domingo, 7 de marzo de 2010
luce irigaray y la construcción de una cultura democrática fundada en la diferencia
Entrevista de María José García-Ocejo*
París, Febrero del 2001., Aquello que inspira la vida y la obra de Luce Irigaray es la búsqueda de un futuro más justo y feliz para la humanidad. Ella lo vislumbra a través de una teoría y una práctica de la relación con el otro en el respeto mutuo de sus diferencias. Este encuentro entre dos es lo que posibilitará una mundialización no destructiva de las subjetividades singulares ni de las civilizaciones. Se comprende por ello su interés en la diferencia sexual, la relación más inmediata y más universal, fundadora de la célula de base y del conjunto de las comunidades humanas.
En la obra escrita de Luce Irigaray es posible distinguir tres momentos:1) Un periodo "deconstructivo" en el que critica una cultura fundada en las necesidades de un sólo sujeto (Speculum**). 2) Una etapa en la cual propone ciertos medios necesarios para la construcción de una subjetividad femenina autónoma (Yo, tú, Nosotros**) y 3) La construcción de una cultura de dos sujetos respetuosos de sus diferencias, modelo para una coexistencia en la diversidad a nivel universal (Amo a tí y Ser Dos**).
Luce Irigaray también ejerce una práctica política y cultural. En su libro Democracy Begins between two**, narra sus luchas, particularmente ante el Parlamento Europeo, por los derechos de las mujeres. En ¿Qui sono io? ¿Qui sei tu?** explica su labor educativa con niños(as) y adolescentes para una ciustedadanía respetuosa de las diferencias.
Luce Irigaray es investigadora en filosofía del Centro Nacional de Investigaciones Científicas en París.
MJGO: Me gustaría comenzar esta entrevista preguntándole sobre su relación con el feminismo. A lo largo de su obra, usted se define a sí misma más bien como promotora de la liberación de la mujer que como feminista, ¿qué diferencia encuentra entre estas dos posturas?
LI: No me gustan los términos en sí mismos, evocan un modelo a seguir, comportamientos que adoptar, dogmatismo. Remiten a algo que ha pasado y no a un camino nuevo por construir. Además, comúnmente, el término "feminismo" se entiende en un sentido igualitarista, o sea: para emanciparse, las mujeres deberán ser iguales a los hombres. Ello supone alienarse aun más y voluntariamente a los valores de un mundo que no es el suyo.
Yo pienso que liberarse consiste, para una mujer, sobre todo en la toma de conciencia de sus propios valores y en afirmar su derecho a existir en la vida privada y en la publica. Se trata de tomar conciencia de su sumisión a un sólo orden subjetivo, de descubrir y cultivar ese otro sujeto que es la mujer; de hacerla aparecer a nivel social como diferente y no de hacerla desaparecer dentro de un mundo masculino.
Por ello me parece más pertinente hablar de "equivalencia" de derechos que de igualdad de derechos. Las mujeres pueden exigir ser reconocidas de manera equivalente a los hombres desde su propia subjetividad y de acuerdo a sus propios valores. En mi opinión, lo importante es construir un mundo entre dos sujetos diferentes donde uno no esté sometido al otro.
MJGO: En su trabajo usted combina dos elementos difíciles de conciliar dentro de la teoría feminista: la fidelidad a su propia experiencia y la rigurosidad científica.
LI: Me parece que esta combinación es una dimensión importante a promoverse en un mundo femenino. Generalmente, los hombres han disociado la vida del conocimiento. Ello ha llevado a ciertos desastres que hoy en día amenazan a la humanidad y al lugar donde habita, la tierra... El ser humano como tal parece encontrarse, de alguna manera, sobrepasado y amenazado por sus producciones científicas y por el uso de técnicas inspiradas en el deseo de dominar la vida y no en el de servirla. Por el contrario, ellas, en lugar de incorporarse a dicho proceso de manera tal que se aceleren estos desastres, ¿no deberían ser fieles a su propia experiencia, la que les dicta nuevas reglas de construcción del saber basadas en el respeto al mundo, a la vida, al otro y no en su dominación?
Personalmente, decidí optar por la fidelidad a mi propio camino de mujer desde mis primeros estudios universitarios. Yo sentí que para convertirme en una sabia erudita debía renunciar a mí misma como mujer. Pero decidí que no haría esto. Mi acción por la liberación de las mujeres surge a partir de este momento. Es también otra forma de hacer ciencia...
MJGO: Como ya lo ha indicado, usted defiende la diferencia sexual como el paradigma más eficaz a partir del cual edificar la equidad y la justicia entre los sexos, contra la sola búsqueda de igualdad entre hombres y mujeres. ¿Podría hablarnos más ampliamente de cómo concibe la diferencia sexual y de cuáles son los valores propiamente femeninos que busca revalorar en su trabajo?
LI: Comúnmente, la diferencia sexual se reduce a una diferencia biológica o de estereotipos sociales. Ella no es ni lo uno ni lo otro. Ciertamente, la diferencia sexual incluye aspectos corporales y aspectos sociológicos. Pero otra dimensión es la que hace el puente entre las dos: la identidad relacional. Y ésta no se manifiesta de la misma manera en la mujer que en el hombre. No es igual la manera en que el uno y la otra viven la relación consigo mismo(a), con el mundo, con el otro(a).
Así, el hombre privilegia la relación con el objeto; cuando existe una relación entre sujetos es del tipo "del uno entre muchos" (un hombre en el grupo, un ciudadano en el pueblo, un jugador en el equipo) y la relación queda, generalmente, sólo entre ellos mismos. Por su parte, la mujer prefiere la relación entre sujetos, entre dos sujetos que son de sexos diferentes. Ejemplos que prueban de manera suficiente cómo los hombres y las mujeres tienen una manera diferente de vivir la relación.
Esta diferencia en la identidad relacional no es el resultado de la alienación del sujeto femenino como algunas y algunos lo pretenden. Sino que proviene, ante todo, del contexto diferente en que vienen al mundo la niña y el niño. Nacer de una persona semejante a una misma y acceder al mundo de la misma manera que ella no tiene idénticas consecuencias en el devenir del sujeto que nacer de alguien diferente a sí mismo, como en el caso del niño. La manera en que el cuerpo está implicado en la relación tiene también sus efectos. Dar a luz en sí o fuera de sí, hacer el amor en sí o fuera de sí no conllevan a la misma relación con uno mismo(a) y con el otro(a). Todo ello representa, además, una ventaja cultural para las niñas quienes se muestran más despiertas y creativas que los niños, debido a sus mejores y más precoces capacidades relacionales.
Personalmente he constatado todo esto en un trabajo realizado con poblaciones importantes de niños(as) y adolescentes, en particular con italianos. El problema es que estos valores relacionales se toman poco en cuenta en los programas educativos, en particular en lo que se refiere a la relación entre dos y a la relación desde la diferencia. La instrucción escolar todavía se basa en las características del sujeto masculino: relación con el objeto, competitividad entre hombres dentro de un grupo o entre grupos, adquisición de saberes y capacidades poco interesadas en las relaciones con los otros, y sobre todo con "las otras". Los valores relacionales que caracterizan a las niñas deberían ser reconocidos como dimensiones culturales y civiles tanto o más importantes que aquellas que caracterizan a los chicos. Ello demanda el pasaje de una a otra cultura, a otros métodos educativos. Yo he buscado introducir estos elementos en mi trabajo, en particular en los libros Amo a tí, Ser Dos, Democracy Begins Between Two, ¿Chi sonno io? ¿Chi sei tu?, Yo, tú, Nosotros.
MJGO: Usted ha reiterado que dada la historia de opresión de las mujeres, nosotras tendemos mucho más a manifestar experiencias de sufrimiento, de malestar y de oposición frontal contra los hombres, que de bienestar y de encuentro entre los sexos. Sin embargo, usted ha preferido hablar del amor, de la posibilidad de establecer relaciones más justas, fecundas y felices entre hombres y mujeres ya que sin ellas no habrá verdadera liberación de la mujer. ¿Qué nos puede decir a este respecto?
LI: Me impresiona constatar que las mujeres -incluidas las artistas- expresan sobre todo el sufrimiento. ¿No será ello una prueba de que no se escuchan a sí mismas? Las mujeres están bien dotadas para la felicidad pero a fuerza de no hablar en un sentido positivo, cierto que la cultura no nos ofrece muchas palabras ni medios para hacerlo, lo positivo se cubre con lo negativo.
Hacer responsable al otro del propio malestar es también una manera de aceptar la dependencia. Cierto, los malentendidos existen entre los sexos de parte de unos y de otras. Además, para una mujer, la dificultad en hacerse comprender aumenta por el hecho de que la cultura está hecha por los hombres. Pero esta toma de conciencia debiera incitarnos a promover nuevos valores y no a detenernos por aquello que no marcha bien, haciendo responsable a un "otro" externo que quizá tampoco puede hacerlo mejor. A nosotras nos toca cambiar el mundo...
Comencemos por una nueva manera de entrar en relación con el otro(a). Las mujeres estamos mucho más dotadas para el amor, para la amistad. ¿Por qué no cultivar estos valores, también a nivel publico, en lugar de esperar a que sean los hombres quienes lo hagan?
MJGO: Luego de 40 años de elaboración teórica y de trabajo práctico en favor de la emancipación de la mujer ¿qué puede sugerirles a las jóvenes feministas que hoy en día comienzan en esta larga y difícil lucha?
LI: Que tomen conciencia de lo que ellas son y que cultiven sus propias cualidades. Que conquisten su autonomía sin agresividad hacia los hombres y sin esperar que sean ellos quienes cambien: generalmente son las mujeres quienes les abren la vía,
No elegir entre sentimientos positivos hacia los hombres o hacia las mujeres: es importante estar en buenas relaciones con ambos, tanto con quienes son como ellas como con quienes son diferentes. No creer que un simple status social les aportará la felicidad: lo que importa es modificar la relación con el otro, la relación amorosa, la relación carnal.
Recordar que una mujer debe aprender a devenir más y más mujer y a mantenerse como tal, en vez de convertirse en madre olvidándose de ser mujer: ello no le hace bien a nadie. Preocuparse de la conquista y la conservación de una legislación apropiada para las mujeres, que no sea solamente neutra y abstracta.
MJGO: Pasemos ahora al segundo tema que quisiera abordar en esta entrevista y que se refiere a su concepción sobre la democracia. En los últimos años usted se ha abocado a la lucha por la refundación moral de la democracia a partir de la formulación de derechos humanos propios para hombres y mujeres, con el fin de construir lo que usted denomina la "soberanía del impoder", ¿cómo concibe usted este trabajo?
LI: Hace algunos años, considerábamos que un régimen realmente democrático era aquel en el cual los ciudadanos tuvieran el derecho a elegir a sus representantes. Hoy en día sabemos que ello no es así de simple y que, aun en los países donde este derecho existe, el voto es frecuentemente burlado. ¿Cómo luchar contra estas nuevas formas de poder personal que se ejercen en el seno mismo de las democracias?
Primero, otorgando menos derechos a los dirigentes y más derechos a los ciudadanos. El ideal del socialismo consistió en confiar el ejercicio de la gobernabilidad a la sociedad civil, es decir, a los ciudadanos y no al Estado. ¿Qué gobierno que se dice de izquierda conserva este objetivo? Para conquistarlo convendría repensar la legislación y definir derechos civiles positivos en favor de todos los ciudadanos de acuerdo con su sexo, raza, cultura. Estos derechos brindarán a los ciudadanos la posibilidad de representarse a sí mismos y de oponerse legalmente al Estado cuando sus derechos sean violados.
Hace falta, asimismo, multiplicar las posibilidades de los ciudadanos para expresarse sobre sus propias opciones políticas, por ejemplo vía referéndum y también al llamarlos a votar por programas más que por personas. En seguida, conviene analizar aquello que es perjudicial para la existencia y el desarrollo de la democracia. Uno de los nudos problemáticos proviene, así me lo parece, de un remanente de "naturalismo" no elevado a status civil. La mujer sigue siendo considerada como un cuerpo-natura a disposición del hombre y del Estado. De ella se espera más la procreación de infantes que el comportamiento en tanto ciudadana capaz de aportar al conjunto de la sociedad los valores que ella posee: respeto a la vida, a la salud, al bienestar; cuidado de la naturaleza, del medio ambiente, de la habitación; gusto por el diálogo, por el arte, etc.
Todo ello proviene, sin duda, del hecho de que ella ha permanecido durante mucho tiempo encerrada dentro del hogar conyugal, siendo el hombre quien aparece como el ciudadano representante de la familia ante el Estado. En casi todas partes del mundo, las mujeres tienen hoy en día acceso a la vida publica. Ello demanda que su identidad civil sea reconocida y no sólo su identidad natural y que dicha identidad sea reconocida como diferente.
Ello supone educar a las mujeres para que puedan pasar de comportamientos que son válidos al interior del hogar familiar a comportamientos en tanto ciudadanas. Ello vale también para los ciudadanos de otras razas o culturas. La democracia sólo puede existir mediante la coexistencia en la diversidad. Si ella no representa a todos y cada uno de los ciudadanos, corre el riesgo de que se desarrollen en su interior aspectos autoritarios y totalitarios.
MJGO: En países como el nuestro aun padecemos una profunda desigualdad económica que continua afectando prioritariamente a las mujeres. ¿Cómo ubica sus ideas sobre la democracia en este contexto?
LI: También en las democracias consideradas como avanzadas las mujeres padecen inequidades económicas. Generalmente su salario sigue siendo inferior al de los hombres en un 30 por ciento, por un trabajo equivalente. Y los sectores industriales o artesanales en donde existe una presencia mayoritaria de mujeres están comúnmente mal pagados.
Pero yo no creo que estos problemas se resolverán mediante una intervención a nivel estrictamente económico. Sólo se modificará otorgando a las mujeres su valor civil como el rostro de la comunidad. Los hombres han estado acostumbrados a que el trabajo de la mujer dentro de la familia sea gratuito y no reconocen ni el valor ni el costo de este trabajo. Mientras las mujeres no participen con los hombres en la construcción y en el cuidado de la ciudad, esta situación no cambiará. Es afirmando su capacidad para dichas tareas, así como su aptitud para asumir sus propias responsabilidades, como las mujeres podrán exigir su pago.
Importa que ellas inviertan su energía no sólo en demandar, frecuentemente en vano, el ser retribuidas de manera igualitaria a los hombres, sino que creen un mundo de trabajo adaptado a su condición femenina: en horarios, en tipos de empleo que les sean apropiados, en valorización y calificación adecuadas a los servicios que prestan a la ciudad y en salario correspondiente. Las cosas no pueden arreglarse solamente a nivel económico. Las mujeres han mostrado por sí mismas, en ocasión de las huelgas que han organizado, que, contrariamente a los hombres, ellas no demandan únicamente el aumento de salario sino también el respeto a su dignidad, a su ritmo de vida, a estructuras sociales que les permitan trabajar y ser madres, etc.
la diferencia, particularmente dirigida a niños(as) y jóvenes, es la vía privilegiada para la construcción de nuevas formas de convivencia humana respetuosas de todas las formas de alteridad. En nuestro país este tema es particularmente relevante ya que más de la mitad de nuestra población es menor de 24 años. ¿Cómo considera usted que podemos incluir este trabajo, a la vez educativo y político, en el proceso de transición democrática que vive actualmente nuestro país?
LI: Un régimen democrático no debiera preocuparse sólo de la economía, sino del respeto a los ciudadanos y a las relaciones entre ellos. Hemos pensado la democracia en función de bienes económicos olvidando a las personas. Quienes no poseen bienes o empleo son por lo tanto nada, son los excluidos o los necesitados. Ello me parece poco digno de un ideal democrático. El derecho a existir como ciudadanos, hombre(s) o mujer(es), sin importar su condición económica, debe ser prioritario. Ello demanda una nueva concepción de lo político y de lo jurídico: un derecho a "ser" más que a tener.
Este cambio de perspectiva social no podrá lograrse sin la educación de niños(as) y adolescentes, tanto como de profesores(as) y padres y madres de familia. En lugar de formarlos para convertirse en ciudadanos competitivos y eficientes, los(as) jóvenes debieran ser educados para hacer de la vida relacional un objetivo cultural importante. De esta manera, la comunidad de ciudadanos ya no estaría compuesta de 1+1+1... individuos más o menos neutros y abstractos, reunidos a través de leyes externas a sí mismos(as), que son enunciadas por magistrados y gobernantes quienes, además, exigen su ejecución. Los lazos entre los ciudadanos constituirán el tejido de la comunidad civil. La base de este entramado es la relación entre mujer(es) y hombre(s) en el respeto de sus diferencias a todos los niveles: desde lo más íntimo hasta lo político y cultural. ¿Por qué esta liga será fundamental? Porque es la más universal y la más cotidiana al mismo tiempo. Ella representa por sí misma la articulación más primitiva entre naturaleza y cultura. Quien respete la diferencia entre mujer (es) y hombre(s) no experimentará ninguna dificultad para respetar otras diferencias porque los instintos de posesión, de explotación, de rechazo y de menosprecio habrán sido educados desde las pulsiones elementales.
Todos estos puntos debieran ser incluidos en los programas escolares. Hace falta que los infantes sean instruidos en la toma de conciencia de su identidad concreta y por tanto sexuada, y en respetar y establecer relaciones con la identidad concreta del otro(a). Es esta la condición de una cultura democrática. Todos los discursos morales sirven de poca cosa si faltan esta toma de conciencia y este proceso educativo.
Sería deseable que las democracias jóvenes experimenten esta construcción diferente de sus propios regímenes. Las democracias más antiguas, fundadas únicamente en el derecho al voto y en el cuidado de la economía han mostrado hasta qué punto son frágiles e incompletas.
*María José García Ocejo es profesora de psicología en la Universidad Veracruzana, maestra en Estudios de Género de la New School for Social Research de Nueva York y doctorante, con la tesis Formación de la Ciudadanía desde una perspectiva de género, para jóvenes mexicanos(a)s en la Universidad de París X.
http://www.iep.utm.edu/irigaray/
París, Febrero del 2001., Aquello que inspira la vida y la obra de Luce Irigaray es la búsqueda de un futuro más justo y feliz para la humanidad. Ella lo vislumbra a través de una teoría y una práctica de la relación con el otro en el respeto mutuo de sus diferencias. Este encuentro entre dos es lo que posibilitará una mundialización no destructiva de las subjetividades singulares ni de las civilizaciones. Se comprende por ello su interés en la diferencia sexual, la relación más inmediata y más universal, fundadora de la célula de base y del conjunto de las comunidades humanas.
En la obra escrita de Luce Irigaray es posible distinguir tres momentos:1) Un periodo "deconstructivo" en el que critica una cultura fundada en las necesidades de un sólo sujeto (Speculum**). 2) Una etapa en la cual propone ciertos medios necesarios para la construcción de una subjetividad femenina autónoma (Yo, tú, Nosotros**) y 3) La construcción de una cultura de dos sujetos respetuosos de sus diferencias, modelo para una coexistencia en la diversidad a nivel universal (Amo a tí y Ser Dos**).
Luce Irigaray también ejerce una práctica política y cultural. En su libro Democracy Begins between two**, narra sus luchas, particularmente ante el Parlamento Europeo, por los derechos de las mujeres. En ¿Qui sono io? ¿Qui sei tu?** explica su labor educativa con niños(as) y adolescentes para una ciustedadanía respetuosa de las diferencias.
Luce Irigaray es investigadora en filosofía del Centro Nacional de Investigaciones Científicas en París.
MJGO: Me gustaría comenzar esta entrevista preguntándole sobre su relación con el feminismo. A lo largo de su obra, usted se define a sí misma más bien como promotora de la liberación de la mujer que como feminista, ¿qué diferencia encuentra entre estas dos posturas?
LI: No me gustan los términos en sí mismos, evocan un modelo a seguir, comportamientos que adoptar, dogmatismo. Remiten a algo que ha pasado y no a un camino nuevo por construir. Además, comúnmente, el término "feminismo" se entiende en un sentido igualitarista, o sea: para emanciparse, las mujeres deberán ser iguales a los hombres. Ello supone alienarse aun más y voluntariamente a los valores de un mundo que no es el suyo.
Yo pienso que liberarse consiste, para una mujer, sobre todo en la toma de conciencia de sus propios valores y en afirmar su derecho a existir en la vida privada y en la publica. Se trata de tomar conciencia de su sumisión a un sólo orden subjetivo, de descubrir y cultivar ese otro sujeto que es la mujer; de hacerla aparecer a nivel social como diferente y no de hacerla desaparecer dentro de un mundo masculino.
Por ello me parece más pertinente hablar de "equivalencia" de derechos que de igualdad de derechos. Las mujeres pueden exigir ser reconocidas de manera equivalente a los hombres desde su propia subjetividad y de acuerdo a sus propios valores. En mi opinión, lo importante es construir un mundo entre dos sujetos diferentes donde uno no esté sometido al otro.
MJGO: En su trabajo usted combina dos elementos difíciles de conciliar dentro de la teoría feminista: la fidelidad a su propia experiencia y la rigurosidad científica.
LI: Me parece que esta combinación es una dimensión importante a promoverse en un mundo femenino. Generalmente, los hombres han disociado la vida del conocimiento. Ello ha llevado a ciertos desastres que hoy en día amenazan a la humanidad y al lugar donde habita, la tierra... El ser humano como tal parece encontrarse, de alguna manera, sobrepasado y amenazado por sus producciones científicas y por el uso de técnicas inspiradas en el deseo de dominar la vida y no en el de servirla. Por el contrario, ellas, en lugar de incorporarse a dicho proceso de manera tal que se aceleren estos desastres, ¿no deberían ser fieles a su propia experiencia, la que les dicta nuevas reglas de construcción del saber basadas en el respeto al mundo, a la vida, al otro y no en su dominación?
Personalmente, decidí optar por la fidelidad a mi propio camino de mujer desde mis primeros estudios universitarios. Yo sentí que para convertirme en una sabia erudita debía renunciar a mí misma como mujer. Pero decidí que no haría esto. Mi acción por la liberación de las mujeres surge a partir de este momento. Es también otra forma de hacer ciencia...
MJGO: Como ya lo ha indicado, usted defiende la diferencia sexual como el paradigma más eficaz a partir del cual edificar la equidad y la justicia entre los sexos, contra la sola búsqueda de igualdad entre hombres y mujeres. ¿Podría hablarnos más ampliamente de cómo concibe la diferencia sexual y de cuáles son los valores propiamente femeninos que busca revalorar en su trabajo?
LI: Comúnmente, la diferencia sexual se reduce a una diferencia biológica o de estereotipos sociales. Ella no es ni lo uno ni lo otro. Ciertamente, la diferencia sexual incluye aspectos corporales y aspectos sociológicos. Pero otra dimensión es la que hace el puente entre las dos: la identidad relacional. Y ésta no se manifiesta de la misma manera en la mujer que en el hombre. No es igual la manera en que el uno y la otra viven la relación consigo mismo(a), con el mundo, con el otro(a).
Así, el hombre privilegia la relación con el objeto; cuando existe una relación entre sujetos es del tipo "del uno entre muchos" (un hombre en el grupo, un ciudadano en el pueblo, un jugador en el equipo) y la relación queda, generalmente, sólo entre ellos mismos. Por su parte, la mujer prefiere la relación entre sujetos, entre dos sujetos que son de sexos diferentes. Ejemplos que prueban de manera suficiente cómo los hombres y las mujeres tienen una manera diferente de vivir la relación.
Esta diferencia en la identidad relacional no es el resultado de la alienación del sujeto femenino como algunas y algunos lo pretenden. Sino que proviene, ante todo, del contexto diferente en que vienen al mundo la niña y el niño. Nacer de una persona semejante a una misma y acceder al mundo de la misma manera que ella no tiene idénticas consecuencias en el devenir del sujeto que nacer de alguien diferente a sí mismo, como en el caso del niño. La manera en que el cuerpo está implicado en la relación tiene también sus efectos. Dar a luz en sí o fuera de sí, hacer el amor en sí o fuera de sí no conllevan a la misma relación con uno mismo(a) y con el otro(a). Todo ello representa, además, una ventaja cultural para las niñas quienes se muestran más despiertas y creativas que los niños, debido a sus mejores y más precoces capacidades relacionales.
Personalmente he constatado todo esto en un trabajo realizado con poblaciones importantes de niños(as) y adolescentes, en particular con italianos. El problema es que estos valores relacionales se toman poco en cuenta en los programas educativos, en particular en lo que se refiere a la relación entre dos y a la relación desde la diferencia. La instrucción escolar todavía se basa en las características del sujeto masculino: relación con el objeto, competitividad entre hombres dentro de un grupo o entre grupos, adquisición de saberes y capacidades poco interesadas en las relaciones con los otros, y sobre todo con "las otras". Los valores relacionales que caracterizan a las niñas deberían ser reconocidos como dimensiones culturales y civiles tanto o más importantes que aquellas que caracterizan a los chicos. Ello demanda el pasaje de una a otra cultura, a otros métodos educativos. Yo he buscado introducir estos elementos en mi trabajo, en particular en los libros Amo a tí, Ser Dos, Democracy Begins Between Two, ¿Chi sonno io? ¿Chi sei tu?, Yo, tú, Nosotros.
MJGO: Usted ha reiterado que dada la historia de opresión de las mujeres, nosotras tendemos mucho más a manifestar experiencias de sufrimiento, de malestar y de oposición frontal contra los hombres, que de bienestar y de encuentro entre los sexos. Sin embargo, usted ha preferido hablar del amor, de la posibilidad de establecer relaciones más justas, fecundas y felices entre hombres y mujeres ya que sin ellas no habrá verdadera liberación de la mujer. ¿Qué nos puede decir a este respecto?
LI: Me impresiona constatar que las mujeres -incluidas las artistas- expresan sobre todo el sufrimiento. ¿No será ello una prueba de que no se escuchan a sí mismas? Las mujeres están bien dotadas para la felicidad pero a fuerza de no hablar en un sentido positivo, cierto que la cultura no nos ofrece muchas palabras ni medios para hacerlo, lo positivo se cubre con lo negativo.
Hacer responsable al otro del propio malestar es también una manera de aceptar la dependencia. Cierto, los malentendidos existen entre los sexos de parte de unos y de otras. Además, para una mujer, la dificultad en hacerse comprender aumenta por el hecho de que la cultura está hecha por los hombres. Pero esta toma de conciencia debiera incitarnos a promover nuevos valores y no a detenernos por aquello que no marcha bien, haciendo responsable a un "otro" externo que quizá tampoco puede hacerlo mejor. A nosotras nos toca cambiar el mundo...
Comencemos por una nueva manera de entrar en relación con el otro(a). Las mujeres estamos mucho más dotadas para el amor, para la amistad. ¿Por qué no cultivar estos valores, también a nivel publico, en lugar de esperar a que sean los hombres quienes lo hagan?
MJGO: Luego de 40 años de elaboración teórica y de trabajo práctico en favor de la emancipación de la mujer ¿qué puede sugerirles a las jóvenes feministas que hoy en día comienzan en esta larga y difícil lucha?
LI: Que tomen conciencia de lo que ellas son y que cultiven sus propias cualidades. Que conquisten su autonomía sin agresividad hacia los hombres y sin esperar que sean ellos quienes cambien: generalmente son las mujeres quienes les abren la vía,
No elegir entre sentimientos positivos hacia los hombres o hacia las mujeres: es importante estar en buenas relaciones con ambos, tanto con quienes son como ellas como con quienes son diferentes. No creer que un simple status social les aportará la felicidad: lo que importa es modificar la relación con el otro, la relación amorosa, la relación carnal.
Recordar que una mujer debe aprender a devenir más y más mujer y a mantenerse como tal, en vez de convertirse en madre olvidándose de ser mujer: ello no le hace bien a nadie. Preocuparse de la conquista y la conservación de una legislación apropiada para las mujeres, que no sea solamente neutra y abstracta.
MJGO: Pasemos ahora al segundo tema que quisiera abordar en esta entrevista y que se refiere a su concepción sobre la democracia. En los últimos años usted se ha abocado a la lucha por la refundación moral de la democracia a partir de la formulación de derechos humanos propios para hombres y mujeres, con el fin de construir lo que usted denomina la "soberanía del impoder", ¿cómo concibe usted este trabajo?
LI: Hace algunos años, considerábamos que un régimen realmente democrático era aquel en el cual los ciudadanos tuvieran el derecho a elegir a sus representantes. Hoy en día sabemos que ello no es así de simple y que, aun en los países donde este derecho existe, el voto es frecuentemente burlado. ¿Cómo luchar contra estas nuevas formas de poder personal que se ejercen en el seno mismo de las democracias?
Primero, otorgando menos derechos a los dirigentes y más derechos a los ciudadanos. El ideal del socialismo consistió en confiar el ejercicio de la gobernabilidad a la sociedad civil, es decir, a los ciudadanos y no al Estado. ¿Qué gobierno que se dice de izquierda conserva este objetivo? Para conquistarlo convendría repensar la legislación y definir derechos civiles positivos en favor de todos los ciudadanos de acuerdo con su sexo, raza, cultura. Estos derechos brindarán a los ciudadanos la posibilidad de representarse a sí mismos y de oponerse legalmente al Estado cuando sus derechos sean violados.
Hace falta, asimismo, multiplicar las posibilidades de los ciudadanos para expresarse sobre sus propias opciones políticas, por ejemplo vía referéndum y también al llamarlos a votar por programas más que por personas. En seguida, conviene analizar aquello que es perjudicial para la existencia y el desarrollo de la democracia. Uno de los nudos problemáticos proviene, así me lo parece, de un remanente de "naturalismo" no elevado a status civil. La mujer sigue siendo considerada como un cuerpo-natura a disposición del hombre y del Estado. De ella se espera más la procreación de infantes que el comportamiento en tanto ciudadana capaz de aportar al conjunto de la sociedad los valores que ella posee: respeto a la vida, a la salud, al bienestar; cuidado de la naturaleza, del medio ambiente, de la habitación; gusto por el diálogo, por el arte, etc.
Todo ello proviene, sin duda, del hecho de que ella ha permanecido durante mucho tiempo encerrada dentro del hogar conyugal, siendo el hombre quien aparece como el ciudadano representante de la familia ante el Estado. En casi todas partes del mundo, las mujeres tienen hoy en día acceso a la vida publica. Ello demanda que su identidad civil sea reconocida y no sólo su identidad natural y que dicha identidad sea reconocida como diferente.
Ello supone educar a las mujeres para que puedan pasar de comportamientos que son válidos al interior del hogar familiar a comportamientos en tanto ciudadanas. Ello vale también para los ciudadanos de otras razas o culturas. La democracia sólo puede existir mediante la coexistencia en la diversidad. Si ella no representa a todos y cada uno de los ciudadanos, corre el riesgo de que se desarrollen en su interior aspectos autoritarios y totalitarios.
MJGO: En países como el nuestro aun padecemos una profunda desigualdad económica que continua afectando prioritariamente a las mujeres. ¿Cómo ubica sus ideas sobre la democracia en este contexto?
LI: También en las democracias consideradas como avanzadas las mujeres padecen inequidades económicas. Generalmente su salario sigue siendo inferior al de los hombres en un 30 por ciento, por un trabajo equivalente. Y los sectores industriales o artesanales en donde existe una presencia mayoritaria de mujeres están comúnmente mal pagados.
Pero yo no creo que estos problemas se resolverán mediante una intervención a nivel estrictamente económico. Sólo se modificará otorgando a las mujeres su valor civil como el rostro de la comunidad. Los hombres han estado acostumbrados a que el trabajo de la mujer dentro de la familia sea gratuito y no reconocen ni el valor ni el costo de este trabajo. Mientras las mujeres no participen con los hombres en la construcción y en el cuidado de la ciudad, esta situación no cambiará. Es afirmando su capacidad para dichas tareas, así como su aptitud para asumir sus propias responsabilidades, como las mujeres podrán exigir su pago.
Importa que ellas inviertan su energía no sólo en demandar, frecuentemente en vano, el ser retribuidas de manera igualitaria a los hombres, sino que creen un mundo de trabajo adaptado a su condición femenina: en horarios, en tipos de empleo que les sean apropiados, en valorización y calificación adecuadas a los servicios que prestan a la ciudad y en salario correspondiente. Las cosas no pueden arreglarse solamente a nivel económico. Las mujeres han mostrado por sí mismas, en ocasión de las huelgas que han organizado, que, contrariamente a los hombres, ellas no demandan únicamente el aumento de salario sino también el respeto a su dignidad, a su ritmo de vida, a estructuras sociales que les permitan trabajar y ser madres, etc.
la diferencia, particularmente dirigida a niños(as) y jóvenes, es la vía privilegiada para la construcción de nuevas formas de convivencia humana respetuosas de todas las formas de alteridad. En nuestro país este tema es particularmente relevante ya que más de la mitad de nuestra población es menor de 24 años. ¿Cómo considera usted que podemos incluir este trabajo, a la vez educativo y político, en el proceso de transición democrática que vive actualmente nuestro país?
LI: Un régimen democrático no debiera preocuparse sólo de la economía, sino del respeto a los ciudadanos y a las relaciones entre ellos. Hemos pensado la democracia en función de bienes económicos olvidando a las personas. Quienes no poseen bienes o empleo son por lo tanto nada, son los excluidos o los necesitados. Ello me parece poco digno de un ideal democrático. El derecho a existir como ciudadanos, hombre(s) o mujer(es), sin importar su condición económica, debe ser prioritario. Ello demanda una nueva concepción de lo político y de lo jurídico: un derecho a "ser" más que a tener.
Este cambio de perspectiva social no podrá lograrse sin la educación de niños(as) y adolescentes, tanto como de profesores(as) y padres y madres de familia. En lugar de formarlos para convertirse en ciudadanos competitivos y eficientes, los(as) jóvenes debieran ser educados para hacer de la vida relacional un objetivo cultural importante. De esta manera, la comunidad de ciudadanos ya no estaría compuesta de 1+1+1... individuos más o menos neutros y abstractos, reunidos a través de leyes externas a sí mismos(as), que son enunciadas por magistrados y gobernantes quienes, además, exigen su ejecución. Los lazos entre los ciudadanos constituirán el tejido de la comunidad civil. La base de este entramado es la relación entre mujer(es) y hombre(s) en el respeto de sus diferencias a todos los niveles: desde lo más íntimo hasta lo político y cultural. ¿Por qué esta liga será fundamental? Porque es la más universal y la más cotidiana al mismo tiempo. Ella representa por sí misma la articulación más primitiva entre naturaleza y cultura. Quien respete la diferencia entre mujer (es) y hombre(s) no experimentará ninguna dificultad para respetar otras diferencias porque los instintos de posesión, de explotación, de rechazo y de menosprecio habrán sido educados desde las pulsiones elementales.
Todos estos puntos debieran ser incluidos en los programas escolares. Hace falta que los infantes sean instruidos en la toma de conciencia de su identidad concreta y por tanto sexuada, y en respetar y establecer relaciones con la identidad concreta del otro(a). Es esta la condición de una cultura democrática. Todos los discursos morales sirven de poca cosa si faltan esta toma de conciencia y este proceso educativo.
Sería deseable que las democracias jóvenes experimenten esta construcción diferente de sus propios regímenes. Las democracias más antiguas, fundadas únicamente en el derecho al voto y en el cuidado de la economía han mostrado hasta qué punto son frágiles e incompletas.
*María José García Ocejo es profesora de psicología en la Universidad Veracruzana, maestra en Estudios de Género de la New School for Social Research de Nueva York y doctorante, con la tesis Formación de la Ciudadanía desde una perspectiva de género, para jóvenes mexicanos(a)s en la Universidad de París X.
http://www.iep.utm.edu/irigaray/
sábado, 6 de marzo de 2010
chile azotado por una doble tragedia: las razones del terremoto social o el país que hemos construido
Francisco Herreros*
Cualquier análisis que pretenda rigor y seriedad debe partir del reconocimiento de la intensidad y la extensión geográfica del terremoto seguido de tsunamis en numerosas localidades costeras de tres regiones, la madrugada del 27 de febrero, inscrito ya entre las peores de las muchas tragedias que ha sufrido este país a lo largo y ancho de su historia.
Pero eso no alcanza para justificar la pasmosa ineficacia, la descoordinación, la tardanza en la respuesta e incluso la crisis de diagnóstico que mostraron por igual las instancias de gobierno central, regional, local y municipal; la institucionalidad dispuesta para la emergencia; las fuerzas policiales, las fuerzas armadas y los servicios de salud; los servicios básicos como electricidad, agua potable, telefonía y telecomunicaciones, e incluso los medios de comunicación; lo cual no obstó para que en el nivel del discurso todo estuviera, en todo momento, “bajo control”.
Dos imágenes bastan para demostrar ese juicio, en general compartido por la ciudadanía.
Tal vez la más emblemática haya sido la descoordinación entre la Armada y la Oficina Nacional de Emergencia acerca de la existencia o no de riesgo de tsunami, transmitida profusamente por el sistema mediático, cuando éste ya había borrado de la faz de la tierra a poblados costeros completos y sembrado destrucción en ciudades más importantes, como Constitución y Talcahuano, donde barrió con una base naval, sin que hasta el momento haya una evaluación medianamente aproximada del número de desaparecidos.
Incluso el alcalde de Tomé, Eduardo Aguilera, denunció esta confusión como causa de la muerte de pobladores que desde los cerros regresaron a sus viviendas confiando en la información difundida por los medios.
La segunda no es menos elocuente. La primera ayuda que recibieron alrededor del mediodía del martes 2 los primeros habitantes de la traumatizada población de Concepción, consistente en víveres de la más elemental necesidad, tardó más de 72 horas después de producida la tragedia. Se trata de la segunda ciudad del país, y no de poblados remotos de los que no se tuviera noticia.
Y hay una tercera, que encierra ominosas interrogantes sobre el país que hemos construido, relativa al hecho de que en el primer plano de las preocupaciones de la autoridad, los políticos, la prensa e incluso de la población de las regiones afectadas haya estado la seguridad pública y por tanto la exigencia del despliegue de las Fuerzas Armadas; en lugar de la solidaridad de un ayer no tan lejano, el reconocerse como pueblo en la tragedia y el inicio de las tareas de la reconstrucción.
En suma, las dolorosas consecuencias de una catástrofe natural a las que este país está habitualmente expuesto, dejaron al descubierto no sólo la pedante insustancialidad del discurso de la modernidad, la eficiencia y el desarrollo, sino también las profundas fracturas de nuestra estratificada sociedad.
Carácter de clase de la tragedia
Por de pronto, y como siempre ocurre en estos desastres, el mayor castigo se abatió sobre los sectores más modestos y vulnerables de la población; sea por el material ligero de sus viviendas; por la ubicación de las mismas, en zonas periféricas, mayormente expuestas a las calamidades naturales, o por carencia de recursos para soportarlas una vez que se presentan. Más aún en este caso, cuando la tragedia llegó a fin de mes, con los hogares precariamente abastecidos y sin haber recibido ingresos salariales.
Una imagen proyectada por los medios de comunicación ilustra el carácter de clase que rápidamente asumen eventos como un sismo de estas proporciones. Casi sin excepción, los periodistas que relataban las impresionantes secuencias de los primeros saqueos de supermercados en Concepción colocaban el énfasis en el derecho de propiedad de los dueños de las cadenas, en lugar del hambre y la necesidad de la gente, en circunstancias de que ya habían pasado más de 36 horas desde el sismo, sin que hubiese llegado no ya ayuda, sino tan siquiera una orientación a esa martirizada población. Tanto es así, que el propio Horst Paulmann, todopoderoso dueño de la cadena Cencosud, llamó al orden a los periodistas a la salida de La Moneda, y les rogó encarecidamente omitir la palabra “saqueo”, por sus potenciales efectos de demostración y contagio.
Lo dijo después de haberse reunido por más de una hora con las autoridades de mayor rango del país en la propia sede del Gobierno, posibilidad que por cierto no tenían las masas desesperadas, lanzadas a la acción directa. Aunque de manera ambigua, quedó flotando la versión de que el Gobierno se haría cargo del costo de la mercadería saqueada. Por tanto cabe la pregunta ¿qué hubiera pasado si los dueños de las grandes cadenas de supermercados toman tempranamente la decisión de olvidarse por un momento de sus ganancias y distribuir la mercadería en la población? Tal vez se hubieran conjurado muchas de las impresionantes escenas que se pudieron observar en directo, o hubiesen descendido los niveles de tensión social, pero a esta altura eso queda en el terreno de la especulación.
En el mismo lodo todos revolcados
Otra cosa muy distinta son los saqueos perpetrados por bandas de lumpen organizado y armado, no sólo a grandes tiendas y pequeños establecimientos, sino también a atemorizados vecinos que intentaban defender sus pertenencias, tema que se verá más adelante, en otro contexto.
Pero ¿es saqueo o libre mercado la conducta de aquellos comerciantes que, aprovechando el contexto de la tragedia, elevaron productos como el pan hasta diez veces su valor? ¿es aceptable que personas de condición acomodada acapararan productos básicos que necesitaban los afectados, mientras otros, en regiones no castigadas por el sismo continuaban su vida como si nada? ¿qué pasa con la condena social a esas conductas igualmente deleznables?
Y una pregunta ineludible: ¿quién le responde a la gente por el enorme sufrimiento social derivado de tan manifiesta inoperancia en el manejo de la crisis?
Pavorosa ineficacia
Quizá convenga aclarar que no se trata de una crítica a conductas individuales. Nadie podría desconocer la oportuna reacción de la Presidenta de la República, que se puso personalmente a la cabeza del dispositivo de emergencia, o a la Directora de la ONEMI, que pasó a lo menos 48 horas ininterrumpidas sin dormir. Distinto es el caso de la alcaldesa de Concepción, que para disimular su propia ineptitud, incapacidad y falta de conducción, le endosó la responsabilidad al gobierno central, con argumentos de tan dudoso gusto como sugerir que éste había sido más expedito en enviar tropas a Haití que a las zonas afectadas por el cataclismo de la madrugada del 27 de febrero.
El problema es que el dispositivo no funcionó, o más bien lo hizo sólo en un sentido mediático, virtual, que en no pocas ocasiones causó más descoordinación y desconcierto, que sensación de orientación y liderazgo, sin perjuicio de la fractura entre la realidad y el discurso.
Y no podía ser de otra forma, porque lo primero que colapsó en este país, supuesto ejemplo de modernidad, fue toda la infraestructura de comunicaciones, incluidas las redes radiales de Carabineros y las Fuerzas Armadas, y las redes inalámbricas de telefonía celular. Con asombro, se pudo comprobar que ni la institucionalidad de la emergencia, ni siquiera las fuerzas policiales o las fuerzas armadas, contaban con una red de respaldo.
Todo bajo control
Sin embargo, a falta de comunicaciones efectivas, emergieron al punto tanto el prurito autoritario heredado de la dictadura, consistente en la obsesión de mantener todo bajo control así el mundo se esté cayendo, como la tendencia posmoderna de hacer pasar la realidad por el tamiz del marketing político, de forma que durante las primeras 24 horas predominó el discurso triunfalista en virtud del cual Chile, debido a su organización e infraestructura, había soportado de una manera más que aceptable un sismo que a otros países hubiera dejado literalmente en el suelo. Fue el día en que se discutió si lo que hubo fue marejada o tsunami, y que, como se encargó de señalar el diario The Washington Post, “la Mandataria sugirió que Chile no necesitaría ayuda internacional”.
Fuego cruzado
El punto de inflexión ocurrió a mediodía del domingo, con la imagen del desvalijamiento de un supermercado Líder en Concepción, ante una fuerza policial largamente sobrepasada, y a partir de ese momento, casi sin pausa, con los informes periodísticos y las imágenes de destrucción, que empezaron a llegar desde las áreas más lejanas, particularmente del borde costero de las regiones del Maule y el Bío-Bío.
La profusión de testimonios unánimes e inapelables de damnificados clamando por ayuda y reclamando por abandono hizo que el sentido del discurso cambiara hasta el extremo opuesto. Se empezó a hablar de una “tragedia sin parangón en nuestra historia”, mientras cada cual intentó salvar sus responsabilidades. Así, el Ministro de Defensa, calificó derechamente de erróneo el comportamiento de la Armada, respecto al aviso de tsunami; “gentileza” devuelta primero por el Comandante en Jefe de la FACh, quién aseguró que la institución tenía listos los aviones dos horas después del siniestro, pero "el problema fue que no nos llegó la orden; son otros los que deben indicar dónde ir y con qué ayuda”, (a lo que ésta replicó que había esperado por cuatro horas un helicóptero la mañana del terremoto) y luego por el Comandante en Jefe de la propia Armada, quién aseguró que se había enviado a la ONEMI un aviso radial por la banda de alta frecuencia alertando sobre la posibilidad de tsunami veinte minutos después del terremoto, reiterado doce minutos después por fax, tal como establecen los protocolos, sin perjuicio de lo cual reconoció que no se le informó con claridad a la Presidenta cuando ésta llamó por teléfono, a las 05:15 de la madrugada. El detalle es crítico, pues los reportes de las distintas localidades afectadas indican que el primero de los tsunami ocurrió a las O4:20 h. en Iloca, y el último a las 06:30 h. en Constitución.
Estado de excepción
La derecha, como de costumbre, a través de personajes como la alcaldesa de Concepción, Jacqueline van Rysselberghe, los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados Jovino Novoa y Rodrigo Alvarez, y el propio Presidente electo Sebastián Piñera, redujeron el problema a “pillaje y vandalismo”, y por tanto dedicaron el resto del domingo a exigir despliegue de las Fuerzas Armadas en las calles, lo cual hizo la Presidenta al día siguiente. Decretó Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe en las dos regiones más afectadas, por un período de 30 días, y designó como responsable de garantizar el orden público en la región del Bío Bío, al jefe del Comando de Operaciones Terrestres del Ejército, General Guillermo Ramírez Chovar, y al General de Brigada Bosco Pesce Quappe, en la del Maule.
A partir de ese momento, el tema de la seguridad pública empezó a predominar sin contrapeso en el discurso oficial: “van a recibir todo el rigor que la ley contempla”, advirtió la mandataria; “las Fuerzas Armadas no se van a inhibir en el cumplimiento de su deber, usando las armas si fuese necesario”, tronó el Ministro de Hacienda. El día martes ya había doce mil efectivos militares en la zona del desastre.
Pérdida de musculatura
En el nivel del discurso, la cadena de desaciertos, descoordinaciones y declaraciones contradictorias se intentó conjurar, de una parte, con la apelación al colapso de los sistemas de comunicaciones, tesis enarbolada por la Ministra Armanet, y de otra, mediante la invocación de que este “no es el momento del análisis, sino el momento de la acción”, tesis de la Presidenta Bachelet, ni el momento de buscar responsabilidades, tesis del Ministro Pérez Yoma.
Sin embargo, es del todo evidente que la gravedad de la emergencia exige un análisis minucioso. Y en un primer nivel no puede resultar tan sorprendente la crisis en el manejo de la emergencia, si se consideran las tres décadas de impugnación a conceptos como planificación o proceso de toma de decisiones a nivel centralizado, así como las diatribas y descalificaciones contra el Estado, perpetradas en nombre de la eficiencia de un mercado tanto más eficiente cuanto mayormente desregulado. De esa manera cuando el aparato del Estado fue interpelado a fondo por una catástrofe de semejantes proporciones, quedó en evidencia que no sólo había perdido entrenamiento, sino también musculatura. En consecuencia, el resultado no podía ser muy distinto.
Lucro y rentabilidad
Enseguida, no se puede eludir las responsabilidades en el colapso de las redes de comunicación, de energía eléctrica, de agua potable y de infraestructura vial, así como en la caída o daño estructural irreparable en numerosos edificios de reciente construcción, incluso en el centro de uno de los símbolos de la arrogancia neoliberal, como la ciudad empresarial; más aún cuando desde hace tres décadas se viene machacando sobre la eficiencia de la empresa privada.
Seriamente no se puede especular acerca de qué hubiese pasado si esos servicios básicos e indispensables estuviesen en poder del Estado o bajo algún régimen de administración pública. Pero el hecho es que estaban en poder de conglomerados privados, cuya primera prioridad, si es que no única finalidad, es la ganancia, y la segunda, la rentabilidad de su inversión. Y el hecho es que 72 horas después de ocurrido el sismo, las zonas más afectadas por el desastre seguían sin energía eléctrica ni agua potable, lo cual generaba numerosos efectos en cascada, incluyendo, naturalmente, la violencia social.
Ciertamente, la debilidad del sistema de energía eléctrica, que ya se ha manifestado en múltiples ocasiones, es el problema principal, pues fue el detonante de la falla de los otros sistemas, como las redes de comunicaciones, las redes de agua potable, las redes de abastecimiento de combustible y las cadenas de supermercados. Es evidente que esa debilidad obedece, al menos en parte, a la huelga de inversiones que sostuvieron los consorcios transnacionales entre 2002 y 2007, mientras no lograron que el gobierno les asegurara la rentabilidad de las mismas, por la vía del incremento de las tarifas.
Las empresas sanitarias aducen que sin energía eléctrica no pueden hacer funcionar las redes de agua potable. Pero ¿qué otra cosa aparte de la ausencia de rentabilidad, les impidió distribuir agua potable mediante camiones cisterna? Claro, podrían argumentar la falta de combustible, y los distribuidores de combustibles alegarán la falta de energía eléctrica, tal como el gobierno imputó su impotencia a la caída del sistema de comunicaciones, y así recursivamente.
En este orgulloso Chile de la modernidad, nadie quiere aceptar sus responsabilidades.
No es accesorio reiterar la interrogante ¿qué hubiese pasado si el gremio de cadenas de supermercados decide el día sábado repartir mercadería en los sectores más azotados por la catástrofe? Con su nivel de interlocución con el Gobierno, igual hubieran logrado el pago de la cuenta, y así y todo, habría sido socialmente más barato para todos. Pero, como en un inmenso tablero de teoría de los juegos, cada cual eligió apostar por su interés individual.
Detrás del derrumbe
El mismo juicio merece el colapso de modernas autopistas concesionadas y la implosión o daños estructurales irremediables en centenares de elevados edificios recién entregados o incluso aún en construcción.
El obispo de Rancagua, Alejandro Goic, fue tajante: “ El hombre usa mal su libertad y por ganar unos pesos más llegamos a esta triste tragedia”, dijo en referencia a los innumerables casos de fallas estructurales en carreteras y edificios. Es evidente que esa fue una de las causas. Pero también están en las normas y protocolos de construcción, y en la supervisión de las mismas. Los ingentes recursos que orbitan en torno al negocio de la construcción parecen haber relajado el cumplimiento de la normativa por parte de ciertas empresas y la fiscalización de ciertos funcionarios de la institucionalidad supervisora.
Como fuere, los resultados están a la vista y nadie los puede desmentir.
Resulta irónico observar que los desvíos de la emblemática ruta sur concesionada pasan por antiguas rutas hoy relegadas a la condición de caleteras, construidas cuando la finalidad de las carreteras era la conectividad vial y no el pretexto para el lucro de grandes consorcios transnacionales, las que resistieron incólumes el terremoto.
En el caso de las autopistas hay por contrato seguros comprometidos. Pero en el caso de los edificios, ¿quién responderá a los propietarios de los departamentos?
El segundo terremoto
Queda para el final el análisis del problema más delicado, aquél que el Obispo de Concepción, Ricardo Ezzati denominó “un segundo terremoto” y que los más lúcidos reporteros de televisión describieron como un “terremoto social” de consecuencias casi más devastadoras que el de condición natural, y que obliga a interrogarnos acerca del tipo de sociedad hemos construido.
José Luis Ugarte, profesor de Derecho Laboral de la Universidad Diego Portales, formuló acertadamente la interrogante de la siguiente manera:
“¿Por qué en Chile apenas el orden se retira –cuando el brazo armado de la ley deja de atemorizar- los sectores más pobres se sienten con el legitimo derecho de saquear y tomar aquello que de otro modo –los legales- no alcanzan?”. Y la respondió también de manera atinada: “la sensación de injusticia y de exclusión altamente extendida entre los pobres –que tantas veces se ha diagnosticado como “escandalosa desigualdad”- hace que nuestra sociedad esté pegada con el mismo pegamento que esos edificios nuevos que hoy se derrumban”. E incluso da un paso más allá: “el terremoto –quién lo iba a decir- ha desnudado al capitalismo chileno mostrando vergonzosamente sus pies de barro. Ni nuestra mejor propaganda ni la de los organismos financieros puede esconder que a la hora de repartir entre todos nuestros beneficios, nos parecemos más a los países africanos que a los del primer mundo con los que nos gustaría compararnos”.
En ese cuadro, no sorprende que la derecha reduzca la complejidad del problema a “pillaje y vandalismo”, lo cual, consecuentemente, puede ser resuelto con mano dura y represión, porque eso está en su naturaleza genética.
Incluso tampoco es sorprendente que sectores de modesta condición, la clase más golpeada por la represión dictatorial, haya clamado por la presencia militar en las calles, puesto que la sensación de peligro, inseguridad y desamparo ante la eclosión social, fue una experiencia dramáticamente real.
También es cierto que el análisis fino debe distinguir entre el robo por necesidad y el saqueo del lumpen organizado, sin omitir que el Jefe de la Plaza de Concepción, general Ramírez, declaró que más del 60% de los llamados a las patrullas militares correspondían a psicosis colectiva.
Anomia social
En términos sociológicos, en las regiones asoladas por el terremoto se verificó de manera amplificada lo que Durkheim y Merton caracterizaron como anomia social, referida a la desviación o ruptura de las normas sociales, en concepto del primero, o a la disociación entre los objetivos culturales y el acceso de ciertos sectores a los medios necesarios, por lo que la relación entre los medios y los fines se debilita, en opinión del segundo. O en palabras de Ugarte, una falta de lealtad con la sociedad.
Pero ¿qué lealtad con la sociedad pueden sentir sectores triplemente marginados; marginados del reparto de los recursos; marginados de las oportunidades y marginados de la participación política y social? ¿Y quién puede lanzar la primera piedra en cuanto al respeto a las normas o exigir lealtad social después de tres décadas de prédica de individualismo, de loas al consumismo desenfrenado, de disolvente práctica del sálvese quién pueda y de descarada impunidad de los delincuentes de cuello y corbata?
Una vez más es útil la reflexión del profesor Ugarte: “es que pedir a tanto chileno que recibe el sueldo mínimo, que no tiene mayores derechos laborales ni quienes lo representen -en Chile los sindicatos no existen-; que no tienen ni salud ni educación pública de calidad, que de súbito muestre lealtad y compromiso -y no sólo miedo a la cárcel- con un modelo que los excluye, respetando el sagrado derecho de propiedad, es simplemente una ingenuidad que el terremoto ha hecho caer como la cúpula de la Divina Providencia”. A la inversa, agrega, “no es difícil entender por qué los ganadores en nuestro modelo –unos pocos- exhiben y exigen alta lealtad a las reglas, incluidas las que protegen de mejor manera sus triunfos, como es la propiedad. Lo difícil es pretender que los perdedores de siempre –nuestros eternos pobres- tengan lealtad hacia reglas que no sólo no han diseñado sino que mirada nuestra historia, han estado marcadas desde siempre a favor de los mismos”.
En suma, en primer y último término el problema es político y se inscribe en el proyecto de sociedad que han impuesto las elites en los últimos 35 años.
En sociedades desarrolladas, como Suecia u Holanda, o igualitarias, como Cuba, que han hecho ingentes esfuerzos por incluir y distribuir el producto entre todos, y donde existe alto grado de lealtad y cohesión social, son inimaginables escenas que dieron la vuelta al mundo como la convulsión social que sucedió a la convulsión telúrica, en este país ejemplo de modernidad.
Fascismo agazapado
A la inversa, en sociedades altamente desiguales, la cohesión y la lealtad social son sustituidas por la fuerza, la represión y el temor, que como se sabe, constituyen el caldo de cultivo para el desarrollo del fascismo, el cual, aunque en ciernes, no ha estado ausente en estos días de tragedia.
Expresiones filofascistas son aquellas imágenes que muestran hombres y muchachos enarbolando garrotes y armas arrojadizas para defenderse de las turbas vandálicas. A lo menos protofascista es el siguiente titular de un diario de circulación nacional: “Militares de toman las calles en Concepción: Se Acabó el Webeo, Siñures”, de intencionada connotación pinochetista; y derechamente fascista, es el afiebrado argumento de un columnista de la misma cadena periodística, para quién el origen del problema está en la “hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos” y en el hecho de que “por veinte años la Concertación no hizo sino debilitar el concepto mismo de "orden público".
Para decirlo en breve, el terremoto no fue sino un fogonazo de advertencia, a la luz del cual podemos observar el modo cómo treinta años de modelo económico excluyente y desigual han colocado a este país al borde del abismo.
No es fatal que caigamos en él. No es cierto que el hombre es el lobo del hombre, como muestra la correlación entre la llegada de la ayuda y el cese de los “zaqueoz”, para decirlo en palabras de un majadero reportero de televisión. No es cierto que la “cuestión social” se soluciona con mano dura y represión. A lo más posterga el problema al precio de profundizarlo en su base. No hay mejor garantía para la seguridad pública, e incluso para el derecho a la propiedad, que la justicia distributiva y un contrato social equitativo para todos los contratantes. Ergo, la única solución es el esfuerzo incesante, incansable, insobornable, de los sectores más lúcidos de la sociedad, orientado a generar las correlaciones que permitan avanzar en la construcción de sociedades más justas e igualitarias, en el ambiente más democrático que sea posible.
El problema consiste en que al menos por los próximos cuatro años, esa tarea se hará mucho más cuesta arriba.
http://www.elsiglo.cl/
Cualquier análisis que pretenda rigor y seriedad debe partir del reconocimiento de la intensidad y la extensión geográfica del terremoto seguido de tsunamis en numerosas localidades costeras de tres regiones, la madrugada del 27 de febrero, inscrito ya entre las peores de las muchas tragedias que ha sufrido este país a lo largo y ancho de su historia.
Pero eso no alcanza para justificar la pasmosa ineficacia, la descoordinación, la tardanza en la respuesta e incluso la crisis de diagnóstico que mostraron por igual las instancias de gobierno central, regional, local y municipal; la institucionalidad dispuesta para la emergencia; las fuerzas policiales, las fuerzas armadas y los servicios de salud; los servicios básicos como electricidad, agua potable, telefonía y telecomunicaciones, e incluso los medios de comunicación; lo cual no obstó para que en el nivel del discurso todo estuviera, en todo momento, “bajo control”.
Dos imágenes bastan para demostrar ese juicio, en general compartido por la ciudadanía.
Tal vez la más emblemática haya sido la descoordinación entre la Armada y la Oficina Nacional de Emergencia acerca de la existencia o no de riesgo de tsunami, transmitida profusamente por el sistema mediático, cuando éste ya había borrado de la faz de la tierra a poblados costeros completos y sembrado destrucción en ciudades más importantes, como Constitución y Talcahuano, donde barrió con una base naval, sin que hasta el momento haya una evaluación medianamente aproximada del número de desaparecidos.
Incluso el alcalde de Tomé, Eduardo Aguilera, denunció esta confusión como causa de la muerte de pobladores que desde los cerros regresaron a sus viviendas confiando en la información difundida por los medios.
La segunda no es menos elocuente. La primera ayuda que recibieron alrededor del mediodía del martes 2 los primeros habitantes de la traumatizada población de Concepción, consistente en víveres de la más elemental necesidad, tardó más de 72 horas después de producida la tragedia. Se trata de la segunda ciudad del país, y no de poblados remotos de los que no se tuviera noticia.
Y hay una tercera, que encierra ominosas interrogantes sobre el país que hemos construido, relativa al hecho de que en el primer plano de las preocupaciones de la autoridad, los políticos, la prensa e incluso de la población de las regiones afectadas haya estado la seguridad pública y por tanto la exigencia del despliegue de las Fuerzas Armadas; en lugar de la solidaridad de un ayer no tan lejano, el reconocerse como pueblo en la tragedia y el inicio de las tareas de la reconstrucción.
En suma, las dolorosas consecuencias de una catástrofe natural a las que este país está habitualmente expuesto, dejaron al descubierto no sólo la pedante insustancialidad del discurso de la modernidad, la eficiencia y el desarrollo, sino también las profundas fracturas de nuestra estratificada sociedad.
Carácter de clase de la tragedia
Por de pronto, y como siempre ocurre en estos desastres, el mayor castigo se abatió sobre los sectores más modestos y vulnerables de la población; sea por el material ligero de sus viviendas; por la ubicación de las mismas, en zonas periféricas, mayormente expuestas a las calamidades naturales, o por carencia de recursos para soportarlas una vez que se presentan. Más aún en este caso, cuando la tragedia llegó a fin de mes, con los hogares precariamente abastecidos y sin haber recibido ingresos salariales.
Una imagen proyectada por los medios de comunicación ilustra el carácter de clase que rápidamente asumen eventos como un sismo de estas proporciones. Casi sin excepción, los periodistas que relataban las impresionantes secuencias de los primeros saqueos de supermercados en Concepción colocaban el énfasis en el derecho de propiedad de los dueños de las cadenas, en lugar del hambre y la necesidad de la gente, en circunstancias de que ya habían pasado más de 36 horas desde el sismo, sin que hubiese llegado no ya ayuda, sino tan siquiera una orientación a esa martirizada población. Tanto es así, que el propio Horst Paulmann, todopoderoso dueño de la cadena Cencosud, llamó al orden a los periodistas a la salida de La Moneda, y les rogó encarecidamente omitir la palabra “saqueo”, por sus potenciales efectos de demostración y contagio.
Lo dijo después de haberse reunido por más de una hora con las autoridades de mayor rango del país en la propia sede del Gobierno, posibilidad que por cierto no tenían las masas desesperadas, lanzadas a la acción directa. Aunque de manera ambigua, quedó flotando la versión de que el Gobierno se haría cargo del costo de la mercadería saqueada. Por tanto cabe la pregunta ¿qué hubiera pasado si los dueños de las grandes cadenas de supermercados toman tempranamente la decisión de olvidarse por un momento de sus ganancias y distribuir la mercadería en la población? Tal vez se hubieran conjurado muchas de las impresionantes escenas que se pudieron observar en directo, o hubiesen descendido los niveles de tensión social, pero a esta altura eso queda en el terreno de la especulación.
En el mismo lodo todos revolcados
Otra cosa muy distinta son los saqueos perpetrados por bandas de lumpen organizado y armado, no sólo a grandes tiendas y pequeños establecimientos, sino también a atemorizados vecinos que intentaban defender sus pertenencias, tema que se verá más adelante, en otro contexto.
Pero ¿es saqueo o libre mercado la conducta de aquellos comerciantes que, aprovechando el contexto de la tragedia, elevaron productos como el pan hasta diez veces su valor? ¿es aceptable que personas de condición acomodada acapararan productos básicos que necesitaban los afectados, mientras otros, en regiones no castigadas por el sismo continuaban su vida como si nada? ¿qué pasa con la condena social a esas conductas igualmente deleznables?
Y una pregunta ineludible: ¿quién le responde a la gente por el enorme sufrimiento social derivado de tan manifiesta inoperancia en el manejo de la crisis?
Pavorosa ineficacia
Quizá convenga aclarar que no se trata de una crítica a conductas individuales. Nadie podría desconocer la oportuna reacción de la Presidenta de la República, que se puso personalmente a la cabeza del dispositivo de emergencia, o a la Directora de la ONEMI, que pasó a lo menos 48 horas ininterrumpidas sin dormir. Distinto es el caso de la alcaldesa de Concepción, que para disimular su propia ineptitud, incapacidad y falta de conducción, le endosó la responsabilidad al gobierno central, con argumentos de tan dudoso gusto como sugerir que éste había sido más expedito en enviar tropas a Haití que a las zonas afectadas por el cataclismo de la madrugada del 27 de febrero.
El problema es que el dispositivo no funcionó, o más bien lo hizo sólo en un sentido mediático, virtual, que en no pocas ocasiones causó más descoordinación y desconcierto, que sensación de orientación y liderazgo, sin perjuicio de la fractura entre la realidad y el discurso.
Y no podía ser de otra forma, porque lo primero que colapsó en este país, supuesto ejemplo de modernidad, fue toda la infraestructura de comunicaciones, incluidas las redes radiales de Carabineros y las Fuerzas Armadas, y las redes inalámbricas de telefonía celular. Con asombro, se pudo comprobar que ni la institucionalidad de la emergencia, ni siquiera las fuerzas policiales o las fuerzas armadas, contaban con una red de respaldo.
Todo bajo control
Sin embargo, a falta de comunicaciones efectivas, emergieron al punto tanto el prurito autoritario heredado de la dictadura, consistente en la obsesión de mantener todo bajo control así el mundo se esté cayendo, como la tendencia posmoderna de hacer pasar la realidad por el tamiz del marketing político, de forma que durante las primeras 24 horas predominó el discurso triunfalista en virtud del cual Chile, debido a su organización e infraestructura, había soportado de una manera más que aceptable un sismo que a otros países hubiera dejado literalmente en el suelo. Fue el día en que se discutió si lo que hubo fue marejada o tsunami, y que, como se encargó de señalar el diario The Washington Post, “la Mandataria sugirió que Chile no necesitaría ayuda internacional”.
Fuego cruzado
El punto de inflexión ocurrió a mediodía del domingo, con la imagen del desvalijamiento de un supermercado Líder en Concepción, ante una fuerza policial largamente sobrepasada, y a partir de ese momento, casi sin pausa, con los informes periodísticos y las imágenes de destrucción, que empezaron a llegar desde las áreas más lejanas, particularmente del borde costero de las regiones del Maule y el Bío-Bío.
La profusión de testimonios unánimes e inapelables de damnificados clamando por ayuda y reclamando por abandono hizo que el sentido del discurso cambiara hasta el extremo opuesto. Se empezó a hablar de una “tragedia sin parangón en nuestra historia”, mientras cada cual intentó salvar sus responsabilidades. Así, el Ministro de Defensa, calificó derechamente de erróneo el comportamiento de la Armada, respecto al aviso de tsunami; “gentileza” devuelta primero por el Comandante en Jefe de la FACh, quién aseguró que la institución tenía listos los aviones dos horas después del siniestro, pero "el problema fue que no nos llegó la orden; son otros los que deben indicar dónde ir y con qué ayuda”, (a lo que ésta replicó que había esperado por cuatro horas un helicóptero la mañana del terremoto) y luego por el Comandante en Jefe de la propia Armada, quién aseguró que se había enviado a la ONEMI un aviso radial por la banda de alta frecuencia alertando sobre la posibilidad de tsunami veinte minutos después del terremoto, reiterado doce minutos después por fax, tal como establecen los protocolos, sin perjuicio de lo cual reconoció que no se le informó con claridad a la Presidenta cuando ésta llamó por teléfono, a las 05:15 de la madrugada. El detalle es crítico, pues los reportes de las distintas localidades afectadas indican que el primero de los tsunami ocurrió a las O4:20 h. en Iloca, y el último a las 06:30 h. en Constitución.
Estado de excepción
La derecha, como de costumbre, a través de personajes como la alcaldesa de Concepción, Jacqueline van Rysselberghe, los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados Jovino Novoa y Rodrigo Alvarez, y el propio Presidente electo Sebastián Piñera, redujeron el problema a “pillaje y vandalismo”, y por tanto dedicaron el resto del domingo a exigir despliegue de las Fuerzas Armadas en las calles, lo cual hizo la Presidenta al día siguiente. Decretó Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe en las dos regiones más afectadas, por un período de 30 días, y designó como responsable de garantizar el orden público en la región del Bío Bío, al jefe del Comando de Operaciones Terrestres del Ejército, General Guillermo Ramírez Chovar, y al General de Brigada Bosco Pesce Quappe, en la del Maule.
A partir de ese momento, el tema de la seguridad pública empezó a predominar sin contrapeso en el discurso oficial: “van a recibir todo el rigor que la ley contempla”, advirtió la mandataria; “las Fuerzas Armadas no se van a inhibir en el cumplimiento de su deber, usando las armas si fuese necesario”, tronó el Ministro de Hacienda. El día martes ya había doce mil efectivos militares en la zona del desastre.
Pérdida de musculatura
En el nivel del discurso, la cadena de desaciertos, descoordinaciones y declaraciones contradictorias se intentó conjurar, de una parte, con la apelación al colapso de los sistemas de comunicaciones, tesis enarbolada por la Ministra Armanet, y de otra, mediante la invocación de que este “no es el momento del análisis, sino el momento de la acción”, tesis de la Presidenta Bachelet, ni el momento de buscar responsabilidades, tesis del Ministro Pérez Yoma.
Sin embargo, es del todo evidente que la gravedad de la emergencia exige un análisis minucioso. Y en un primer nivel no puede resultar tan sorprendente la crisis en el manejo de la emergencia, si se consideran las tres décadas de impugnación a conceptos como planificación o proceso de toma de decisiones a nivel centralizado, así como las diatribas y descalificaciones contra el Estado, perpetradas en nombre de la eficiencia de un mercado tanto más eficiente cuanto mayormente desregulado. De esa manera cuando el aparato del Estado fue interpelado a fondo por una catástrofe de semejantes proporciones, quedó en evidencia que no sólo había perdido entrenamiento, sino también musculatura. En consecuencia, el resultado no podía ser muy distinto.
Lucro y rentabilidad
Enseguida, no se puede eludir las responsabilidades en el colapso de las redes de comunicación, de energía eléctrica, de agua potable y de infraestructura vial, así como en la caída o daño estructural irreparable en numerosos edificios de reciente construcción, incluso en el centro de uno de los símbolos de la arrogancia neoliberal, como la ciudad empresarial; más aún cuando desde hace tres décadas se viene machacando sobre la eficiencia de la empresa privada.
Seriamente no se puede especular acerca de qué hubiese pasado si esos servicios básicos e indispensables estuviesen en poder del Estado o bajo algún régimen de administración pública. Pero el hecho es que estaban en poder de conglomerados privados, cuya primera prioridad, si es que no única finalidad, es la ganancia, y la segunda, la rentabilidad de su inversión. Y el hecho es que 72 horas después de ocurrido el sismo, las zonas más afectadas por el desastre seguían sin energía eléctrica ni agua potable, lo cual generaba numerosos efectos en cascada, incluyendo, naturalmente, la violencia social.
Ciertamente, la debilidad del sistema de energía eléctrica, que ya se ha manifestado en múltiples ocasiones, es el problema principal, pues fue el detonante de la falla de los otros sistemas, como las redes de comunicaciones, las redes de agua potable, las redes de abastecimiento de combustible y las cadenas de supermercados. Es evidente que esa debilidad obedece, al menos en parte, a la huelga de inversiones que sostuvieron los consorcios transnacionales entre 2002 y 2007, mientras no lograron que el gobierno les asegurara la rentabilidad de las mismas, por la vía del incremento de las tarifas.
Las empresas sanitarias aducen que sin energía eléctrica no pueden hacer funcionar las redes de agua potable. Pero ¿qué otra cosa aparte de la ausencia de rentabilidad, les impidió distribuir agua potable mediante camiones cisterna? Claro, podrían argumentar la falta de combustible, y los distribuidores de combustibles alegarán la falta de energía eléctrica, tal como el gobierno imputó su impotencia a la caída del sistema de comunicaciones, y así recursivamente.
En este orgulloso Chile de la modernidad, nadie quiere aceptar sus responsabilidades.
No es accesorio reiterar la interrogante ¿qué hubiese pasado si el gremio de cadenas de supermercados decide el día sábado repartir mercadería en los sectores más azotados por la catástrofe? Con su nivel de interlocución con el Gobierno, igual hubieran logrado el pago de la cuenta, y así y todo, habría sido socialmente más barato para todos. Pero, como en un inmenso tablero de teoría de los juegos, cada cual eligió apostar por su interés individual.
Detrás del derrumbe
El mismo juicio merece el colapso de modernas autopistas concesionadas y la implosión o daños estructurales irremediables en centenares de elevados edificios recién entregados o incluso aún en construcción.
El obispo de Rancagua, Alejandro Goic, fue tajante: “ El hombre usa mal su libertad y por ganar unos pesos más llegamos a esta triste tragedia”, dijo en referencia a los innumerables casos de fallas estructurales en carreteras y edificios. Es evidente que esa fue una de las causas. Pero también están en las normas y protocolos de construcción, y en la supervisión de las mismas. Los ingentes recursos que orbitan en torno al negocio de la construcción parecen haber relajado el cumplimiento de la normativa por parte de ciertas empresas y la fiscalización de ciertos funcionarios de la institucionalidad supervisora.
Como fuere, los resultados están a la vista y nadie los puede desmentir.
Resulta irónico observar que los desvíos de la emblemática ruta sur concesionada pasan por antiguas rutas hoy relegadas a la condición de caleteras, construidas cuando la finalidad de las carreteras era la conectividad vial y no el pretexto para el lucro de grandes consorcios transnacionales, las que resistieron incólumes el terremoto.
En el caso de las autopistas hay por contrato seguros comprometidos. Pero en el caso de los edificios, ¿quién responderá a los propietarios de los departamentos?
El segundo terremoto
Queda para el final el análisis del problema más delicado, aquél que el Obispo de Concepción, Ricardo Ezzati denominó “un segundo terremoto” y que los más lúcidos reporteros de televisión describieron como un “terremoto social” de consecuencias casi más devastadoras que el de condición natural, y que obliga a interrogarnos acerca del tipo de sociedad hemos construido.
José Luis Ugarte, profesor de Derecho Laboral de la Universidad Diego Portales, formuló acertadamente la interrogante de la siguiente manera:
“¿Por qué en Chile apenas el orden se retira –cuando el brazo armado de la ley deja de atemorizar- los sectores más pobres se sienten con el legitimo derecho de saquear y tomar aquello que de otro modo –los legales- no alcanzan?”. Y la respondió también de manera atinada: “la sensación de injusticia y de exclusión altamente extendida entre los pobres –que tantas veces se ha diagnosticado como “escandalosa desigualdad”- hace que nuestra sociedad esté pegada con el mismo pegamento que esos edificios nuevos que hoy se derrumban”. E incluso da un paso más allá: “el terremoto –quién lo iba a decir- ha desnudado al capitalismo chileno mostrando vergonzosamente sus pies de barro. Ni nuestra mejor propaganda ni la de los organismos financieros puede esconder que a la hora de repartir entre todos nuestros beneficios, nos parecemos más a los países africanos que a los del primer mundo con los que nos gustaría compararnos”.
En ese cuadro, no sorprende que la derecha reduzca la complejidad del problema a “pillaje y vandalismo”, lo cual, consecuentemente, puede ser resuelto con mano dura y represión, porque eso está en su naturaleza genética.
Incluso tampoco es sorprendente que sectores de modesta condición, la clase más golpeada por la represión dictatorial, haya clamado por la presencia militar en las calles, puesto que la sensación de peligro, inseguridad y desamparo ante la eclosión social, fue una experiencia dramáticamente real.
También es cierto que el análisis fino debe distinguir entre el robo por necesidad y el saqueo del lumpen organizado, sin omitir que el Jefe de la Plaza de Concepción, general Ramírez, declaró que más del 60% de los llamados a las patrullas militares correspondían a psicosis colectiva.
Anomia social
En términos sociológicos, en las regiones asoladas por el terremoto se verificó de manera amplificada lo que Durkheim y Merton caracterizaron como anomia social, referida a la desviación o ruptura de las normas sociales, en concepto del primero, o a la disociación entre los objetivos culturales y el acceso de ciertos sectores a los medios necesarios, por lo que la relación entre los medios y los fines se debilita, en opinión del segundo. O en palabras de Ugarte, una falta de lealtad con la sociedad.
Pero ¿qué lealtad con la sociedad pueden sentir sectores triplemente marginados; marginados del reparto de los recursos; marginados de las oportunidades y marginados de la participación política y social? ¿Y quién puede lanzar la primera piedra en cuanto al respeto a las normas o exigir lealtad social después de tres décadas de prédica de individualismo, de loas al consumismo desenfrenado, de disolvente práctica del sálvese quién pueda y de descarada impunidad de los delincuentes de cuello y corbata?
Una vez más es útil la reflexión del profesor Ugarte: “es que pedir a tanto chileno que recibe el sueldo mínimo, que no tiene mayores derechos laborales ni quienes lo representen -en Chile los sindicatos no existen-; que no tienen ni salud ni educación pública de calidad, que de súbito muestre lealtad y compromiso -y no sólo miedo a la cárcel- con un modelo que los excluye, respetando el sagrado derecho de propiedad, es simplemente una ingenuidad que el terremoto ha hecho caer como la cúpula de la Divina Providencia”. A la inversa, agrega, “no es difícil entender por qué los ganadores en nuestro modelo –unos pocos- exhiben y exigen alta lealtad a las reglas, incluidas las que protegen de mejor manera sus triunfos, como es la propiedad. Lo difícil es pretender que los perdedores de siempre –nuestros eternos pobres- tengan lealtad hacia reglas que no sólo no han diseñado sino que mirada nuestra historia, han estado marcadas desde siempre a favor de los mismos”.
En suma, en primer y último término el problema es político y se inscribe en el proyecto de sociedad que han impuesto las elites en los últimos 35 años.
En sociedades desarrolladas, como Suecia u Holanda, o igualitarias, como Cuba, que han hecho ingentes esfuerzos por incluir y distribuir el producto entre todos, y donde existe alto grado de lealtad y cohesión social, son inimaginables escenas que dieron la vuelta al mundo como la convulsión social que sucedió a la convulsión telúrica, en este país ejemplo de modernidad.
Fascismo agazapado
A la inversa, en sociedades altamente desiguales, la cohesión y la lealtad social son sustituidas por la fuerza, la represión y el temor, que como se sabe, constituyen el caldo de cultivo para el desarrollo del fascismo, el cual, aunque en ciernes, no ha estado ausente en estos días de tragedia.
Expresiones filofascistas son aquellas imágenes que muestran hombres y muchachos enarbolando garrotes y armas arrojadizas para defenderse de las turbas vandálicas. A lo menos protofascista es el siguiente titular de un diario de circulación nacional: “Militares de toman las calles en Concepción: Se Acabó el Webeo, Siñures”, de intencionada connotación pinochetista; y derechamente fascista, es el afiebrado argumento de un columnista de la misma cadena periodística, para quién el origen del problema está en la “hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos” y en el hecho de que “por veinte años la Concertación no hizo sino debilitar el concepto mismo de "orden público".
Para decirlo en breve, el terremoto no fue sino un fogonazo de advertencia, a la luz del cual podemos observar el modo cómo treinta años de modelo económico excluyente y desigual han colocado a este país al borde del abismo.
No es fatal que caigamos en él. No es cierto que el hombre es el lobo del hombre, como muestra la correlación entre la llegada de la ayuda y el cese de los “zaqueoz”, para decirlo en palabras de un majadero reportero de televisión. No es cierto que la “cuestión social” se soluciona con mano dura y represión. A lo más posterga el problema al precio de profundizarlo en su base. No hay mejor garantía para la seguridad pública, e incluso para el derecho a la propiedad, que la justicia distributiva y un contrato social equitativo para todos los contratantes. Ergo, la única solución es el esfuerzo incesante, incansable, insobornable, de los sectores más lúcidos de la sociedad, orientado a generar las correlaciones que permitan avanzar en la construcción de sociedades más justas e igualitarias, en el ambiente más democrático que sea posible.
El problema consiste en que al menos por los próximos cuatro años, esa tarea se hará mucho más cuesta arriba.
http://www.elsiglo.cl/
domingo, 28 de febrero de 2010
ee.uu. y rusia ponen a punto sus estrategias
Alberto Píris*
Mientras en numerosas ciudades de todo el mundo los pueblos se preparaban con alborozo para celebrar unos carnavales que les permitieran olvidar por unos días las variadas tribulaciones que aquejan a la humanidad, en Washington y en Moscú se hicieron públicos sendos documentos que nos recuerdan que para los instrumentos de guerra no hay pausa ni jolgorio relajante.
En la capital de EEUU, el Secretario de Defensa, Robert Gates, presentó la denominada "revisión cuatrienal de la defensa", a la que, sin andarse con miramientos, calificó como "de tiempo de guerra". Es el documento oficial que pone al día el pensamiento estratégico por el que ha de regirse la actividad militar del país.
Casi por las mismas fechas, se difundió en Moscú la nueva versión de la doctrina militar rusa que Medvedev ratificó con su firma. La coincidencia en el tiempo de ambos documentos es una casualidad, pero no lo es el hecho de que, concluida y debidamente enterrada la Guerra Fría, los residuos de la hostilidad y la desconfianza que crearon tantos años de enfrentamiento afloran periódicamente y siguen envenenando las relaciones entre Rusia y EEUU. Lo que también tiene serias repercusiones para la Unión Europea que, en muchos aspectos (económico, militar, político, social, etc.), sigue ocupando una difícil posición de puente -además, bastante endeble- entre ambas superpotencias, con las que no puede ignorar la existencia de vínculos insoslayables y de muy complicada compatibilidad entre sí.
El Pentágono ha decidido aprender las lecciones de Iraq y de Afganistán. No más armas visionarias frente a inexistentes amenazas espaciales o de otro tipo, como ocurrió en la era Bush. Sus ejércitos serán dotados de "armas utilizables, a nuestro alcance y que sean verdaderamente necesarias"; léase aeronaves no tripuladas de observación y ataque, helicópteros, vehículos acorazados especializados, etc. Aumentará también el contingente de las fuerzas dedicadas a operaciones especiales, listas "para abordar una gran variedad de misiones preventivas y disuasorias".
El presupuesto militar que propone el flamante Nobel de la Paz alcanza cifras récord y roza los 900.000 millones de dólares, aunque parte de él se invertirá en compensaciones por los programas de rearme ahora cancelados. Aquí se le presentará a Obama un hueso duro de roer: la segura y tenaz oposición de amplios sectores del Congreso, impulsada por los poderosos consorcios de fabricantes de armas, que temen ver esfumarse los provechosos contratos de desarrollo de armas futuristas, que tantos beneficios les han reportado siempre.
La nueva estrategia suprime la anterior exigencia de que las Fuerzas Armadas de EEUU debían estar preparadas para afrontar y ganar dos guerras simultáneas. Ahora se tendrán más en cuenta los conflictos bélicos de menor escala (como los de Iraq y Afganistán), incluyendo acciones preventivas contra el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva, sin olvidar el peligro que supone Al Qaeda y la necesidad de preservar la hegemonía en el ciberespacio.
Por su parte, la nueva estrategia rusa es predecible y apenas aporta novedades. La existencia de la OTAN es, para los planificadores rusos, la garantía de un perpetuo desequilibrio en la seguridad de los Estados en todo el mundo y, en especial, en Europa. Cualquier conocedor de la historia rusa está familiarizado con la intensa percepción de amenaza procedente del Oeste. La continuada expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas solo ha venido a reforzar ese inveterado recelo. La necesidad de un espacio de seguridad que sirva de aislamiento ha sido obsesiva para los gobernantes rusos desde hace siglos. Esto apenas se entiende en Washington, a pesar de que toda la historia moderna de EEUU -nación que nunca ha compartido frontera con ningún país enemigo- ha venido configurada por sus frecuentes intervenciones militares en lo que allí se considera su "patio trasero": Centroamérica y el Caribe. Desde Moscú esto es visto como una prueba más de la doble vara de medir que aplica Occidente a las cuestiones rusas.
El rechazo occidental a las renovadoras propuestas de Medvedev sobre una nueva "arquitectura" de seguridad para toda Europa, que haría inútil a la OTAN, viene a confirmar todo lo anterior. Y aunque los misiles Patriot que EEUU prevé desplegar en Rumanía, Bulgaria y Polonia son esencialmente defensivos, todo ello contribuye todavía más a incrementar la desconfianza rusa, porque, según el documento citado, es un serio peligro "la tendencia a aproximar la infraestructura militar de la OTAN a las fronteras de la Federación Rusa".
Empujado Obama por las tensiones contradictorias de la política interior estadounidense, que le fuerzan a abandonar los aspectos más idealistas de su programa electoral y a regresar a la realpolitik (con la que nunca hubiera ganado la presidencia), y forzados los gobernantes de Moscú a no dejarse avasallar por una OTAN que no ceja en sus esfuerzos por extender sus fronteras, muchos son los ciudadanos que en todo el mundo miran con consternación el renacer de algo que, sin ser propiamente una nueva guerra fría, sí anuncia nuevos tiempos de zozobra y pesimismo. Parece como si a quienes dirigen los destinos de la humanidad les costara mucho aprender de los errores del pasado.
* http://www.ceipaz.org/
Mientras en numerosas ciudades de todo el mundo los pueblos se preparaban con alborozo para celebrar unos carnavales que les permitieran olvidar por unos días las variadas tribulaciones que aquejan a la humanidad, en Washington y en Moscú se hicieron públicos sendos documentos que nos recuerdan que para los instrumentos de guerra no hay pausa ni jolgorio relajante.
En la capital de EEUU, el Secretario de Defensa, Robert Gates, presentó la denominada "revisión cuatrienal de la defensa", a la que, sin andarse con miramientos, calificó como "de tiempo de guerra". Es el documento oficial que pone al día el pensamiento estratégico por el que ha de regirse la actividad militar del país.
Casi por las mismas fechas, se difundió en Moscú la nueva versión de la doctrina militar rusa que Medvedev ratificó con su firma. La coincidencia en el tiempo de ambos documentos es una casualidad, pero no lo es el hecho de que, concluida y debidamente enterrada la Guerra Fría, los residuos de la hostilidad y la desconfianza que crearon tantos años de enfrentamiento afloran periódicamente y siguen envenenando las relaciones entre Rusia y EEUU. Lo que también tiene serias repercusiones para la Unión Europea que, en muchos aspectos (económico, militar, político, social, etc.), sigue ocupando una difícil posición de puente -además, bastante endeble- entre ambas superpotencias, con las que no puede ignorar la existencia de vínculos insoslayables y de muy complicada compatibilidad entre sí.
El Pentágono ha decidido aprender las lecciones de Iraq y de Afganistán. No más armas visionarias frente a inexistentes amenazas espaciales o de otro tipo, como ocurrió en la era Bush. Sus ejércitos serán dotados de "armas utilizables, a nuestro alcance y que sean verdaderamente necesarias"; léase aeronaves no tripuladas de observación y ataque, helicópteros, vehículos acorazados especializados, etc. Aumentará también el contingente de las fuerzas dedicadas a operaciones especiales, listas "para abordar una gran variedad de misiones preventivas y disuasorias".
El presupuesto militar que propone el flamante Nobel de la Paz alcanza cifras récord y roza los 900.000 millones de dólares, aunque parte de él se invertirá en compensaciones por los programas de rearme ahora cancelados. Aquí se le presentará a Obama un hueso duro de roer: la segura y tenaz oposición de amplios sectores del Congreso, impulsada por los poderosos consorcios de fabricantes de armas, que temen ver esfumarse los provechosos contratos de desarrollo de armas futuristas, que tantos beneficios les han reportado siempre.
La nueva estrategia suprime la anterior exigencia de que las Fuerzas Armadas de EEUU debían estar preparadas para afrontar y ganar dos guerras simultáneas. Ahora se tendrán más en cuenta los conflictos bélicos de menor escala (como los de Iraq y Afganistán), incluyendo acciones preventivas contra el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva, sin olvidar el peligro que supone Al Qaeda y la necesidad de preservar la hegemonía en el ciberespacio.
Por su parte, la nueva estrategia rusa es predecible y apenas aporta novedades. La existencia de la OTAN es, para los planificadores rusos, la garantía de un perpetuo desequilibrio en la seguridad de los Estados en todo el mundo y, en especial, en Europa. Cualquier conocedor de la historia rusa está familiarizado con la intensa percepción de amenaza procedente del Oeste. La continuada expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas solo ha venido a reforzar ese inveterado recelo. La necesidad de un espacio de seguridad que sirva de aislamiento ha sido obsesiva para los gobernantes rusos desde hace siglos. Esto apenas se entiende en Washington, a pesar de que toda la historia moderna de EEUU -nación que nunca ha compartido frontera con ningún país enemigo- ha venido configurada por sus frecuentes intervenciones militares en lo que allí se considera su "patio trasero": Centroamérica y el Caribe. Desde Moscú esto es visto como una prueba más de la doble vara de medir que aplica Occidente a las cuestiones rusas.
El rechazo occidental a las renovadoras propuestas de Medvedev sobre una nueva "arquitectura" de seguridad para toda Europa, que haría inútil a la OTAN, viene a confirmar todo lo anterior. Y aunque los misiles Patriot que EEUU prevé desplegar en Rumanía, Bulgaria y Polonia son esencialmente defensivos, todo ello contribuye todavía más a incrementar la desconfianza rusa, porque, según el documento citado, es un serio peligro "la tendencia a aproximar la infraestructura militar de la OTAN a las fronteras de la Federación Rusa".
Empujado Obama por las tensiones contradictorias de la política interior estadounidense, que le fuerzan a abandonar los aspectos más idealistas de su programa electoral y a regresar a la realpolitik (con la que nunca hubiera ganado la presidencia), y forzados los gobernantes de Moscú a no dejarse avasallar por una OTAN que no ceja en sus esfuerzos por extender sus fronteras, muchos son los ciudadanos que en todo el mundo miran con consternación el renacer de algo que, sin ser propiamente una nueva guerra fría, sí anuncia nuevos tiempos de zozobra y pesimismo. Parece como si a quienes dirigen los destinos de la humanidad les costara mucho aprender de los errores del pasado.
* http://www.ceipaz.org/
sábado, 20 de febrero de 2010
¿quién paga los costes del euro?
Vicenç Navarro *
La creación y el establecimiento de la Unión Europea y del euro ha sido un paso positivo en el proceso de construir un mundo multipolar, permitiendo que Europa se convierta en el punto de referencia por su dimensión social. Ahora bien, el establecimiento de la UE y del euro ha originado también unos elevados costes, los cuales han sido absorbidos, en su gran mayoría, por las clases populares, y de los cuales apenas se habla en nuestros medios.
En mis trabajos he mostrado con datos –que nadie ha rebatido- que la manera con la que se consiguió la adhesión de España al euro fue a base de retrasar la corrección del enorme déficit social de España, heredado de cuarenta años de una de las dictaduras más represivas y con menor sensibilidad social que hayan existido en Europa. La reducción del déficit del Estado, exigida para alcanzar la unidad monetaria, se consiguió en España (durante el periodo 1993-2004) a base de reducir el gasto público social por habitante en términos absolutos durante los años 1993-1995, y en términos relativos a partir de 1996. Ello implicó que el déficit de gasto público social por habitante entre España y el promedio de la UE-15 creciese enormemente (un 24%) (ver Navarro, V. (coord.) La Situación Social en España. Volumen III). Puesto que las clases populares son las que se benefician más del gasto público social (sanidad, pensiones, servicios sociales, vivienda, y otras transferencias y servicios públicos), ello supuso que fueran las clases populares las que pagaran los costes de alcanzar las condiciones para conseguir la integración monetaria de España al euro. Hay que aclarar que la reducción del déficit del Estado, exigida según los criterios de Maastricht, podría haberse conseguido mediante el aumento de los impuestos de los grupos más pudientes de la sociedad, lo cual no se hizo. En realidad, durante aquel periodo los impuestos se bajaron a tales sectores de la población, forzando a que la reducción del déficit del Estado se lograra primordialmente a base de reducir el gasto público social.
Estamos ahora en una situación semejante. Una vez más se está intentando reducir el déficit y la deuda del Estado (a fin de salvar el euro) mediante políticas de austeridad de gasto público que afectan primordialmente a las clases populares. De ahí la lógica impopularidad de tales políticas. Pero la situación de España no es la única. Los criterios monetarios y fiscales vigentes en la eurozona y en la UE están provocando un enorme sacrificio para las clases populares de los países del este de Europa (que están tomando las medidas exigidas por la UE para permitir su integración), tales como Letonia, el país que está en peor situación en Europa. Veamos los datos.
LA AUSTERIDAD FISCAL: CONDICIÓN DE LA UNIDAD MONETARIA: EL CASO DE LETONIA
Letonia está sufriendo una enorme depresión económica. En los dos últimos años su PIB ha descendido un 25%, y se preve perder otros 4 puntos más este año. Su desempleo es más del 22% y continúa subiendo. Sólo EEUU, en la época 1929-1933, sufrió una depresión semejante. Y la razón de que ello ocurra es que el gobierno está llevando a cabo las políticas liberales necesarias para la integración en la Unión Europea, políticas supervisadas por el Fondo Monetario Internacional.
Estas políticas son las políticas estándar que los países tienen que seguir para integrarse a la eurozona. Y que España sufrió en los años noventa y principios del siglo XXI. Incluyen la reducción del déficit del Estado mediante la reducción del gasto público incluyendo el gasto público social. Las medidas de austeridad de tal gasto han incluido, según las páginas económicas del The New York Times (12/2/10), un recorte del 50% de los salarios de los empleados públicos y un 40% de los gastos en los centros hospitalarios del Servicio Nacional de Salud. El problema de tales medidas no es sólo el descenso de la calidad de vida de la ciudadanía, sino la disminución del consumo doméstico, –tal como reconocía The New York Times- creando un problema grave de demanda interna, responsable de la enorme reducción del PIB, un descenso sin precedentes en Europa.
Otro factor que contribuye al descenso de la demanda interna, es la bajada de salarios, también promovida por el FMI (con el apoyo de la UE). En teoría la bajada de los salarios se justifica a fin de que la economía pueda competir mejor y exportar los productos producidos en el país, asumiendo que las exportaciones salvarán al país. Tal argumento se está utilizando también en España. Se subraya que la única manera de salir de esta crisis –dado que no está permitida la devaluación de la moneda, que está fijada al euro –es bajar los salarios, recomendación hecha también para España por Paul Krugman. Como consecuencia de estas políticas, la economía del país está en una situación desesperada. Como era de esperar, el deseo popular de integrarse en el euro se está desvaneciendo muy rápidamente, pues no creían que Europa significara sufrir todo esto. Un hecho semejante está ocurriendo en otros países de la euro zona. El último caso es Francia, donde el rechazo al euro es hoy mayoritario en aquel país. El porcentaje de la población en contra del euro ha pasado de un 39% en 2002 a un 69% este año (Finantial Times, 17.02.10).
OTRO EURO Y OTRA UE ES POSIBLE
Todos estos casos muestran que la manera como ha estado construyéndose la UE está generando grandes sacrificios para las clases populares, sacrificios que podrían haberse evitado, si el euro se hubiera constituido de otra manera, con un cambio muy profundo de las políticas que están rigiendo la construcción de la UE. Estos cambios debieran haber incluido:
1. El desarrollo de una estructura federal europea, auténticamente democrática y participativa, en la que hubiera una instancia de gestión económica y fiscal a nivel europeo. Hoy ni siquiera hay una coordinación de las políticas económicas y fiscales.
2. Un presupuesto europeo que, tal como sugirieron los primeros fundadores de la Comunidad Europea, debiera representar un mínimo de un 7% a un 9% del PIB de tal comunidad.
3. Un Banco Central Europeo dependiente de las autoridades políticas, cuyas políticas monetarias estarían dictadas por el gobierno europeo y aprobadas por el Parlamento.
4. Un Pacto Social a nivel europeo entre el mundo empresarial y el mundo sindical desarrollado dentro de convenios colectivos definidos en un marco legal europeo.
5. Un cambio de los criterios de Maastricht y del Pacto de Estabilidad, el cual debería tomarse en serio el componente de Desarrollo, dándole mayor protagonismo al crecimiento económico y a la creación de empleo.
6. Cambiar el límite autorizado de que el déficit del estado sea menor a un 3% del PIB y la deuda menor a un 60%, permitiendo mayor flexibilidad y facilitando que existiera una diferenciación en el cálculo del déficit del estado entre gasto en inversiones y gastos corrientes.
7. Instruir al Banco Central Europeo que tenga como función el desarrollo de bonos europeos que sirvan para ayudar a los estados a resolver las crisis deficitarias en momentos de recesión.
8. No permitir que un Estado pueda estar en condiciones de no poder pagar su deuda, presentado un frente común que proteja a cualquier país de la UE frente a la especulación de los mercados financieros.
9. Establecer un impuesto europeo que alimentaría un fondo común para gastos de nivelación del consumo, mediante políticas redistributivas dentro de la UE, que estimulen el crecimiento económico, la creación de empleo y la redistribución de los recursos a nivel continental y dentro de cada país.
¿ES ESTO UTÓPICO?
Soy consciente de que estas propuestas pueden percibirse, por amplios sectores, como utópicas e irrealizables. Y en el clima actual, llevan razón. Pero tienen que darse cuenta que estas propuestas se hicieron cuando se planeaba establecer la UE y el euro por fuerzas políticas en la Europa de entonces (dentro y fuera de la socialdemocracia, así como de otros partidos de izquierda), así como sindicatos y movimientos sociales, que fueron ignoradas, escogiéndose en su lugar las políticas liberales que han dañado a las clases populares, que han sido las que han pagado los costes de construir esta UE. Hubo una lucha ideológica y política fuerte en la que unos ganaron (los liberales) y otros perdieron. Los primeros existieron no sólo en los partidos conservadores y liberales, sino también en los equipos económicos y financieros de la socialdemocracia, llegando incluso a ser el pensamiento mayoritario en sus políticas económicas y fiscales. En realidad, la enorme crisis de la socialdemocracia de la Unión Europea se debe precisamente a este dominio liberal de la socialdemocracia. De hecho, la gran mayoría de personas claves en este entramado, desde los Presidentes del Banco Central Europeo, Duisenberg y Trichet, hasta los Comisarios de Economía, Solbes o Almunia, eran todos ellos socialistas (y algunos continúan considerándose como tales) y habían sido y/o continúan siendo miembros activos o simpatizantes de partidos socialistas. El problema fue y es, que el socialismo en la gran mayoría de países aceptó el liberalismo, con las correspondientes consecuencias que estamos viendo ahora.
Pero la situación paradójica es que sin aquellos elementos expuestos en la sección anterior, la unidad monetaria es insostenible. De ahí que la salvación de la UE pasa precisamente por reconducir la UE, en sentido opuesto al que ha estado desarrollando, recogiendo las propuestas entonces abandonadas, a fin de poder construir una Europa, no a las espaldas y en los hombros de las clases populares, sino a su servicio.
* http://www.fundacionsistema.com/News/ItemDetail.aspx?id=2173
La creación y el establecimiento de la Unión Europea y del euro ha sido un paso positivo en el proceso de construir un mundo multipolar, permitiendo que Europa se convierta en el punto de referencia por su dimensión social. Ahora bien, el establecimiento de la UE y del euro ha originado también unos elevados costes, los cuales han sido absorbidos, en su gran mayoría, por las clases populares, y de los cuales apenas se habla en nuestros medios.
En mis trabajos he mostrado con datos –que nadie ha rebatido- que la manera con la que se consiguió la adhesión de España al euro fue a base de retrasar la corrección del enorme déficit social de España, heredado de cuarenta años de una de las dictaduras más represivas y con menor sensibilidad social que hayan existido en Europa. La reducción del déficit del Estado, exigida para alcanzar la unidad monetaria, se consiguió en España (durante el periodo 1993-2004) a base de reducir el gasto público social por habitante en términos absolutos durante los años 1993-1995, y en términos relativos a partir de 1996. Ello implicó que el déficit de gasto público social por habitante entre España y el promedio de la UE-15 creciese enormemente (un 24%) (ver Navarro, V. (coord.) La Situación Social en España. Volumen III). Puesto que las clases populares son las que se benefician más del gasto público social (sanidad, pensiones, servicios sociales, vivienda, y otras transferencias y servicios públicos), ello supuso que fueran las clases populares las que pagaran los costes de alcanzar las condiciones para conseguir la integración monetaria de España al euro. Hay que aclarar que la reducción del déficit del Estado, exigida según los criterios de Maastricht, podría haberse conseguido mediante el aumento de los impuestos de los grupos más pudientes de la sociedad, lo cual no se hizo. En realidad, durante aquel periodo los impuestos se bajaron a tales sectores de la población, forzando a que la reducción del déficit del Estado se lograra primordialmente a base de reducir el gasto público social.
Estamos ahora en una situación semejante. Una vez más se está intentando reducir el déficit y la deuda del Estado (a fin de salvar el euro) mediante políticas de austeridad de gasto público que afectan primordialmente a las clases populares. De ahí la lógica impopularidad de tales políticas. Pero la situación de España no es la única. Los criterios monetarios y fiscales vigentes en la eurozona y en la UE están provocando un enorme sacrificio para las clases populares de los países del este de Europa (que están tomando las medidas exigidas por la UE para permitir su integración), tales como Letonia, el país que está en peor situación en Europa. Veamos los datos.
LA AUSTERIDAD FISCAL: CONDICIÓN DE LA UNIDAD MONETARIA: EL CASO DE LETONIA
Letonia está sufriendo una enorme depresión económica. En los dos últimos años su PIB ha descendido un 25%, y se preve perder otros 4 puntos más este año. Su desempleo es más del 22% y continúa subiendo. Sólo EEUU, en la época 1929-1933, sufrió una depresión semejante. Y la razón de que ello ocurra es que el gobierno está llevando a cabo las políticas liberales necesarias para la integración en la Unión Europea, políticas supervisadas por el Fondo Monetario Internacional.
Estas políticas son las políticas estándar que los países tienen que seguir para integrarse a la eurozona. Y que España sufrió en los años noventa y principios del siglo XXI. Incluyen la reducción del déficit del Estado mediante la reducción del gasto público incluyendo el gasto público social. Las medidas de austeridad de tal gasto han incluido, según las páginas económicas del The New York Times (12/2/10), un recorte del 50% de los salarios de los empleados públicos y un 40% de los gastos en los centros hospitalarios del Servicio Nacional de Salud. El problema de tales medidas no es sólo el descenso de la calidad de vida de la ciudadanía, sino la disminución del consumo doméstico, –tal como reconocía The New York Times- creando un problema grave de demanda interna, responsable de la enorme reducción del PIB, un descenso sin precedentes en Europa.
Otro factor que contribuye al descenso de la demanda interna, es la bajada de salarios, también promovida por el FMI (con el apoyo de la UE). En teoría la bajada de los salarios se justifica a fin de que la economía pueda competir mejor y exportar los productos producidos en el país, asumiendo que las exportaciones salvarán al país. Tal argumento se está utilizando también en España. Se subraya que la única manera de salir de esta crisis –dado que no está permitida la devaluación de la moneda, que está fijada al euro –es bajar los salarios, recomendación hecha también para España por Paul Krugman. Como consecuencia de estas políticas, la economía del país está en una situación desesperada. Como era de esperar, el deseo popular de integrarse en el euro se está desvaneciendo muy rápidamente, pues no creían que Europa significara sufrir todo esto. Un hecho semejante está ocurriendo en otros países de la euro zona. El último caso es Francia, donde el rechazo al euro es hoy mayoritario en aquel país. El porcentaje de la población en contra del euro ha pasado de un 39% en 2002 a un 69% este año (Finantial Times, 17.02.10).
OTRO EURO Y OTRA UE ES POSIBLE
Todos estos casos muestran que la manera como ha estado construyéndose la UE está generando grandes sacrificios para las clases populares, sacrificios que podrían haberse evitado, si el euro se hubiera constituido de otra manera, con un cambio muy profundo de las políticas que están rigiendo la construcción de la UE. Estos cambios debieran haber incluido:
1. El desarrollo de una estructura federal europea, auténticamente democrática y participativa, en la que hubiera una instancia de gestión económica y fiscal a nivel europeo. Hoy ni siquiera hay una coordinación de las políticas económicas y fiscales.
2. Un presupuesto europeo que, tal como sugirieron los primeros fundadores de la Comunidad Europea, debiera representar un mínimo de un 7% a un 9% del PIB de tal comunidad.
3. Un Banco Central Europeo dependiente de las autoridades políticas, cuyas políticas monetarias estarían dictadas por el gobierno europeo y aprobadas por el Parlamento.
4. Un Pacto Social a nivel europeo entre el mundo empresarial y el mundo sindical desarrollado dentro de convenios colectivos definidos en un marco legal europeo.
5. Un cambio de los criterios de Maastricht y del Pacto de Estabilidad, el cual debería tomarse en serio el componente de Desarrollo, dándole mayor protagonismo al crecimiento económico y a la creación de empleo.
6. Cambiar el límite autorizado de que el déficit del estado sea menor a un 3% del PIB y la deuda menor a un 60%, permitiendo mayor flexibilidad y facilitando que existiera una diferenciación en el cálculo del déficit del estado entre gasto en inversiones y gastos corrientes.
7. Instruir al Banco Central Europeo que tenga como función el desarrollo de bonos europeos que sirvan para ayudar a los estados a resolver las crisis deficitarias en momentos de recesión.
8. No permitir que un Estado pueda estar en condiciones de no poder pagar su deuda, presentado un frente común que proteja a cualquier país de la UE frente a la especulación de los mercados financieros.
9. Establecer un impuesto europeo que alimentaría un fondo común para gastos de nivelación del consumo, mediante políticas redistributivas dentro de la UE, que estimulen el crecimiento económico, la creación de empleo y la redistribución de los recursos a nivel continental y dentro de cada país.
¿ES ESTO UTÓPICO?
Soy consciente de que estas propuestas pueden percibirse, por amplios sectores, como utópicas e irrealizables. Y en el clima actual, llevan razón. Pero tienen que darse cuenta que estas propuestas se hicieron cuando se planeaba establecer la UE y el euro por fuerzas políticas en la Europa de entonces (dentro y fuera de la socialdemocracia, así como de otros partidos de izquierda), así como sindicatos y movimientos sociales, que fueron ignoradas, escogiéndose en su lugar las políticas liberales que han dañado a las clases populares, que han sido las que han pagado los costes de construir esta UE. Hubo una lucha ideológica y política fuerte en la que unos ganaron (los liberales) y otros perdieron. Los primeros existieron no sólo en los partidos conservadores y liberales, sino también en los equipos económicos y financieros de la socialdemocracia, llegando incluso a ser el pensamiento mayoritario en sus políticas económicas y fiscales. En realidad, la enorme crisis de la socialdemocracia de la Unión Europea se debe precisamente a este dominio liberal de la socialdemocracia. De hecho, la gran mayoría de personas claves en este entramado, desde los Presidentes del Banco Central Europeo, Duisenberg y Trichet, hasta los Comisarios de Economía, Solbes o Almunia, eran todos ellos socialistas (y algunos continúan considerándose como tales) y habían sido y/o continúan siendo miembros activos o simpatizantes de partidos socialistas. El problema fue y es, que el socialismo en la gran mayoría de países aceptó el liberalismo, con las correspondientes consecuencias que estamos viendo ahora.
Pero la situación paradójica es que sin aquellos elementos expuestos en la sección anterior, la unidad monetaria es insostenible. De ahí que la salvación de la UE pasa precisamente por reconducir la UE, en sentido opuesto al que ha estado desarrollando, recogiendo las propuestas entonces abandonadas, a fin de poder construir una Europa, no a las espaldas y en los hombros de las clases populares, sino a su servicio.
* http://www.fundacionsistema.com/News/ItemDetail.aspx?id=2173
la locura financiera no debe gobernarnos
Jacques Delors y Jacques Santer: ex presidentes de la Comisión Europea. Helmut Schmidt: ex canciller alemán. Máximo d’Alema (Italia), Lionel Jospin (Francia), Pavvo Lipponen (Finlandia), Goran Persson (Suecia), Poul Rasmussen (Dinamarca), Michel Rocard (Francia): ex primeros ministros. Daniel Daianu (Rumania), Hans Eichel (Alemania), Par Nuder (Suecia), Ruairi Quinn (Irlanda), Otto Graf Lambsdorf (Alemania): ex ministros de economía y de finanzas.*
Europa, 22 de mayo de 2008
Esta crisis financiera no es fruto del azar. No era imposible preverla, como pretenden hoy altos responsables del mundo de las finanzas y de la política. La voz de alarma ya se había dado, hace varios años, por personalidades de reconocido prestigio. La crisis supone de facto el fracaso de los mercados poco o mal regulados, y nos muestra una vez más que éstos no son capaces de autorregularse. También nos recuerda que las enormes desigualdades de rentas no dejan de crecer en nuestras sociedades, y genera importantes dudas sobre nuestra capacidad de implicarnos en un diálogo creíble con las naciones en desarrollo, en lo que concierne a los grandes desafíos mundiales.
Los mercados financieros se han vuelto cada vez más opacos y la identificación de quienes soportan y evalúan los riesgos se revela como un desafío titánico. El sector bancario denominado "de la sombra", poco o nada regulado, no ha hecho si no crecer en el curso de los veinte últimos años. Los grandes bancos participaron en un juego de "creación y distribución" de productos financieros extremadamente complejos, y se embarcaron en la venta, bajo un embalaje bastante dudoso, de productos financieros vinculados a préstamos inmobiliarios de alto riesgo. Regímenes de primas inadecuadas, una visión demasiado cortoplacista, y evidentes conflictos de interés fomentaron transacciones especulativas.
Los préstamos hipotecarios de baja calidad, basados en la idea irracional de que los precios de los bienes inmuebles continuarían aumentando sin cesar, permitiendo así rembolsar la deuda contraída, son sólo los síntomas de una crisis más amplia en materia de gobernanza financiera y de prácticas comerciales. Las tres agencias más grandes de valoración de riesgos en el mundo evaluaron que estos productos financieros estaban relativamente exentos de riesgo. Un banco de inversión ganó mil millones de dólares especulando a la baja con las hipotecas subprimes que fueron vendidas a sus clientes ¡Es el resumen más elocuente de la pérdida de toda ética en el mundo de los negocios!
Fuimos avisados
Habíamos sido advertidos de los peligros de esta situación. Alexander Lamfalussy y el Comité de Sabios, en un informe del año 2001 sobre los mercados de los valores europeos, subrayaron la relación entre la eficacia aparente de estos mercados y el precio que hay que pagar en materia de estabilidad financiera. Pablo Volker, hace algunos años, ya había expresado su inquietud. Paul Krugman, hace más o menos una década, también llamó la atención sobre las amenazas generadas por el crecimiento de entidades financieras no reguladas. En 2003, Warren Buffett llamó a los productos financieros derivados como "armas financieras de destrucción masiva".
Un informe del Banco de Inglaterra sobre la estabilidad financiera evidenció el peligroso foso existente entre los acreedores y las consecuencias de sus decisiones. El problema reside en el modelo actual de gobierno económico y de empresa, basado en una débil reglamentación, un control inadecuado y una demasiado escasa oferta de bienes públicos.
La crisis financiera es la clara demostración de que la actividad financiera es incapaz de su autorregulación. Es imperativo mejorar el control y el marco reglamentario de los bancos. También hay que ver de revisar el escenario reglamentario de los diferentes instrumentos de inversión. La utilización de instrumentos financieros (como las CDO, las obligaciones vinculadas a financieros activos diversos) debe ser reglamentada. Todas las instituciones financieras deberían, tomando como ejemplo a los bancos, mantener reservas mínimas, y su ratio de endeudamiento no puede ser ilimitado. En fin, los regímenes de primas deben ser revisados con el objetivo de evitar que se tomen riesgos no considerados sin una cierta prudencia.
Nadie habla claro
En cuanto a las consecuencias de esta crisis sobre la economía real, parece como si los expertos económicos de todo el mundo hubieran sido golpeados por un exceso de timidez. Casi todos los institutos de prospectiva económica revisan a la baja las previsiones de crecimiento de los países desarrollados para 2008 y 2009. Pero nadie se atreve a decir claramente si Europa está amenazada por una recesión económica o no. No obstante, ciertos síntomas no engañan. En el caso de la Unión Europea, una recesión este año, o el próximo, tendría dramáticas consecuencias.
A más desigualdad más negocio
La creciente desigualdad social se ha producido paralelamente a un constante crecimiento del sector financiero. Es verdad que los progresos tecnológicos han contribuido de modo significativo a mayores diferencias salariales, favoreciendo la mano de obra altamente cualificada. No obstante, las políticas mal diseñadas han agravado este problema. Hoy, el capital financiero representa quince veces el Producto Interior Bruto (PIB) de todos los países. La deuda acumulada de las familias, de las empresas financieras y no financieras, y de las administraciones públicas americanas, representa más de tres veces el PIB de los Estados Unidos. El doble de lo que representaba durante el crac de la Bolsa en el año 1929.
El sistema financiero ha acumulado una gigantesca masa de capital ficticio, pero sólo ha mejorado poquísimo las condiciones de vida y la preservación del medio ambiente. Esta crisis financiera ha permitido visualizar mucho mejor las enormes desigualdades sociales, que no han dejado de incrementarse en las últimas décadas. Es una ironía que los salarios y las primas de numerosos directores generales crecieran exponencialmente, mientras que los beneficios de sus empresas se estancaban o descendían. ¡La ética de estos comportamientos es manifiestamente mejorable!
Por un capitalismo decente
La libertad de mercado no puede ser ajena a la moral social. Adam Smith, padre del "dejar hacer" económico, también escribió la Teoría de los sentimientos morales (PUF, 1999) y Max Weber estableció una relación entre los valores morales del trabajo y el avance del capitalismo. Un capitalismo decente (esto es un capitalismo respetuoso de la dignidad humana, según las palabras de Amartya Sen) requiere una intervención pública eficaz. La búsqueda del beneficio constituye la esencia de la economía de mercado. Pero cuando todo está en venta, la cohesión social se pulveriza y el sistema se hunde. La crisis financiera actual reduce la capacidad de Occidente para iniciar un diálogo más constructivo con el resto del mundo sobre los desafíos mundiales, sobre la gestión de los efectos de la globalización y del recalentamiento del planeta, mientras que el extraordinario bum económico de Asia plantea nuevos desafíos sin precedente.
Europa no es tan sólida
Los aumentos espectaculares de los precios de la energía y de los alimentos han agravado los efectos de la crisis financiera y son un mal augurio. Es muy significativo que los fondos especulativos hayan contribuido al alza de los precios de los productos básicos. Los ciudadanos de los países más pobres serán los más perjudicados. Nos arriesgamos a un aumento sin precedentes de la pobreza, a una proliferación de "estados fallidos", a flujos migratorios crecientes y a la aparición de nuevos conflictos armados.
Algunos claman alto y claro que Europa cuenta con "economías sólidas", con un mejor control financiero y una mayor reglamentación que los Estados Unidos. Podríamos decir que es así. Pero no olvidemos los problemas crecientes de los mercados inmobiliarios en el Reino Unido, España e Irlanda, y el desánimo económico que se expande por toda Europa. Al mismo tiempo el nacionalismo económico y el populismo van viento en popa.
Los responsables europeos, tanto a escala de la Unión como a nivel nacional, deben aportar una respuesta firme a la actual crisis financiera. Estamos necesitados de pragmatismo, pero también de una visión amplia y cooperativa en la búsqueda de objetivos comunes.
Un Comité Europeo de Crisis
Europa debe estudiar esta situación e identificar las consecuencias previsibles en el corto y largo plazo, a fin de elaborar propuestas de gobernanza global, que permitan resolver los efectos y las causas profundas de esta crisis.
Ya es hora de crear un Comité Europeo de Crisis que reúna a representantes políticos de alto nivel, a antiguos jefes de Estado y de gobierno, a ministros de economía, así como a economistas de renombre y a expertos financieros de todos los continentes. Las tareas de este comité deben ser:
* Analizar detalladamente la crisis financiera en el amplio contexto detallado anteriormente.
* Identificar y evaluar los riesgos socioeconómicos que comporta la crisis financiera para la economía real, en particular en Europa.
* Proponer una serie de medidas al Consejo de la UE a fin de evitar, o al menos limitar, estos riesgos.
* Presentar al Consejo de Ministros de la UE, a los Estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, al Director General del FMI, y a todas las autoridades e instituciones concernidas una serie de propuestas a fin de limitar los efectos de la crisis, y preparar una Conferencia Económica Mundial con el fin de replantearse las actuales regulaciones del sistema financiero internacional y de la gobernanza económica mundial.
En 2000, nos pusimos de acuerdo para hacer de la Unión Europea la región más competitiva del mundo. Esta ambición la hemos reiterado en 2005. Debemos garantizar que la competitividad de Europa sea sostenida y que no esté amenazada por los mercados financieros. Debemos actuar, sin mayor dilación, por nuestros ciudadanos: para incrementar las inversiones, para impulsar el crecimiento económico, para avanzar en la justicia social, para lograr nuevas oportunidades de empleos; y en definitiva, por un futuro mejor para todos los europeos.
* http://www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=396
Europa, 22 de mayo de 2008
Esta crisis financiera no es fruto del azar. No era imposible preverla, como pretenden hoy altos responsables del mundo de las finanzas y de la política. La voz de alarma ya se había dado, hace varios años, por personalidades de reconocido prestigio. La crisis supone de facto el fracaso de los mercados poco o mal regulados, y nos muestra una vez más que éstos no son capaces de autorregularse. También nos recuerda que las enormes desigualdades de rentas no dejan de crecer en nuestras sociedades, y genera importantes dudas sobre nuestra capacidad de implicarnos en un diálogo creíble con las naciones en desarrollo, en lo que concierne a los grandes desafíos mundiales.
Los mercados financieros se han vuelto cada vez más opacos y la identificación de quienes soportan y evalúan los riesgos se revela como un desafío titánico. El sector bancario denominado "de la sombra", poco o nada regulado, no ha hecho si no crecer en el curso de los veinte últimos años. Los grandes bancos participaron en un juego de "creación y distribución" de productos financieros extremadamente complejos, y se embarcaron en la venta, bajo un embalaje bastante dudoso, de productos financieros vinculados a préstamos inmobiliarios de alto riesgo. Regímenes de primas inadecuadas, una visión demasiado cortoplacista, y evidentes conflictos de interés fomentaron transacciones especulativas.
Los préstamos hipotecarios de baja calidad, basados en la idea irracional de que los precios de los bienes inmuebles continuarían aumentando sin cesar, permitiendo así rembolsar la deuda contraída, son sólo los síntomas de una crisis más amplia en materia de gobernanza financiera y de prácticas comerciales. Las tres agencias más grandes de valoración de riesgos en el mundo evaluaron que estos productos financieros estaban relativamente exentos de riesgo. Un banco de inversión ganó mil millones de dólares especulando a la baja con las hipotecas subprimes que fueron vendidas a sus clientes ¡Es el resumen más elocuente de la pérdida de toda ética en el mundo de los negocios!
Fuimos avisados
Habíamos sido advertidos de los peligros de esta situación. Alexander Lamfalussy y el Comité de Sabios, en un informe del año 2001 sobre los mercados de los valores europeos, subrayaron la relación entre la eficacia aparente de estos mercados y el precio que hay que pagar en materia de estabilidad financiera. Pablo Volker, hace algunos años, ya había expresado su inquietud. Paul Krugman, hace más o menos una década, también llamó la atención sobre las amenazas generadas por el crecimiento de entidades financieras no reguladas. En 2003, Warren Buffett llamó a los productos financieros derivados como "armas financieras de destrucción masiva".
Un informe del Banco de Inglaterra sobre la estabilidad financiera evidenció el peligroso foso existente entre los acreedores y las consecuencias de sus decisiones. El problema reside en el modelo actual de gobierno económico y de empresa, basado en una débil reglamentación, un control inadecuado y una demasiado escasa oferta de bienes públicos.
La crisis financiera es la clara demostración de que la actividad financiera es incapaz de su autorregulación. Es imperativo mejorar el control y el marco reglamentario de los bancos. También hay que ver de revisar el escenario reglamentario de los diferentes instrumentos de inversión. La utilización de instrumentos financieros (como las CDO, las obligaciones vinculadas a financieros activos diversos) debe ser reglamentada. Todas las instituciones financieras deberían, tomando como ejemplo a los bancos, mantener reservas mínimas, y su ratio de endeudamiento no puede ser ilimitado. En fin, los regímenes de primas deben ser revisados con el objetivo de evitar que se tomen riesgos no considerados sin una cierta prudencia.
Nadie habla claro
En cuanto a las consecuencias de esta crisis sobre la economía real, parece como si los expertos económicos de todo el mundo hubieran sido golpeados por un exceso de timidez. Casi todos los institutos de prospectiva económica revisan a la baja las previsiones de crecimiento de los países desarrollados para 2008 y 2009. Pero nadie se atreve a decir claramente si Europa está amenazada por una recesión económica o no. No obstante, ciertos síntomas no engañan. En el caso de la Unión Europea, una recesión este año, o el próximo, tendría dramáticas consecuencias.
A más desigualdad más negocio
La creciente desigualdad social se ha producido paralelamente a un constante crecimiento del sector financiero. Es verdad que los progresos tecnológicos han contribuido de modo significativo a mayores diferencias salariales, favoreciendo la mano de obra altamente cualificada. No obstante, las políticas mal diseñadas han agravado este problema. Hoy, el capital financiero representa quince veces el Producto Interior Bruto (PIB) de todos los países. La deuda acumulada de las familias, de las empresas financieras y no financieras, y de las administraciones públicas americanas, representa más de tres veces el PIB de los Estados Unidos. El doble de lo que representaba durante el crac de la Bolsa en el año 1929.
El sistema financiero ha acumulado una gigantesca masa de capital ficticio, pero sólo ha mejorado poquísimo las condiciones de vida y la preservación del medio ambiente. Esta crisis financiera ha permitido visualizar mucho mejor las enormes desigualdades sociales, que no han dejado de incrementarse en las últimas décadas. Es una ironía que los salarios y las primas de numerosos directores generales crecieran exponencialmente, mientras que los beneficios de sus empresas se estancaban o descendían. ¡La ética de estos comportamientos es manifiestamente mejorable!
Por un capitalismo decente
La libertad de mercado no puede ser ajena a la moral social. Adam Smith, padre del "dejar hacer" económico, también escribió la Teoría de los sentimientos morales (PUF, 1999) y Max Weber estableció una relación entre los valores morales del trabajo y el avance del capitalismo. Un capitalismo decente (esto es un capitalismo respetuoso de la dignidad humana, según las palabras de Amartya Sen) requiere una intervención pública eficaz. La búsqueda del beneficio constituye la esencia de la economía de mercado. Pero cuando todo está en venta, la cohesión social se pulveriza y el sistema se hunde. La crisis financiera actual reduce la capacidad de Occidente para iniciar un diálogo más constructivo con el resto del mundo sobre los desafíos mundiales, sobre la gestión de los efectos de la globalización y del recalentamiento del planeta, mientras que el extraordinario bum económico de Asia plantea nuevos desafíos sin precedente.
Europa no es tan sólida
Los aumentos espectaculares de los precios de la energía y de los alimentos han agravado los efectos de la crisis financiera y son un mal augurio. Es muy significativo que los fondos especulativos hayan contribuido al alza de los precios de los productos básicos. Los ciudadanos de los países más pobres serán los más perjudicados. Nos arriesgamos a un aumento sin precedentes de la pobreza, a una proliferación de "estados fallidos", a flujos migratorios crecientes y a la aparición de nuevos conflictos armados.
Algunos claman alto y claro que Europa cuenta con "economías sólidas", con un mejor control financiero y una mayor reglamentación que los Estados Unidos. Podríamos decir que es así. Pero no olvidemos los problemas crecientes de los mercados inmobiliarios en el Reino Unido, España e Irlanda, y el desánimo económico que se expande por toda Europa. Al mismo tiempo el nacionalismo económico y el populismo van viento en popa.
Los responsables europeos, tanto a escala de la Unión como a nivel nacional, deben aportar una respuesta firme a la actual crisis financiera. Estamos necesitados de pragmatismo, pero también de una visión amplia y cooperativa en la búsqueda de objetivos comunes.
Un Comité Europeo de Crisis
Europa debe estudiar esta situación e identificar las consecuencias previsibles en el corto y largo plazo, a fin de elaborar propuestas de gobernanza global, que permitan resolver los efectos y las causas profundas de esta crisis.
Ya es hora de crear un Comité Europeo de Crisis que reúna a representantes políticos de alto nivel, a antiguos jefes de Estado y de gobierno, a ministros de economía, así como a economistas de renombre y a expertos financieros de todos los continentes. Las tareas de este comité deben ser:
* Analizar detalladamente la crisis financiera en el amplio contexto detallado anteriormente.
* Identificar y evaluar los riesgos socioeconómicos que comporta la crisis financiera para la economía real, en particular en Europa.
* Proponer una serie de medidas al Consejo de la UE a fin de evitar, o al menos limitar, estos riesgos.
* Presentar al Consejo de Ministros de la UE, a los Estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, al Director General del FMI, y a todas las autoridades e instituciones concernidas una serie de propuestas a fin de limitar los efectos de la crisis, y preparar una Conferencia Económica Mundial con el fin de replantearse las actuales regulaciones del sistema financiero internacional y de la gobernanza económica mundial.
En 2000, nos pusimos de acuerdo para hacer de la Unión Europea la región más competitiva del mundo. Esta ambición la hemos reiterado en 2005. Debemos garantizar que la competitividad de Europa sea sostenida y que no esté amenazada por los mercados financieros. Debemos actuar, sin mayor dilación, por nuestros ciudadanos: para incrementar las inversiones, para impulsar el crecimiento económico, para avanzar en la justicia social, para lograr nuevas oportunidades de empleos; y en definitiva, por un futuro mejor para todos los europeos.
* http://www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=396
sábado, 13 de febrero de 2010
en las cloacas del estado
Alberto Piris*
Muchas operaciones antiterroristas suelen desarrollarse en el ámbito de las cloacas del Estado, por su turbidez, ilegalidad y secreto, sea cual sea el lugar donde se lleven a cabo o la calidad más o menos democrática del Gobierno que las ejecute. Un factor que contribuye a que se llegue a aceptar esta aberrante situación es la inherente crueldad del terrorismo, su fanatismo y su capacidad para sembrar el miedo y la desconfianza en amplios estratos de la población. Si se está de acuerdo en que su actividad es dañina y repugnante, se argumenta, no debería haber razones para rechazar cualquier acción del Estado que tenga por objeto combatirlo y destruirlo.
Un crítico informe publicado en el semanario estadounidense The Nation por Anand Gopal, periodista del Wall Street Journal y del Christian Science Monitor especializado en Afganistán, describe algunos detalles de esa guerra oculta que EEUU libra en Afganistán, dentro del amplio espectro de la guerra contra el terror que puso en marcha Bush y que nadie parece decidido a terminar o a reconducir por otros rumbos.
En la ciudad afgana de Khost desapareció el invierno pasado un joven funcionario del Gobierno. Se le vio por última vez con unos amigos en el bazar. La intensa búsqueda emprendida por amigos y familiares fue infructuosa. Los ancianos de la localidad tomaron contacto con los jefes talibanes del lugar, que podrían haberlo secuestrado, con resultado negativo. Hasta el gobernador de la provincia se implicó en su búsqueda y la policía efectuó redadas entre los sospechosos de la zona, sin éxito alguno.
El tiempo transcurrió, el asunto fue olvidado y la búsqueda fue suspendida. Varios meses después, el correo entregó a la familia del desaparecido una carta manuscrita por él, en papel de la Cruz Roja, en la que les informaba de que se encontraba en Bagram, una de las prisiones de EEUU en Afganistán, sin saber cuándo sería puesto en libertad ni cuáles eran los cargos que se le imputaban.
El funcionario afgano, sin embargo, podía darse por satisfecho de haber salvado la vida y haber podido comunicar su paradero a la familia. No todos los que sufren las actividades ilegales del antiterrorismo estatal pueden contarlo después. Aunque parezca olvidado en la noche del pasado, el llamado "caso Lasa y Zabala" fue en su momento un grave motivo de escándalo para la opinión pública española. En 1983, dos miembros de ETA fueron secuestrados en Bayona por agentes del GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), sometidos a tortura en el cuartel donostiarra de la Guardia Civil y trasladados a Alicante, donde tras ser obligados a cavar sus propias tumbas fueron asesinados y enterrados en cal viva.
Pero no todo lo que describe Gopal tiene un final incruento. La noche se ha hecho temible para muchas familias afganas, a esas horas intempestivas en las que, si suena el timbre y se trata de una democracia, solo puede ser el repartidor de la leche. Pero si se trata de Afganistán, los que irrumpen en la vivienda suelen ser unos hombres fuertemente armados, tatuados y con el rostro tiznado, miembros de las fuerzas especiales de EEUU, que arrasan y destrozan el domicilio, buscando las pruebas que permitan arrestar a algún presunto culpable de actividades terroristas.
Escribe el periodista: "Las incursiones nocturnas solo son el primer paso en el proceso de arrestos en Afganistán". Los sospechosos son trasladados a alguna de las prisiones secretas establecidas en las bases militares de EEUU". Y en ellas nada puede impedir que se repitan escenas como las conocidas en Abu Ghraib o en Guantánamo. Tortura, violencia, humillación y, a veces, muerte. En muchos casos, desaparición y pérdida de todo rastro.
Todo obedece a una pauta conocida. Los talibanes atacan un convoy militar que atraviesa una localidad y se esfuman después. Los soldados regresan por la noche y buscan sospechosos. Si en la emboscada han sufrido bajas, no se andarán con miramientos y apenas podrán reprimir sus ansias de venganza. Es común aceptar que no es posible combatir a la insurgencia sin efectuar incursiones y detenciones, procediendo con violencia y a menudo en forma humillante. Pero esto crea resentimiento y alimenta también los deseos de venganza entre la población. La espiral de odio no deja de crecer.
No se sabe cuántos jóvenes se incorporaron a las filas etarras cuando fue de público conocimiento el modo en que fueron asesinados Lasa y Zabala por las fuerzas de seguridad del Estado. Pero en Afganistán se ha comprobado el efecto de reclutamiento en las filas de la insurgencia producido por algunas de las más violentas acciones de las fuerzas de ocupación.
El efecto de las actividades ilegales de un Gobierno en su lucha contra el terrorismo no es solo aumentar el número de ciudadanos que se suman a la insurgencia. Hay algo peor y de más difícil solución: concierne a la pérdida de los más elementales valores morales y éticos del Estado, sin los que la democracia pasa a ser un engaño y la autoridad que confiere el poder se corrompe hasta su más honda esencia. De ese modo, al fin, solo queda un triunfador: el terrorismo que ha logrado corromper los fundamentos básicos del Estado.
* http://www.javierortiz.net/voz/piris
Muchas operaciones antiterroristas suelen desarrollarse en el ámbito de las cloacas del Estado, por su turbidez, ilegalidad y secreto, sea cual sea el lugar donde se lleven a cabo o la calidad más o menos democrática del Gobierno que las ejecute. Un factor que contribuye a que se llegue a aceptar esta aberrante situación es la inherente crueldad del terrorismo, su fanatismo y su capacidad para sembrar el miedo y la desconfianza en amplios estratos de la población. Si se está de acuerdo en que su actividad es dañina y repugnante, se argumenta, no debería haber razones para rechazar cualquier acción del Estado que tenga por objeto combatirlo y destruirlo.
Un crítico informe publicado en el semanario estadounidense The Nation por Anand Gopal, periodista del Wall Street Journal y del Christian Science Monitor especializado en Afganistán, describe algunos detalles de esa guerra oculta que EEUU libra en Afganistán, dentro del amplio espectro de la guerra contra el terror que puso en marcha Bush y que nadie parece decidido a terminar o a reconducir por otros rumbos.
En la ciudad afgana de Khost desapareció el invierno pasado un joven funcionario del Gobierno. Se le vio por última vez con unos amigos en el bazar. La intensa búsqueda emprendida por amigos y familiares fue infructuosa. Los ancianos de la localidad tomaron contacto con los jefes talibanes del lugar, que podrían haberlo secuestrado, con resultado negativo. Hasta el gobernador de la provincia se implicó en su búsqueda y la policía efectuó redadas entre los sospechosos de la zona, sin éxito alguno.
El tiempo transcurrió, el asunto fue olvidado y la búsqueda fue suspendida. Varios meses después, el correo entregó a la familia del desaparecido una carta manuscrita por él, en papel de la Cruz Roja, en la que les informaba de que se encontraba en Bagram, una de las prisiones de EEUU en Afganistán, sin saber cuándo sería puesto en libertad ni cuáles eran los cargos que se le imputaban.
El funcionario afgano, sin embargo, podía darse por satisfecho de haber salvado la vida y haber podido comunicar su paradero a la familia. No todos los que sufren las actividades ilegales del antiterrorismo estatal pueden contarlo después. Aunque parezca olvidado en la noche del pasado, el llamado "caso Lasa y Zabala" fue en su momento un grave motivo de escándalo para la opinión pública española. En 1983, dos miembros de ETA fueron secuestrados en Bayona por agentes del GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), sometidos a tortura en el cuartel donostiarra de la Guardia Civil y trasladados a Alicante, donde tras ser obligados a cavar sus propias tumbas fueron asesinados y enterrados en cal viva.
Pero no todo lo que describe Gopal tiene un final incruento. La noche se ha hecho temible para muchas familias afganas, a esas horas intempestivas en las que, si suena el timbre y se trata de una democracia, solo puede ser el repartidor de la leche. Pero si se trata de Afganistán, los que irrumpen en la vivienda suelen ser unos hombres fuertemente armados, tatuados y con el rostro tiznado, miembros de las fuerzas especiales de EEUU, que arrasan y destrozan el domicilio, buscando las pruebas que permitan arrestar a algún presunto culpable de actividades terroristas.
Escribe el periodista: "Las incursiones nocturnas solo son el primer paso en el proceso de arrestos en Afganistán". Los sospechosos son trasladados a alguna de las prisiones secretas establecidas en las bases militares de EEUU". Y en ellas nada puede impedir que se repitan escenas como las conocidas en Abu Ghraib o en Guantánamo. Tortura, violencia, humillación y, a veces, muerte. En muchos casos, desaparición y pérdida de todo rastro.
Todo obedece a una pauta conocida. Los talibanes atacan un convoy militar que atraviesa una localidad y se esfuman después. Los soldados regresan por la noche y buscan sospechosos. Si en la emboscada han sufrido bajas, no se andarán con miramientos y apenas podrán reprimir sus ansias de venganza. Es común aceptar que no es posible combatir a la insurgencia sin efectuar incursiones y detenciones, procediendo con violencia y a menudo en forma humillante. Pero esto crea resentimiento y alimenta también los deseos de venganza entre la población. La espiral de odio no deja de crecer.
No se sabe cuántos jóvenes se incorporaron a las filas etarras cuando fue de público conocimiento el modo en que fueron asesinados Lasa y Zabala por las fuerzas de seguridad del Estado. Pero en Afganistán se ha comprobado el efecto de reclutamiento en las filas de la insurgencia producido por algunas de las más violentas acciones de las fuerzas de ocupación.
El efecto de las actividades ilegales de un Gobierno en su lucha contra el terrorismo no es solo aumentar el número de ciudadanos que se suman a la insurgencia. Hay algo peor y de más difícil solución: concierne a la pérdida de los más elementales valores morales y éticos del Estado, sin los que la democracia pasa a ser un engaño y la autoridad que confiere el poder se corrompe hasta su más honda esencia. De ese modo, al fin, solo queda un triunfador: el terrorismo que ha logrado corromper los fundamentos básicos del Estado.
* http://www.javierortiz.net/voz/piris
domingo, 7 de febrero de 2010
responder a la extorsión
Juan Torres López*
Los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos provocaron una crisis gigantesca. Para poder ganar más dinero influyeron de mil modos sobre los gobiernos y consiguieron que éstos y los bancos centrales cambiaran las normas legales e hicieran la vista gorda ante la acumulación ingente de riesgo que soportaban para ampliar sin cesar sus beneficios. Impusieron un modo de producir y de repartir desequilibrado e irracional, alimentando una burbuja detrás de otra. Y terminaron por quebrar y descapitalizarse. Obligaron entonces a que los gobiernos intervinieran y pusieran a su disposición billones de euros. Gobiernos, como el español, que hasta entonces incluso habían tenido superávit presupuestarios tuvieron que endeudarse. Los financieros y los bancos, con el apoyo de las agencias de rating que trabajaban para ellos, suscribieron esa deuda en gran parte con el dinero que los propios gobiernos y bancos centrales les daban para salvarlos de la quiebra y para lograr que así refluyera el crédito, cuya carencia había provocado la paralización de la actividad económica, el cierre de miles de negocios y el desempleo. Pero a los financieros, a los bancos y a las agencias de rating que trabajan para ellos solo les importa recuperar sus inversiones al coste social que sea y con la mayor seguridad y rapidez posible, así que no utilizaron esos recursos para ello sino para ganar enseguida más dinero. Se dispusieron entonces a presionar a los gobiernos y a los bancos centrales para que estos actúen con el único fin de que sus inversiones en la deuda estén seguras y puedan recuperarlas lo más pronto posible sin tener que cargar con el coste de la crisis que ellos mismos habían provocado. Y como llevan haciendo todo esto desde hace mucho tiempo tienen ya el poder suficiente como para conseguir que esa sea, efectivamente, la secuencia de los hechos una vez y otra. Si el gobierno va por otro lado las presiones se desatan. Si hace lo que les conviene, la patronal o algún gran banquero le concederá algún momento de respiro. Ésta es la historia y parece que el presidente Rodríguez Zapatero lo ha podido comprobar directa y personalmente en su inoportuna visita a la Cumbre de Davos. Hablemos claro: los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos están extorsionando al gobierno de España. Lo están llevando al terreno que ellos quieren y al que les conviene: el de la improvisación, el de la renuncia a sus propuestas anteriores y a sus compromisos electorales, al que lo separa de sus socios naturales y de su base electoral, el que lo llena de contradicciones y lo deja, no hay más que verlo, como un boxeador inexperto bamboleándose de un lado a otro de la lona.
Lo que buscan es derrotarlo fuera de las urnas haciéndole que quede a la deriva y que salten por los aires sus alianzas con los sindicatos y con el electorado para poder imponerle así políticas que saben que nunca podrían aplicarse si se tuvieran que decidir mediante una confrontación electoral democrática.
Los ciudadanos deben saber que los financieros, los bancos y la gran patronal, con la ayuda de los economistas liberales y de los organismos financieros que trabajan para ellos, no le están imponiendo al gobierno de España la salida a la crisis, como todos ellos dicen, sino la respuesta a la crisis que mantiene sus privilegios, que garantiza que puedan seguir teniendo cantidades ya inmorales de beneficio y que deja que las cosas sigan como siempre han estado. Pero esa es justamente la salida de la crisis que volvería a provocarla de nuevo.
Es sencillamente falso que para crear empleo, como dicen la patronal y los economistas liberales, haya que actuar solamente en los mercados de trabajo. Sin perjuicio de que haya que procurar que haya un marco adecuado de relaciones laborales (que no puede ser simplemente el que da todo el poder a los empleadores) lo que hay que procurar para ello es recuperar la demanda y los mercados de bienes y servicios. ¿De qué les va a servir a los empresarios que los salarios sean más bajos si luego no disponen de mercados con demanda efectiva suficiente donde puedan vender las mercancías que producen? ¿O es que quieren que España se limite a competir a la baja convertida en una economía barata al servicio del capital extranjero?
Por eso, reducir los derechos sociales, precarizar aún más el empleo, disminuir los salarios, renunciar al gasto público y social que se precisa para apoyar un modelo productivo que consolide a la economía española y a una fiscalidad más justa y que generase otro tipo de incentivos a los sujetos económicos, solo dará lugar a que los más ricos lo sean cada vez más y a que la economía española se consolide como una economía de segunda, desvertebrada, dependiente y simplemente especializada en proporcionar bienes y servicios de baja calidad. Pero así nunca se podrá conseguir que la economía española despegue y se modernice definitivamente, que disponga de un mercado interior más potente (algo que en realidad no le importa a los Adolfo Domínguez y compañía que tienen a su disposición mano de obra siempre más barata y mercados selectos en cualquier otra parte del mundo), que se reindustrialice, que genere empleo de calidad y renta suficientes para todos y que no tenga que dedicarse a actividades que destrozan nuestro medio natural e hipotecan el bienestar de las generaciones futuras. Esa no es una verdadera salida de la crisis.
La situación a la que ha llegado el gobierno es difícil, sobre todo, cuando se encuentra además con las restricciones que impone nuestra presencia en la Unión Europea. Ha renunciado a tener un proyecto económico propio al convertir al partido que lo sostiene en una claque en lugar de servirse de su organización como fuente de pensamiento y de propuestas alternativas. Y ha puesto el diseño y la ejecución de la política económica en manos de personas que explícitamente defienden y proponen las medidas que reclaman la patronal empresarial y bancaria. Así, y cediendo a la extorsión de los mercados, será muy difícil que cuente con el apoyo de los sindicatos y perderá lentamente el de todos los ciudadanos hasta el punto en que la situación puede llegar a ser insostenible.
El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero necesita el apoyo de los ciudadanos que no queremos una España de resabios franquistas, incapaz de convivir plenamente con las libertades civiles y controlada por los mismos grupos oligárquicos de siempre. Pero no es lógico que reclame ese apoyo gratuitamente y mientras pone en marcha políticas que en realidad solo benefician a estos grupos.
En una situación tan delicada como la actual, sería necesario que los ciudadanos supieran quién ha provocado de verdad la crisis y por qué, quién ha puesto las bases para convertir a la economía española en un espacio productivo tan débil y vulnerable y por qué, y qué se logra de verdad con unas medidas políticas o con otras. Con la fuerza de su propio partido, de otros que sin duda podrían y deberían apoyarle en ese camino, de los sindicatos y del más directo de los propios ciudadanos, el Gobierno podría estar entonces en condiciones de proponer un equilibrio diferente a la sociedad española, un pacto de rentas frente a una situación excepcional, y tratar así de hacer frente de otra forma a las dificultades derivadas de la actual conformación y equilibrio de poderes en la Unión Europea, algo que nos está resultando muy desfavorable por su propia naturaleza y por nuestra falta de proyecto propio.
Hace unos meses escribía Nicolás Sartorius que lo que se necesita es "modificar la dirección de la historia de España en términos económicos" y que ello "exige un nuevo contrato y unas nuevas reglas. Un contrato donde se especifique lo que cada parte debe aportar -y no realidades frente a promesas- y nuevas reglas que impidan, en lo posible, que se repita dentro de un tiempo el mismo desastre, acrecentado". (EL PAÍS, 28 de octubre de 2009).
En un esfuerzo de ese tipo, que naturalmente ni sería fácil ni tampoco apoyado gratuitamente por nadie, el gobierno de Rodríguez Zapatero podría encontrar un nuevo y decisivo impulso. Si no lo hace, es fácil adivinar lo que va a ocurrir.
* http://hl33.dinaserver.com/hosting/juantorreslopez.com/jtl/
Los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos provocaron una crisis gigantesca. Para poder ganar más dinero influyeron de mil modos sobre los gobiernos y consiguieron que éstos y los bancos centrales cambiaran las normas legales e hicieran la vista gorda ante la acumulación ingente de riesgo que soportaban para ampliar sin cesar sus beneficios. Impusieron un modo de producir y de repartir desequilibrado e irracional, alimentando una burbuja detrás de otra. Y terminaron por quebrar y descapitalizarse. Obligaron entonces a que los gobiernos intervinieran y pusieran a su disposición billones de euros. Gobiernos, como el español, que hasta entonces incluso habían tenido superávit presupuestarios tuvieron que endeudarse. Los financieros y los bancos, con el apoyo de las agencias de rating que trabajaban para ellos, suscribieron esa deuda en gran parte con el dinero que los propios gobiernos y bancos centrales les daban para salvarlos de la quiebra y para lograr que así refluyera el crédito, cuya carencia había provocado la paralización de la actividad económica, el cierre de miles de negocios y el desempleo. Pero a los financieros, a los bancos y a las agencias de rating que trabajan para ellos solo les importa recuperar sus inversiones al coste social que sea y con la mayor seguridad y rapidez posible, así que no utilizaron esos recursos para ello sino para ganar enseguida más dinero. Se dispusieron entonces a presionar a los gobiernos y a los bancos centrales para que estos actúen con el único fin de que sus inversiones en la deuda estén seguras y puedan recuperarlas lo más pronto posible sin tener que cargar con el coste de la crisis que ellos mismos habían provocado. Y como llevan haciendo todo esto desde hace mucho tiempo tienen ya el poder suficiente como para conseguir que esa sea, efectivamente, la secuencia de los hechos una vez y otra. Si el gobierno va por otro lado las presiones se desatan. Si hace lo que les conviene, la patronal o algún gran banquero le concederá algún momento de respiro. Ésta es la historia y parece que el presidente Rodríguez Zapatero lo ha podido comprobar directa y personalmente en su inoportuna visita a la Cumbre de Davos. Hablemos claro: los financieros, los bancos y las agencias de rating que trabajan para ellos están extorsionando al gobierno de España. Lo están llevando al terreno que ellos quieren y al que les conviene: el de la improvisación, el de la renuncia a sus propuestas anteriores y a sus compromisos electorales, al que lo separa de sus socios naturales y de su base electoral, el que lo llena de contradicciones y lo deja, no hay más que verlo, como un boxeador inexperto bamboleándose de un lado a otro de la lona.
Lo que buscan es derrotarlo fuera de las urnas haciéndole que quede a la deriva y que salten por los aires sus alianzas con los sindicatos y con el electorado para poder imponerle así políticas que saben que nunca podrían aplicarse si se tuvieran que decidir mediante una confrontación electoral democrática.
Los ciudadanos deben saber que los financieros, los bancos y la gran patronal, con la ayuda de los economistas liberales y de los organismos financieros que trabajan para ellos, no le están imponiendo al gobierno de España la salida a la crisis, como todos ellos dicen, sino la respuesta a la crisis que mantiene sus privilegios, que garantiza que puedan seguir teniendo cantidades ya inmorales de beneficio y que deja que las cosas sigan como siempre han estado. Pero esa es justamente la salida de la crisis que volvería a provocarla de nuevo.
Es sencillamente falso que para crear empleo, como dicen la patronal y los economistas liberales, haya que actuar solamente en los mercados de trabajo. Sin perjuicio de que haya que procurar que haya un marco adecuado de relaciones laborales (que no puede ser simplemente el que da todo el poder a los empleadores) lo que hay que procurar para ello es recuperar la demanda y los mercados de bienes y servicios. ¿De qué les va a servir a los empresarios que los salarios sean más bajos si luego no disponen de mercados con demanda efectiva suficiente donde puedan vender las mercancías que producen? ¿O es que quieren que España se limite a competir a la baja convertida en una economía barata al servicio del capital extranjero?
Por eso, reducir los derechos sociales, precarizar aún más el empleo, disminuir los salarios, renunciar al gasto público y social que se precisa para apoyar un modelo productivo que consolide a la economía española y a una fiscalidad más justa y que generase otro tipo de incentivos a los sujetos económicos, solo dará lugar a que los más ricos lo sean cada vez más y a que la economía española se consolide como una economía de segunda, desvertebrada, dependiente y simplemente especializada en proporcionar bienes y servicios de baja calidad. Pero así nunca se podrá conseguir que la economía española despegue y se modernice definitivamente, que disponga de un mercado interior más potente (algo que en realidad no le importa a los Adolfo Domínguez y compañía que tienen a su disposición mano de obra siempre más barata y mercados selectos en cualquier otra parte del mundo), que se reindustrialice, que genere empleo de calidad y renta suficientes para todos y que no tenga que dedicarse a actividades que destrozan nuestro medio natural e hipotecan el bienestar de las generaciones futuras. Esa no es una verdadera salida de la crisis.
La situación a la que ha llegado el gobierno es difícil, sobre todo, cuando se encuentra además con las restricciones que impone nuestra presencia en la Unión Europea. Ha renunciado a tener un proyecto económico propio al convertir al partido que lo sostiene en una claque en lugar de servirse de su organización como fuente de pensamiento y de propuestas alternativas. Y ha puesto el diseño y la ejecución de la política económica en manos de personas que explícitamente defienden y proponen las medidas que reclaman la patronal empresarial y bancaria. Así, y cediendo a la extorsión de los mercados, será muy difícil que cuente con el apoyo de los sindicatos y perderá lentamente el de todos los ciudadanos hasta el punto en que la situación puede llegar a ser insostenible.
El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero necesita el apoyo de los ciudadanos que no queremos una España de resabios franquistas, incapaz de convivir plenamente con las libertades civiles y controlada por los mismos grupos oligárquicos de siempre. Pero no es lógico que reclame ese apoyo gratuitamente y mientras pone en marcha políticas que en realidad solo benefician a estos grupos.
En una situación tan delicada como la actual, sería necesario que los ciudadanos supieran quién ha provocado de verdad la crisis y por qué, quién ha puesto las bases para convertir a la economía española en un espacio productivo tan débil y vulnerable y por qué, y qué se logra de verdad con unas medidas políticas o con otras. Con la fuerza de su propio partido, de otros que sin duda podrían y deberían apoyarle en ese camino, de los sindicatos y del más directo de los propios ciudadanos, el Gobierno podría estar entonces en condiciones de proponer un equilibrio diferente a la sociedad española, un pacto de rentas frente a una situación excepcional, y tratar así de hacer frente de otra forma a las dificultades derivadas de la actual conformación y equilibrio de poderes en la Unión Europea, algo que nos está resultando muy desfavorable por su propia naturaleza y por nuestra falta de proyecto propio.
Hace unos meses escribía Nicolás Sartorius que lo que se necesita es "modificar la dirección de la historia de España en términos económicos" y que ello "exige un nuevo contrato y unas nuevas reglas. Un contrato donde se especifique lo que cada parte debe aportar -y no realidades frente a promesas- y nuevas reglas que impidan, en lo posible, que se repita dentro de un tiempo el mismo desastre, acrecentado". (EL PAÍS, 28 de octubre de 2009).
En un esfuerzo de ese tipo, que naturalmente ni sería fácil ni tampoco apoyado gratuitamente por nadie, el gobierno de Rodríguez Zapatero podría encontrar un nuevo y decisivo impulso. Si no lo hace, es fácil adivinar lo que va a ocurrir.
* http://hl33.dinaserver.com/hosting/juantorreslopez.com/jtl/
martes, 2 de febrero de 2010
contra el desaliento
Howard Zinn*
En 1963, el historiador Howard Zinn fue despedido del Spelman College de Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia, donde oficiaba como catedrático en el Departamento de Historia, a causa de su activismo en torno a los derechos civiles. En el año 2005, fue invitado a regresar para pronunciar el discurso de graduación. Este es el brillante y conmovedor texto de su discurso, pronunciado el 15 de mayo de ese año, reproducido como homenaje al gran historiador y luchador político que desapareció la pasada semana a los 87 años.
Me siento profundamente honrado por haber sido invitado a volver a Spelman después de 42 años. Me gustaría dar las gracias al cuerpo docente y los miembros del Consejo que votaron a favor de esta invitación que se me hace, y especialmente a su presidenta, la doctora Beverly Tatum. Además, es un privilegio especial estar aquí con Diahann Carroll y Virginia Davis Floyd.
Pero un día como este es vuestro: hoy os licenciáis como estudiantes. Para vosotros y vuestras familias es un día feliz. Sé que tenéis vuestras esperanzas para el futuro, de modo que puede ser un tanto presuntuoso deciros cuáles son las esperanzas que tengo yo depositadas en vosotros, pero son exactamente las mismas que tengo en el caso de mis nietos.
La primera esperanza que tengo es que no os veáis desalentados por el aspecto que presenta el mundo en este momento. Es fácil sentirse desanimado, porque nuestra nación se encuentra en guerra, — otra guerra más, guerra tras guerra — y nuestro gobierno parece determinado a extender su imperio aun a costa de las vidas de decenas de miles de seres humanos. En este país hay pobreza, y personas sin techo, y gente que carece de atención médica, y aulas abarrotadas, pero nuestro gobierno, que tiene a su disposición billones de dólares, se gasta su opulencia en guerras. Hay un millar de millones de personas en África, Asia, América Latina y Oriente Medio que necesitan agua limpia y medicinas para combatir la malaria, la tuberculosis y el SIDA, pero nuestro gobierno, que dispone de miles de armas nucleares, sigue experimentando con armas nucleares aun más mortíferas. Sí, resulta fácil descorazonarse con todo esto.
Pero permitidme deciros por qué, pese a lo que acabo de describir, no debéis sentiros desanimados.
Quiero recordaros que hace cincuenta años la segregación racial estaba tan fuertemente arraigada aquí en el Sur como lo estaba el apartheid en Sudáfrica. El gobierno nacional, aun con presidentes liberales como Kennedy y Johnson en el poder, miraba hacia otro lado mientras se golpeaba, se asesinaba y se negaba la oportunidad de votar a las personas negras. De modo que las personas negras del Sur decidieron que tenían que hacer algo por sí mismas. Iniciaron boicots, sentadas, piquetes y manifestaciones, y fueron golpeadas y encarceladas, y algunas fueron asesinadas, pero sus gritos de libertad se oyeron por todo el país y en todo el mundo, y el Presidente y el Congreso hicieron finalmente lo que antes no habían conseguido: aplicar las enmiendas número 14 y 15 de la Constitución. Mucha gente había dicho: el Sur nunca cambiará. Pero sí que cambió. Cambió porque la gente corriente se organizó y se arriesgó y desafió al sistema y no cejó. Fue entonces cuando la democracia revivió.
Quiero recordaros también que cuando se estaba librando la Guerra de Vietnam, y los jóvenes norteamericanos iban muriendo y volvían a casa paralizados, y nuestro gobierno bombardeaba las aldeas vietnamitas — dejando caer bombas sobre escuelas y hospitales y matando gente normal en gran número — parecía que no hubiera esperanza de detener la guerra. Pero como en el caso del movimiento del Sur, la gente empezó a protestar y enseguida la protesta prendió. Se trataba de un movimiento de toda la nación. Los soldados regresaron y denunciaron la guerra, los jóvenes se negaron a ingresar en el ejército, y la guerra tuvo que terminar.
La lección que esa historia entraña es que no debemos desesperar, que si tienes razón y te empeñas, las cosas cambiarán. Puede que el gobierno intente engañar a la gente, puede que los diarios y la televisión hagan lo propio, pero la verdad siempre halla el modo de salir a la luz. La verdad tiene un poder mayor el que de cien mentiras. Sé que tenéis cuestiones practicas que atender: conseguir un empleo, casaros, tener niños. Puede que alcancéis una próspera posición y se juzgue que habéis tenido éxito según la definición de éxito de nuestra sociedad, por riqueza, posición o prestigio. Pero eso no basta para una buena vida.
Recordemos el relato de Tolstoi, La muerte de Ivan Ilich. Un hombre reflexiona sobre su vida en su lecho de muerte, sobre cómo obró correctamente en todo, obedeció las normas, se hizo juez, se casó, tuvo hijos, y se le consideró un éxito. Sin embargo, en sus últimas horas, se pregunta por qué se siente fracasado. Después de convertirse en célebre novelista, el mismo Tolstoi decidió que eso no bastaba, que debía hablar contra el trato que se daba a los campesinos rusos, que debía escribir contra la guerra y el militarismo.
Tengo la esperanza de que sea lo que sea que hagáis por conseguir una buena vida — ya seáis profesores, trabajadores sociales, gentes de empresa, abogados, poetas o científicos —dediquéis una parte de vuestra vida a hacer de éste un mundo mejor para vuestros niños, para todos los niños. Tengo la esperanza de que vuestra generación exija la terminación de la guerra, que vuestra generación haga algo que no se ha hecho todavía en la historia y borre las fronteras que nos separan de otros seres humanos sobre esta Tierra.
No hace mucho vi una foto de portada del New York Times que no me puedo quitar de la cabeza. Mostraba a varios norteamericanos corrientes sentados en sillas en la frontera meridional de Arizona con México. Sostenían escopetas a la busca de mexicanos que pudieran intentar cruzar el límite con los Estados Unidos. Esto me resultó horrendo: el darme cuenta de que en este siglo XXI de lo que llamamos "civilización," hemos recortado lo que decimos que es un solo mundo en doscientas entidades creadas artificialmente a las que llamamos "naciones" y estamos dispuestos a matar a cualquiera que cruce una frontera.
¿No es el nacionalismo — esa devoción a una bandera, a un himno, a una frontera, tan feroz que conduce al asesinato — uno de los grandes males de nuestro tiempo, junto al racismo, junto al odio religioso? Estas formas de pensar, cultivadas, nutridas, adoctrinadas desde la infancia en adelante, han sido útiles a quienes están en el poder, mortales para quienes no están en él.
Aquí en los Estados Unidos nos educan de modo que creamos que nuestra nación es diferente de las demás, una excepción en el mundo, de una moralidad única; para que nos extendamos por otras tierras a fin de llevar la civilización, la libertad, la democracia. Pero si sabéis algo de historia, sabéis que no es verdad. Si sabéis algo de historia, sabéis que masacramos a los indios de este continente, que invadimos México, enviamos ejércitos a Cuba y las Filipinas. Asesinamos a un número ingente de personas, y no les llevamos democracia o libertad. No fuimos a Vietnam a llevar democracia; no invadimos Panamá para acabar con el narcotráfico; no invadimos Afganistán e Irak para detener el terrorismo. Nuestros objetivos eran los objetivos de todos los demás imperios de la historia del mundo: mayores beneficios para las empresas, mayor poder para los políticos.
Nuestros poetas y artistas parecen tener una comprensión más clara de la enfermedad del nacionalismo. Quizás los poetas negros están menos cautivados por las virtudes de la "libertad" y la "democracia", habiendo disfrutado tan poco de ellas su propio pueblo. El gran poeta afroamericano Langston Hughes se dirigió a su país de este modo:
You really haven't been a virgin for so long.
It's ludicrous to keep up the pretext.
You've slept with all the big powers
In military uniforms,
And you've taken the sweet life
Of all the little brown fellows.
Being one of the world's big vampires,
Why don't you come on out and say so
Like Japan, and England, and France,
And all the other nymphomaniacs of power.
(Lo cierto es que no has sido virgen tanto tiempo. / Es ridículo seguir con el pretexto. / Te acostaste con todas las grandes potencias / Con uniformes militares, / Y arrebataste la dulce vida / De todos los hombrecillos morenos. / Siendo uno de los grandes vampiros mundiales, / Por qué no sales y lo dices / Igual que Inglaterra, Japón, Francia / Y todas las demás ninfómanas del poder.)
Soy veterano de la Segunda Guerra Mundial, considerada como "una guerra de las buenas", pero he llegado a la conclusión de que la guerra no soluciona ningún problema fundamental y sólo conduce a más guerras. La guerra envenena la mente de los soldados, les lleva a matar y torturar, y corrompe el alma de la nación.
Tengo la esperanza de que vuestra generación exija que sus hijos se críen en un mundo sin guerra. Si queremos un mundo en el que la gente de todos los países sean hermanos y hermanas, si consideramos a los niños del mundo como niños nuestros, entonces la guerra, —en la que los niños son siempre las mayores víctimas — no puede aceptarse como medio de resolver problemas.
Pasé siete años como miembro del cuerpo docente del Spelman College, entre 1956 y 1963. Fue una época reconfortante, pues los amigos que hicimos en aquellos años lo han seguido siendo todos estos años. Mi mujer, Roslyn, y yo y nuestros dos hijos vivíamos en el campus. Y a veces cuando íbamos a la ciudad, los blancos nos preguntaban: ¿cómo se vive entre la comunidad negra? Era difícil explicarlo. Pero una cosa sí sabíamos: que en el centro de Atlanta nos sentíamos como en terreno extraño, y cuando volvíamos al campus de Spelman, nos sentíamos en casa.
Aquellos años en Spelman fueron los más emocionantes de mi vida, desde luego los más educativos. Fueron los años del gran movimiento sureño contra la segregación racial, y yo me comprometí con él en Atlanta, en Albany, Georgia, en Selma, Alabama, en Hattiesburg, Mississippi, y en Greenwood e Itta Bena y Jackson.
Aprendí algo sobre la democracia: que no viene del gobierno ni llega de lo alto, viene de la gente que se une y lucha por la justicia. Aprendí algunas cosas sobre la raza, aprendí algo de lo que cualquier persona inteligente se da cuenta en un cierto momento: que la raza es algo fabricado, una cosa artificial, y aunque la raza importa (tal como ha escrito Cornel West), importa sólo porque cierta gente quiere que importe, del mismo modo que el nacionalismo es algo artificial. Aprendí que lo que realmente importa es que todos nosotros — de cualquiera de las llamadas razas y las llamadas nacionalidades — seamos seres humanos y nos apreciemos unos a otros.
Tuve la suerte de estar en Spelman en un momento en el que pude ser testigo de una maravillosa transformación en mis alumnos, tan corteses, tan sosegados, y que de pronto comenzaron a salir del campus e ir a la ciudad y participar en sentadas, ser detenidos, y a salir de la cárcel llenos de fuego y rebeldía. Podéis leerlo en en el libro de Harry Lefever Undaunted By The Fight: Spelman College and the Civil Rights Movement, 1957-1967.
Cierto día, Marian Wright (hoy Marian Wright Edelman), que era alumna mía en Spelman, y fue una de las primeras detenidas en las sentadas de Atlanta, vino a nuestra casa del campus para mostrarnos una petición que iba a fijar en el tablón de anuncios de su residencia. El encabezamiento resumía la transformación que se estaba produciendo en el Spelman College. Marian comenzaba así la petición: "Señoritas que quieran participar en piquetes, por favor firmar aquí".
Tengo la esperanza de que no os contentéis sólo con tener éxito del modo en que la sociedad mide el éxito; que no obedezcáis las reglas cuando las reglas son injustas, que saquéis fuera el valor que sé que está dentro de vosotros. Hay gente magnífica, blancos y negros, que nos servirán de modelo. Y no me refiero a afroamericanos como Condoleezza Rice, o Colin Powell, o Clarence Thomas, que se han convertido en servidores de los ricos y los poderosos. Me refiero a W.E.B. DuBois y Martin Luther King y Malcolm X y Marian Wright Edelman, y James Baldwin y Josephine Baker y ltambién a la buena gente blanca, que desafío el orden establecido para trabajar en pro de la paz y la justicia.
Otra de mis alumnas de Spelman, Alice Walker, que, al igual que Marian, ha seguido siendo amiga nuestra todos estos años, procedía de una familia de arrendatarios rurales de Eatonton, en Georgia, y se convirtió en una escritora célebre. En uno de sus primeros poemas publicados, escribió:
It is true —
I've always loved
the daring
ones
Like the Black young
man
Who tried
to crash
All barriers
at once,
wanted to swim
At a white
beach (in Alabama)
Nude.
(Es verdad: / Me han gustado siempre / los atrevidos / Como el joven negro / Que trató / de romper / Todas las barreras / de una vez, / quiso nadar / en una playa blanca (en Alabama) / Desnudo.)
No estoy sugiriendo que lleguéis tan lejos, pero podéis ayudar a derribar barreras, desde luego las de raza, pero también las del nacionalismo; que hagáis lo que podáis hacer, no tenéis que hacer nada heroico, solamente algo, unidos a otros millones que harán solamente algo, porque todos esos "algo" se juntan, en ciertos momentos de la historia, y mejoran el mundo.
La maravillosa escritora afroamericana Zora Neale Hurston, que no quería hacer lo que la gente blanca quería que ella hiciera, que insistía en ser ella misma, contaba que su madre le dio este consejo: Da un salto a por el sol; puede que no llegues, pero al menos te levantará del suelo.
Al estar aquí hoy, estáis ya sobres los pies, listos para dar el salto. Espero que tengáis una buena vida.
* http://howardzinn.org/default/
En 1963, el historiador Howard Zinn fue despedido del Spelman College de Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia, donde oficiaba como catedrático en el Departamento de Historia, a causa de su activismo en torno a los derechos civiles. En el año 2005, fue invitado a regresar para pronunciar el discurso de graduación. Este es el brillante y conmovedor texto de su discurso, pronunciado el 15 de mayo de ese año, reproducido como homenaje al gran historiador y luchador político que desapareció la pasada semana a los 87 años.
Me siento profundamente honrado por haber sido invitado a volver a Spelman después de 42 años. Me gustaría dar las gracias al cuerpo docente y los miembros del Consejo que votaron a favor de esta invitación que se me hace, y especialmente a su presidenta, la doctora Beverly Tatum. Además, es un privilegio especial estar aquí con Diahann Carroll y Virginia Davis Floyd.
Pero un día como este es vuestro: hoy os licenciáis como estudiantes. Para vosotros y vuestras familias es un día feliz. Sé que tenéis vuestras esperanzas para el futuro, de modo que puede ser un tanto presuntuoso deciros cuáles son las esperanzas que tengo yo depositadas en vosotros, pero son exactamente las mismas que tengo en el caso de mis nietos.
La primera esperanza que tengo es que no os veáis desalentados por el aspecto que presenta el mundo en este momento. Es fácil sentirse desanimado, porque nuestra nación se encuentra en guerra, — otra guerra más, guerra tras guerra — y nuestro gobierno parece determinado a extender su imperio aun a costa de las vidas de decenas de miles de seres humanos. En este país hay pobreza, y personas sin techo, y gente que carece de atención médica, y aulas abarrotadas, pero nuestro gobierno, que tiene a su disposición billones de dólares, se gasta su opulencia en guerras. Hay un millar de millones de personas en África, Asia, América Latina y Oriente Medio que necesitan agua limpia y medicinas para combatir la malaria, la tuberculosis y el SIDA, pero nuestro gobierno, que dispone de miles de armas nucleares, sigue experimentando con armas nucleares aun más mortíferas. Sí, resulta fácil descorazonarse con todo esto.
Pero permitidme deciros por qué, pese a lo que acabo de describir, no debéis sentiros desanimados.
Quiero recordaros que hace cincuenta años la segregación racial estaba tan fuertemente arraigada aquí en el Sur como lo estaba el apartheid en Sudáfrica. El gobierno nacional, aun con presidentes liberales como Kennedy y Johnson en el poder, miraba hacia otro lado mientras se golpeaba, se asesinaba y se negaba la oportunidad de votar a las personas negras. De modo que las personas negras del Sur decidieron que tenían que hacer algo por sí mismas. Iniciaron boicots, sentadas, piquetes y manifestaciones, y fueron golpeadas y encarceladas, y algunas fueron asesinadas, pero sus gritos de libertad se oyeron por todo el país y en todo el mundo, y el Presidente y el Congreso hicieron finalmente lo que antes no habían conseguido: aplicar las enmiendas número 14 y 15 de la Constitución. Mucha gente había dicho: el Sur nunca cambiará. Pero sí que cambió. Cambió porque la gente corriente se organizó y se arriesgó y desafió al sistema y no cejó. Fue entonces cuando la democracia revivió.
Quiero recordaros también que cuando se estaba librando la Guerra de Vietnam, y los jóvenes norteamericanos iban muriendo y volvían a casa paralizados, y nuestro gobierno bombardeaba las aldeas vietnamitas — dejando caer bombas sobre escuelas y hospitales y matando gente normal en gran número — parecía que no hubiera esperanza de detener la guerra. Pero como en el caso del movimiento del Sur, la gente empezó a protestar y enseguida la protesta prendió. Se trataba de un movimiento de toda la nación. Los soldados regresaron y denunciaron la guerra, los jóvenes se negaron a ingresar en el ejército, y la guerra tuvo que terminar.
La lección que esa historia entraña es que no debemos desesperar, que si tienes razón y te empeñas, las cosas cambiarán. Puede que el gobierno intente engañar a la gente, puede que los diarios y la televisión hagan lo propio, pero la verdad siempre halla el modo de salir a la luz. La verdad tiene un poder mayor el que de cien mentiras. Sé que tenéis cuestiones practicas que atender: conseguir un empleo, casaros, tener niños. Puede que alcancéis una próspera posición y se juzgue que habéis tenido éxito según la definición de éxito de nuestra sociedad, por riqueza, posición o prestigio. Pero eso no basta para una buena vida.
Recordemos el relato de Tolstoi, La muerte de Ivan Ilich. Un hombre reflexiona sobre su vida en su lecho de muerte, sobre cómo obró correctamente en todo, obedeció las normas, se hizo juez, se casó, tuvo hijos, y se le consideró un éxito. Sin embargo, en sus últimas horas, se pregunta por qué se siente fracasado. Después de convertirse en célebre novelista, el mismo Tolstoi decidió que eso no bastaba, que debía hablar contra el trato que se daba a los campesinos rusos, que debía escribir contra la guerra y el militarismo.
Tengo la esperanza de que sea lo que sea que hagáis por conseguir una buena vida — ya seáis profesores, trabajadores sociales, gentes de empresa, abogados, poetas o científicos —dediquéis una parte de vuestra vida a hacer de éste un mundo mejor para vuestros niños, para todos los niños. Tengo la esperanza de que vuestra generación exija la terminación de la guerra, que vuestra generación haga algo que no se ha hecho todavía en la historia y borre las fronteras que nos separan de otros seres humanos sobre esta Tierra.
No hace mucho vi una foto de portada del New York Times que no me puedo quitar de la cabeza. Mostraba a varios norteamericanos corrientes sentados en sillas en la frontera meridional de Arizona con México. Sostenían escopetas a la busca de mexicanos que pudieran intentar cruzar el límite con los Estados Unidos. Esto me resultó horrendo: el darme cuenta de que en este siglo XXI de lo que llamamos "civilización," hemos recortado lo que decimos que es un solo mundo en doscientas entidades creadas artificialmente a las que llamamos "naciones" y estamos dispuestos a matar a cualquiera que cruce una frontera.
¿No es el nacionalismo — esa devoción a una bandera, a un himno, a una frontera, tan feroz que conduce al asesinato — uno de los grandes males de nuestro tiempo, junto al racismo, junto al odio religioso? Estas formas de pensar, cultivadas, nutridas, adoctrinadas desde la infancia en adelante, han sido útiles a quienes están en el poder, mortales para quienes no están en él.
Aquí en los Estados Unidos nos educan de modo que creamos que nuestra nación es diferente de las demás, una excepción en el mundo, de una moralidad única; para que nos extendamos por otras tierras a fin de llevar la civilización, la libertad, la democracia. Pero si sabéis algo de historia, sabéis que no es verdad. Si sabéis algo de historia, sabéis que masacramos a los indios de este continente, que invadimos México, enviamos ejércitos a Cuba y las Filipinas. Asesinamos a un número ingente de personas, y no les llevamos democracia o libertad. No fuimos a Vietnam a llevar democracia; no invadimos Panamá para acabar con el narcotráfico; no invadimos Afganistán e Irak para detener el terrorismo. Nuestros objetivos eran los objetivos de todos los demás imperios de la historia del mundo: mayores beneficios para las empresas, mayor poder para los políticos.
Nuestros poetas y artistas parecen tener una comprensión más clara de la enfermedad del nacionalismo. Quizás los poetas negros están menos cautivados por las virtudes de la "libertad" y la "democracia", habiendo disfrutado tan poco de ellas su propio pueblo. El gran poeta afroamericano Langston Hughes se dirigió a su país de este modo:
You really haven't been a virgin for so long.
It's ludicrous to keep up the pretext.
You've slept with all the big powers
In military uniforms,
And you've taken the sweet life
Of all the little brown fellows.
Being one of the world's big vampires,
Why don't you come on out and say so
Like Japan, and England, and France,
And all the other nymphomaniacs of power.
(Lo cierto es que no has sido virgen tanto tiempo. / Es ridículo seguir con el pretexto. / Te acostaste con todas las grandes potencias / Con uniformes militares, / Y arrebataste la dulce vida / De todos los hombrecillos morenos. / Siendo uno de los grandes vampiros mundiales, / Por qué no sales y lo dices / Igual que Inglaterra, Japón, Francia / Y todas las demás ninfómanas del poder.)
Soy veterano de la Segunda Guerra Mundial, considerada como "una guerra de las buenas", pero he llegado a la conclusión de que la guerra no soluciona ningún problema fundamental y sólo conduce a más guerras. La guerra envenena la mente de los soldados, les lleva a matar y torturar, y corrompe el alma de la nación.
Tengo la esperanza de que vuestra generación exija que sus hijos se críen en un mundo sin guerra. Si queremos un mundo en el que la gente de todos los países sean hermanos y hermanas, si consideramos a los niños del mundo como niños nuestros, entonces la guerra, —en la que los niños son siempre las mayores víctimas — no puede aceptarse como medio de resolver problemas.
Pasé siete años como miembro del cuerpo docente del Spelman College, entre 1956 y 1963. Fue una época reconfortante, pues los amigos que hicimos en aquellos años lo han seguido siendo todos estos años. Mi mujer, Roslyn, y yo y nuestros dos hijos vivíamos en el campus. Y a veces cuando íbamos a la ciudad, los blancos nos preguntaban: ¿cómo se vive entre la comunidad negra? Era difícil explicarlo. Pero una cosa sí sabíamos: que en el centro de Atlanta nos sentíamos como en terreno extraño, y cuando volvíamos al campus de Spelman, nos sentíamos en casa.
Aquellos años en Spelman fueron los más emocionantes de mi vida, desde luego los más educativos. Fueron los años del gran movimiento sureño contra la segregación racial, y yo me comprometí con él en Atlanta, en Albany, Georgia, en Selma, Alabama, en Hattiesburg, Mississippi, y en Greenwood e Itta Bena y Jackson.
Aprendí algo sobre la democracia: que no viene del gobierno ni llega de lo alto, viene de la gente que se une y lucha por la justicia. Aprendí algunas cosas sobre la raza, aprendí algo de lo que cualquier persona inteligente se da cuenta en un cierto momento: que la raza es algo fabricado, una cosa artificial, y aunque la raza importa (tal como ha escrito Cornel West), importa sólo porque cierta gente quiere que importe, del mismo modo que el nacionalismo es algo artificial. Aprendí que lo que realmente importa es que todos nosotros — de cualquiera de las llamadas razas y las llamadas nacionalidades — seamos seres humanos y nos apreciemos unos a otros.
Tuve la suerte de estar en Spelman en un momento en el que pude ser testigo de una maravillosa transformación en mis alumnos, tan corteses, tan sosegados, y que de pronto comenzaron a salir del campus e ir a la ciudad y participar en sentadas, ser detenidos, y a salir de la cárcel llenos de fuego y rebeldía. Podéis leerlo en en el libro de Harry Lefever Undaunted By The Fight: Spelman College and the Civil Rights Movement, 1957-1967.
Cierto día, Marian Wright (hoy Marian Wright Edelman), que era alumna mía en Spelman, y fue una de las primeras detenidas en las sentadas de Atlanta, vino a nuestra casa del campus para mostrarnos una petición que iba a fijar en el tablón de anuncios de su residencia. El encabezamiento resumía la transformación que se estaba produciendo en el Spelman College. Marian comenzaba así la petición: "Señoritas que quieran participar en piquetes, por favor firmar aquí".
Tengo la esperanza de que no os contentéis sólo con tener éxito del modo en que la sociedad mide el éxito; que no obedezcáis las reglas cuando las reglas son injustas, que saquéis fuera el valor que sé que está dentro de vosotros. Hay gente magnífica, blancos y negros, que nos servirán de modelo. Y no me refiero a afroamericanos como Condoleezza Rice, o Colin Powell, o Clarence Thomas, que se han convertido en servidores de los ricos y los poderosos. Me refiero a W.E.B. DuBois y Martin Luther King y Malcolm X y Marian Wright Edelman, y James Baldwin y Josephine Baker y ltambién a la buena gente blanca, que desafío el orden establecido para trabajar en pro de la paz y la justicia.
Otra de mis alumnas de Spelman, Alice Walker, que, al igual que Marian, ha seguido siendo amiga nuestra todos estos años, procedía de una familia de arrendatarios rurales de Eatonton, en Georgia, y se convirtió en una escritora célebre. En uno de sus primeros poemas publicados, escribió:
It is true —
I've always loved
the daring
ones
Like the Black young
man
Who tried
to crash
All barriers
at once,
wanted to swim
At a white
beach (in Alabama)
Nude.
(Es verdad: / Me han gustado siempre / los atrevidos / Como el joven negro / Que trató / de romper / Todas las barreras / de una vez, / quiso nadar / en una playa blanca (en Alabama) / Desnudo.)
No estoy sugiriendo que lleguéis tan lejos, pero podéis ayudar a derribar barreras, desde luego las de raza, pero también las del nacionalismo; que hagáis lo que podáis hacer, no tenéis que hacer nada heroico, solamente algo, unidos a otros millones que harán solamente algo, porque todos esos "algo" se juntan, en ciertos momentos de la historia, y mejoran el mundo.
La maravillosa escritora afroamericana Zora Neale Hurston, que no quería hacer lo que la gente blanca quería que ella hiciera, que insistía en ser ella misma, contaba que su madre le dio este consejo: Da un salto a por el sol; puede que no llegues, pero al menos te levantará del suelo.
Al estar aquí hoy, estáis ya sobres los pies, listos para dar el salto. Espero que tengáis una buena vida.
* http://howardzinn.org/default/
sábado, 23 de enero de 2010
libertad, calidad democrática y carga fiscal
Vicenç Navarro*
Uno de los argumentos más utilizados en defensa de la disminución de los impuestos por autores liberales es que tal descenso de la carga impositiva da más libertad a la ciudadanía para hacer lo que desee con su dinero. La ciudadanía –según tal argumento- no necesita al Estado, cuyas intervenciones se presentan motivadas por un deseo de control y consecuente pérdida de libertad del individuo. De ahí su énfasis en la privatización de los servicios públicos, incluyendo los servicios del Estado del bienestar tales como la Sanidad, la Educación, las pensiones, los servicios domiciliarios y las escuelas de infancia, entre otros. El sector privado permite –según el credo liberal- la libertad que el sector público niega. Consecuencia de este entendimiento liberal, se afirma que la carga fiscal limita la libertad, concluyéndose que a menor carga fiscal en un país, mayor es el grado de libertad existente. Tal postura ha sido promovida por los partidos conservadores y liberales así como por economistas liberales (que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios de información y persuasión liberales, que son mayoría en nuestro país).
Lo que es sorprendente es que este discurso se reproduce constantemente a pesar de que la evidencia sobre política fiscal comparada muestra precisamente lo contrario. El último trabajo publicado en tal literatura científica es un estudio realizado por André Barilari y Thomas Brand que analiza la relación existente en 130 países entre el nivel de libertad individual existente en un país (definida por la institución de sensibilidad liberal conocida como Freedom House) y su carga impositiva (obtenida de los datos publicados por el Fondo Monetario Internacional). El Estudio publicado en el último número (nº 108, octubre 2009) de la revista “Revue Française de Finances Publiques”, muestra que a mayor libertad existente en un país, y a mayores facilidades para expresarla a través de las instituciones representativas, mayor es su carga fiscal. Los datos no pueden ser más claros y convincentes.
Los autores de tal Estudio agrupan a los 130 países en tres grupos. El primero incluye aquellos países que tienen una carga fiscal muy baja (entre un 10% y un 12% del PIB). La mayoría de estos países son dictaduras, en los que la libertad es muy reducida, casi inexistente. Varias de estas dictaduras, por cierto, han sido apoyadas por economistas liberales, siendo el caso más conocido el de Milton Friedman, Premio Nobel de Economía del año 1976, uno de los economistas con mayor influencia sobre el movimiento liberal, que apoyó activamente el golpe militar del General Pinochet y la dictadura que estableció y que bajó los impuestos. El último caso –de esta larga lista de casos- es el apoyo de la Internacional Liberal al reciente golpe militar de Honduras y al sistema escasamente democrático que se estableció, donde las libertades resultaron muy mermadas (y que también bajó los impuestos).
El segundo grupo de países incluye países cuya carga fiscal está entre un 10-12% del PIB y un 25% del PIB. La mayoría son países con limitada democracia, donde las libertades aunque existentes están muy limitadas. Y el tercer grupo son países cuya carga fiscal es superior al 25% del PIB y en los que existe democracia. Pero lo que es interesante señalar es que en este último grupo de países, la carga fiscal está relacionada, en general, con la calidad del sistema democrático, medido por el grado de representatividad de sus instituciones representativas. Según los trabajos dirigidos por Pablo Beramendi y Christopher J. Anderson publicados en el libro Democracy, Inequality and Representation, los países que son más democráticos son aquellos que desarrollan más el principio de representatividad y proporcionalidad en su sistema electoral. Es decir que el voto de cada persona que participa en el proceso electoral tiene igual peso al escoger a sus representantes, los cuales reflejan proporcionalmente el voto recibido. Si el electorado de la opción política A recibe, por ejemplo, el 20% de los votos, sus miembros representan el 20% de la cámara legislativa. Pues bien, estos países son los que tienen mayor carga fiscal, con mayor progresividad y mayor impacto redistributivo en las intervenciones del estado. Los países nórdicos de Europa son un ejemplo de ello. En el otro polo de calidad del sistema democrático están aquellos países que no tienen sistemas proporcionales sino mayoritarios (es decir, que son bipartidistas) y que se basan en sistemas electorales en los que no todos los votantes tienen igual capacidad decisoria. España es un ejemplo de ello, pues, aún cuando el sistema electoral es en teoría proporcional, en la práctica es mayoritario. Existe un sesgo en el sistema electoral que favorece a los territorios conservadores y al bipartidismo. Soria, territorio tradicionalmente conservador necesita sólo 30.000 votos para elegir un miembro de las Cortes. Barcelona y Madrid más de 150.000. Dentro de estos países, el que es más bipartidista es EE.UU., el sistema electoral menos representativo y proporcional, lo cual explica también su enorme abstención (Véase mi artículo en PÚBLICO, La muy limitada democracia en EE.UU., 24.09.09). Pues bien, estos últimos países son los que tienen una carga fiscal menor. España es uno de los países con menor carga fiscal en la UE y EE.UU. es el país con menor carga fiscal entre los países de la OCDE.
De estos hechos, podemos concluir que a mayor libertad para que cada persona pueda hacer valer su poder de decisión en las instituciones representativas, mayor es la calidad democrática de su sistema político, y mayor es su carga fiscal (y menores son las desigualdades sociales en un país). La explicación de este hecho es fácil de entender. La mayoría de la ciudadanía, y muy en particular, las clases populares, hacen valer el poder democrático que les da el voto, para garantizar a través de sus representantes en el estado, el poder desarrollar los servicios, transferencias e intervenciones que aseguren su propia libertad y protección social. De ahí se deriva que el escaso desarrollo social de España se debe precisamente a su limitada democracia.
* http://www.vnavarro.org/
Uno de los argumentos más utilizados en defensa de la disminución de los impuestos por autores liberales es que tal descenso de la carga impositiva da más libertad a la ciudadanía para hacer lo que desee con su dinero. La ciudadanía –según tal argumento- no necesita al Estado, cuyas intervenciones se presentan motivadas por un deseo de control y consecuente pérdida de libertad del individuo. De ahí su énfasis en la privatización de los servicios públicos, incluyendo los servicios del Estado del bienestar tales como la Sanidad, la Educación, las pensiones, los servicios domiciliarios y las escuelas de infancia, entre otros. El sector privado permite –según el credo liberal- la libertad que el sector público niega. Consecuencia de este entendimiento liberal, se afirma que la carga fiscal limita la libertad, concluyéndose que a menor carga fiscal en un país, mayor es el grado de libertad existente. Tal postura ha sido promovida por los partidos conservadores y liberales así como por economistas liberales (que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios de información y persuasión liberales, que son mayoría en nuestro país).
Lo que es sorprendente es que este discurso se reproduce constantemente a pesar de que la evidencia sobre política fiscal comparada muestra precisamente lo contrario. El último trabajo publicado en tal literatura científica es un estudio realizado por André Barilari y Thomas Brand que analiza la relación existente en 130 países entre el nivel de libertad individual existente en un país (definida por la institución de sensibilidad liberal conocida como Freedom House) y su carga impositiva (obtenida de los datos publicados por el Fondo Monetario Internacional). El Estudio publicado en el último número (nº 108, octubre 2009) de la revista “Revue Française de Finances Publiques”, muestra que a mayor libertad existente en un país, y a mayores facilidades para expresarla a través de las instituciones representativas, mayor es su carga fiscal. Los datos no pueden ser más claros y convincentes.
Los autores de tal Estudio agrupan a los 130 países en tres grupos. El primero incluye aquellos países que tienen una carga fiscal muy baja (entre un 10% y un 12% del PIB). La mayoría de estos países son dictaduras, en los que la libertad es muy reducida, casi inexistente. Varias de estas dictaduras, por cierto, han sido apoyadas por economistas liberales, siendo el caso más conocido el de Milton Friedman, Premio Nobel de Economía del año 1976, uno de los economistas con mayor influencia sobre el movimiento liberal, que apoyó activamente el golpe militar del General Pinochet y la dictadura que estableció y que bajó los impuestos. El último caso –de esta larga lista de casos- es el apoyo de la Internacional Liberal al reciente golpe militar de Honduras y al sistema escasamente democrático que se estableció, donde las libertades resultaron muy mermadas (y que también bajó los impuestos).
El segundo grupo de países incluye países cuya carga fiscal está entre un 10-12% del PIB y un 25% del PIB. La mayoría son países con limitada democracia, donde las libertades aunque existentes están muy limitadas. Y el tercer grupo son países cuya carga fiscal es superior al 25% del PIB y en los que existe democracia. Pero lo que es interesante señalar es que en este último grupo de países, la carga fiscal está relacionada, en general, con la calidad del sistema democrático, medido por el grado de representatividad de sus instituciones representativas. Según los trabajos dirigidos por Pablo Beramendi y Christopher J. Anderson publicados en el libro Democracy, Inequality and Representation, los países que son más democráticos son aquellos que desarrollan más el principio de representatividad y proporcionalidad en su sistema electoral. Es decir que el voto de cada persona que participa en el proceso electoral tiene igual peso al escoger a sus representantes, los cuales reflejan proporcionalmente el voto recibido. Si el electorado de la opción política A recibe, por ejemplo, el 20% de los votos, sus miembros representan el 20% de la cámara legislativa. Pues bien, estos países son los que tienen mayor carga fiscal, con mayor progresividad y mayor impacto redistributivo en las intervenciones del estado. Los países nórdicos de Europa son un ejemplo de ello. En el otro polo de calidad del sistema democrático están aquellos países que no tienen sistemas proporcionales sino mayoritarios (es decir, que son bipartidistas) y que se basan en sistemas electorales en los que no todos los votantes tienen igual capacidad decisoria. España es un ejemplo de ello, pues, aún cuando el sistema electoral es en teoría proporcional, en la práctica es mayoritario. Existe un sesgo en el sistema electoral que favorece a los territorios conservadores y al bipartidismo. Soria, territorio tradicionalmente conservador necesita sólo 30.000 votos para elegir un miembro de las Cortes. Barcelona y Madrid más de 150.000. Dentro de estos países, el que es más bipartidista es EE.UU., el sistema electoral menos representativo y proporcional, lo cual explica también su enorme abstención (Véase mi artículo en PÚBLICO, La muy limitada democracia en EE.UU., 24.09.09). Pues bien, estos últimos países son los que tienen una carga fiscal menor. España es uno de los países con menor carga fiscal en la UE y EE.UU. es el país con menor carga fiscal entre los países de la OCDE.
De estos hechos, podemos concluir que a mayor libertad para que cada persona pueda hacer valer su poder de decisión en las instituciones representativas, mayor es la calidad democrática de su sistema político, y mayor es su carga fiscal (y menores son las desigualdades sociales en un país). La explicación de este hecho es fácil de entender. La mayoría de la ciudadanía, y muy en particular, las clases populares, hacen valer el poder democrático que les da el voto, para garantizar a través de sus representantes en el estado, el poder desarrollar los servicios, transferencias e intervenciones que aseguren su propia libertad y protección social. De ahí se deriva que el escaso desarrollo social de España se debe precisamente a su limitada democracia.
* http://www.vnavarro.org/
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