidones con un veneno de largo recorrido de muerte, en ocasiones de decenas de miles de años.

Representantes del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente han venido señalando desde entonces que en las poblaciones del norte de Somalia se da una anormal concentración de hemorragias abdominales y problemas cutáneos. Estos efectos son propios de una contaminación nuclear: se estima que cerca de 300 personas podrían haber fallecido por causa directa de estos residuos, mientras que los efectos sobre la fauna marina no han sido aún evaluados. Según Ahmedou Ould-Abdallah, enviado de Naciones Unidas, las evidencias muestran que se han venido arrojando toneladas de residuos tóxicos, metales pesados producto de desechos hospitalarios y residuos nucleares. Además, se denuncia la posible implicación de la mafia italiana, que controla un tercio del procesado de residuos y basuras en el país europeo.

Mientras tanto, los hechos históricos siguen su curso, y desde principios de 2007 han fallecido en los diferentes enfrentamientos más de 16.000 civiles, más de un millón de personas se han visto desplazadas y tres millones dependen de los diferentes programas de ayuda alimentaria. En la actual batalla de Mogadiscio se dirime si los somalís van a adoptar el modelo del islamismo radical por connivencia del actual Gobierno moderado de la Unión de Cortes Islámicas, liderado por el jeque Sharif (Sheikh) Ahmed, con los intereses de Occidente y de determinados países de Asia. Aunque la información veraz escasea, parece que todavía las milicias radicales de Al Sahab no cuentan con el apoyo mayoritario de la población somalí. Ya es hora de que los países africanos vecinos se den cuenta del peligro de que la inestabilidad somalí sea una excelente excusa no sólo para verter basura tóxica, sino para que las potencias mundiales propongan la recolonización de África.

Como refuerzo a este argumento, están las declaraciones del portavoz de la OTAN, James Appathurai, quien ha afirmado que hay que solucionar el agujero legal existente sobre qué hacer con los piratas de Somalia. El hecho es que la reforma legal que se propone sólo puede ir en la línea de subvertir la soberanía somalí, porque tal y como está conformado el Derecho Internacional, no hay otra forma de cumplir, como diría Patrice Émery Lumumba, con la voluntad del más fuerte disfrazada de legalidad internacional.

* Antumi Toasijé es historiador. Director del Centro de Estudios Panafricanos

domingo, 17 de mayo de 2009

Naciones Unidas y OTAN: ¿qué seguridad y para quién?

Hans Christof von Sponek *
Horizonts et Débats
Traducción de Paloma Valverde


En los documentos de Naciones Unidas el mundo está en orden. En junio de 1945, 51 Estados miembros firmaron la Carta de Naciones Unidas. Pocos años más tarde, se establecieron dos grandes pactos internacionales sobre derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales; le siguieron importantes convenciones sobre tortura, genocidio y derechos de la mujer y del niño. A fines de 2008, después de largas negociaciones, los Estados miembros firmaron el primer acuerdo sobre bombas de racimo, lamentablemente con algunas limitaciones exigidas por unos pocos Estados, entre ellos Alemania.


La existencia de un derecho internacional amplio demuestra que los gobiernos, en todas partes del mundo, saben lo que es importante para la seguridad, y lo que es necesario proteger.

Desde 1945 se ha violado el derecho internacional repetidamente. Para numerosas personas, los derechos esenciales a la alimentación, la salud, la vivienda, la educación, el trabajo o la libertad de opinión resultan inaccesibles. Se hicieron guerras, y se siguen haciendo sin respetar la Carta de Naciones Unidas, por ejemplo en Yugoslavia, Iraq y Palestina. Se tortura, se practica el genocidio; se ignoran los acuerdos sobre armamento; se saquean las riquezas naturales, no reemplazables; se producen transacciones financieras y económicas sin control, que sumadas a la avaricia han provocado una crisis económica mundial sin precedentes. Reina el pragmatismo; los principios se abandonan; la ética se ha convertido en un concepto ajeno; crecen las mentiras políticas; día a día aumenta el abismo entre ricos y pobres. Las perspectivas de vida y supervivencia se han tornado aún más desiguales. Todo esto se produce, en gran medida, por la falta de voluntad política para consagrarse al bien de la mayoría y no al bienestar de unos pocos, así como a la negligencia con respecto al derecho y la ley. A Naciones Unidas le resulta difícil realizar su misión.

Así, no resulta sorprendente que el siglo XXI esté bajo el signo de la confrontación y del rechazo a la doble moral. Las alianzas occidentales, como la OTAN, se ven desafiadas por nuevas alianzas [1] con miembros importantes como Rusia, China e India. “Un nuevo reparto” es la frase clave. Dag Hammerskjoeld, el gran hombre de Naciones Unidas [2], poco antes de su muerte en 1964 afirmó: “En la lucha por el honor, el poder y los beneficios deben encontrarse caminos para poder salir de esta jungla”.

Mirando hacia atrás, hoy podemos constatar que desde la fundación de Naciones Unidas en 1945, han fracasado dos sistemas: el comunismo y el capitalismo. La búsqueda de un máximo de ganancias a costa de los demás, la deshonestidad y el etnocentrismo son algunas de las causas.

Naciones Unidas y OTAN

El mundo de los 192 Estados miembros de Naciones Unidas ha llegado a una encrucijada: un camino conduce hacia un mundo que se concentra en el bienestar de la comunidad, la reducción de conflictos y la paz, es decir en una vida en dignidad y seguridad, una vida de progreso social y económico para todos, sin importar el lugar —así como lo prevé la Carta de Naciones Unidas—; el otro camino es la continuación del gran juego por el poder, iniciado en el siglo XIX, que se está convirtiendo en la empresa más peligrosa que se haya conocido jamás. Presumiblemente se trata de democracia, pero en realidad se trata de poder, control y explotación.

El dividendo de la paz previsto con el fin de la guerra fría, nunca se logró. En 2007, los presupuestos militares de todos los Estados miembros de la OTAN alcanzaron un nuevo récord: 1,2 mil millones de dólares. Sólo el presupuesto militar de EEUU supone el 50% de esa suma; los países de la OTAN cubren un 70% del presupuesto mundial [3]. Ese mismo año la suma destinada a la ayuda para el desarrollo fue de 103 mil millones de dólares [4], es decir, un 8,3% del gasto militar.

Desde 1969, se espera de Naciones Unidas que los países industrializados provean el 0,7% de su producto interior bruto [PIB] para la ayuda al desarrollo. Sin embargo, en 2008 la cantidad destinada fue del 0,3% [5]. Este desequilibrio extremo entre los gastos militares y los de ayuda para el desarrollo demuestra que no se pone el acento en la mejora de la seguridad humana, según los objetivos de desarrollo para el milenio de Naciones Unidas [6], sino en la seguridad del Estado. Los que consideran tal comparación fuera de lugar, no quieren entender que el fortalecimiento de la seguridad personal contribuye de manera decisiva a eliminar las causas de los conflictos en el mundo; no quieren aceptar que la seguridad militar, por medio de alianzas e intereses propios de los Estados, aumenta y profundiza las causas de los conflictos


Una comparación de los mandatos de Naciones Unidas y de la OTAN muestra claramente el contraste entre los objetivos de esas dos organizaciones. En los 63 años de existencia de Naciones Unidas, su misión no ha cambiado. La Organización de Naciones Unidas fue fundada para mantener e impulsar la paz en el mundo. La OTAN existe para asegurar los intereses propios de sus 26 Estados miembros. Su misión, definida en el Tratado de Washington de 1949, fue inicialmente la defensa de los Estados miembros. Hacia el final de la guerra fría en 1989, esa misión parecía estar cumplida. Sin embargo, los miembros de la OTAN quieren mantener la alianza occidental, y eso justificó la búsqueda de un nuevo rol para la OTAN.

En el año 1999, la OTAN confirmó que quería sentar nuevas bases por medio de un concepto estratégico diferente. Se pretendía modificar una alianza militar estrictamente defensiva en una amplia alianza para proteger las fuentes energéticas vitales de los países miembros. Además de la defensa de las fronteras de los Estados miembros, se fijaron nuevos objetivos como el acceso a las fuentes de energía, el derecho de intervenir en ‘movimientos de una gran cantidad de personas’ y en zonas de conflictos lejanas de los Estados miembros. La disposición a permitir el ingreso de nuevos Estados, sobre todo los que habían pertenecido a la Unión Soviética, demuestra cómo ha cambiado el carácter de esa alianza militar.

El tratado de Washington de 1949 reconocía la Carta de Naciones Unidas como el marco jurídico obligatorio de la OTAN. Sin embargo, el monopolio de Naciones Unidas sobre el recurso a la fuerza, tal y como figura en el artículo 51 de la Carta, fue rechazado por la doctrina de la OTAN de 1999. El sector de intervención, limitado hasta entonces al espacio Euro-Atlántico, fue extendido por los Estados miembros de la OTAN al mundo entero y provisto de una estrategia de intervención global. En la reunión cumbre de Budapest del 3 de abril de 2008, la OTAN declaró que quería ‘hacer frente a los desafíos del siglo XXI con todas las posibilidades de su misión’. Hay que agregar, que el acuerdo de Washington del año 1949 había sido ratificado por los parlamentos de los países miembros, y así tiene validez como derecho internacional, contrariamente a las estrategias y doctrinas dictadas por la OTAN ulteriormente.

A pesar de esas decisiones de la OTAN, que sólo beneficiaban visiblemente a una pequeña minoría de Estados miembros de Naciones Unidas, el 23 de septiembre de 2008, Ban Ki-moon, Secretario general de Naciones Unidas y Jaap de Hoop-Scheffer, de la OTAN, firmaron un acuerdo, que no se había presentado al Consejo de Seguridad. Dicho acuerdo, por obvias razones formulado en términos muy generales, trata de una ‘ampliación de consultas’ y de un ‘trabajo operativo conjunto’, por ejemplo, para el ‘mantenimiento de la paz’ en los Balcanes y en Afganistán. En caso de amenaza o de desafío, los dos secretarios generales se comprometían a actuar en común.

En la actual época de confrontación, se espera del Secretariado de Naciones Unidas un alto grado de neutralidad política. El acuerdo ONU-OTAN no es en absoluto neutral y tendrá graves consecuencias para el trabajo en beneficio de la paz. Dimitri Rogozin, embajador de Rusia para la OTAN en Bruselas, considera el acuerdo de Naciones Unidas-OTAN, una estructura político-militar, ‘ilegal’; Serge Lavrov, ex embajador ruso en Naciones Unidas en Nueva York y actual ministro de Exteriores, se mostró ‘escandalizado’ de que un acuerdo tal haya sido firmado en secreto y sin consultar.

Respecto a la compatibilidad del acuerdo con la Carta de Naciones Unidas, se cuestionan importantes aspectos:

El acuerdo entre la OTAN —una alianza militar que posee armas nucleares— y Naciones Unidas ¿es compatible con el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, que exige que los conflictos se resuelvan pacíficamente? ¿Es posible distinguir las intervenciones de Naciones Unidas de las de la OTAN, si tres de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad son también miembros de la OTAN? ¿Cómo podrán la justicia perseguir futuras violaciones del Derecho internacional que cometa la OTAN? Una entidad como la OTAN, que bombardeó Serbia y Kosovo en 1999 sin un mandato de Naciones Unidas y en contravención del Derecho Internacional, ¿es un asociado adecuado para Naciones Unidas?

Una apreciación del acuerdo entre Naciones Unidas y la OTAN debería considerar también que ésta última es una reliquia de la guerra fría; que la OTAN, como alianza occidental, se ha ganado la desconfianza de la mayoría de los 166 países miembros; que un objetivo de la OTAN es imponer por la fuerza armada sus intereses energéticos y de política de poder contra otros países miembros de Naciones Unidas; que EEUU, miembro dirigente de la OTAN, ha ignorado constantemente y sin ningún escrúpulo a Naciones Unidas y ha violado el Derecho Internacional [7]. Finalmente, hay que recordar que la Carta de Naciones Unidas prevé un comité de Estado Mayor encargado de aconsejar y asistir al Consejo de Seguridad en todo lo concerniente a los recursos de orden militar necesarios para salvaguardar la paz mundial y la seguridad internacional [8]. Como consecuencia, si los Estados de la OTAN se preocuparan del bien común y no de los intereses de un pequeño grupo de Estados, un mandato de Naciones Unidas haría innecesaria la OTAN.

Es urgente que uno o varios Estados miembros soliciten a la Corte Internacional de Justicia que interprete el acuerdo entre Naciones Unidas y OTAN del 23 de septiembre de 2008 conforme a su estatuto [9]. La opinión pública mundial tiene derecho a presentar tal solicitud y a obtener respuesta. Recordemos que el Preámbulo de la Carta dice: “Nosotros, el pueblo de Naciones Unidas […] decididos a crear las condiciones necesarias para mantener la justicia y el respeto a las obligaciones fijadas en los acuerdos […]”. Nótese que el preámbulo no dice: ‘Nosotros, los gobiernos’ [10]. Ésta sería una respuesta a la pregunta concerniente al camino que debería seguir la comunidad internacional. Quien quiera servir a la paz y a la reducción de conflictos, debe seguir el camino multilateral y lleno de baches de Naciones Unidas y evitar el camino allanado de la OTAN. Como Lloyd Axworthy, ministro de Exteriores canadiense, afirmó en 1998 ante el Consejo de Seguridad: “Debemos encontrar el camino hacia un multilateralismo que conduzca al beneficio de la comunidad internacional y no al interés personal de unos pocos”. Ese camino será largo, porque, hasta ahora, no ha habido un multilateralismo desinteresado.

A partir de 1994, Naciones Unidas comenzó a utilizar la noción de ‘seguridad humana’. Con esto quería subrayar la importancia que tiene la realización de los derechos de cada persona en la vida cotidiana, para liberarlo de la angustia y del sufrimiento. En el año 2000, por primera vez en la historia de Naciones Unidas, se determinaron cuantitativamente los objetivos para el desarrollo. Esto supone un verdadero progreso para el fortalecimiento de la seguridad humana. Ocho de los llamados objetivos de Desarrollo para milenio cuya finalidad es combatir la pobreza, la mortalidad infantil y de las madres y el acceso a la escuela primaria, tienen que haberse cumplido en 2015.

Naciones Unidas pretende así recalcar que, además de la seguridad que depende del Estado (militar), existe una seguridad relativa al hombre. Los defensores de la seguridad dependiente del Estado, cuyo objetivo no es otro que la seguridad militar, quieren cumplir sus objetivos por medio de alianzas como la OTAN. Hablan abiertamente de ‘humanismo militar’ para legitimar sus intereses. Parte de esta tentativa es la interpretación del nuevo concepto de ‘responsabilidad de proteger’ [11]. Esto es un engaño, ya que se trata de defender intereses propios y no de proteger a inocentes ajenos. Si éste fuera el caso, la situación sería muy diferente en Afganistán, Darfur, Gaza, Goma, Somalia y Zimbawe.

En todos los ámbitos de la seguridad humana hay progresos. Sin embargo, es improbable que los objetivos fijados sean alcanzados hasta 2015. Para cubrir los objetivos de desarrollo en el período restante —de 2009 hasta 2015— son necesarios 135 mil millones de dólares, es decir 22,5 mil millones por año. Quién afirme que es mucho dinero ignora, probablemente, que EEUU gasta al año 180 mil millones de dólares sólo en sus tropas en Iraq y Afganistán o que los países afectados por la crisis financiera y económica, en el término de pocas semanas, pusieron a disposición unos tres billones de dólares para salvar en sus países a instituciones abusivas que debieran ser reformadas. El éxito de los objetivos del Desarrollo para el milenio de Naciones Unidas no es una cuestión de dinero, aún en estos tiempos económicamente críticos. El progreso dentro de la seguridad humana necesita voluntad política para su realización. En las últimas décadas de discusión sobre la financiación de la cooperación internacional, siempre se ha señalado que no sería difícil introducir nuevas alternativas financieras [12]. Pero las propuestas de este tiempo se ignoran o se rechazan porque algunos gobiernos temen que eso acrecentaría demasiado la independencia de organizaciones internacionales como Naciones Unidas.

Quien quiera vivir en paz en el siglo XXI no tendrá dificultades en elegir su camino. El camino está abierto. El principio de Naciones Unidas, según el cual las espadas deben convertirse en arados y no lo contrario, sigue siendo el fundamento del progreso humano y de la seguridad.

Los siete desafíos actuales


En resumen, los desafíos actuales son los siguientes:
1. La reforma de Naciones Unidas y el multilateralismo en interés de la humanidad.

2. El retorno a los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Naciones Unidas no puede seguir siendo ‘un taller de reparaciones políticas’.

3. El reconocimiento e impulso de la seguridad humana como prioridad para una supervivencia digna. La seguridad militar no puede reemplazar a la seguridad humana.

4. El respeto del derecho internacional. No puede existir responsabilidad política sin responder jurídicamente por los actos cometidos.

5. El rechazo de la libertad de mercado. El orden, la observación y el control son una garantía y no un peligro para la democracia.

6. La urgencia de una declaración de Naciones Unidas contra la doble moral. La reducción de los derechos especiales para las alianzas es una condición esencial para la solución de conflictos y sirve para la paz.

7. La elaboración de principios para la ética de la información de los Estados y los gobiernos, así como de los medios de comunicación. La mentira organizada ha de ser perseguida.

Finalmente, es necesario hacer un llamamiento a la opinión pública para interpelar continuamente sobre las decisiones políticas y para participar más activamente en los hechos actuales.

Notas del autor:

1. A las nuevas alianzas pertenecen: a) la Shanghai Corporation Organisation (SCO), fundada en 2001 por China, Kazajistán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán, Uzbekistán. Su objetivo principal es la seguridad de Asia Central. India, Paquistán, Irán y Mongolia forman parte de la organización como observadores. b) Brasil, Rusia, India y China (BRIC) forman una comunidad de intereses políticos y económicos desde 2001. c) Brasil, India y Sudáfrica forman una asociación que, por divergencias en las tarifas, ha hecho fracasar varias veces la ronda de Doha de la Organización mundial de comercio.

2. Dag Hammerskjoeld nació en 1905 cerca de Lund (Suecia). De 1953 a 1961 ejerció las funciones de segundo Secretario general de Naciones Unidas. Murió en un misterioso accidente de avión en Rodesia, cerca de la frontera congolesa.

3. Datos de Swedish International Institute for Peace Research (SIPRI) anuario de 2008, 9 de junio de 2008.

4. Datos de Organisation for Economic Cooperation and Development (OECD); Aid Targets Slippage out of Reach? DAC 1 Official and Private (Aid) Flows.

5. Conforme a una directiva de Naciones Unidas de 1969, los países donantes deben poner a disposición el 0,7% de su PIB para el trabajo conjunto de desarrollo. Hasta ahora sólo Dinamarca, Luxemburgo, los Países Bajos, Noruega y Suecia han logrado ese objetivo.

6. En el año 2000 la Asamblea general de Naciones Unidas ha fijado ocho objetivos de desarrollo para el período que va desde 2000 a 2015. Entre ellos figuran reducir en un 50% el hambre y la pobreza, el acceso a la escuela primaria para todos los niños y niñas, la igualdad entre el hombre y la mujer, la disminución del 66% de la mortalidad infantil y del 75% de la mortalidad en los partos.

7. La invasión en Iraq en 2003, Guantánamo, Abu Ghraib y los vuelos hacia los lugares de tortura son algunos puntos claves.

8. En su artículo 47, capítulo VII, la Carta establece un Comité de Estado mayor compuesto por los jefes del Estado mayor de cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. A pesar de no haber sido convocado desde 1945, el artículo 47 sigue en vigor.

9. En el capítulo II, artículo 36 del estatuto de la Corte Internacional de justicia se le otorga a ésta la competencia de interpretar los tratados.

10. Véase el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas, disponible en español en: http://www.un.org/es/documents/charter/preamble.shtml

11. Ese concepto se menciona en el documento de Naciones Unidas “2005 World Summit Outcome” (A/60/L.1–15 de septiembre de 2005; §138 y §139 así como §79). En ese documento, la Asamblea general deja claramente establecido que sólo el Consejo de Seguridad tiene derecho, de acuerdo con el capítulo VII de la Carta, a proteger a las poblaciones —aún por la fuerza— contra el genocidio, los crímenes de guerra, las limpiezas étnicas y los crímenes contra la humanidad.

12. Entre las propuestas innovadoras de financiación están: el impuesto ‘Tobin’, llamado así por el economista americano James Tobin, quien en 1972 propuso un impuesto sobre las operaciones de cambio internacionales de entre el 0,05 y el 1,0%. Los fondos así recaudados deberían disponerse especialmente para financiar la ayuda al desarrollo.


* Hans Christof von Sponeck es ex Secretario general adjunto de Naciones Unidas.

domingo, 10 de mayo de 2009

¿ quién es el sujeto de los derechos humanos?

Juan Ramón Blanco Aristín

“Saca de la Humanidad todo "lo" animal y tendrás angelitos.
Los derechos humanos tienen como aspiración un ser más humano.”

La conciencia es el único posible sujeto de los derechos humanos. Allí nacen, se hacen, habitan. Sin conciencia no hay derechos humanos de ningún tipo.

El ser humano claro que es un cuerpo y conciencia. No se hace referencia ahora al sujeto activo y pasivo de los derechos humanos, sino a que éstos imprimen un tipo mínimo determinado de “relación entre humanos”.

Ni los estados ni los gobiernos son sujeto de derechos humanos (DH), sino agentes de DH. Las personas dentro de ellos son lo más relevante para la exposición de esta vision de los derechos humanos.

La conciencia tiene, por así decirlo, estadios. En una primera imagen, podemos imaginar cómo sobre una cabeza humana, hay como tres pisos, subconsciente, inconsciente y consciente. La conciencia sería como el flujo entre los tres. Otra clasificación, sería conciencia física, conciencia mental y conciencia espiritual.

Tambien podemos ver a la concienia, como sujeto individual, grupal y colectivo de los derechos humanos (DH). Dado que los derechos humanos están centrados sobre estos tres estadios del ser humano, en este blog se ha asumido como propia esta manida división.

Todo ello, haciendo la advertencia previa al lector, de que la “libertad ideológica”, de conciencia, la pensamiento, de creencia, religiosa son un principio básico en DHs que aquí se propugna y estimula, y el objetivo del uso de término “creencia, religión, pensamiento”, es materia propia de estudio y comentario para garantizar la libertad en todos los estadios del pensamiento.

Tantas causas de prejuicios están en la religión, en la ideología, el fundamentalismo, el integrismo, la tradición y la cultura, que como dice Sri Aurobindo, la moral, ética y valores humanos de hoy serán mañana vistos como inhumanos, animales, y violadores de sus “derechos humanos” en el futuro.

Tantas causas de guerra, odio y división surgieron de la religión, de la lucha de poder y por el poder.

El odio, la guerra y el miedo surgen (-como la poesía, la ciencia y la sabiduría-) del interior de la conciencia de cada persona o grupo.

El espíritu humanitario, la conciencia como persona individual y social, aporta un impulso de mejora, de ayuda, apoyo, solidaridad, y humanidad con otros semejantes. No solo en la ética, la religión, la psicología, hay conciencia. En la amistad y en el amor hay conciencia. La conciencia de los Derechos humanos, la tiene tanto el ateo como un creyente, un agnóstico, un no ilustrado, un inmigrante o un mendigo.

Otras clasificaciones, hablan de siete niveles de conciencia, o incluso de ocho, nueve, diez, doce, etc.

El sujeto interno de los derechos humanos, es uno mismo, cada uno. Sin embargo ese sujeto es reflexivo, es el ser animal que llevamos dentro, (el conjunto de impulsos, deseos, reacciones, prejuicios, defectos, etc. que empuja desde abajo), que aspira a ser más humano. Y el sentir humano el que actúa sobre su propia naturaleza animal para cambiarla. La aspiración es la acción dentro del propio sujeto, la que configura a un individuo como el sujeto de los derechos humanos.

La ética, la religión, el psicoanálisis, la razón aluden a una conciencia individual unida a otras grupales, como la familia, la escuela, el trabajo, la sociedad, etc.

La conciencia grupal puede ser vista como una suma de los estados de conciencia individuales de sus miembros. El respeto a los derechos humanos es un estado de conciencia que se educa y se aprende, y que hunde sus raíces en el instinto y la familia.

Al hablar de derechos humanos, implica otro/s, una socialización o acción entre personas.

La conciencia cambia, la sociedad cambia, y la historia de los derechos humanos evoluciona. Lo importante seria cambiar de raiz todos los "patrones y matrones de comportamiento" no humanos en la conciencia personal de toda la humanidad, o como se denomina en este blog, la evolución de la conciencia en todos sus estadios. ¿Pero cómo se hace?

http://www.tendencias21.net/derecho/%C2%BFQuien-es-el-sujeto-de-los-derechos-humanos_a97.html

viernes, 1 de mayo de 2009

el efecto mariposa

Loretahur*

El pasado 16 de abril se cumplió el primer aniversario del fallecimiento del matemático Edward Lorenz a causa de un cáncer. Padre de la Teoría del caos, usó sus conocimientos matemáticos en el mundo de la meteorología. Y de ahí surgió el denominado efecto mariposa (1960), en el que se enuncia que el más mínimo cambio que se produzca en las premisas iniciales de un proceso puede hacer que el resultado varíe de forma espectacular (sensibilidad a las condiciones iniciales). El nombre viene de un antiguo proverbio chino que dice así:

“El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.

Lorenz consiguió reducir el modelo meteorológico a tres simples ecuaciones matemáticas. Pero fue mayúscula su sorpresa al comprobar que si una de las variables de las ecuaciones variaba tan sólo 0.0000000000001, hacía que el resultado fuese muy diferente. Y es que, según este concepto, hasta el simple vuelo de una mariposa puede provocar un tornado, porque modifica esas condiciones meteorológicas iniciales. Por tanto, algo tan simple, puede desencadenar importantes cambios. Así que la próxima vez que maldigáis a todos los ancestros de los meteorólogos, recordad que no es tan sencillo pronosticar a largo plazo y es normal que fallen tanto en sus predicciones.

Años atrás, en 1952, el escritor Ray Bradbury ya había escrito un cuento corto titulado El sonido del trueno (de recomendable lectura), en el que unos cazadores viajaban en el tiempo para cazar un Tyrannosaurus Rex y sin darse cuenta mataban a un insecto (una mariposa, para ser más concretos), lo que hacía que su futuro cambiase de forma radical.

¿Y esta teoría no sería útil para abordar el estudio de las redes sociales? ¿Acaso un blog no puede ser una pequeña mariposa que desencadene una tormenta? Os dejo ahí la pregunta y el homenaje a Edward Lorenz, dado que no he oído en ningún medio tradicional ni una sola reseña al aniversario de su muerte.


* http://blog.loretahur.net



jueves, 23 de abril de 2009

en pie de paz

Comentarios al libro de Federico Mayor Zaragoza hechos por Alicia Montesdeoca

Ficha Técnica

Título: “En pie de paz"
Autor: Federico Mayor Zaragoza
Prólogo: José Saramago
Ilustradora: Mercedes Gómez Pablo
Editorial: Gedisa. Barcelona, 2008

Este es un libro acerca de una de las formas más terribles de la belleza. Federico Mayor Zaragoza escribe en este poemario acerca del instante en que el hombre decide asumir las violentas consecuencias de ser un animal político: las guerras, las anónimas proezas de los inmigrantes, la pobreza, la justicia…

En su compromiso, el autor ha recorrido muchas ciudades, muchos escenarios de lo terrible de la barbarie, de lo hermoso de la supervivencia, y estos poemas en ocasiones son una bitácora del recorrido interior que supone asomarse a tales abismos; pero sus líneas también son el cuaderno de bocetos en el que se perfilan las herramientas de voluntad y emoción para los puentes y los caminos del futuro.

José Saramago, en el prólogo de esta obra, nos dice que Federico Mayor Zaragoza transforma en poemas los dolores y las angustias que trae en su conciencia, para apelar a la conciencia del mundo desde un conocimiento de la humanidad y del mundo que posee, este autor ,como pocos: “no es un voluble turista de las ideas, de esos que dedican lo mejor de su atención a saber de qué lado sopla el viento y, luego, ajustar los rumbos siempre que lo consideren conveniente”.

Poemas entresacados de esta obra

No podemos guardar silencio
No podemos cerrar los ojos
No podemos ni un día más
dejar de decir
alto y fuerte
lo que sentimos y pensamos.
Alto y fuerte
para que llegue
a todas partes.
Y será la brisa permanente
la que prevalezca
sobre el viento huracanado.
No podemos guardar silencio
ni cerrar los ojos,
porque todos tenemos
un futuro común.
Uno solo.

Rabat, 16 de febrero de 1998


Pondremos flores
en el ánima
de los fusiles.
Y ramos
en los cañones.
(Los niños verán
los cohetes y las bombas
en los museos…).
Y el resto
lo fundiremos
para hacer vigas
para que todos
tengamos techo…
Pondremos flores
en los fusiles
y caricias
en vez de armas
en las manos
de nuestros hijos

A Mario Soares

Madrid, 30 de octubre de 2004


Y otra vez
fingí no ver
lo que veía.
En el centro urbano,
en el suburbio,
en la calzada
y en el lodo…
Fingí que no sentía
y hoy sé
que cada uno es todo
o todos somos nada.
Fingí que no sabía.
Y ahora queda
mi conciencia
insomne
noche y día

La gente mísera en la calle de Bombay; de Nueva York; Madrid

Marzo, 1999

domingo, 19 de abril de 2009

glosario del desencanto

Naomi Klein

No todo va de maravilla en Obamafanland, y no está muy claro a qué puede ser debido el cambio de humor. Quizás sea debido al rancio aroma que emana del último rescate bancario realizado por el Departamento del Tesoro. O a la noticia de que el principal asesor económico del presidente, Larry Summers, ganó millones de dólares con los mismos bancos y fondos de alto riesgo de Wall Street a los que ahora protege de una nueva regulación. O quizás comenzó antes, con el silencio de Obama durante el ataque de Israel a Gaza.

Sea cual sea la gota que colmó el vaso, un creciente número de entusiastas seguidores de Obama están comenzando a entrever la posibilidad de que su hombre no vaya, en realidad, a salvar el mundo, por mucha esperanza que pongamos en ello.

Lo que, después de todo, es una buena cosa. Si la cultura de superfans que llevó a Obama al poder ha de transformarse en un movimiento político independiente con suficiente fuerza para producir programas capaces de hacer frente a la actual crisis, vamos a tener que dejarnos, todos, de esperanzas y comenzar con las demandas.

No obstante, un primer paso consiste en comprender totalmente esa tierra de nadie en que se hallan muchos movimientos progresistas estadounidenses. Para conseguirlo, necesitamos una serie de nuevos términos, específicos para este momento de Obama. Ahí van unos cuantos.

Resaca de esperanza. Al igual que la otra, la resaca de esperanza proviene de un exceso de alguna sustancia que en su momento tenía buen sabor, pero que a fin de cuentas no era muy saludable, y que ha llevado a sentimientos de remordimiento e incluso de vergüenza. Frase tipo: “Cuando escuché el discurso económico de Obama el corazón me arrebató. Pero más tarde, cuando intenté contarle a un amigo los planes del presidente para los millones de despidos y ejecuciones hipotecarias me di cuenta de que no tenía nada que decir. Tengo una resaca de esperanza de mil demonios.”

Montaña rusa de esperanza. Como las otras montañas rusas, ésta describe las emocionantes subidas y bajadas de la era de Obama, los virajes que llevan de la alegría de tener un presidente que promueve la educación sobre sexo seguro al desaliento de ver que se ha descartado la posibilidad de alcanzar un sistema de salud de pagador único, precisamente en un momento en que podría hacerse realidad. Frase tipo: “Flipé cuando Obama dijo que iba a cerrar Guantánamo, pero ahora quieren asegurarse de que los prisioneros de Bagram no disfrutan de ningún derecho. ¡Paren esta montaña rusa que me apeo!”

Nostalgia de esperanza. Como en la más corriente, la gente afectada por la nostalgia de esperanza es intensamente nostálgica. Echa a faltar el subidón de optimismo de la campaña electoral y sigue intentando volver a capturar ese cálido y esperanzado sentimiento; generalmente, utiliza para ello la exageración del significado de acciones decentes relativamente leves realizadas por Obama. Frase tipo: “Estaba realmente afectado de nostalgia de esperanza por la escalada en Afganistán, cuando vi un vídeo de YouTube con Michelle en su huerto de cultivo orgánico y tuve la sensación de que estábamos de nuevo en el día de toma de posesión. Pero unas horas más tarde, cuando me enteré de que el gobierno de Obama iba a boicotear una importante conferencia de las Naciones Unidas sobre el racismo, la nostalgia de esperanza regresó con toda su fuerza. Así que me dediqué a mirar fotos de Michelle vestida con ropas diseñadas por modistas independientes de diferentes orígenes étnicos. Algo de ayuda sí fue.”

Colgados de la esperanza. A medida que retrocede la esperanza, el colgado de la esperanza, como el colgado de la droga, vive en el recogimiento, intentando cualquier cosa para apartarse de la sustancia en cuestión. (Se trata de un estado relacionado con la nostalgia de la esperanza, pero más grave y que afecta sobre todo a varones de mediana edad). Frase tipo: “Joe me ha dicho que está convencido de que Obama metió a Summers deliberadamente en todo esto para que meta la pata con lo del plan de salvamento bancario, lo que dejaría a Obama con la excusa que necesita para hacer lo que realmente quiere hacer: nacionalizar los bancos y convertirlos en cooperativas de crédito. Está realmente colgado (de la esperanza), este Joe.”

Esperanza destrozada. Como el amante que está con el corazón destrozado, la fan de Obama con la esperanza destrozada no está enfadada, sino terriblemente triste. Proyectó en su ídolo una serie de poderes mesiánicos y ahora está desconsolada en su desencanto. Frase tipo: “Creía sinceramente que Obama nos obligaría, por fin, a hacer frente al legado del esclavismo en este país, y a iniciar una conversación nacional seria sobre cuestiones de raza. Pero, ahora, resulta que nunca menciona el tema, y está utilizando argumentos legales bastante retorcidos para no afrontar siquiera los crímenes de los años de Bush. Cada vez que lo oigo decir “Sigamos adelante”, me destroza la esperanza otra vez.”

Retroceso de la esperanza. Como cualquier otro retroceso mecánico, se trata de un cambio de dirección de 180o de todo lo relacionado con Obama. Los que sufren esta dolencia fueron en su día los evangelistas más apasionados de Obama, y hoy son sus más acerbos críticos. Frase tipo: “Por lo menos, con Bush todos sabíamos que era un cretino. Ahora tenemos las mismas guerras, las mismas cárceles sin ley, la misma corrupción en Washington, pero todos estamos tan pirados como esos personajes de The Stepford Wives. Vaya un retroceso de la esperanza.”

Al comentar estas dolencias relacionadas con la esperanza, me pregunto qué diría el recientemente fallecido Studs Terkel de nuestra resaca de esperanza. Sin duda nos hubiera recomendado no ceder al desánimo. Hace poco eché mano de uno de sus libros, Hope Dies Last (La esperanza es lo último que muere), y no tuve que ir muy lejos: el libro comienza con estas palabras: “La esperanza nunca ha goteado desde arriba, siempre ha surgido de la base.”

Con esto queda todo dicho. La apelación a la esperanza fue un lema estupendo para un candidato presidencial que no contaba entre los favoritos. Pero como postura del presidente del país más poderoso de la tierra, es peligrosamente deferente. La tarea que tenemos a medida que seguimos adelante –como le gusta decir a Obama– no es abandonar la esperanza, sino encontrar lugares más apropiados para ella: fábricas, vecindarios y escuelas, lugares en los que las tácticas de las sentadas (sit-ins) y las ocupaciones de instalaciones están viviendo un resurgimiento.

El politólogo Sam Gindin escribía hace poco que el movimiento obrero puede hacer algo más que proteger el statu quo. Puede exigir, por ejemplo, que las fábricas de automóviles que han sido cerradas se conviertan en futuras fábricas verdes, en las que se puedan fabricar vehículos de transporte público basados en sistemas de energía renovables. Gidin escribe: “Ser realista implica retirar la esperanza de los discursos y ponerla en las manos de los trabajadores.”

Lo cual me lleva a la última entrada de este glosario:

Esperanza por la base: Frase tipo: “Ya va siendo hora de dejar de creer que la esperanza nos vendrá dada desde arriba, y comenzar a impulsarla desde abajo, por la base."

http://www.naomiklein.org/main

viernes, 17 de abril de 2009

sobre el término "decrecimiento" y sus usos

Carlos Taibo*

Habida cuenta de la magnitud de las agresiones que el capitalismo imperante ha asestado contra la naturaleza, y al menos en el Norte opulento, se impone reducir los niveles de producción y de consumo de muchos bienes. Y ello de resultas de al menos tres circunstancias: vivimos por encima de nuestras posibilidades, es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y, en fin, empiezan a faltar materias primas vitales.

Ahora bien, ¿es el término ‘decrecimiento’ el adecuado para describir esa propuesta o, por el contrario, y como señalan voces muy respetables, arrastra problemas severos? Hablando en propiedad, ninguno de los conceptos que utilizamos para describir iniciativas complejas deja de suscitar polémicas. Un ejemplo: aunque la mayoría de los improbables lectores de este texto se confesarán anticapitalistas, parece evidente que no todos los discursos que se reclaman de esa etiqueta son suscribibles. Determinadas modulaciones del rigorismo islamista contestan agriamente el capitalismo sin que sus cimientos conceptuales y su propuesta final sean, claro, los nuestros.

A duras penas, y en semejantes condiciones, podría uno pretender que el término ‘decrecimiento’ está libre de carencias. Hay quien señalará, así, que en realidad se ha abierto camino en los últimos meses un activo proceso de decrecimiento que es resultado de la llamada crisis financiera. Salta a la vista que ese proceso nada tiene que ver con lo que proponemos, y ello por mucho que, a la hora de describirlo, resista el empleo –bien es verdad, eso sí, que más bien raro– del mismo término. En paralelo, tampoco faltará quien aduzca que la palabra ‘crecimiento’ en su sentido más cotidiano tiene entre nosotros un cariz positivo –hablamos, por ejemplo, de crecimiento personal–, de tal suerte que no parecería razonable atribuir una condición saludable, también, a su antítesis. Lo suyo es reconocer que lo del decrecimiento acarrea un riesgo nada despreciable: si declaramos rechazar el concepto de ‘crecimiento’ porque entendemos que incorpora una aberrante inclinación en provecho de lo estrictamente cuantitativo y en detrimento de la consideración de variables sociales y medioambientales fundamentales, corremos el riesgo de que, al contraponer el vocablo ‘decrecimiento’, éste se vea impregnado del cuantitativismo de su contrario, de tal suerte que se traslade la idea de que, en los hechos, lo único que demandamos es que se verifiquen reducciones en los niveles de producción y de consumo.

Se aducirá, entonces, que debemos poner el acento, no en la demanda de esas reducciones, sino en la condición del proyecto alternativo –primacía de la lógica social frente al consumo y la propiedad, reparto del trabajo, ocio creativo, reducción del tamaño de infraestructuras, preponderancia de lo local, sobriedad y simplicidad– que defendemos, o, lo que es casi lo mismo, que debemos tirar por la borda el término ‘decrecimiento’. De operar de esa manera, lo que ganaremos por un lado lo perderemos por el otro. No se trata de esquivar la mención, siempre necesaria, de los rasgos del proyecto alternativo. Se trata de preguntarse si la mera enunciación de éste, mil veces realizada desde la trinchera del ecologismo radical, es suficiente, en clave de comunicación pública, para desvelar un problema tan hondo. Y ello por no hablar de que algunas de las manifestaciones del proyecto ecosocialista de siempre no acaban de dar el paso definitivo en el sentido de cuestionar directamente las presuntas virtudes del crecimiento económico. En ese sentido, el término ‘decrecimiento’, pese a sus carencias, tiene la virtud de poner delante de nuestros ojos determinadas exigencias que en otras circunstancias quedarían un tanto mortecinas. Dicho sea de paso, no parece que sea distinto lo que corresponde afirmar del vocablo ‘acrecimiento’, que más bien parece invocar la conveniencia de dejar, sin más, las cosas como están.

Es verdad que la discusión que nos atrae tiene perfiles distintos si utilizamos los indicadores económicos del sistema o si empleamos otros de carácter alternativo. En el primer caso no hay manera de esquivar una conclusión: nuestra demanda de acabar con la actividad –o al menos de reducir ésta– de sectores como el militar, el automovilístico, el de la aviación, el de la construcción o el de la publicidad se traduciría en una reducción del Producto Interior Bruto (PIB), sin que sea sencillo entender qué es lo que de malo aprecian en ello quienes recelan del término ‘decrecimiento’. Parece como si reclamar medidas que deben rebajar los niveles del PIB fuera, en sí misma, una actividad pecaminosa. Harina de otro costal es lo que sucedería si utilizásemos indicadores alternativos que valoren en su justo punto las actividades de cariz social y medioambiental. No hay ningún motivo para rechazar que el retroceso de los sectores económicos cuya actividad queremos que se reduzca se vería compensado entonces por el impulso que recibirían esos menesteres sociales y medioambientales, con lo que, en el cómputo final, la economía en conjunto podría no decrecer.

Pero no debe olvidarse que, por muy lógica que sea esta última consideración, lo cierto es que el común de las gentes razona conforme a los indicadores convencionales, de tal suerte que parece preferible poner delante de los ojos de la ciudadanía lo que aquéllos, pese a su impresentabilidad general, revelan bien a las claras: el peso ingente de actividades económicas extremadamente dañinas para el medio natural y la necesidad consiguiente de ponerles freno. Hay quien aducirá que asumir como propio, aun a regañadientes, ese terreno de juego es una opción delicada, o al menos lo es si uno demanda, en época de elecciones, el cierre de complejos fabriles y el reparto del trabajo (tal vez esto explica, siquiera sólo sea de modo parcial, por qué el ámbito en el que las propuestas de decrecimiento germinan con mayor rapidez es el que proporciona el mundo libertario, por definición ajeno a las consultas electorales).

Lo que en ningún caso debemos hacer es trampear con cuestiones tan delicadas como éstas, toda vez que podríamos deslizarnos por un camino mil veces recorrido, como es el de rebajar nuestras propuestas para que la ciudadanía no vea en ellas lo que a muchos nos gustaría, muy al contrario, que viese con claridad. En este orden de cosas, el término ‘decrecimiento’ tiene la virtud del aldabonazo que coloca delante de nuestros ojos un problema fundamental tras obligarnos a formular preguntas muy delicadas sobre la sinrazón que rodea al crecimiento que nos venden por todas partes. Creo que eso es lo que aprecian en él, por lo demás, la mayoría de los interpelados. Y es que semejante capacidad de despertar conciencias no la tiene ninguno de los vocablos alternativos que se manejan.

Ello no es óbice para que quienes nos reclamamos del decrecimiento pongamos todo nuestro empeño en subrayar que el proyecto correspondiente no implica en modo alguno, antes al contrario, una general infelicidad. Trabajaremos menos y, muchos, ganaremos también menos dinero, pero disfrutaremos de más tiempo para otros menesteres y demostraremos fehacientemente que es posible vivir, más felices, consumiendo mucho menos y asumiendo, claro, un ambicioso proyecto de redistribución de la riqueza.

* Profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid


domingo, 12 de abril de 2009

esculpir en el tiempo

Andrei Tarkovski

Una persona verdaderamente libre no puede ser libre en un sentido egoísta. La libertad del individuo tampoco puede ser el resultado de un esfuerzo social. Nuestro futuro depende de nosotros mismos y de nadie más. Y nos hemos acostumbrado a compensar todo con el esfuerzo y el sufrimiento ajenos, ignorando el sencillo hecho de que en este mundo todo está relacionado y que no existe la casualidad, aunque sólo sea porque tenemos una voluntad libre y el derecho a decidirnos entre el bien y el mal.

Por supuesto que las posibilidades de la propia libertad se ven limitadas por la libertad de los demás. Pero me parece importante indicar que la falta de libertad siempre es consecuencia de la cobardía y la pasividad interiores, el resultado de la falta de decisión en pro de la expresión de la propia voluntad, acorde con la voz de la conciencia.

En Rusia es usual citar al escritor Korolenko, según el cual, «el hombre ha nacido para la felicidad como el pájaro para volar». En mi opinión, no puede haber nada más lejano a la naturaleza de la vida humana que esta frase. En realidad, no tengo idea alguna de lo que puede significar el concepto de felicidad. ¿Contento? ¿Armonía? ¡Pero si el hombre siempre está descontento y no tiende a solucionar cosas concretas, factibles, sino hacia el infinito...! Y ni siquiera la Iglesia consigue calmar esas ansias de absoluto, porque desgraciadamente no parece sino una fachada hueca, una caricatura de las instituciones sociales, que se dedican a organizar la vida práctica. La Iglesia de hoy ha resultado ser incapaz de compensar el sobrepeso materialista y técnico con una llamada a la vida del espíritu.

En el contexto de esta situación, la función del arte reside -para mí- en expresar la idea de la libertad absoluta de las posibilidades interiores y espirituales del hombre. En mi opinión, el arte siempre ha sido un arma en la lucha del hombre contra la materia, que amenaza con devorar su espíritu. No es casualidad que el arte, en los milenios de historia del cristianismo, siempre se haya desarrollado en las cercanías de las ideas y los principios de la religión. Ya por su mera existencia está promoviendo dentro del hombre, un ser disarmónico, la idea de armonía.El arte ha dado figura a lo ideal y ha aportado así un ejemplo del equilibrio entre lo ético y lo material. Ha demostrado que ese equilibrio no es ni mito ni ideología, sino que puede ser una realidad también en nuestras dimensiones. El arte ha expresado el ansia de armonía de la persona y su disposición a luchar consigo mismo, para establecer en el interior de su persona el ansiado equilibrio entre lo material y lo espiritual. Si el arte expresa lo ideal y el ansia de lo infinito, no puede servir a fines pragmáticos sin arriesgarse a perder su autonomía.

Lo ideal lo actualizan objetos que no existen en la realidad cotidiana, pero que a la vez son imprescindibles para la esfera de lo espiritual. Una obra de arte manifiesta ese ideal que en el futuro será propio de toda la humanidad, pero que de momento es accesible para unos pocos, sobre todo para los genios que se toman la libertad de contrastar lo normal con aquella conciencia ideal que toma forma en su arte. De esta manera, el arte es por esencia aristocrático y establece —a causa de su mera existencia— la diferencia entre dos potenciales, que aseguran el movimiento ascendente de la energía interior, desde lo más bajo hacia lo más alto, con el fin de conseguir un perfeccionamiento interior, espiritual, de la personalidad.Al hablar aquí del carácter aristocrático del arte, me estoy refiriendo —claro está— al ansia del alma humana de buscar la justificación moral, el sentido de su existencia, que de este modo consigue una mayor perfección. En este sentido, todos, en último término, estamos en la misma situación y tenemos las mismas posibilidades de adherirnos a una elite aristocrática. Pero el núcleo del problema reside precisamente en el hecho de que no todos hacen uso de esa posibilidad.

Ahora bien, el arte va haciendo ofertas siempre nuevas a la persona para que ésta se examine a sí misma en el marco del ideal que el arte le ofrece.Pero volvamos a Korolenko, que definía el sentido de la existencia humana como el derecho a la felicidad. Esto me recuerda el libro de Job, en que a Elifaz dice: «Ninguna cosa sucede en el mundo sin motivo: que no brotan del suelo los trabajos. Porque el hombre nace para trabajar, como el ave para volar» (Job V, 6). El sufrimiento nace de la insatisfacción, del conflicto entre el ideal y la situación en la que uno se encuentra en ese momento. Mucho más importante que el sentimiento de «felicidad» es el fortalecer el alma en la lucha por aquella libertad verdaderamente divina. El arte refuerza lo mejor de lo que es capaz el hombre: la esperanza, la fe, el amor, la belleza, la devoción o lo que uno sueña y espera.

Si alguien que no sabe nadar se lanza al agua, su cuerpo —no él mismo— comienza a hacer movimientos instintivos para no hundirse. También el arte es algo así como un cuerpo humano echado al agua: existe como un instinto, que no permitirá que la humanidad se hunda en el campo espiritual. En el artista se expresa el instinto interior de la humanidad.Pero, ¿qué es el arte? ¿Lo bueno o lo malo? ¿Procede de Dios o del diablo? ¿De la fuerza del hombre o de su debilidad? ¿Es quizá una prenda de la comunidad humana y una imagen de armonía social? ¿Es ésa su función? Es algo así como una declaración de amor. Un reconocimiento de la propia dependencia de otros hombres. Es una confesión. Un acto inconsciente, que refleja el verdadero sentido de la vida: el amor y el sacrificio.

Pero si dirigimos la mirada hacia atrás, reconocemos que el camino de la humanidad está lleno de cataclismos y de catástrofes. Descubrimos las ruinas de civilizaciones destruidas. ¿Qué ha sucedido con ellas? ¿Por qué se agotó su aliento, su voluntad de vivir y sus fuerzas morales? Supongo que nadie creerá que todo eso tiene una causa material. Una idea así me parecería salvaje. Y al mismo tiempo estoy convencido de que hoy volvemos a estar al borde de la destrucción de una civilización porque ignoramos plenamente el lado interior y espiritual del proceso histórico. Porque no queremos reconocer que nuestro imperdonable y pecaminoso materialismo, un materialismo que no conoce la esperanza, ha traído infinitas desgracias sobre la humanidad. Es decir, creemos que somos científicos y dividimos, para conseguir una mayor fuerza de convicción en nuestras cavilaciones científicas, el indivisible proceso de la humanidad en dos partes, haciendo luego de una sola de sus
motivaciones la causa de todo. De esta manera intentamos no sólo justificar los fallos del pasado, sino también proyectar nuestro futuro.

Quizá se demuestre en tales errores la paciencia de la historia, que espera que el hombre alguna vez consiga escoger bien, sin tener que terminar en un callejón sin salida en el que la historia, una vez más, corrija el fallido intento por medio de otro paso, esta vez más exitoso. En ese sentido, es verdad lo que afirman tantos: de la historia nadie aprende y la humanidad suele, simplemente, ignorar la experiencia histórica. Dicho en otros términos, toda catástrofe de una civilización descubre sus fallos. Y si el hombre tiene que reemprender su camino desde el principio, se demuestra así que su andadura hasta entonces no estaba marcada por el perfeccionamiento espiritual.

Con cuánto gusto querría uno abandonarse, entregarse de vez en cuando a otra concepción del sentido de la vida humana. Oriente siempre ha estado más cerca que Occidente de la verdad eterna, pero Occidente ha devorado a Oriente con sus exigencias materiales en la vida. Basta con comparar la música occidental con la oriental.El mundo occidental grita: ¡Éste, éste soy yo! ¡Miradme! ¡Escuchad cómo sufro y cómo amo! ¡Qué infeliz y qué feliz puedo ser! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!

El mundo oriental no dice una sola palabra de sí mismo. Se pierde absolutamente en Dios, en la naturaleza, en el tiempo, y se encuentra a sí mismo en todo. Es capaz de descubrir todo en sí mismo. La música del Tao: China, seiscientos años antes de Cristo.Pero, ¿por qué no triunfó esa idea soberana? Es más: ¿por qué se hundió? ¿Y por qué la civilización que había desarrollado no llegó hasta nosotros en forma de un proceso histórico determinado y perfecto? Es patente que esas ideas entraron en colisión con el mundo material que las rodeaba.Lo mismo que el individuo con la sociedad, también esa civilización entró en colisión con otra. Pero sucumbió no sólo por esto, sino también a causa de su confrontación con el mundo material, con el «progreso» y la tecnología. Las ideas de la civilización oriental son un resultado, la sal de la tierra; de ellas fluye verdadera sabiduría. Pero según esa lógica oriental, la lucha es un pecado. El núcleo de la cuestión reside en que vivimos en un mundo de ideas que nosotros mismos creamos. Dependemos de sus imperfecciones, pero también podríamos depender de sus ventajas y valores.

Y ya llegando al final, y en confianza: aparte de la imagen artística, la humanidad no ha inventado nada de manera desinteresada. Y por eso quizá realmente consista el sentido de la existencia humana en la creación de obras de arte, en el acto artístico, ya que éste no posee una meta y es desinteresado. Quizá se demuestre precisamente en ello que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.



sábado, 11 de abril de 2009

CAMBIO CLIMATICO Y COPENHAGUE 2009

Ulrich Brand*

En los últimos veinte años el cambio climático y sus impactos potenciales y reales se han hecho cada vez más evidentes. Esto se debe a los resultados de la investigación científica pero también a los movimientos ambientalistas, los medios, la intelectualidad crítica, dirigentes de gobierno progresistas y productores de energías alternativas, que han hecho de este problema y sus implicancias un centro de atención política y social.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Protocolo de Kioto surgieron en la década de 1990 como el mecanismo político internacional para abordarlo. En los últimos dos años, la cuestión del cambio climático ha trepado a la cima de la agenda política. Esto tiene relación con la publicación del Cuarto Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC), el Informe Stern (este último con un mensaje simple y economicista) y con los precios exorbitantes de la energía y el argumento de que se ha llegado al "pico" del petróleo, una expresión que refiere a que de que a partir de ahora la cantidad de recursos petrolíferos nuevos que se encuentren serán siempre menores al lo que se consume. El PICC y Al Gore ganaron el Premio Nobel de la Paz; en las cumbres del G8 en 2007 en Alemania y en Japón en 2008, el cambio climático y la energía fueron temas centrales de la agenda. La Conferencia de las Partes de la CMNUCC en Bali, en diciembre de 2007, se transformó en una reunión con una repercusión mediática de nivel mundial.

Sin embargo, es notorio que no es mucho lo que ha cambiado en los últimos veinte años. El consumo de petróleo y gas ha aumentado enormemente, los patrones de producción y consumo siguen siendo los mismos, y más aún, estos procesos han sido rápidamente globalizados a través del capital transnacional, las políticas de Estado y el modo de vida de una clase media mundial.

Esto obedece a una razón principal: las políticas ambientales en general, y las políticas de cambio climático en particular, son formuladas de acuerdo a la política dominante y los intereses asociados a ésta. Hoy, la política dominante es neoliberal y neo-imperial, se orienta a la competitividad y al mantenimiento y fortalecimiento del poder de los gobiernos, las empresas y las sociedades del Norte. Las políticas favorecen los intereses de los propietarios de activos y de las clases medias mundiales - incluidas las clases medias de los países con economías emergentes como China, India o Brasil. Todavía se promueve en el mundo el modo de vida occidental como algo atractivo. Todavía se equipara el bienestar y seguridad social con el crecimiento económico, y esto supone el crecimiento de la producción de automóviles, aeropuertos, agricultura industrial, etc. en base al uso intensivo de los recursos.

El papel de la CMNUCC

Es importante reconocer que la cuestión del cambio climático fue politizada a través del conocimiento científico, especialmente a través del PICC. De todas formas, existe el peligro de considerar el problema del cambio climático exclusiva o predominantemente como un problema global que debe ser enfrentado globalmente, es decir desde arriba, con el conocimiento occidental y a través de técnicas de gestión. De esta manera se soslayan la multiplicidad de conflictos locales en torno a recursos escasos y el uso de la tierra. La existencia de muchas alternativas queda relegada por la existencia de un "problema global". Por otra parte, muchas formas locales de producción y de vida en realidad están en riesgo por causa del capitalismo globalizado, así como por un tipo de política climática que está modelado por las estructuras de dominación. El desarrollo de la producción de agrocombustibles para el mercado mundial en el seno del sector agrícola es solamente la tendencia más visible.

Lo que surge en los últimos 20 años es un tipo de manejo global de los recursos en el cual los gobiernos, los empresarios, los científicos, algunas ONG y los medios actúan colectivamente para controlar la destrucción del medioambiente. A veces se critica el contenido de las políticas como insuficiente. Pero no se formula una crítica a la forma de la política. No se critica la forma de la política intergubernamental, es decir, la diplomacia bajo la presión de los grupos de interés, en busca de un consenso que sistemáticamente lleva a compromisos débiles. Es más, se minimiza la necesidad de cuestionar el poder corporativo empresarial y los estilos de vida de las clases altas y medias para enfrentar con seriedad el cambio climático.

Los instrumentos de la política ambiental mundial se basan fundamentalmente en el mercado, porque "el mercado" es considerado por poderosos actores como el mejor de los medios para tratar problemas de largo alcance como el cambio climático. No por casualidad, el principal instrumento de la CMNUCC es el comercio con los derechos de emisión. Más aún, esto justifica políticas débiles "en casa" porque no se puede fomentar transformaciones profundas si los otros países no participan. Es una cuestión de competitividad.

La actual división del trabajo (junto con las divisiones de clase, género, raza, edad, y estratificación internacional), que está determinada por estructuras de dominación, casi no es problematizada en los debates sobre transformaciones socio-ecológicas. De ahí que las políticas ambientales han pasado a ser una estrategia moral fundada en la eficiencia y orientada a las clases medias.

La generalización del modo de vida occidental es cínica porque miles de millones de personas son pobres y carecen de acceso a los medios básicos de subsistencia. Sin embargo, la dinámica capitalista promociona que los patrones de producción y consumo de este tipo tienen igualmente dimensiones atractivas, como la individualidad y ciertas formas de libertad.

Para contrarrestar los efectos y las novedades del manejo global de los recursos determinado por las estructuras de dominación, necesitamos un debate público amplio y pasos prácticos hacia la necesaria transformación de los modelos de producción y consumo, y cambios de orientación en relación al mundo natural y el poder de los Estados y el capital.

La CMNUCC no es la institución responsable del aumento de emisiones de CO2 y el modelo de desarrollo basado en combustibles fósiles, es decir de la continuidad del cambio climático. El proceso es mucho más amplio, abarca a actores económicos y políticos muy poderosos y está asimismo vinculado a los estilos de vida de las clases altas y medias en todo el mundo. A nivel institucional, la OMC, el FMI y el Banco Mundial, que promueven la liberalización del comercio y las políticas de ajuste estructural, son las fuerzas motrices centrales que actualmente dañan las relaciones entre sociedad y naturaleza.

Resulta muy importante y problemático que la CMNUCC sostenga que es el mecanismo central y más adecuado para detener el cambio climático. Pero en los últimos 15 años se ha vuelto evidente que es muy poco lo que se ha avanzado en torno al problema con los enfoques tecnocráticos -por el contrario, los modos de vida y las orientaciones políticas dominantes están siendo hoy re-legitimadas. La CMNUCC materializa el hecho de que hay una toma de conciencia politizada sobre el cambio climático. Esta toma de conciencia se estructura en formas específicas que están alineadas con las fuerzas sociales y los intereses dominantes. No es independiente del desarrollo neoliberal y neo-imperial. No por casualidad, la dominación modificada de la naturaleza a través de las estrategias de modernización ecológica, el conocimiento occidental, el papel preponderante de los expertos y de supuestos "líderes iluminados", conjuntamente con los instrumentos basados en el mercado, son los factores que determinan las políticas ambientales. Esto representa un desastre cotidiano para miles de millones de personas.

La modalidad política de manejo de crisis que existe en este terreno es la diplomacia, y lo que allí prima es la defensa de los "intereses nacionales" en el marco de las condiciones del capitalismo globalizado y la competencia. Cuando los gobiernos retornan de grandes conferencias en las cuales, una vez más, se ha evocado la noción de estar "ante una encrucijada", siguen obedeciendo a los actores poderosos como la industria automotriz, las empresas productoras de semillas, la agroindustria, los productores de carne, etc. Además, se puede apreciar claramente que los ministerios de medioambiente son relativamente débiles, ya que los temas de la energía quedan en manos de otros aparatos más fuertes.

Este es un hecho verificable en el campo de los agrocombustibles. Cuando se trata de seguridad energética y ganancias, se dejan de lado interrogantes críticas y experiencias desastrosas. Los gobiernos del Sur, como el de Brasil o el de Indonesia, presentan el tema de los agrocombustibles como una "oportunidad de crecimiento y desarrollo". Las reestructuraciones en la agricultura son determinadas por la gran demanda de la UE, donde se están implementando normas específicas que exigen la mezcla de gasolina y etanol. Pero ¿para quién y a qué precio? Los consumidores de la clase media mundial apoyan esta política de desarrollo porque le temen al alza de los precios de la energía. Se abandonan las alternativas, o se reducen a un campo menor de la "mezcla de energía".

En definitiva, lo que experimentamos en el campo de las políticas ambientales es un intento de reestabilizar el proyecto de globalización neoliberal-imperial impulsado por las crisis, presentando una imagen progresista en materia de elaboración de políticas ambientales. "Los líderes del mundo han entendido el problema", esto es lo que oímos en las cumbres del G8 y la CMNUCC. Pero en realidad las modalidades actuales en materia de políticas ambientales y de recursos siguen siendo formuladas por el poder y no cuestionan las relaciones de dominación existentes. En otros foros, como el G8, se formulan políticas irresponsables como el desarrollo de usinas nucleares, que penetrarán el debate y las políticas de la CMNUCC.

Trascender la gestión global de los recursos Para reorientar la acción política y social en pos de verdaderas alternativas a las formas y contenidos dominantes en materia de políticas climáticas, ambientales y de recursos, es necesario someterlas a la crítica y cambiarlas.

Desde una perspectiva emancipatoria es de suma importancia detener el cambio climático, lo que a su vez implica frenar los modelos de consumo y producción basados en los combustibles fósiles. Estos afectan fundamentalmente a los grupos sociales vulnerables que no pueden defenderse de la escasez de agua y las sequías o contra las lluvias torrenciales y las inundaciones. Estos hechos suceden con mayor frecuencia porque prima el ánimo de lucro y porque estos enfoques son considerados parte del "progreso" y de un estilo de vida confortable para mucha gente. Tales enfoques se han vuelto predominantes gracias a una manera patriarcal y "moderna" de entender la dominación de la naturaleza, que posibilita su explotación, mercantilización y destrucción. Los movimientos sociales radicales y las ONG críticas, así como los intelectuales y medios críticos reconocen que la CMNUCC no es un mecanismo adecuado para encarar una de las crisis más severas que enfrentamos. Como otras instituciones políticas internacionales - en el terreno ambiental o en otros - la CMNUCC es parte de una modalidad de gestión global de los recursos de carácter capitalista, occidental, blanco y masculino. No debería seguir siendo legitimada mediante la participación de las ONG críticas, los movimientos sociales y otros actores críticos. No necesitamos una "globalización sustentable", que básicamente significa más neoliberalismo e imperialismo.

Después de 15 años de experiencia con la CMNUCC desde que entró en vigor en 1994, se puede apreciar con claridad que necesitamos acciones políticas y sociales fundamentalmente diferentes. Los Estados son aún actores importantes, pero ellos y sus funcionarios no son las fuerzas motrices. Por el contrario, son principalmente un obstáculo para políticas serias. Cambiar los modelos de producción y consumo, los estilos de vida y los significados de una "buena vida", el poder corporativo de las empresas y las políticas de manejo de los recursos es un proceso amplio. Requiere tener en cuenta varios elementos.

Un elemento central es poner explícitamente de manifiesto una crítica enraizada en la práctica al dogma de la competitividad ligada al desarrollo tecnológico. Son pocos los gobiernos y los actores sociales que han entendido los peligros de las tendencias actuales. Lo que se necesita es una re-politización del "mercado". No se trata simplemente de un mecanismo supuestamente eficaz de asignación de recursos, sino que es un instrumento altamente eficaz para generar la dominación, más o menos opaca, de algunos sobre otros. El mercado es sinónimo de poder y explotación según criterios de clase, género, raza y alineamiento Norte-Sur. Por este motivo, constreñir el poder de las grandes empresas industriales y financieras es una tarea crucial que debemos encarar. Pero si somos exitosos, eso significará menor crecimiento económico, con todas sus consecuencias en términos de las ganancias, el poder del capital privado, los ingresos fiscales del Estado y el empleo en los sectores tradicionales.

Una política emancipatoria debe cuidarse de no pecar de moralista respecto de la política ambiental. Por supuesto que necesitamos menos consumo de carne, automóviles/movilidad y aparatos electrónicos, etc. Pero esto no puede ser tan sólo un reclamo moral que deje de lado las estructuras sociales basadas en las relaciones de poder. Son necesarios estilos de vida y formas de producción, intercambio y división social del trabajo alternativos y atractivos, así como identidades alternativas -y son posibles: La protección de los bienes naturales comunes (el agua, la biodiversidad, el aire, etc.) contra su mercantilización es, en muchos casos, una lucha muy concreta. El consumo colectivo, las infraestructuras que lo acompañan, una mayor eficiencia energética y bienes sustentables, no son elementos que estén vinculados exclusivamente a procesos de aprendizaje sino que también podrían cuestionar el poder de ciertos productores y la aceleración de la globalización de lo "descartable". Necesitamos la reconversión de muchas industrias existentes, aprovechando el enorme conocimiento de los productores que allí reside.

Las cuestiones ambientales están profundamente ligadas a lo social. El trabajo digno versus la superexplotación, especialmente de los inmigrantes ilegalizados y muchos obreros en el Sur global, es una contradicción que obedece a la misma lógica de lucro y acumulación que está precipitando la destrucción de la naturaleza. Es necesario politizar los intereses inmediatos de los trabajadores respecto de la comida barata, la energía y otros bienes que se producen en condiciones no sustentables y antisociales. De todas formas, también aquí hay un problema a resolver dado que los intereses a corto plazo de muchas personas están vinculados a la producción y al consumo no sustentable. Las orientaciones y prácticas socio-ecológicas emancipatorias necesitan entrelazarse con otros aspectos de la vida y a la redistribución de la riqueza social.

Conflictos y reclamos radicales-emancipatorios

Es posible pensar, y ya existen, muchas alternativas posibles. Deberíamos preguntarnos si el tema del cambio climático, tan altamente politizado, no abre una vía al pensamiento y la acción más transformadora. Posiblemente a través de los conflictos socio-ecológicos se pueda dejar en evidencia que en juego está mucho más que políticas testimoniales contra el cambio climático fundadas en la gestión global de recursos: los temas de la democracia y la toma de decisiones, el poder sobre el conocimiento social y los medios de producción, la necesaria reducción de la jornada laboral, la valorización de actividades reproductivas referidas al cuidado humano, la salud, la alimentación, etc.

Por eso, proponemos una campaña internacional para transformar radicalmente la política del cambio climático. Para eso, necesitamos formular reclamos y propuestas radicales a través de debates e intercambios de experiencias y puntos de vista. Esos reclamos y propuestas deben plantearse en el seno de los debates y problemas actuales y alterar la interpretación que hoy tenemos de ellos, ofreciendo así posibilidades para la acción.

Nuestra crítica de las políticas dominantes de medioambiente y cambio climático no implica ser cínicos sobre el cambio climático, y nuestra intención no es en absoluto fortalecer el grupo de intereses que defiende la vía de desarrollo basada en los combustibles fósiles. Sin embargo, no vemos la solución al problema en el conocimiento científico occidental, en los procesos intergubernamentales y en la modernización ecológica para las clases medias occidentales, a expensas de muchos otros, especialmente los pobres, y las condiciones materiales de la vida en el planeta.

La política en tiempos de profundas crisis socio-ecológicas tiene que ser diseñada de otra manera, como un proceso transformador informado, que tome en consideración las muchas ambigüedades, pero con la mira puesta en un mundo más justo, basado en la solidaridad -más allá del dogma de la competencia y el lucro. Queremos reorientar los debates y las políticas hacia transformaciones socio-ecológicas y emancipatorias fundamentales, al unísono con el reconocimiento de las prácticas alternativas.

* Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Viena