lunes, 24 de agosto de 2009

capitalismo, estilo sarah palin

Naomi Klein

Estamos en una época progresista, una época en la cual el suelo se mueve debajo de nuestros pies, y cualquier cosa es posible. Lo que hace un año considerábamos que era inimaginable decir y esperar, ahora es posible. En tiempos como éstos, es esencial que tengamos la mayor claridad posible acerca de qué queremos, porque en una de esas lo conseguimos. Así que las apuestas son elevadas.

Hoy en día, en los discursos normalmente hablo sobre el rescate (bancario). Todos necesitamos entenderlo porque se está llevando a cabo un robo, el mayor atraco en la historia monetaria. Pero hoy quisiera abordarlo de otro modo: ¿qué tal que el rescate sí funcione, qué tal que sí salvan al sector financiero y la economía regresa al curso que llevaba antes de que estallara la crisis? ¿Es eso lo que queremos? ¿Y cómo se vería ese mundo?

La respuesta es que se vería como Sarah Palin. Escuchen mis argumentos, no es un chiste. Creo que no hemos prestado suficiente atención al significado del momento Palin. Piénsenlo: Se subió al escenario mundial como candidata vicepresidencial el 29 de agosto, con mucha fanfarria, en un mitin de campaña de McCain. Exactamente dos semanas después, el 14 de septiembre, Lehman Brothers colapsó, y desencadenó el derrumbe financiero global.

Así que de cierta manera Palin fue la última expresión clara del capitalismo-de-más-de-lo-mismo antes de que todo se viniera abajo. Eso es bastante útil porque nos mostró –a su manera, llana, campechana– la trayectoria por la cual iba la economía estadunidense antes del actual colapso. Al ofrecernos este vistazo al futuro que apenas evitamos, Palin nos da la oportunidad de plantear una pregunta esencial: ¿Queremos ir ahí? ¿Queremos salvar ese sistema pre crisis, regresarlo a donde estaba el pasado septiembre? ¿O queremos utilizar esta crisis y el mandato electoral de hacer un cambio en serio que se obtuvo en la pasada elección, para transformar radicalmente ese sistema? Ya debemos tener clara nuestra respuesta porque no hemos tenido la potente combinación de una crisis seria y un claro mandato democrático progresista por un cambio desde los años 30. Usamos esta oportunidad o la perdemos.

Así que, ¿qué nos estaba diciendo Sarah Palin acerca del capitalismo-de-más-de-lo-mismo antes de que el colapso la interrumpiera de modo tan grosero? Primero recordemos que antes de que llegara, el público estadunidense, al fin, estaba comenzando a aceptar la urgencia de la crisis climática, el hecho de que nuestra actividad económica está en guerra contra el planeta, que hace falta de inmediato un cambio radical. De verdad estábamos teniendo esa conversación: los osos polares estaban en la cubierta de la revista Newsweek. Y luego, hizo su aparición Sarah Palin. La esencia de su mensaje fue: esos ecologistas, esos liberales, esos hacedores-de-bien están equivocados. No tienes que cambiar nada. No tienes que repensar nada. Sigue conduciendo tu coche que se chupa la gasolina, sigue yendo a Wal-Mart y compra todo lo que quieras. La razón de esto es un lugar mágico llamado Alaska. Simplemente vengan y llévense todo lo que quieran. "Estadunidenses", dijo durante la Convención Nacional Republicana, “necesitamos producir más de nuestro propio petróleo y gasolina. Se los dice una chica que conoce el North Slope of Alaska: tenemos un montón de ambos”.

Y la gente en la convención respondió, coree y coree: "Taladra, nena, taladra". Al mirar esa escena en televisión, con esa extraña y espeluznante mezcla de sexo, petróleo y patrioterismo, recuerdo haber pensado: "Guau, la convención se transformó en un mitin en favor de chingarse al planeta Tierra." Literalmente.

Pero lo que Palin decía implicaba algo que forma parte del mismísimo ADN del capitalismo: la idea de que el mundo no tiene límites. Lo que decía implicaba que no hay tal cosa como consecuencias o déficits en el mundo real. Porque siempre habrá otra frontera, otra Alaska, otra burbuja. Simplemente sigue adelante y descúbrelo. El mañana nunca llega.

Ésta es la mentira más reconfortante y peligrosa: la mentira de que el crecimiento perpetuo y sinfín es posible en nuestro planeta finito. Y tenemos que recordar que este mensaje fue increíblemente popular en esas primeras dos semanas, antes de que Lehman colapsara. A pesar del historial de Bush, Palin y McCain tomaban la delantera. Y si no hubiera sido por la crisis financiera y por el hecho de que Obama comenzó a hacer conexión con los votantes de la clase trabajadora al poner en el banquillo de los acusados la desregulación y la economía de goteo (de arriba hacia abajo), quizá habrían ganado.

El presidente nos dice que quiere mirar hacia delante, no hacia atrás. Pero para poder confrontar la mentira del crecimiento perpetuo y la abundancia sin límite que está en el centro de las crisis del medio ambiente y financiera, tenemos que mirar hacia atrás. Y tenemos que mirar muy atrás, no sólo a los pasados ocho años de Bush y Cheney, sino a la fundación misma de este país, a la idea del estado de colonos.

El capitalismo moderno nació con el llamado descubrimiento de las Américas. El pillaje de los increíbles recursos naturales de las Américas generó el exceso de capital que hizo posible la revolución industrial. Los primeros exploradores hablaron de esta tierra como la Nueva Jerusalén, una tierra con una abundancia sin fondo, ahí para ser tomada, tan vasta que el pillaje nunca tendría que terminar. Esta mitología está en nuestras historias bíblicas –de inundaciones y comienzos nuevos, de éxtasis y rescates– y está en el centro del sueño americano de la constante reinvención. Este mito nos dice que no tenemos por qué vivir con nuestros pasados, con las consecuencias de nuestras acciones. Siempre podemos escapar, comenzar de nuevo.

Claro, estas historias siempre fueron peligrosas para la gente que ya vivía en las tierras "descubiertas", para la gente que la trabajaba como mano de obra forzada. Pero ahora el planeta nos dice que ya no podemos darnos el lujo de estas historias de eternos nuevos comienzos. Por eso es tan significativo que justo en el momento en el cual cobró vida cierto instinto de supervivencia humana y finalmente parecía que aceptábamos que la Tierra tiene límites naturales, llegó Palin, la nueva y reluciente encarnación de la mujer colonialista del territorio salvaje: vengan a Alaska. Siempre hay más. No piensen, nomás tomen.

Esto no se trata sobre Sarah Palin. Es sobre el significado de este mito del constante "descubrimiento", y lo que nos dice sobre el sistema económico en el que gastan billones de dólares para salvar. Lo que nos dice es que el capitalismo, si se le deja, nos empujará más lejos del punto del cual el clima se pueda recuperar. Y, a toda costa, el capitalismo evitará una seria rendición de cuentas, ya sea de sus deudas financieras o sus deudas relacionadas con el medio ambiente. Porque siempre hay más. Un nuevo y rápido arreglo. Una nueva frontera.

Ese mensaje se lo compraban, como siempre ocurre. Fue sólo cuando la bolsa de valores se derrumbó que la gente dijo: "Quizá Sarah Palin no sea una buena idea esta vez. Vayámonos con el tipo inteligente para surcar la crisis".

Casi siento que nos dieron una última oportunidad, una especie de aplazamiento. Trato de no ser apocalíptica, pero los textos científicos sobre el calentamiento global que leo, asustan. Esta crisis económica, tan terrible como es, nos jaló del precipicio ecológico del cual estábamos a punto de salir volando con Sarah Palin y nos dio un poquito de tiempo y espacio para cambiar el curso que llevábamos. Y creo que es significativo que cuando pegó la crisis hubo casi una sensación de alivio, como si la gente supiera que estaba viviendo más allá de sus posibilidades económicas y los hubieran cachado. De pronto teníamos permiso para hacer cosas juntos más allá de ir de compras, y eso resonó profundamente.

Pero no estamos libres del mito. La intencionada ceguera que Sarah Palin representa tan bien, está incrustada en la manera en que Washington responde a la crisis financiera. Hay una total negación a ver qué tan mal está la cosa. Washington prefiere aventar billones de dólares en un hoyo negro en vez de averiguar qué tan profundo está. Así de intencionado es el deseo de no saber.

Y vemos muchas otras señales de que la vieja lógica vuelve. Los salarios de Wall Street regresaron casi a los niveles de 2007. Hay cierta electricidad en las afirmaciones de que la bolsa de valores repunta. "¿Podemos dejar de sentirnos culpables?", prácticamente puedes escuchar que preguntan los comentaristas en televisión por cable. "¿Ya regresó la burbuja?"

Y quizá tengan razón. Esta crisis no va a matar al capitalismo o siquiera cambiarlo sustancialmente. Sin una enorme presión popular en favor de la reforma estructural, se comprobará que la crisis sólo fue un muy doloroso ajuste. El resultado será una desigualdad aún mayor que la anterior a la crisis. Porque está muy, muy difícil que todas las millones de personas que perdieron su empleo y su hogar los vayan a recuperar. Y la capacidad manufacturera es muy difícil de reconstruir una vez que ha sido subastada.

Es apropiado llamar a esto un "rescate". Los mercados financieros son rescatados para evitar que el barco del capitalismo financiero se hunda, pero no están sacando agua. Sino gente. Son personas las que avientan por la borda en nombre de la "estabilización". El resultado será un navío más angosto y más mezquino. Mucho más mezquino. Porque una profunda desigualdad –los super ricos viviendo al lado de los económicamente desesperados– requiere de un endurecimiento de los corazones. Necesitamos creer que somos superiores a aquellos que son excluidos para tolerar la situación. Así que este es el sistema que están salvando: el mismo, sólo que más mezquino.

Y la pregunta que enfrentamos es: ¿nuestro trabajo debería ser rescatar este barco, el mayor barco pirata que jamás existió, o hundirlo y remplazarlo con una barca más sólida, una con espacio para todos? Una que no necesite de estas purgas rituales, durante las cuales aventamos por la borda a nuestros amigos y vecinos para salvar a las personas que viajan en primera clase. Una que comprenda que la Tierra no tiene la capacidad como para que todos vivamos mejor y mejor. Pero sí tiene la capacidad, como recientemente dijo el presidente boliviano Evo Morales, en Naciones Unidas, "para que todos vivamos bien".

Porque, no se equivoquen: el capitalismo estará de regreso. Y el mismo mensaje regresará, aunque quizá haya alguien nuevo vendiéndolo: no necesitas cambiar. Sigue consumiendo todo lo que quieras. Hay bastante más. Taladra, nena, taladra. Quizá haya alguna solución tecnológica que haga que desaparezcan todos nuestros problemas.

Y por eso, ahora debemos ser absolutamente claros. El capitalismo puede sobrevivir esta crisis. Pero el mundo no puede sobrevivir otra vuelta del capitalismo.

El texto es una adaptación de un discurso pronunciado el 2 de mayo de 2009, en la conferencia del centenario de la revista The Progressive y publicado en la edición de agosto de 2009.

Traducción: Tania Molina Ramírez.

* http://www.naomiklein.org

miércoles, 19 de agosto de 2009

los engaños del verano

Alberto Piris *

Aunque la placidez del reposo estival suele suavizar las tensiones sociales, no conviene pensar que los medios de comunicación dejan de lado en esta época esas tareas veladamente desinformativas a las que tan acostumbrados nos tienen.

Veamos un ejemplo extraído de un diario británico de la máxima solvencia, muchas de cuyas informaciones son de gran valor para todos los que comentamos la realidad internacional y cuyas preferencias políticas están muy lejos del conservadurismo, hasta el punto de que no faltan quienes le acusan de "tendencias izquierdistas", como se le califica en la Wikipedia.

Simon Tisdall es assistant editor, algo así como adjunto a la dirección, de The Guardian y columnista para asuntos internacionales. El pasado 2 de agosto publicó un artículo de opinión titulado "A Obama se le está acabando el tiempo en Irán".

Tras comentar que a Obama apenas le quedaban 60 días para definir la postura a adoptar ante Irán, si este país no responde adecuadamente a las ofertas de diálogo avanzadas por la Casa Blanca antes de que concluya el mes de septiembre, en su artículo incluía dos opiniones que no conviene pasar por alto.

Afirmaba, en primer lugar, que un endurecimiento de las sanciones que deberían aplicarse al régimen de Teherán, si éste permanece insensible a las ofertas de EEUU, "serviría para desanimar a los israelíes -al menos por ahora- y evitar que éstos tomaran el asunto en sus manos, desencadenando un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes". Para aclararlo, añadía: "Los dirigentes israelíes no creen que el diálogo o las sanciones sirvan para algo. Pero cínicamente calculan que deben darle a la diplomacia de Obama la posibilidad de que fracase".

Dicho de otro modo: el generalmente ecuánime comentarista aceptaba sin objeción alguna el hecho de que Israel pueda destruir instalaciones de un país soberano en su propio territorio, olvidando que esto es un flagrante acto de piratería internacional. Recordemos que Israel ya perpetró agresiones similares en anteriores ocasiones - contra Irak en 1981 y contra Siria en 2007- en la más absoluta impunidad y sin apenas ser recriminado por ello.

Tampoco se le ocurre comentar que, si la justicia universal fuera mínimamente imparcial, habría que incluir a Israel en la lista de países proscritos de la comunidad internacional y aplicarle la tarifa más alta en la escala de sanciones.

¡Ah, si a Venezuela o a Cuba hubiera podido acusárseles de alguna agresión similar! Es una evidente hipocresía el hecho de someter a Cuba a un duradero régimen de sanciones, mientras Israel es aceptado y legitimado como el violento guardián de los intereses occidentales en Oriente Próximo. Y, por si fuera poco, provisto además de armas nucleares.

Pero la cosa no termina ahí. Algunas líneas más abajo el periodista de The Guardian escribía, quizá para justificar lo anterior: "A pesar de que Irán sigue insistiendo en que no pretende disponer de capacidad nuclear militar, y a pesar de que no hay pruebas que demuestren lo contrario, EEUU, sus aliados occidentales y los países árabes vecinos creen que miente y que continuará engañando y retrasando todo intento de diálogo. En el diario israelí Haaretz, Amos Harel advertía con evidente satisfacción cómo había dado la vuelta la opinión pública desde los esperanzadores momentos de Obama en el mes de enero".

Es decir, que aunque no existan ni se encuentren pruebas, conviene hacer creer a toda costa que Irán miente y que, por el contrario, lo que sospechan algunos países de "nuestro bando" es la verdad incontrovertible. ¿Es que ninguno de estos países ha mentido en el pasado, como cuando atribuyeron a Sadam Husein la posesión de armas nucleares y su firme designio de utilizarlas? Por citar solo el ejemplo más notorio de mentira y el de más nefastas consecuencias para todo el mundo, que ya nadie se atreve siquiera a ocultar ni disimular.

Aunque Haaretz sea también un diario de tendencias progresistas, nótese cómo alude a la satisfacción con la que observa el viraje de la opinión pública, que inicialmente tanto esperó de la anunciada distensión entre EEUU y Teheran, cuando Obama, recién investido como presidente, basó en ella sus proyectos para un futuro más pacífico que el que le había legado su nefasto predecesor en la Casa Blanca.

En resumen: arrojemos a la basura la distensión que prometía Obama, y esperemos a ver si los cazabombarderos israelíes ponen las cosas en su punto y terminan con este molesto problema. Si ésta es la solución que no repugna a uno de los más prestigiosos diarios de la izquierda internacional, habrá que pensar que los calores veraniegos se han abatido sobre su redacción y pasar a leer el Wall Street Journal.

* General de Artillería en la reserva y analista del Centro de Investigación para la Paz
http://www.rodelu.net/piris/piris.htm

domingo, 9 de agosto de 2009

haciendo la guerra para traer "paz"

Noam Chomsky *

Se libra un debate en la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre una política que podría parecer indiscutible: un marco internacional para evitar crímenes graves contra la humanidad.

El marco es llamado "responsabilidad para proteger", o R2P, en lenguaje de la ONU. Una versión restringida del R2P, adoptada durante la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, reafirmó derechos y responsabilidades aceptadas con anterioridad por países miembros y, en algunas ocasiones, ejercidos por ellos.

Sin embargo, las discusiones sobre el R2P o sobre su primo, "intervención humanitaria", son perturbadas regularmente por el cascabeleo de un fantasma en el armario: la historia, hasta el presente.

A lo largo de la historia, pocos principios de asuntos internacionales se aplican generalmente. Uno es la máxima de Tucídides de que los fuertes hacen lo que quieren mientras que los débiles sufren como deben.

Otro principio es que virtualmente todo uso de fuerza en asuntos internacionales ha venido acompañado de retórica excelsa sobre la solemne responsabilidad de proteger las poblaciones sufridas, así como de justificaciones objetivas para ello.

Prefieren olvidar la historia

Comprensiblemente, los poderosos prefieren olvidar la historia y mirar hacia adelante. Para los débiles, ésta no es una opción inteligente.

El fantasma del armario apareció en la primera disputa considerada por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) hace 60 años; el caso del Canal de Corfú sobre un incidente que involucró a Gran Bretaña y Albania.

La CIJ determinó que "únicamente puede considerar el supuesto derecho de intervención como manifestación de una política de fuerza, que como tal ha originado, en el pasado, los abusos más serios y, como tal, no puede, cualesquiera sean los defectos en la organización mundial, encontrar un lugar en el derecho internacional ... ; desde el origen de las cosas (la intervención) estaría reservada para los estados más poderosos, y fácilmente podría llevar a pervertir la propia administración de justicia".

La misma perspectiva moldeó el primer encuentro de la Cumbre del Sur de 133 estados en 2000. Su declaración, seguramente teniendo en mente el bombardeo de Serbia, rechazó “el así llamado ‘derecho’ de intervención humanitaria, que carece de sustento legal en la Carta de Naciones Unidas o en los principios generales del derecho internacional”.

El texto reafirma la Declaración sobre Relaciones Amistosas de la ONU (1970). Ha sido repetido desde entonces, entre otros, por el Encuentro Ministerial del movimiento de los no alineados en Malasia en 2006, representando otra vez a las víctimas tradicionales en Asia, África, América Latina y el mundo árabe.

Se llegó a la misma conclusión en 2004 por el Panel sobre Amenazas, Retos y Cambio de la ONU. Determinó que dentro de la Carta de la ONU "el artículo 51 no necesita ni extensiones ni restricciones a su alcance desde hace tiempo entendido".

Añadió que "para los impacientes con tal respuesta, ésta debe ser que, en un mundo lleno de amenazas potenciales percibidas, el riesgo para el orden mundial y la norma de no intervención sobre la que continúa basándose simplemente es demasiado grande para la legalidad de la acción preventiva unilateral, distintamente a la acción respaldada colectivamente, como para ser aceptado. Permitir que alguien actúe así es permitirles a todos" –lo que por supuesto resulta impensable.

La misma postura básica fue adoptada por la Cumbre Mundial de la ONU en 2005, que también declaró disposición "para tomar acciones colectivas ... a través del Consejo de Seguridad, de acuerdo con la Carta ... en caso de que los medios pacíficos sean inadecuados y las autoridades nacionales estén fallando manifiestamente en proteger a sus poblaciones" de crímenes serios.

Cuando más, la frase agudiza la terminología del artículo 42 sobre la autorización para que el Consejo de Seguridad recurra a la fuerza. Y la frase conserva el fantasma en el armario –si podemos considerar al Consejo de Seguridad como árbitro neutral, sin estar sujeto a la máxima de Tucídides.

No obstante, ese supuesto es insostenible.

El consejo está controlado por sus cinco miembros permanentes, y no son iguales en autoridad operativa. Un indicador es el historial de vetos –la forma más extrema de violación a una resolución del Consejo de Seguridad.

Durante el último cuarto de siglo, China y Francia vetaron en conjunto siete resoluciones; Rusia, seis; Reino Unido, 10, y Estados Unidos, 45, incluso incluyendo resoluciones para exhortar a los estados a observar el derecho internacional.

Una forma de mitigar este defecto en el consenso de la Cumbre Mundial sería eliminar el veto, en concordancia con la voluntad de la mayoría de la población estadunidense. Pero tal herejía es impensable, tanto como aplicar el R2P en este momento a los que necesitan protección desesperadamente pero que no forman parte de la lista favorecida de los poderosos.

Ha habido alejamientos de la restricción del Canal de Corfú y sus descendientes. El Acta Constitutiva de la Unión Africana (UA) asevera "el derecho de la Unión para intervenir en un país miembro ... en virtud de graves circunstancias". Eso difiere de la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA), que prohíbe la intervención, "sin importar la causa, en asuntos internos o externos de cualquier otro Estado".

La causa de la diferencia es clara. La Carta de la OEA busca refrenar la intervención de Estados Unidos, pero luego de la desaparición de los estados apartheid, la UA no se enfrenta a ningún problema similar.

Técnicamente tengo conocimiento de una sola propuesta de alto nivel para extender el R2P más allá del consenso de la cumbre y la extensión de la UA: el reporte de la Comisión Internacional de Intervención y Soberanía de Estado sobre la Responsabilidad para Proteger (2001).

La comisión considera la situación en que "el Consejo de Seguridad rechaza una propuesta o no la encara en tiempo razonable". En ese caso, el reporte autoriza "acción dentro del área de jurisdicción de organizaciones regionales o subregionales ... sujeta a que soliciten autorización subsecuente del Consejo de Seguridad".

En este punto, el fantasma del armario se sacude ruidosamente. Los poderosos determinan unilateralmente su propia "área de jurisdicción". La OEA y la UA no pueden hacerlo, pero la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sí puede, y así lo hace.

La OTAN ha determinado que su "área de jurisdicción" se extienda a los Balcanes, Afganistán y más allá.

Los derechos expansivos acordados por la Comisión Internacional en la práctica se ven restringidos únicamente a la OTAN, violando los principios del Canal de Corfú y abriendo la puerta al R2P como arma de intervención imperial a capricho.

La "responsabilidad de proteger" siempre ha sido selectiva. Por tanto, no se aplicó a las sanciones contra Irak impuestas por Estados Unidos y el Reino Unido y administradas por el Consejo de Seguridad, condenadas como "genocidas" por los distinguidos diplomáticos a cargo, ambos de los cuales renunciaron como protesta.

En la actualidad, tampoco se piensa en aplicar el R2P a la gente de Gaza, una "población protegida" de la que la ONU es responsable.

La peor catástrofe en África

Y nada serio está contemplado sobre la peor catástrofe en África, si no es que del mundo: el sanguinario conflicto en el este de Congo. Allí, recién informó la BBC, las multinacionales una vez más han sido acusadas de violar una resolución de la ONU contra el tráfico ilícito de minerales valiosos –con lo que se financia la violencia.

El R2P también es invocado para responder a la hambruna masiva en los países pobres.

Hace varios años, el Unicef informó que 16 mil niños mueren diariamente por falta de alimentos, muchos más a consecuencia de enfermedades fácilmente prevenibles. Las cifras ahora son más elevadas. Tan sólo en el sur de África se presentan las mismas muertes que en Ruanda, no en 100 días, sino diariamente. Sería fácil actuar bajo el R2P, si sólo hubiera voluntad.

En éstos y otros casos numerosos, la selectividad se ajusta a la máxima de Tucídides y a las expectativas de la CIJ de hace 60 años.

Pero las máximas que guían principalmente los asuntos internacionales no son inmutables y, de hecho, se han suavizado durante los años como resultado del efecto civilizador de los movimientos populares.

Para tal reforma progresiva, el R2P puede ser una herramienta valiosa, muy parecida a lo que ha sido la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Aun cuando los estados no se adhieren a ésta, y algunos la rechazan parcialmente de forma oficial (incluyendo, crucialmente, el país más poderoso del mundo), sirve empero como ideal al que pueden apelar los activistas para ingresar esfuerzos educacionales y organizacionales, a menudo efectivamente.

La discusión sobre el R2P pudiera ser similar. Con un grado de compromiso suficiente, desafortunadamente todavía no detectable entre los poderosos, podría resultar verdaderamente significativo.

* http://www.chomsky.info/

jueves, 30 de julio de 2009

al menos dos guardias civiles muertos en un atentado en mallorca

Al menos dos agentes de la Guardia Civil han muerto en un atentado contra una oficina de atención al ciudadano del Instituto Armado en Palmanova, en el municipio mallorquín de Calvià, han confirmado fuentes de la Delegación de Gobierno a elmundo.es. Las mismas fuentes apuntan a que también habría varias personas heridas.

La deflagración se ha producido alrededor 13.50 horas. Todavía las fuentes de la investigación no pueden confirmar si se trata de un coche bomba o de otro tipo de dispositivo como una bomba lapa instalada bajo coche. La explosión ha sido fuerte y ha causado daños.

Hasta el lugar del suceso se han trasladado efectivos de los servicios de emergencia, Policía y Bomberos.

Se trata del segundo atentado de ETA en poco más de 24 horas, después de la explosión de una potente furgoneta bomba contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos, que causó medio centenar de heridos leves e importantes daños materiales.


http://www.terrorismo.com/

miércoles, 29 de julio de 2009

una bomba de [e-t-a] deja 46 heridos en un cuartel de la Guardia Civil en Burgos

Una furgoneta bomba ha hecho explosión en torno a las cuatro de la madrugada de este miércoles junto a una casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos, entre la calle de Jerez y la avenida de Cantabria, según informaron fuentes policiales que confirmaron la existencia de hasta 46 heridos, entre ellos varios guardias civiles, si bien todos ellos de carácter leve.

La mayoría de los heridos sufrieron el alcance de cristales rotos de estos inmuebles; 38 de ellos fueron trasladados al hospital General Yagüe. Asimismo, en el gimnasio de las instalaciones de la Policía Local se instaló un puesto médico avanzado para atenderlos. El Grupo de Intervención Psicológica en Desastres y Emergencias atiende a los miembros de las 43 familias afectadas.

El vehículo, aparcado en la parte posterior del cuartel, donde residen los agentes con sus familias, provocó un enorme cráter en el suelo así como cuantiosos daños en el mismo edificio, afectando a sus 14 plantas, de las que las dos primeras quedaron totalmente destrozadas. Asimismo, la onda expansiva causó destrozos en varios edificios colindantes, entre ellos las oficinas de la Policía Local y se rompieron algunas canalizaciones de agua. Se investiga qué tipo de vehículo fue utilizado, aunque la Policía dice que “está completamente destrozado y sus restos están calcinados”.

Según las primeras pesquisas por parte de las fuerzas de seguridad, no se produjo ningún aviso previo a la explosión, atribuida a la banda terrorista ETA. Además, fuentes de la investigación señalan la posibilidad de que este ataque fuera realizado con una furgoneta bomba robada en Francia.

http://www.terrorismo.com

martes, 28 de julio de 2009

distribución de la renta y estabilidad macroeconómica

Juan Torres López *

La economía es una lucha constante para apropiarse de rentas pero ese aspecto esencial de la vida económica se suele ocultar.

La teoría económica clásica que sirve de base teórica a las políticas liberales afirma que los aspectos distributivos no son un asunto que concierna a la Economía. Y en el discurso de los políticos de esta ideología (en incluso a veces en el de quienes afirman ser más progresistas) se suele afirmar que "primero hay que crecer para luego poder distribuir". Una idea que es completamente engañosa porque lo cierto es que al mismo tiempo que se lleva a cabo cualquier tipo de actividad productiva se están repartiendo ya, en ese mismo instante, las rentas que se generan originariamente (y a las que ya después se podrán añadir las que resulten de la redistribución que haga el estado).

Así, cuando los empresarios reclaman contención salarial para crear empleo o para invertir más, lo que verdaderamente están pidiendo es que aumente su beneficio, sus rentas del capital. Cuando los trabajadores reivindican más prestaciones sociales lo que quieren es recibir más rentas salariales (en forma de salarios indirectos en este caso). Cuando la patronal o los bancos defienden la privatización de las pensiones o que se reduzcan los impuestos, buscan aumentar la parte que reciben de la renta global y cuando los trabajadores quieren leyes más protectoras lo que están buscando es que haya condiciones que les permitan obtener más fácilmente salarios más elevados, una parte más grande de la tarta.

Precisamente por eso, no es posible establecer que una determinada solución distributiva, un reparto determinado de la renta, es mejor que otro o más conveniente o apropiado, como casi siempre nos quieren hacer creer. En cuestiones de distribución no se pueda establecer un criterio objetivo e indiscutible sobre cuál es el reparto más favorable para la economía porque cada uno de los partícipes en el reparto tendrá una idea sobre su bondad. Una idea que dependerá, lógicamente, de la parte que le corresponda o de sus preferencias éticas, del criterio que cada uno tenga sobre lo que es justo o injusto.

Y como la distribución es inseparable de la producción, resulta entonces que ésta, el modo en que se lleva a cabo, tampoco es independiente de nuestra preferencia, de la opción ética que realicemos sobre un resultado distributivo u otro.

Cuando los economistas liberales afirman que la economía no tiene que ver con la distribución, con la ética, lo que buscan en realidad es que no se ponga en cuestión el orden económico establecido por quienes tienen poder para ello y que, lógicamente, suelen ser quienes más se benefician del estado de cosas existente, de la solución de reparto dominante.

Por el contrario, cuando se reconoce que la economía es también, y sobre todo, distribución de la renta lo que se deduce es que el modo de llevar a cabo la actividad económica no es algo neutro o determinado técnicamente, sino que es dependiente de las preferencias éticas dominantes en cada momento, de las preferencias de quienes tengan poder suficiente para imponerlas, más o menos democráticamente al conjunto de la sociedad.

Por eso, la política económica que no responde a una deliberación social previa o que no lleva consigo una discusión explícita sobre sus efectos sobre la distribución de la renta y la riqueza es una deleznable expresión más del totalitarismo.

Pero no solo eso.

La distribución de la renta es una cuestión que tiene que ver con la ética, como acabo de señalar, pero es también algo que influye muy directamente sobre la marcha global de la vida económica, sobre el grado de eficiencia que puede conseguirse y sobre la estabilidad e inestabilidad con que pueden llevarse a cabo los procesos económicos.

Como han demostrado sin ningún tipo de dudas muchos economistas, la distribución de la renta es una determinante esencial de la evolución de variables económicas como el consumo, el ahorro, incluso la inversión y, en consecuencia, también del equilibrio o desequilibrio económico que entre todas ellas puede llegar a darse, así como en la dinámica del crecimiento económico. Además, por supuesto, de determinar el bienestar efectivo de cada sujeto económico que, al fin y al cabo, debería ser el fin último de la actividad y la política económicas.

No es de ninguna manera casual, por ejemplo, que en el último periodo en que se ha producido un deterioro extraordinario del peso de los salarios en el conjunto de las rentas, las crisis financieras y monetarias se hayan multiplicado (96 bancarias y 176 monetarias según el Banco Mundial entre 1973 y 2000); que la mayor recesión desde 1929 se haya producido en Estados Unidos cuando la distancia entre los niveles más altos y más bajos de rentas alcanzaba el nivel máximo desde entonces; o que la mayor destrucción de empleo durante la crisis se produzca España que es el único país de la OCDE en donde el poder adquisitivo de los salarios bajó -un 4%- entre 1995 y 2005.

Más beneficio y rentas del capital han implicado más ahorro y menos salarios y, por tanto, menos capacidad de gasto, menos demanda y menos capacidad potencial de crecimiento. Es decir, más peligro de crisis y recesión económica

En consecuencia, revertir el proceso de incremento de las desigualdades que se viene produciendo desde hace treinta años y lograr un reparto más justo de la renta no es solo una (deseable) aspiración moral. Es también el pre-requisito de la estabilidad macroeconómica futura, la garantía de que la economía no entre en una deriva irreversible hacia la crisis global y permanente y, por supuesto, la única manera de reactivar los mercados y de crear condiciones adecuadas para la creación de empleo e, incluso, de beneficios empresariales que no procedan simplemente de la especulación financiera.

Evidentemente, no se trata tan solo de frenar la financiarización de nuestras economías para regenerar la actividad productiva. Es un paso previo, pero también hay que tener en cuenta que ésta misma es fuente de profundas, injustas e ineficiente desigualdades que, al fin y al cabo, son las que provocan deterioro de la economía real. Se debe tratar de modificar el modo de crear actividad económica para que ésta se lleve a cabo de un modo sostenible, más justo e incluso más eficaz desde el punto de vista de la economía de los recursos que utilizamos para crear bienes y servicios. Es decir, con un reparto más eficiente y equitativo de las rentas.

Y de esto es de lo que en estos momentos habría que hablar para salir de la crisis. No hacer explícita la cuestión del reparto de las rentas no solamente es dar por hecho que se acepta un estado de cosas que ha provocado, por ejemplo, que de 2002 a 2005 solo el 10% más rico de los hogares españoles aumentara sus rentas medias. Es asumir que la salida de la crisis será en falso y que volveremos a repetir los desastres que estamos viviendo.

Los trabajadores, con sus organizaciones sindicales a la cabeza, deberían luchar para que cualquier medida o cualquier acuerdo que se tome en esta coyuntura se inserte en un pacto de rentas que haga posible instaurar otra pauta distributiva. Esa y no otra es la base para cambiar de verdad de modelo productivo y la única posibilidad de abandonar el injusto e ineficiente que hasta ahora ha tenido la economía española.

* Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla)
http://www.juantorreslopez.com

lunes, 20 de julio de 2009

nadie podrá decir que no sabía

Marco Revelli *

Las cifras de los estragos son públicas, accesibles a todos. Basta consultar el sitio Fortress Europe (http://fortresseurope.blogspot.com) para conocer las cifras de nuestra vergüenza. En los cuatro primeros meses del año han muerto ya 329 inmigrantes [en Italia], anegados en el Canal de Sicilia. Fueron 1.274 a lo largo de 2008. Y ascienden a 4.009 en los tres lustros transcurridos desde 1994, cuando empezó el registro de muertes a partir de las noticias periodísticas. Otra decena de miles de víctimas se ha registrado en las vías hacia España y las Canarias (4.463), en el mar Egeo, hacia Grecia (1.310), en nuestro Adriático, procedentes de Albania (603), o en el desierto del Sahara, a lo largo de “las pistas entre Sudán, el Chad, Níger y Mali, de un lado, y Libia y Argelia, del otro” (1.691 muertos censados, pero la cifra está subestimada, porque el grueso de la tragedia se consuma fuera del alcance de la vista, sin dejar traza ni noticia).

Otros han muerto de frío, intentando atravesar las zonas montañosas entre Turquía y Grecia. O saltando por los aires en los campos minados de Evros, en Macedonia (91 personas). O anegados en las aguas del Oder, del Sava, del Morava, los ríos que separan Polonia de Alemania, Bosnia de Croacia, Eslovaquia de la República Checa. O ateridos de frío, ocultos en las bodegas de un avión para escapar a los controles (41 personas). O sofocados en el calor infernal de un contenedor. O aun caídos bajo las balas de las distintas policías fronterizas, en Ceuta y Melilla, los enclaves españoles en Marruecos, en Gambia, en Egipto, o en Israel; en Libia, en dónde están bien documentadas las feroces torturas practicadas “en los centros de detención para extranjeros, tres de los cuales financiados por Italia”.

La cifra total hiela la sangre: 14.679 muertos documentados a lo largo del perímetro que circunda la civilizada Europa con un inmenso muro imaginario, infinitamente más largo, alto y terrible que aquel Muro de Berlín, cuya caída fue celebrada como una liberación respecto de los fantasmas del siglo XX.

No se ha hablado de esas cifras en la cumbre del G-8 celebrada Aquila, que, sin embargo, no se ha privado de servirse de la tragedia africana como escudo para disimular su vacío. Esas cifras no han turbado los paseos de compras de las primeras damas por las calles romanas. Ni las voces de sus augustos maridos en el cuartel de Coppito, remodelado a toda prisa para la ocasión, probablemente con el trabajo de un buen número de supervivientes “regularizados” de aquellos estragos. Y sobre todo: esas cifras no han asomado siquiera, para escándalo de propios y ajenos, a los discursos oficiales de los llamados “Grandes”, detentadores de una extenuada soberanía nacional que –cocida en el jugo de su propio anacronismo— no tolera ni discusiones ni excepciones, presta a vengarse de la propia impotencia ante la fuerza de los mercados y de los capitales con la segregación, el rechazo, el cierre de fronteras y la cárcel: exhibiendo músculo ante los más débiles entre los débiles.

Con todo y con eso, esas cifras –de eso se trataba— sólo han aflorado en la discusión de nuestro parlamento sobre el decreto de seguridad que, transformado en ley, convierte en acto penalizable la culpa de haber sobrevivido a la travesía. Callando sobre los caídos, constituye en “criminales” a los que han logrado salvarse. El Senado la ha aprobado en un clima de dimisión general, tras un debate perezoso, como si se tratara de legislación administrativa rutinaria, con una oposición resignada, distraída y, una parte de ella al menos, connivente en su fuero interno. Y con una prensa dividida entre las historias de burdel del primer ministro y la crónica rosa de la cumbre, con un ojo en las alcobas del palacio Grazioli y el otro en las mesas de Coppito. Y, sin embargo, con este acto se ha producido un grave desgarrón –el enésimo desgarrón: ya empezamos a acostumbrarnos— en nuestra civilidad jurídica y en la más elemental moral pública: con la introducción del “delito de clandestinidad”, en una forma única en Europa, se ha traspasado un límite. Sancionando penalmente el ingreso o la permanencia del individuo extranjero en nuestro territorio, se tipifica como crimen, no un hecho o una serie de “hechos lesivos de bienes merecedores de tutela penal”, sino –como han sostenido con buenos argumentos muchos juristas— “una condición individual, la condición de inmigrante”, conforme a una lógica que asume sin más “una connotación discriminatoria que choca, no sólo con el principio de igualdad, sino con la garantía constitucional fundamental en materia penal, de acuerdo con la cual el castigo tiene que fundarse exclusivamente en hechos materiales”.

En la práctica, los efectos serán nulos, sino, más probablemente, negativos. Cualquiera que conozca el problema sabe que la aplicación de aquel oprobio es técnicamente imposible, porque pondría en crisis al conjunto del sistema judicial. Amedrentará, desde luego. Reforzará unas tendencias xenófobas ya demasiado difundidas en nuestras instituciones públicas, entre los comisarios de policía, entre los pliegos de la burocracia. Alimentará el miedo entre quienes quieren huir del miedo experimentado en la propia tierra de la que tratan de huir. Pero lo seguro es que no producirá más “seguridad”. Ni más orden. Al contrario. Puede que por algún tiempo tenga alguna influencia en la geografía de los flujos, desaconsejando al menos parcialmente las rutas hacia Italia, derivando la migración hacia otras direcciones, de Turquía a Grecia, en primer lugar, hacia fronteras orientales de mayor peligro y en las que la mortalidad corre el riesgo de crecer.

Un efecto evidente tendrá esta ley en el plano simbólico. Por el mensaje que lanza. Y por la incultura que revela. Un desgarrón intolerable, porque la política y la consciencia colectiva se nutren hoy de efectos simbólicos. Y una democracia muere de ultrajes simbólicos al pudor civil. Esperemos que la figura que, en última instancia, ha de jugar el papel de “custodio de la Constitución” no avale ese desgarrón. Que el escándalo de aquellas cifras, inatendido en las demás instancias de poder, traspase al menos los muros del Quirinal.


* Marco Revelli , antiguo militante del autonomismo obrero italiano y celebrado estudioso del fordismo y el postfordismo, es profesor de ciencia política en la Universidad de Turín. Sus dos últimos libros más debatidos son La sinistra sociale (una investigación muy importante sobre el tránsito del capitalismo fordista al postfordista y la evolución de las bases sociales de la izquierda) y Más allá del siglo XX (traducido al castellano y publicado por la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2003).


http://es.wikipedia.org/wiki/Marco_Revelli

domingo, 5 de julio de 2009

¿por qué los economistas y medios liberales están equivocados?

Vicenç Navarro

En un artículo reciente en el The New York Times (03/02/09), el Premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, criticaba a aquellos economistas que durante la Gran Depresión, a principios del siglo XX, negaron la necesidad de estimular el crecimiento económico y la producción de empleo a través del incremento de la inversión pública. Pero la mayor crítica de Samuelson era para los economistas de ahora, que también se oponen al crecimiento de la inversión pública como manera de resolver la crisis económica actual. Samuelson señalaba que sólo la ceguera ideológica puede explicar que tales economistas ignoren la enorme evidencia acumulada durante aquel periodo. La evidencia empírica, que muestra como la inversión pública resolvió la crisis de la Gran Depresión, es abundante y robusta.

Si miramos que pasó durante la Gran Depresión a principios del siglo XX, podemos ver que el Presidente Herbert Hoover hizo lo que los economistas liberales y el PP están pidiendo hoy en España. Hoover bajó el gasto público para equilibrar las cuentas del Estado, alcanzando incluso un superávit, en el año 1929-1930. El deterioro que ello causó (la economía sufrió un gran bajón; el desempleo alcanzó a ser el 23% de la población activa; desaparecieron ocho millones de puestos de trabajo) hizo insostenible tal política de mantener equilibrado el presupuesto del Estado. Ello explica que Franklin D. Roosevelt ganara las elecciones y a partir del año 1933 se iniciaran una serie de medidas que estimularon la economía (ver mi artículo “Como salir de la II Gran Depresión” en www.vnavarro.org, secciones Economía política y EEUU). Entre estas medidas hubo, en el año 1933, un aumento del gasto público (se dobló en un año) y un crecimiento del déficit público que alcanzó el 4,3% del PIB. Resultado del estímulo económico, la economía estadounidense aumentó un 10% al año desde 1934 a 1936, y el desempleo bajó al 9% de la población activa.

Esta evolución exitosa hizo creer que ya se estaba resolviendo la crisis económica –la Gran Depresión- y que podía y debería comenzar a reducirse el déficit del Estado. Y en 1937 se inició la política de reducción del déficit del Estado (tal como está aconsejando ahora el Sr. Miguel Angel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España). El impacto negativo fue casi inmediato. En 1938, el desempleo subió tres puntos, alcanzando un 12% de la población activa. De ahí que Roosevelt, dándose cuenta de que se había equivocado, aumentó de nuevo el gasto público, permitiendo un aumento del déficit del estado. El desempleo bajó de nuevo, descenso que fue facilitado por la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial, lo cual significó un enorme incremento del gasto público. Hasta aquí los datos.

La evidencia de que la Gran Depresión se resolvió debido al enorme crecimiento del gasto público es, pues, definitiva, por mucho que ideólogos liberales continúen basando sus creencias en la fe liberal en lugar de en la evidencia científica. Uno de los autores, apóstoles del liberalismo, que continúa cuestionando aquellos hechos -sujeto de crítica de Samuelson- es el economista Barro, al cual podríamos añadir un gran número de economistas españoles liberales que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios de información (tales como el “darling” del establishment financiero español, el Sr. Sala i Martí) (ver “El Pánico seguirá”. La Vanguardia. 12.03.09). Consecuencia de la gran influencia de tales ideólogos todavía persiste un debate en España sobre si una de las maneras más efectivas de resolver la crisis de la economía real de nuestro país es aumentando la inversión pública. En gran parte del mundo, este debate es anticuado. En su lugar, el debate es como crear empleo a partir del gasto público. En España comienza ya a generalizarse (¡por fin!) que hay que aumentar las inversiones públicas como manera de crear empleo y a la vez modernizar el país. Esperemos que esta propuesta vaya aumentando en su aceptación.

Ahora bien, quisiera acentuar que esta política de inversiones en obras públicas (a las cuales se añaden también inversiones en educación y en investigación y desarrollo), aunque necesaria, es insuficiente. Se requieren, además, inversiones en los servicios públicos del Estado de Bienestar. El Instituto de Economía Política de la Universidad de Massachussets, en un estudio dirigido por el Profesor Robert Pollin (y que influenció, en gran manera, a la Administración Obama), ha analizado la tasa de creación de empleo que puede alcanzarse a partir de una misma cantidad de inversión pública. El estudio calculaba cuantos puestos de trabajo se creaban por cada 1.000 millones de dólares de gasto público. Tal estudio econométrico muestra que la creación de nuevos empleos mediante el ahorro creado por la reducción de impuestos (la propuesta elegida por los economistas liberales y conservadores) tiene un estímulo económico muy bajo, resultado, en gran parte, de que la población, que está profundamente endeudada, no gasta tal dinero sino que lo utiliza para pagar sus deudas. En EEUU, sólo una tercera parte de los fondos adquiridos a base de reducción de impuestos se gastó en consumo. Algo más de producción de empleo tuvo el gasto militar. Pero, donde la producción era mayor fue en los servicios públicos y muy en especial en sanidad, escuelas de infancias, servicios domiciliarios y servicios sociales. Era en estos servicios donde la producción de empleo era más acentuada. Es un error que el gobierno socialista español no esté dando mayor importancia a la inversión en estos servicios públicos como manera de resolver la crisis, crear empleo y modernizar el país. Esto es, por cierto, lo que está intentando hacer la Administración Obama en EEUU. Es a través de esta inversión pública que se moderniza el país y se crea empleo a la vez. Un indicador de la gran influencia del pensamiento liberal en la cultura económica de España es que hoy el debate sobre cómo reducir el desempleo se está centrando en la desregulación de los mercados de trabajo y no en como modernizar y crear empleo a base de invertir y aumentar el gasto público.

Una última observación. Estamos hoy viendo una campaña liberal con gran apoyo mediático, que intenta explicar el escaso desempeño económico español como consecuencia de lo que se considera un excesivo número de empleados públicos (que se definen erróneamente como funcionarios) en las distintas administraciones públicas. Así, El Periódico publicó el pasado lunes (15.06.09) un amplio informe de dos páginas, y El País, edición Cataluña, un artículo (llamado “Funcionarios”), firmado por su colaborador habitual, Enric González, en los que se denunciaba el excesivo tamaño del sector público como una causa del escaso desempeño económico. Como prueba de la supuesta exuberancia del sector público, señalaban que en España había casi tantos funcionarios como empresarios.

Lo que tales escritos definen incorrectamente, erróneamente y (creo) maliciosamente como funcionarios, no son funcionarios. Incluyen como tales a todas las personas empleadas en el sector público (sea sector central, autonómico o local), trabajando en su mayoría en los servicios del estado del bienestar, como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios de dependencia, vivienda social, servicios sociales, además de correos, transportes públicos, servicios de seguridad pública y otros. Estos empleados tienen distintos tipos de contratos, de los cuales, por cierto, los funcionariales son una minoría (28%).

El segundo error en aquellos informes es que consideran que el hecho de que en España el número de personas empleadas en el sector público sea casi igual al número de empresarios y autónomos como causa de alarma, mostrando esta situación como ejemplo de la exuberancia del sector público. En realidad, en todos los países de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico que España) el número de empleados en el sector público es mucho mayor que en el número de empresarios y autónomos. Así, mientras el porcentaje de personas adultas que son empresarios y autónomos en España (10,64%) es mayor que en el promedio de la UE-15 (9,78%), el porcentaje de personas adultas trabajando en el sector público es sólo un 9,51%, uno de los porcentajes menores en la UE-15, cuyo promedio es un 16%. En los países escandinavos es un 29,54% en Dinamarca, un 19% en Finlandia, y un 21,34% en Suecia; siendo éstos los países con mayor eficiencia económica en Europa según varios informes sobre competitividad y eficiencia económica (ver “Economic Efficiency in the OECD”. Economic Policy Institute. Washington. 2008). En contra de lo que dicen aquellos medios, en España el sector público está subdesarrollado, y es una de las causas de su bajo rendimiento económico.

Tengo que admitir que me abruma y agota la constante manipulación de los datos que algunos de los medios de mayor difusión del país hacen para promover su ideología transformándolos en meros instrumentos de propaganda en lugar de ser medios de información. Y hay muy pocas voces que denuncien esta manipulación, puesto que el poder de tales medios es enorme. Ruego al lector que, por favor, distribuya activamente esta información que muestra tal manipulación.


http://www.vnavarro.org

viernes, 26 de junio de 2009

conferencia de las naciones unidas sobre la crisis financiera y económica mundial y su impacto sobre el desarrollo

Miguel d’Escoto Brockmann

La actual crisis financiera y económica mundial a la luz del bien común de la tierra y de la humanidad


Muy queridos Presidentes
Primeros Ministros
Cancilleres
Señores Ministros
Excelencias
Señor Secretario General
Hermanas y hermanos todos:

Estamos todos aquí reunidos, los representantes de los Estados y de los gobiernos del mundo porque vivimos un momento singularísimo de la historia humana, en el cual está en juego nuestro futuro común. Somos ciudadanos de diferentes naciones y, al mismo tiempo, somos ciudadanos planetarios, viviendo relaciones múltiples de interdependencia de todos con todos.

Una Arca de Noé que salve a todos

En este momento crítico, debemos todos sumar esfuerzos para evitar que la crisis global, con sus muchos y diferentes rostros, se transforme en una tragedia socioambiental y humanitaria. Los retos de las diferentes crisis están todos interconectados y nos obligan a nosotros, representantes de los pueblos de la Tierra, a proclamar nuestra responsabilidad unos hacia los otros y a que juntos, con gran esperanza, busquemos soluciones incluyentes. Ningún mejor lugar que esta sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas para hacerlo. Esta es por antonomasia la sala de la inclusividad democrática mundial, Sede del G192. Obviamente que cada Estado tiene la opción de definir su nivel de participación, de conformidad con la importancia que le asigne al tema de cada reunión.

No es humano ni responsable construir una Arca de Noé que salve solamente al sistema económico imperante dejando a la gran mayoría de la humanidad a su propia suerte, sufriendo las nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable, aunque poderosa minoría. Tenemos que tomar colectivamente un conjunto de decisiones que atiendan, lo más posible, a todos, incluyendo la gran comunidad de vida y la Casa Común, la Madre Tierra.

Superar el pasado y construir el futuro

Antes que nada, necesitamos superar un pasado agobiante y forjar un futuro esperanzador. Hay que reconocer que la actual crisis económico-financiera es el último resultado de un modo egoísta e irresponsable de vivir, de producir, de consumir, de establecer relaciones entre nosotros y con la naturaleza que implicó una sistemática agresión a la Tierra y a sus ecosistemas y una profunda disimetría social, una expresión analítica que disimula una perversa injusticia social planetaria. A mi juicio, hemos llegado a la última frontera. El camino hasta ahora recorrido, parece haberse cerrado y, de continuar así, puede llevarnos al mismo destino ya anticipado por los dinosaurios.

Por eso, los controles y las correcciones del modelo vigente, sin duda, necesarios, son a mediano y a largo plazo, insuficientes. Su fuerza interna para hacer frente a la crisis global se muestra extremamente débil. Quedarse en solo controles y correcciones del modelo demostraría una cruel falta de sensibilidad social, de imaginación y de compromiso con la creación de una paz justa y duradera. El egoísmo y la codicia no se pueden remendar. Tienen que ser sustituidos por la solidaridad y eso, obviamente, implica un cambio radical. Si realmente lo que queremos es una paz estable y duradera, debemos estar absolutamente claros que debemos ir más allá de controles y correcciones del modelo existente y crear algo que apunte hacia un nuevo paradigma de convivencia social.

En esta perspectiva, es imperativo buscar lo que la Carta de la Tierra llama un “modo sostenible de vivir”. Esto implica una visión compartida de valores y de principios que propicien una forma distinta de habitar este mundo y que garanticen el buen vivir de las presentes y de las futuras generaciones. Si grande es el peligro que todos enfrentamos ante los diversos problemas convergentes, más grande es aun la oportunidad de salvación que la crisis mundial nos está ayudando u obligando a descubrir. Hemos construido una economía globalizada. Ahora es el momento de crear una política y una ética globalizadas a partir de las muchas experiencias y tradiciones culturales de los diferentes pueblos.

La Madre Tierra y la ética planetaria

Una ética nueva presupone una óptica nueva. Es decir, una visión del mundo diferente origina, también, una ética diferente, una forma nueva de interrelacionarnos.

Hay que incorporar la óptica que nos viene de las así llamadas ciencias de la Tierra según las cuales la Tierra está insertada dentro de un vasto y complejo cosmos en evolución. Ella está viva, es la Madre Tierra, expresión aprobada por esta Asamblea el pasado 22 de abril. La Madre Tierra se auto regula, articulando, con un equilíbrio sutil, lo físico, lo químico y lo biológico de tal forma que se hace siempre propicia a la vida. Ella produjo una comunidad de vida única dentro de la cual emergió la comunidad de la vida humana – la Humanidad - como la parte consciente e inteligente de la misma Tierra.

Esta concepción contemporánea se compagina con la ancestral visión de la Humanidad y de los pueblos originarios para los cuales la Tierra siempre fue y es venerada como Madre, Magna Mater, Inana, Tonantzín, como la llamaban los náhuatl en mi patria Nicaragua, o Pacha Mama, como la llaman los aymaras en Bolivia.

Crece más y más la conciencia de que todos somos hijos e hijas de la Tierra y a ella pertenecemos. Tal como nos ha recordado muchas veces el Presidente Evo Morales, ella puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin ella.

Nuestra misión como humanos es la de ser los guardianes y los cuidadores de la vitalidad y de la integridad de la Madre Tierra. Lamentablemente, a raíz de nuestro excesivo consumo y despilfarro, la Tierra ha ultrapasado ya en 40% su capacidad de reposición de los bienes y servicios que generosamente nos ofrece.

Esta visión de la Tierra viva es testimoniada por los astronautas que desde sus naves espaciales confesaron, admirados, que Tierra y Humanidad constituyen una única realidad. Vivenciaron lo que se llamó el “Overview Effect”, es decir, la percepción de que estamos tan unidos a la Tierra que nosotros mismos somos Tierra: Tierra que siente, que piensa, que ama y que venera.

Esa óptica nos evoca respeto, veneración, sentimiento de responsabilidad y de cuidado por nuestra Casa Común, actitudes extremamente urgentes de cara a la actual degradación generalizada de la naturaleza.

De esta nueva óptica nace una nueva ética. Una nueva forma de interrelacionarnos con todos los que viven en nuestra morada humana y con la naturaleza circundante. Hoy la ética o será planetaria o no será ética.

Puntos axiales de una ética del bien común

La primera afirmación de esta ética planetaria consiste en proclamar y salvaguardar el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Partimos del presupuesto de que la comunidad de pueblos es simultáneamente una comunidad de bienes comunes. Estos no pueden ser apropiados privadamente por nadie y deben servir a la vida de todos, de las presentes y de las futuras generaciones y de la comunidad de los demás seres vivientes.

El Bien Común de la Humanidad y de la Tierra tiene las características de universalidad y de gratuidad. Es decir, tiene que involucrar universalmente a todas las personas, los pueblos y la comunidad de vida. De este Bien Común Mundial nadie y ningún ser pude ser excluido. Además, por su naturaleza, es algo gratuitamente ofrecido a todos y, por eso, no debe ser objeto de compra o venta ni ponerse bajo la lógica de la competencia. Por otra parte, debe ser continuamente construido por todos sin que por ello el Bien Común deje de ser común.

¿Cuáles son los bienes fundamentales que constituyen el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra? El primero es, sin duda, la propia Tierra. ¿A quién pertenece la Tierra? La Tierra pertenece, no a los poderosos que se apropiaron de sus bienes y servicios, sino al conjunto de los ecosistemas que la componen. Es un don del universo que surgió en nuestra Vía Láctea a partir de un sol ancestral ya desaparecido que originó el sol actual alrededor del cual la Tierra gira como uno de sus planetas. Por el hecho de ser viva y generadora de todos los seres vivientes, tiene dignidad (dignitas Terra). Esta dignidad reclama respeto y veneración y hace que ella sea portadora de derechos: derecho de ser cuidada, protegida y mantenida en condiciones de poder continuar produciendo y reproduciendo vidas.

Tenemos todavía que reconocer que el modo de producción que se globalizó en su voracidad industrialista ha, en gran medida, desvastado la Tierra y, así mismo, dañado también el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Es urgente que busquemos otros caminos más humanos y más favorables a la vida: los caminos de la justicia y de la solidaridad que son los caminos que conducen a la paz y a la felicidad.

En seguida tenemos a la biósfera de la Tierra como un patrimonio común de toda la vida de la cual la Humanidad es su tutora. Pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, como decía ya en 1972 la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente, “todos los recursos naturales de la Tierra, incluyendo el aire, los suelos, la flora, la fauna y en especial las muestras representativas de los ecosistemas naturales”.

Especialmente el agua, los océanos y los bosques pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra. El agua es un bien natural, común, esencial e insustituible y todos tienen derecho al acceso a ella, independientemente de los costos implicados en su captación, reserva, purificación y distribución que serán asumidos por el poder público y por la sociedad. Por eso, nos preocupa enormemente el afán de privatizarla y transformarla en mercancía con la cual, sin duda, se puede ganar mucho dinero. Agua es vida y la vida es sagrada y no objeto de trueques. Esta Asamblea quiere apoyar los esfuerzos para llegar a un Pacto Internacional del Agua con una gestión colectiva para garantizar a todos este bien tan vital.

Algo semejante hay que decir de los bosques, especialmente los tropicales y subtropicales, en donde se encuentra la mayor biodiversidad y concentración de humedad necesaria a la vitalidad de la Tierra. Son los bosques los que impiden que los cambios climáticos inviabilicen la vida en el planeta, porque son los grandes secuestradores de dióxido de carbono. Sin bosques no hay vida ni biodiversidad. Los océanos son los grandes repositorios de vida, los reguladores de los climas, los equilibradores de la base física y química de la Tierra. Bosques y océanos constituyen una cuestión vital y no sólo ambiental.

Los climas de la Tierra pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra. La resolución 43/53 del 6 de diciembre de 1988 de esta Asamblea General de la ONU sobre “Protección del Clima Global para las Generaciones Presentes y Futuras,” reconoce los climas como Patrimonio Común de la Humanidad (Common Concern of Humankind) porque “son una condición esencial de la manutención de la vida en la Tierra”. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, más conocido como IPCC, por sus siglas en inglés, considera “los cambios climáticos una preocupación común de la Humanidad que debe ser tratada globalmente con una responsabilidad compartida”.

Pero el gran Bien Común de la Humanidad y de la Tierra es la propia Humanidad como un todo. Tiene un valor intrínseco supremo y representa un fin en sí mismo. Es parte del reino de la vida, altamente compleja, capaz de conciencia, sensibilidad, inteligencia, fantasía creadora, amor y apertura al Todo.

Hay en todas las culturas la clara percepción de que la Humanidad es portadora de una inviolable dignidad. Cometen crimen contra la Humanidad los que hacen guerras y construyen una máquina de muerte que puede eliminar de la faz de la Tierra la vida humana y dañar profundamente la biósfera.

Por eso, mis queridos hermanos y hermanas, ya no debemos esperar. Es imprescindible proceder cuanto antes a la abolición de armas nucleares por completo, no simplemente reducción o no proliferación. Urge establecer la norma de cero tolerancia para armas nucleares, para todos en general sin excepciones. Un encuentro de todos los poseedores de armas nucleares para tomar decisiones sobre ésto es ya algo inaplazable. Estamos viviendo un momento propicio para ésto y no debemos desaprovecharlo. El mundo tampoco puede seguir tolerando la obscenidad de los cada vez mas astronómicos gastos en armamentos mientras se ofrecen irrisorias cantidades para sacar a la mitad de la humanidad de niveles de pobreza inexcusables que, además, constituyen una bomba de tiempo contra todos. La violencia genera violencia y mantener a gente en hambre y niveles infrahumanos de existencia es la peor violencia.

Estrategias para la superación de la crisis

En este momento de la historia bajo la crisis global y a la luz del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad, se hace necesario tomar colectivamente medidas de corto y mediano plazo para mantener a la sociedad funcionando, por un lado y para sentar las bases de nuevas formas de vivir sus- tentablemente, por el otro. Cinco ejes fundamentales podrían dar coherencia a las nuevas iniciativas que busquen construir alternativas y también orientar numerosas prácticas que serán discutidas en estos días aquí en la Asamblea General.

Primero: la utilización sostenible y responsable de los escasos recursos naturales. Esto implica superar la lógica de la explotación de la naturaleza y fortalecer la relación de respeto y de sinergia.

Segundo: devolver a la economía su debido lugar en el conjunto de la sociedad, superando la visión reduccionista que la hizo el gran eje estructurador de la convivencia humana. La economía debe ser respetuosa de valores y no fuente de valores; debe ser vista como la actividad destinada a crear, dentro del respeto de las normas sociales y ecológicas, las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos sobre el planeta.

Tercero: generalizar la democracia a todas las relaciones sociales y a todas las instituciones. No solamente aplicarla y profundizarla en el campo político, con una nueva definición del Estado y de los organismos internacionales, sino también ampliarla al área de la economía, de la cultura y de la relación entre hombres y mujeres para que sea un valor universal y verdaderamente una democracia sin fin.

Cuarto: forjar un ethos mínimo desde el intercambio multicultural y desde las tradiciones filosóficas y religiosas de los pueblos, a fin de que puedan participar en la definición del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra y en la elaboración de nuevos valores.

Quinto: potenciar una visión espiritual del mundo que haga justicia a las búsquedas humanas por un sentido trascendente de la vida, de la labor creativa de los humanos y de nuestro corto tránsito por este pequeño planeta.

La concretización de estos cinco ejes fundamentales es esencial para lograr el buen vivir personal, social y planetario. Este se alcanza a través de una economía de lo suficiente y decente para toda la comunidad, viviendo en comunión con los demás seres humanos, con la naturaleza y con el Todo del cual somos parte.

Aquí se dan las bases para una biocivilización que tiene como centralidad la vida, la Tierra y la Humanidad, cuyos ciudadanos se sienten hijos e hijas de la alegría y no de la necesidad.

Cuatro principios éticos fundamentales

Todos estos retos no serán adecuadamente respondidos si no cambiamos nuestras mentes y nuestros corazones y no creamos espacio para la emergencia y el desarrollo de otras dimensiones esenciales del ser humano. El uso exclusivo y abusivo de la razón instrumental-analítica en los tiempos modernos nos ha hecho sordos al clamor de la Tierra e insensibles a los gritos de los oprimidos que son las grandes mayorías de la Humanidad. En lo más hondo de nuestra naturaleza humana somos seres de amor, de solidaridad, de compasión y de comunión. Por eso hay que enriquecer la razón analítica con la razón sensible, emocional y cordial, sede de los referidos valores.

El Bien Común de la Humanidad y de la Tierra es una realidad dinámica y en continua construcción. Para mantenerlo vivo y abierto a otros desarrollos cuatro principios éticos resultan importantes.

El primer principio ético es el respeto. Cada ser tiene valor intrínseco. Su utilización para el Bien de la Humanidad no puede ser orientada por una ética meramente utilitarista, como ha predominado en el paradigma socioeconómico vigente, sino dentro de un sentido de mutua pertenencia, de responsabilidad y de conservación de su existencia.

El segundo es el cuidado. El cuidado configura una actitud no agresiva ante la realidad, actitud amorosa que repara los daños pasados y previene los futuros y, a la vez, se extiende a todos los campos de la actividad humana personal y social. Si existiera suficiente cuidado, no habríamos llegado a la actual crisis financiera y económica. El cuidado está ligado intrínsecamente a la manutención de la vida, porque sin cuidado ella se debilita y desaparece.

La expresión oriental del cuidado se llama compasión, tan necesaria en los días de hoy cuando gran parte de la Humanidad y de la misma Tierra se encuentran crucificadas y magulladas en un mar de padecimientos.

En una sociedad de mercado que se rige más por la competencia que por la cooperación, se constata una cruel falta de compasión con todos los que sufren en la sociedad y en la naturaleza.

El tercer principio es la responsabilidad universal. Todos somos ecodependientes e interdependientes. Nuestras acciones pueden ser benéficas o dañinas para la vida y para el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Las muchas crisis actuales derivan, en gran parte, por la falta de responsabilidad de nuestros proyectos y prácticas colectivas que han provocado el desequilibro global de los mercados y el del sistema-Tierra.

El cuarto principio es la cooperación. Si no hay cooperación entre todos, no vamos a salir enriquecidos de las crisis actuales. La cooperación es tan esencial que fue ella lo que en el pasado permitió a nuestros ancestros antropoides dar el salto de la animalidad a la humanidad. Al buscar sus alimentos, no los comían de forma individual sino que los traían todos para el grupo y de forma cooperativa y solidaria lo compartían entre todos. Lo que fue esencial en el pasado, sigue siendo esencial en el presente.

Por fin, pertenece al Bien Común de la Humanidad la creencia testimoniada por las tradiciones espirituales y afirmada por cosmólogos y astrofísicos contemporáneos, de que por detrás de todo el universo, de cada ser, de cada persona, de cada evento y de nuestra crisis actual, actúa la Energía de Fondo, misteriosa e inefable, llamada también Fuente Alimentadora de todo el Ser. Esta Energía sin nombre – estamos seguros – actuará también en este momento de caos ayudándonos y empoderándonos para vencer al egoísmo y tomar las medidas necesarias para que éste no sea catastrófico, sino creativo y generativo de nuevas órdenes de convivencia, de modelos económicos innovadores y de un sentido más alto de vivir y de convivir.

Conclusión: no tragedia sino crisis

Para terminar, quiero testimoniar mi profunda convicción de que el escenario actual no es de tragedia sino de crisis. La tragedia termina mal con una Tierra desvastada pero que puede continuar sin nosotros.

La crisis purifica, nos hace madurar y encontrar formas de superación satisfactorias para toda la comunidad de vida, del ser humano y de la Tierra. El actual dolor no es el estertor de un moribundo, sino el dolor de un nuevo parto. Hasta ahora hemos explotado exhaustivamente el capital material que es finito, cabe ahora trabajar el capital espiritual que es infinito porque infinita es nuestra capacidad de amar, de convivir hermanablemente y de penetrar en los misterios del universo y del corazón humano.

Como todos venimos del corazón de las grandes estrellas rojas en las cuales se forjaron los elementos que nos constituyen, está claro que nosotros nacimos para brillar y no para sufrir. E iremos nuevamente a brillar –esta es mi firme esperanza - en una civilización planetaria más respetuosa de la Madre Tierra, más incluyente de todos, más solidaria a partir de los más desposeídos, más espiritual y llena de reverencia frente al esplendor del universo y mucho más feliz.

Con estas palabras, se dan por iniciadas las intervenciones en esta importantísima Conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial. Al contextualizar la problemática, he querido enfatizar que, para poder aprovechar las oportunidades que la actual crisis nos presenta, tendremos que deponer actitudes egoístas. Estas, en verdad, sólo buscan preservar un sistema que, supuestamente, beneficia a una minoría y claramente tiene nefastas consecuencias para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. Tenemos todos que revestirnos de SOLIDARIDAD y de COOPERACIÓN para poder dar un salto cualitativo hacia un futuro de paz y bienestar.

Permítanme, queridos hermanos y hermanas concluir esta reflexión con las palabras del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI para esta Conferencia: “Invoco para los participantes de la Conferencia, como también para los responsables de la cosa pública y de los destinos del planeta, el Espíritu de Sabiduría y de Solidaridad Humana para que la actual crisis se transforme en oportunidad capaz de ayudarnos a brindar una mayor atención a la dignidad de cada ser humano y promover una distribución más equitativa del poder de decisión y de los recursos, con particular atención a los pobres, cuyo número, desafortunadamente, es cada vez mayor.”

- Palabras de Miguel d’Escoto Brockmann, Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, al iniciarse la Conferencia de Alto Nivel sobre la Crisis Financiera y Económica Mundial y Su Impacto Sobre el Desarrollo. New York 24-26 junio 2009

http://www.un.org/spanish/aboutun/organs/ga/63/president/63/presskit/president.shtml



domingo, 21 de junio de 2009

[e-t-a] asesina a un inspector de la lucha antiterrorista



La banda terrorista ETA ha matado con una bomba lapa a Eduardo Antonio Puelles García
, inspector de la brigada de información de la policía nacional dedicado a la lucha antiterrorista que prestaba servicio en la comisaría de Indautxu (Bilbao). Tenía 49 años y era natural de Barakaldo (Vizcaya). Ingresó en 1982 en el Cuerpo Nacional de Policía y ascendió a inspector jefe en 2002.

La detonación, que ha tenido lugar pasadas las 9.00 horas, se ha producido en un vehículo que estaba en un aparcamiento de superficie en la calle de Santa Isabel, en el municipio vizcaíno de Arrigorriaga, según la Consejería de Interior del Gobierno vasco. La víctima quedó calcinada en el interior del coche.

La viuda del agente sufrió una crisis de ansiedad al llegar al lugar de la explosión y ha tenido que ser trasladada, junto a sus dos hijos, al Hospital de Basurto. Se da la circunstancia además de que un hermano del fallecido es ‘ertzaina’.

La explosión, un estruendo seco, según los vecinos, ha provocado un incendio, que ya ha sido sofocado por los bomberos y que ha afectado a cinco vehículos.

Sergio, un vecino de Arrigorriaga, se ha despertado con la explosión. Un compañero le llamó para que cambiase el coche de sitio: “He visto una señora agobiada y se ha visto una explosión. Dicen que había una persona dentro del coche”, declaró Sergio a CNN+. “Ahora mismo se ven bastantes coches de la Ertzaintza, bomberos y de la prensa. Hay mucha aglomeración. Han cortado la calle y no se puede pasar”.