jueves, 5 de abril de 2012
obama prepara a estados unidos para una nueva guerra
Atilio Boron*
Comentamos a continuación una muy preocupante noticia que ha recibido escasa, por no decir nula, atención en la prensa mundial. Según revelara Kenneth Schortgen Jr., del periódico digital Examiner.com el presidente Barack Obama firmó el 16 de Marzo de 2012 una nueva Orden Ejecutiva que amplía considerablemente los poderes presidenciales conferidos por la Orden Ejecutiva para la Preparación ante Desastres emitida por Harry Truman en 1950 . Gracias a este nuevo instrumento legal el presidente Obama está facultado para asumir el control absoluto de todos los recursos de Estados Unidos en tiempos de guerra o emergencia nacional . Dependerá de él elegir el momento en que decida hacer uso de tan enormes prerrogativas y los alcances específicos de la misma.
Según consta en la documentación oficial la nueva orden para la “Preparación de Recursos para la Defensa Nacional ” le otorga poderes inmensos a la Casa Blanca . Mediante ella se le concede la facultad de controlar y distribuir por decreto la energía, la producción, el transporte, la alimentación , e incluso el agua en caso que la defensa y seguridad nacional es estén en peligro . Cabe notar que esta orden no limita su aplicación a tiempos de guerra, sino que se extiende también a tiempos de paz. Quedan asimismo comprendidos bajo la misma el control sobre los contratistas y proveedores , los materiales, los trabajadores calificados y el personal profesional y técnico. Cada uno de los secretarios (ministros) del Poder Ejecutivo (Defensa, Energía, Agricultura, Comercio, Trabajo, etcétera) se encargaría de la ejecución de la orden .
Órdenes Ejecutivas de este tipo, creadas para preparar al país ante inminentes catástrofes o para asegurar la defensa nacional , no son nuevas en la historia de Estados Unidos . Pero en dos casos muy significativos desencadenaron una crisis constitucional debido a que mediante esos dispositivos jurídicos el Ejecutivo pasa a disponer de facultades dictatoriales sobre los ciudadanos , cuya implementación queda librada a la discrecionalidad del ocupante de la Casa Blanca. Durante la Guerra Civil el presidente Abraham Lincoln suspendió las libertades de palabra y de prensa, revocó el Habeas Corpus y el derecho a un juicio justo bajo la Sexta Enmienda. En ocasión de la Primera Guerra Mundial el Congreso rehusó otorgar al presidente Woodrow Wilson nuevos y más extensos poderes sobre recursos de diverso tipo para colaborar en el esfuerzo de la guerra. Wilson , en respuesta, emitió una Orden Ejecutiva que le permitió acceder a un control completo sobre los negocios, la industria , el transporte, los alimentos así como facultades discrecionales para diseñar e implementar políticas económicas. Según Schortgen Jr. fue sólo luego de la muerte de estos dos presidentes que los poderes constitucionales fueron devueltos al pueblo de Estados Unidos. El cambio operado en el clima ideológico norteamericano, el avance del belicismo y la sutil y persistente manipulación guerrerista de la opinión pública descartan, salvo inesperadas eventualidades, la irrupción de un debate sobre la constitucionalidad, u oportunidad, de la nueva Orden Ejecutiva.
Con todo, la sorpresiva decisión del presidente Obama abre muy serios interrogantes pues confirma el vigor de la escalada belicista instalada en Washington. Según se informa en el citado artículo del Examiner.com aquélla habría sido precipitada por la certeza de que los planes israelíes para atacar a Irán habrían entrado ya en una cuenta regresiva que Washington demostró ser incapaz de detener. El killer de Jerusalem ya no obedece a las órdenes de sus patrones y financiadores y Washington se prepara , paradojalmente arrastrado por uno de sus peones, para participar en una guerra que incendiará a Medio Oriente . Por eso Obama ha decidido reforzar extraordinariamente los poderes presidenciales y adoptar los recaudos para que, cuando la coyuntura lo exija, toda la maquinaria económica de Estados Unidos sea puesta al servicio de la nueva, y más grave, aventura militar. No es un dato menor recordar que ni siquiera durante la guerra de Vietnam las sucesivas administraciones norteamericanas apelaron a tan fenomenal concentración de poder . Hace ya bastante tiempo que Fidel viene advirtiendo sobre los peligros que se ciernen sobre la paz mundial . En una “reflexión” escrita pocos días después de que Obama emitiera la nueva orden, “Los Caminos que Conducen al Desastre”, el Comandante concluía su nota diciendo que “ no albergo la menor duda de que Estados Unidos está a punto de cometer y conducir el mundo al mayor error de su historia. ” Lamentablemente, los hechos parecen darle la razón una vez más.
martes, 27 de marzo de 2012
29 m: huelga general contra la regresión social
Antón Saracibar*
El presidente del Gobierno Rajoy ha entrado en la escena política como un elefante en una cacharrería- al amparo de la crisis económica y del creciente desempleo- ratificando una política de supeditación a los postulados de la UE, lo que significará un aumento del desempleo y consolidará a España a la cabeza de los países de la UE y de la OCDE con mayores cifras de desempleo. Las consideraciones que se vienen haciendo y las medidas que se están tomando -de marcado carácter ideológico- están presididas por la manipulación y la mentira (“el PP es el partido de los trabajadores”), así como por el incumplimiento de las (falsas) promesas electorales: “no aumentaremos los impuestos y no abarataremos el despido”. Muchos ciudadanos de buena fe vienen manifestando que las críticas a Rajoy no respetan ni siquiera los 90 días de cortesía; sin embargo, lo que no saben estos ciudadanos es que Rajoy en 80 días ha producido más estropicios sociales que Zapatero en sus ocho años de Gobierno y, lo que es más grave, nos anuncia para el presente año un crecimiento negativo del PIB (-1,7%) y una tasa de paro del 24,3%, lo que representa la destrucción de 630.000 puestos de trabajo que nos situará en el umbral de los seis millones de parados.
Las previsibles políticas regresivas sobre el aborto, incluso sobre la homosexualidad; la brutal represión de las movilizaciones de jóvenes estudiantes; el recorte de las ayudas a la TV española (dejando el poder mediático en manos de las televisiones autonómicas controladas por Gobiernos del PP y de las digitales en manos del poder económico más reaccionario); los recortes en la investigación, en la sanidad, en la enseñanza y en los servicios sociales; el próximo y previsible recorte presupuestario, que nos adentrará aún más en la recesión y el desempleo; la aberrante campaña antisindical, claramente antidemocrática; la ruptura unilateral del diálogo y la concertación social, echando a la basura el acuerdo entre los interlocutores sociales sobre la limitación de salarios; y, por último, la regresiva reforma laboral (que no tiene nada que ver con el déficit público), son algunos ejemplos de lo realizado por Rajoy en sus primeros meses de gobierno que, todo hay que decirlo, no han evitado un aumento del desempleo. Por otra parte, no debemos olvidar que el actual Gobierno tiene en estudio nuevas medidas: recorte de las prestaciones por desempleo; una ley de huelga que recorte los derechos constitucionales de los trabajadores; la reducción de cuotas a la seguridad social de los empresarios; el endurecimiento del acceso a la pensión de los jóvenes; y el copago sanitario. Tampoco es de recibo la renuncia del Gobierno a frenar el desplome de los ingresos fiscales -para corregir el déficit público- y, en concreto, a abordar una reforma fiscal que penalice a los que más tienen (suficiencia y progresividad), junto a la lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida.
No es extraño -ante semejantes atropellos a los logros conseguidos por los trabajadores-que los sindicatos, cargados de razones (“no hay más radical que un moderado engañado”), hayan terminado por convocar una nueva huelga general (la séptima en democracia y la segunda al PP). Algunos ciudadanos, apelando a la responsabilidad de los sindicatos, han venido desaconsejando su convocatoria. Otros, en cambio, están dando la bienvenida a la convocatoria ante la imposibilidad de contestar con otras medidas a los abusos del Gobierno y argumentan que, por mucho menos, los sindicatos convocaron una huelga general a Felipe González, Aznar y Zapatero.
Lo que no cabe duda es que la huelga tiene riesgos para sus convocantes. La crisis económica; el desempleo; la precariedad de nuestro mercado de trabajo; la capacidad de presión mediática del Gobierno, que se visualizará intensamente en los días previos a la huelga y posteriormente en la “guerra de cifras”; el fuerte poder de coacción del empresario, sobre todo después de la reforma laboral; y, finalmente, el establecimiento de servicios mínimos abusivos que- como siempre ha ocurrido con todos los gobiernos- se impondrán con el propósito de abortar el éxito de la huelga, son elementos que se presentan como muy negativos para que los trabajadores más débiles secunden las movilizaciones.
A pesar de ello, los sindicatos no han tenido otra alternativa que convocar una huelga ante una política económica que empeorará la situación económica y aumentará el desempleo, a lo que se debe añadir la reforma laboral que suprime en la práctica la negociación colectiva, devalúa los salarios y el costo del despido y pone patas arriba un modelo de relaciones laborales que ha venido funcionando con éxito en España durante más de 30 años (ET, 1980). Los sindicatos no han tenido nunca tantas razones para ejercer un derecho constitucional como es el derecho de huelga; la prueba es que el propio Rajoy la esperaba como inevitable a pesar de que ahora la critica.
A los derrotistas que dicen que no se consigue nada con las huelgas hay que decirles que la historia demuestra todo lo contrario. Aunque con altibajos, los sindicatos han conseguido a través de la movilización y la huelga importantes logros a corto y medio plazo. Además de estos logros hay que valorar los “intangibles” que se consiguen: mejora la correlación de fuerzas, consolida la capacidad de presión, evita nuevos atropellos y consigue mejorar el contenido de los acuerdos y convenios futuros.
En todo caso, la derecha política, los empresarios y las políticas neoliberales dentro de la UE merecen una respuesta adecuada ante las agresiones a los derechos y conquistas del conjunto del movimiento sindical. Por eso, los sindicatos deben buscar afanosamente que se secunde la huelga. Ello requiere una correcta organización de la misma y, en este sentido, los sindicatos deben recabar la colaboración y el apoyo del mundo de la cultura, de los movimientos sociales, de los indignados (15-M) y del movimiento estudiantil y universitario, con el propósito de explicar minuciosamente las razones y finalidades de la huelga. No sería explicable que aparezcan diferencias artificiales en esta ocasión al margen de lo que pretenden los sindicatos con la convocatoria de la huelga general: modificar sustancialmente el contenido de la reforma laboral y evitar que se siga atentando contra los derechos de los trabajadores recayendo exclusivamente en ellos el costo de la crisis, además de recuperar el diálogo y la concertación social como el mejor procedimiento para salir de la crisis.
La huelga está convocada por los sindicatos representando a todos los trabajadores afectados por la política del Gobierno: jóvenes desempleados y parados de larga duración con y sin prestación por desempleo, empleados públicos, trabajadores con contrato de trabajo fijo que pueden verse expulsados del mercado de trabajo por un proceso de sustitución de empleo fijo por un empleo en precario y con despido más barato; y, por supuesto, a la clase media en general muy afectada por el aumento de las desigualdades y de la pobreza (proletarización), así como a los jubilados y pensionistas que también están sufriendo las consecuencias de la crisis.
Por estas razones, esta huelga general es considerada justa y necesaria por una buena parte de la ciudadanía y eso siempre resulta estimulante para los convocantes (sindicatos) y para las diversas organizaciones que la apoyan, al margen de los resultados que se puedan conseguir a corto plazo para los trabajadores en su conjunto. En esta ocasión, también resultará favorable para la propia democracia vapuleada por los mercados.
La conclusión de este análisis determina que la huelga se ha convertido en una necesidad democrática, tal y como están las cosas. No podemos olvidar que esto no ha terminado y que, si nadie lo remedia, continuarán las medidas regresivas, porque los mercados son insaciables y ya conocen el camino para conseguir lo que pretenden. La pretensión última es el desmantelamiento del modelo social europeo, la drástica reducción de salarios y la precarización de las condiciones de trabajo. Un salto en el vacío que seguramente traerá consigo un aumento de las desigualdades y de la pobreza, la inestabilidad social y un modelo productivo obsoleto e incapacitado para competir con garantías de éxito en un mundo globalizado. Nadie puede desconocer que no es posible competir con el trabajo de esclavos…
Lo más grave de esta situación es que todo esto es posible por la estudiada complicidad y el doble juego de la CEOE, que ha abusado -junto al Gobierno- de la buena fe de los sindicatos, poniendo en grave riesgo la necesaria confianza entre los interlocutores sociales para continuar con el diálogo social: ¿quién se puede fiar de la CEOE de aquí en adelante con las políticas que defiende y con las penosas manifestaciones (en clave política) que están haciendo algunos de sus máximos responsables, particularmente el de Madrid?
Finalmente, en el plano político el posicionamiento de los partidos está resultando previsible. El PSOE e IU ya han mostrado su rechazo a la reforma laboral, aunque su poder en el parlamento resulta insuficiente para condicionar el texto final que, por el contrario, tendrá el apoyo de los nacionalistas catalanes (CIU). Menos clara está la repercusión de la reforma laboral y de la política económica del Gobierno en las elecciones a celebrar en este mes (25-M) en Andalucía y Asturias. La pregunta que se hacen muchos es si la repercusión de esta regresiva política será suficiente para evitar la mayoría absoluta del PP en Andalucía; la misma pregunta se hace en Asturias ante la división de la derecha que ha conducido inevitablemente al adelanto electoral y a levantar expectativas en torno a la oposición de izquierdas.
El problema que se vuelve a plantear en nuestro país es que el descontento sindical tiene una fácil canalización social (movilizaciones y huelga) y una difícil canalización política en la actualidad ante la falta de credibilidad del PSOE (muy afectado por la etapa Zapatero) y el escaso gancho electoral de IU y de los partidos minoritarios de izquierda de corte nacionalista. Nuevamente nos encontramos con la contradicción que representa el voto político (favorable a la reforma en el parlamento) y el voto sindical (contrario a la reforma en la calle). En todo caso, no debemos olvidar que los dos posicionamientos son legítimos, aunque a la vez contradictorios en si mismos, lo que demuestra que la dinámica política no tiene nada que ver con la dinámica sindical.
Debemos recordar que ello tiene mucho que ver con la escasa cultura política existente en nuestro país- que todavía conserva vestigios reaccionarios del pasado-, así como con la existencia de unos medios de comunicación controlados por un poder económico ultra liberal que siempre han resultado beligerantes en función de sus propios intereses.
Resumiendo: es evidente que los sindicatos tienen poderosas razones para ir a la huelga; sin embargo, no resultará fácil evitar que la crisis siga recayendo en los más débiles. Por eso, debemos seguir trabajando activamente en el presente y redoblar el esfuerzo para construir un futuro más justo y solidario que, no lo olvidemos, pasa por reforzar la centralidad del trabajo en una sociedad democrática. Sin duda, el futuro sigue estando en manos de los trabajadores.
lunes, 5 de marzo de 2012
la seguridad gafe en el siglo xxi
Rafael Poch-de-Feliu*
Que el mundo del siglo XXI va a ser particularmente desordenado, como afirma el profesor Immanuel Wallerstein, es algo que le queda meridianamente claro a quien visita la conferencia de seguridad, organizada anualmente por los encargados del ramo en Occidente.
Expuestos por los secretarios de Defensa y Estado de EE.UU., Leon Panetta y Hillary Clinton, los "desafíos" del año guardan una relación kafkiana con las realidades del planeta.
La crisis no es el calentamiento global, ni las 40.000 muertes diarias por hambre y miseria, ni los 1,6 billones de dólares anuales que se gasta en ejércitos en un contexto de quiebra económica. Los "desafíos estratégicos" son un ejército más pequeño pero mejor, más flexible y tecnológico ("smart defense"), el anunciado "fortalecimiento en Asia", para contrarrestar el ascenso chino, compatibilizar esa mudanza de recursos con el mantenimiento de la presencia en Europa y las alianzas allá (y en África y América Latina), y seguir siendo capaces de intervenir militarmente, "en cualquier momento, en cualquier lugar del mundo", Panetta dixit.
En Europa los términos de la "relación trasatlántica" consisten, para Estados Unidos, en la misión imposible de que el continente pague más y se implique más en la policía global, manteniendo de paso el escudo antimisiles (con sus tres patas: la marítima en España, los radares en Turquía y los sistemas de cohetes en Rumania y Polonia), que es la jugada que imposibilita la "seguridad integrada de Vancouver a Vladivostok" demandada por Rusia desde el fin de la guerra fría.
Para Europa, vía Alemania, se trata de mantener el nexo inquebrantable de la OTAN, sin gastar demasiado y sin irritar más de la cuenta a Rusia, ni meterse en aventuras excesivas con Irán, explicaron con diversos matices los ministros germanos de Defensa y Exteriores, Thomas De Maiziere y Guido Westerwelle, y el secretario general de la Alianza, Anders Fogh Rasmussen, entre otros.
"Hay que buscar la manera para que América y Europa puedan seguir colaborando y si es necesario luchando juntos", dijo Rasmussen. La seguridad del continente, dijo Hillary Clinton, "continúa siendo incompleta e insegura, por los conflictos abiertos en el Mediterráneo, los Balcanes y Oriente Medio". Para Rusia, explicó su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, lo del escudo antimisiles no tendrá más remedio que ser contestado con "medidas efectivas y baratas" —léase nuevos misiles—, y en Asia "no participaremos en construcciones enfocadas a enfrentarnos con nuestro vecino chino".
Este lío, todo sumado, arroja la "seguridad" que los países entre Vancouver y Vladivostok ofrecen al resto, lo que promete continuar el gran gafe de los últimos años cosechado en Afganistán y Oriente Medio, donde sólo el gasto de las dos guerras (Irak y Afg-Pak) asciende a 3 billones de dólares, sin contar lo inconmensurable en centenares de miles de vidas humanas.
En Afganistán hay un ambiente de desbandada, de carrera por salir, ahora liderado por Francia, que obliga a Westerwelle a decir: juntos "in", y juntos "out". Pero el mensaje es claro: diez años inútiles que apuntan a un regreso a la casilla de salida.
Así lo entiende el actor más curtido en la región, el ISI paquistaní, los servicios de inteligencia de ese Estado nuclear fallido, que según un informe de la OTAN divulgado por la BBC apoya a los talibanes sin paliativos.
En Irak, echar a Sadam ha puesto en Bagdad a un gobierno dominado por chiítas que favorece a Irán, el enemigo considerado aún peor, que aspira a la bomba nuclear para ponerse en línea con Israel, Pakistán e India y blindarse ante un ataque de EE.UU., como ha hecho Corea del Norte en un acto de cartesiana racionalidad que se hace pasar por locura.
Las sanciones petroleras contra Irán por esa sospecha perjudican a Europa (Grecia, España e Italia compran crudo iraní, lo que complica aún más su difícil situación), mientras benefician a China, que ya compra el 22% del petróleo de Teherán y podrá negociar ahora mejores precios con su suministrador.
También es una ironía, si se tiene en cuenta que China es, en la mentalidad del Pentágono, el "gran enemigo" estratégico del futuro, al que también se rodea con sistemas de misiles y armadas.
Este enorme gafe, desde el punto de vista de la loca "seguridad" transatlántica, aún podría mejorarse en el estrecho de Ormuz, si Irán es atacado y cumple su amenaza de cerrar el estrecho por el que circula una quinta parte del petróleo global.
Por pequeño que fuera el daño, y parece que no lo sería, dispararía los precios del crudo, lo que convertiría la actual "crisis financiera" de Occidente en una broma al lado del caos que podría crearse. ¿Puede imaginarse un gafe mayor?
miércoles, 22 de febrero de 2012
la importancia de movilizarse en contra de las medidas neoliberales
Vicenç Navarro*
Hay distintas versiones del dogma neoliberal (el pensamiento económico de la troika –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)- que domina las instituciones de la Unión Europea y de la Eurozona, así como de gobiernos de los países de los Estados miembros) de cómo salir de la crisis actual, pero todas ellas coinciden en dos tipos de intervenciones: una es la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública, a fin de “recuperar la confianza de los mercados financieros” (la frase más utilizada en las páginas económicas de los medios de mayor difusión que apoyan tales medidas) y con ello poder conseguir dinero prestado de la banca y otras instituciones financieras que los Estados necesitan para realizar sus funciones. De ahí su énfasis en recortar el gasto público, y muy en especial el gasto público social, disminuyendo las transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar. La famosa frase de que “hay que apretarse el cinturón” o la otra frase de que “no podemos gastarnos más de lo que tenemos” refleja esta necesidad de seguir políticas de austeridad a fin de dejar atrás la Gran Recesión (camino de la Gran Depresión) que estamos sufriendo.
El otro tipo de intervención en que coinciden todos los neoliberales, es que hay que disminuir los salarios a fin de hacer la economía más competitiva. Puesto que los países de la Eurozona, al compartir la moneda, no pueden unilateralmente devaluarla, la única alternativa posible para aumentar la competitividad –según este dogma- es bajar los precios de los bienes y servicios que el país exporta, de manera que la economía sea más competitiva. Y la manera más rápida y eficiente de reducir los precios es –de nuevo, según este dogma- disminuir los salarios de los trabajadores que producen tales bienes y servicios.
Las medidas que la troika ha estado imponiendo, y en España el Gobierno Rajoy ha estado dócilmente aplicando al pie de la letra, tiene este objetivo: disminuir los salarios. A fin de conserguir este objetivo, tienen que debilitar a los trabajadores y a sus instrumentos, los sindicatos, lo cual intentan conseguir alterando los convenios colectivos, descentralizándolos lo máximo posible, haciendo más fácil la posibilidad de despido, manteniendo atemorizado al trabajador, lo cual también consiguen haciéndole perder seguridad en su empleo y en su protección social. En realidad, los recortes del gasto público social, y consiguiente debilitamiento, cuando no desmantelamiento del Estado del Bienestar, tiene como objetivo principal el debilitamiento del mundo del trabajo, implicando una pérdida de derechos sociales y laborales que los trabajadores habían conseguido en periodos anteriores.
Esta es, pues, la agenda de los conservadores, tanto de España como de sus comunidades autonómicas como Catalunya. Estamos, pues, viendo el ataque más frontal frente a la clase trabajadora que hayamos visto desde el establecimiento de la dictadura fascista que imperó en España desde 1939 a 1978, cuyo objetivo fue también debilitar al mundo del trabajo a costa del mundo del capital. Ello explica que cuando al Dictadura terminó –en parte debido a la presión del movimiento obrero- España tenía el Estado del Bienestar menos desarrollado y los salarios más bajos de Europa (ver mi libro “El Subdesarrollo Social de España Causas y Consecuencias”). La diferencia entre aquel periodo y éste es que, mientras en aquel periodo el elemento más notorio y visible era la represión policial, con tortura incluida, ahora se hace mediante cartas y llamadas del Banco Central Europeo al presidente del Gobierno, condicionando la compra de deuda pública del Estado a que se debilite el mundo del trabajo, exigiendo bajada de salarios, desmantelamiento de la protección social y otras medidas hostiles a la población trabajadora.
Estas medidas, que el Gobierno de Rajoy está imponiendo, son el resultado de la alianza de la banca con la gran patronal, utilizando la crisis como excusa para conseguir lo que siempre han deseado: el desmantelamiento del Estado del Bienestar y el debilitamiento de la clase trabajadora. Es lo que Noam Chomsky llama “La guerra de clases unilateral”, del capital frente al trabajo, que el primero está ganando en bases diarias, y que entre sus victorias está el desmantelamiento de las instituciones democráticas. Ninguna de las medidas, que los partidos conservadores gobernantes -el PP y CiU- están imponiendo, estaba en su programa electoral, habiendo ocultado cada una de sus medidas impopulares durante la campaña electoral. A nivel estatal, el Gobierno de Rajoy es el más dócil de todos los Gobiernos de la Eurozona a Bruselas, habiendo abandonado cualquier intento de dignidad y soberanía nacional. Esta lucha de clases que vivimos enfrenta a la burguesía financiera y empresarial, contra las clases populares (clase trabajadora y clase media) y tiene lugar dentro de un contexto europeo en el que hay una alianza de clases, como demuestra el notable apoyo que la troika está proveyendo a la burguesía española para conseguir sus fines.
Frente a esta avalancha, las fuerzas progresistas deben responder con toda contundencia. Está claro que en el Gobierno del PP refleja un “autoritarismo machista” que consiste en mostrar su virilidad cargándose a la clase trabajadora, a fin de mostrar a la troika que tienen los bemoles para hacer lo que Bruselas desea. Incluso alardean de que tendrán una huelga general (que naturalmente piensan derrotar) a fin de impresionar a los que consideran sus superiores. Es importante que las fuerzas progresistas respondan mediante la movilización, presentando a la vez alternativas que muestren la falsedad de que no existan alternativas (ver el libro que Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos escrito, “Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España”). Y entre estas alternativas está, desde salirse del euro (opción que no hay que desechar), hasta desarrollar una huelga general a nivel de toda la Eurozona (el mismo día), con peticiones comunes que van desde el establecimiento de un salario mínimo común (que, naturalmente, sería proporcional y no absoluto, representando aproximadamente el 60% del salario promedio anual) para todos los países de la Eurozona, hasta el establecimiento (todavía inexistente hoy en la Eurozona) de un marco legal para establecer convenios colectivos a nivel continental, incluyendo otras medidas como que el BCE ponga como condición para comprar deuda pública la eliminación del fraude fiscal y la aplicación de reformas fiscales, que recuperen la progresividad anterior a las bajadas de los impuestos que estuvieron ocurriendo en los últimos años, en lugar de las políticas anti clase trabajadora que están promoviendo. Hoy hace falta una movilización, no sólo nacional (que continúa siendo muy importante), sino europea, tanto a nivel sindical como político.
Las medidas que la troika ha estado imponiendo, y en España el Gobierno Rajoy ha estado dócilmente aplicando al pie de la letra, tiene este objetivo: disminuir los salarios. A fin de conserguir este objetivo, tienen que debilitar a los trabajadores y a sus instrumentos, los sindicatos, lo cual intentan conseguir alterando los convenios colectivos, descentralizándolos lo máximo posible, haciendo más fácil la posibilidad de despido, manteniendo atemorizado al trabajador, lo cual también consiguen haciéndole perder seguridad en su empleo y en su protección social. En realidad, los recortes del gasto público social, y consiguiente debilitamiento, cuando no desmantelamiento del Estado del Bienestar, tiene como objetivo principal el debilitamiento del mundo del trabajo, implicando una pérdida de derechos sociales y laborales que los trabajadores habían conseguido en periodos anteriores.
Esta es, pues, la agenda de los conservadores, tanto de España como de sus comunidades autonómicas como Catalunya. Estamos, pues, viendo el ataque más frontal frente a la clase trabajadora que hayamos visto desde el establecimiento de la dictadura fascista que imperó en España desde 1939 a 1978, cuyo objetivo fue también debilitar al mundo del trabajo a costa del mundo del capital. Ello explica que cuando al Dictadura terminó –en parte debido a la presión del movimiento obrero- España tenía el Estado del Bienestar menos desarrollado y los salarios más bajos de Europa (ver mi libro “El Subdesarrollo Social de España Causas y Consecuencias”). La diferencia entre aquel periodo y éste es que, mientras en aquel periodo el elemento más notorio y visible era la represión policial, con tortura incluida, ahora se hace mediante cartas y llamadas del Banco Central Europeo al presidente del Gobierno, condicionando la compra de deuda pública del Estado a que se debilite el mundo del trabajo, exigiendo bajada de salarios, desmantelamiento de la protección social y otras medidas hostiles a la población trabajadora.
Estas medidas, que el Gobierno de Rajoy está imponiendo, son el resultado de la alianza de la banca con la gran patronal, utilizando la crisis como excusa para conseguir lo que siempre han deseado: el desmantelamiento del Estado del Bienestar y el debilitamiento de la clase trabajadora. Es lo que Noam Chomsky llama “La guerra de clases unilateral”, del capital frente al trabajo, que el primero está ganando en bases diarias, y que entre sus victorias está el desmantelamiento de las instituciones democráticas. Ninguna de las medidas, que los partidos conservadores gobernantes -el PP y CiU- están imponiendo, estaba en su programa electoral, habiendo ocultado cada una de sus medidas impopulares durante la campaña electoral. A nivel estatal, el Gobierno de Rajoy es el más dócil de todos los Gobiernos de la Eurozona a Bruselas, habiendo abandonado cualquier intento de dignidad y soberanía nacional. Esta lucha de clases que vivimos enfrenta a la burguesía financiera y empresarial, contra las clases populares (clase trabajadora y clase media) y tiene lugar dentro de un contexto europeo en el que hay una alianza de clases, como demuestra el notable apoyo que la troika está proveyendo a la burguesía española para conseguir sus fines.
Frente a esta avalancha, las fuerzas progresistas deben responder con toda contundencia. Está claro que en el Gobierno del PP refleja un “autoritarismo machista” que consiste en mostrar su virilidad cargándose a la clase trabajadora, a fin de mostrar a la troika que tienen los bemoles para hacer lo que Bruselas desea. Incluso alardean de que tendrán una huelga general (que naturalmente piensan derrotar) a fin de impresionar a los que consideran sus superiores. Es importante que las fuerzas progresistas respondan mediante la movilización, presentando a la vez alternativas que muestren la falsedad de que no existan alternativas (ver el libro que Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos escrito, “Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España”). Y entre estas alternativas está, desde salirse del euro (opción que no hay que desechar), hasta desarrollar una huelga general a nivel de toda la Eurozona (el mismo día), con peticiones comunes que van desde el establecimiento de un salario mínimo común (que, naturalmente, sería proporcional y no absoluto, representando aproximadamente el 60% del salario promedio anual) para todos los países de la Eurozona, hasta el establecimiento (todavía inexistente hoy en la Eurozona) de un marco legal para establecer convenios colectivos a nivel continental, incluyendo otras medidas como que el BCE ponga como condición para comprar deuda pública la eliminación del fraude fiscal y la aplicación de reformas fiscales, que recuperen la progresividad anterior a las bajadas de los impuestos que estuvieron ocurriendo en los últimos años, en lugar de las políticas anti clase trabajadora que están promoviendo. Hoy hace falta una movilización, no sólo nacional (que continúa siendo muy importante), sino europea, tanto a nivel sindical como político.
jueves, 12 de enero de 2012
irán, ¿un conflicto militar inevitable?
Juan Antonio Sacaluga*
Con la campaña electoral norteamericana y la crisis económica de fondo, el debate sobre la escalada del conflicto en torno a la supuesta intencionalidad de Irán de dotarse de armas nucleares se acrecienta.
Como suele ocurrir en estos casos, la oportuna coincidencia o acumulación de 'acontecimientos' empuja el asunto hacia el primer plano de la actualidad: los movimientos militares norteamericanos; la advertencia militar iraní de cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz; el anuncio iraní y la confirmación internacional posterior de la puesta en marcha de una nueva instalación nuclear cerca de Qom; la adopción de nuevas y más severas sanciones económicas occidentales... y, finalmente, para añadir dramatismo a la proliferación de noticias, el asesinato de otro científico iraní (el quinto desde 2007), relacionado con el programa nuclear (bajo sospecha de autoría israelí o norteamericana, según Teherán).
EL DILEMA DE LA INTERVENCIÓN MILITAR
Con este 'menú', no es extraño que muchos analistas se lancen a especular sobre la conveniencia, oportunidad y condiciones de una confrontación militar. El contexto es terrible: una guerra en pleno corazón de la fuente de aprovisionamiento petrolero de más de medio mundo puede provocar un caos sin precedentes y elevar a límites insoportables la crisis económica mundial.
Pero, por un ejercicio elemental de responsabilidad intelectual, lo primero que habría que plantear es si el origen de ese hipotético conflicto responde a la realidad. O, en otras palabras, si no estamos asistiendo a una manipulación sensacional como la que tuvo lugar con la guerra de Irak, en 2003. En este sentido, habría que responder a dos cuestiones fundamentales:
- ¿hay pruebas fidedignas de que, efectivamente, Irán pretende dotarse de armas nucleares?
- en caso afirmativo, ¿es lícito, ético o inteligente tratar de impedirlo por la fuerza?
A la primera pregunta no tenemos una respuesta concluyente, por mucho que los halcones pretendan lo contrario. Irán insiste en que sólo pretende dotarse de una fuente de energía adicional para garantizar su desarrollo económico. Desde luego, es comprensible que se dude de los informes de inteligencia, después de lo visto en crisis anteriores (singularmente la iraquí). Pero aún confiando en ellos, resulta que sus resultados no son concluyentes.
Micak Zenko, uno de los expertos de la llamada Comunidad de Inteligencia (IQ), acaba de recordar, en claro análisis para FOREING AFFAIRS, que no existen pruebas inequívocas de las supuestas intenciones armamentísticas de Irán. "Los proponentes de un ataque preventivo contra el sospechado programa nuclear iraní -escribe- raramente plantean la seguridad que tienen en que Irán construirá la bomba". Zenko añade que la Agencia Internacional de la Energía Atómica tiene controladas las quince instalaciones nucleares iraníes. Sería extremadamente arriesgado para las autoridades iraníes proceder a la producción de "material fisible" en esos lugares. Por tanto, no es factible que el organismo internacional dispusiera alguna vez de la 'smoking gun' (la prueba concluyente) que avalaría una operación militar.
La otra cuestión previa es si resulta lícito, ético o (por plantearlo con cierto cinismo) inteligente una escalada militar. Desde una perspectiva occidental o árabe (los estados temerosos de la potencia persa), puede entenderse la preocupación por vivir con un Irán dotado de armas nucleares. Pero el estatus nuclear de Israel, aceptado por Occidente sin el menor problema, plantea una cuestión sin resolver.
Dejando aparte estas dos cuestiones, la opción militar se maneja de momento en un plano académico, estratégico, casi como una respuesta no deseada aunque nada descartable, en caso de 'provocación' (léase, por el estrangulamiento iraní del suministro petrolero).
Israel presiona en favor de resolver este asunto cuanto antes, y no permitir que se haga demasiado tarde. A falta de una acción militar directa, la campaña de sabotaje (asesinato, destrucción parcial de instalaciones, tecnología y recursos, compra de científicos, etc.) parece una alternativa atractiva. EL NEW YORK TIMES, en un artículo en el que repasa estas operaciones encubiertas, no descarta, efectivamente la autoría israelí y, al menos, la connivencia de Washington, pese a los rotundos desmentidos oficiales norteamericanos.
Los exégetas de la intervención sostienen que no es viable la convivencia con un Irán capaz de amenazar con armas nucleares. Matthew Kroening, un asesor del Pentagono en asuntos nucleares e iraníes, asegura que los riesgos de un fracaso (resultaría muy difícil eliminar completamente las instalaciones iraníes) no constituyen razón suficiente para descartar una acción militar, porque está en juego la preservación de vitales intereses de seguridad de Estados Unidos. Un Irán nuclear condicionaría gravemente la política mediooriental de Washington y podría provocar la proliferación atómica en la región.
El asunto no ocupa un lugar preeminente en la campaña electoral norteamericana, pero no está ausente. El belicoso Gingrich es el único candidato republicano que ha planteado directamente colaborar con Israel en una hipotética operación militar. El resto muestra mayor cautela o no precisa sus posiciones.
EL ALCANCE DE LAS SANCIONES ECONÓMICAS
A los halcones la opción más templada de presión económica adoptada por la administración Obama, con el respaldo de los aliados europeos y asiáticos, les parece claramente insuficiente.
Sin entrar en la conveniencia o no de la acción militar, otros analistas cuestionan la eficacia de las sanciones, recientemente incrementadas. Resulta de particular interés el análisis de Suzanne Maloney, de la BROOKING INSTITUION. Esta investigadora considera que la decisión de Obama es "contraproducente" y supone la anulación de la estrategia llevada a cabo por Estados Unidos hacia Irán desde 1979: una combinación de presión y persuasión.
Argumenta Maloney que no se puede esperar que un país (o un régimen) al que se quiere destruir económicamente se avenga a buenos comportamientos. Más bien lo contrario: se le empujará a radicalizar su posición; es decir, a refugiarse en la última opción disuasiva: el arma nuclear. Justo lo contrario de lo que se pretende.
Pero, además, Maloney emplea otros razonamientos. El régimen islámico lleva décadas soportando presiones y sanciones -éstas no son las primeras, por supuesto- y hasta ahora, su estrategia de seguridad no ha sido debilitada, ni sus planes disuasivos alterados. De nuevo, todo lo contrario: se ha reforzado la línea dura, los sectores moderados o dialogantes han perdido fuerza o han resultado barridos, incluso con indudable pedigrí revolucionario (como Rafsanjani o Mussavi).
Considera Maloney que solo cabe explicarse la decisión de Washington como una apuesta por el cambio de régimen, por una rebelión interna, como consecuencia del caos que las sanciones podrían provocar. En esta impresión coincide Daniel Drezner en su análisis para FOREIGN POLICY. En Irak, esa pretensión resultó claramente fallida.
Por lo tanto, partiendo del principio de que a ninguna de las partes interesa la guerra (en todo caso, sólo a un sector de Israel), lo inteligente sería que la administración Obama regresara a su estrategia inicial: insistir en la vía negociadora, limitar los riesgos de una escalada y manejar los instrumentos de presión con cautela, dejando siempre una salida a los dirigentes iraníes.
EL DILEMA DE LA INTERVENCIÓN MILITAR
Con este 'menú', no es extraño que muchos analistas se lancen a especular sobre la conveniencia, oportunidad y condiciones de una confrontación militar. El contexto es terrible: una guerra en pleno corazón de la fuente de aprovisionamiento petrolero de más de medio mundo puede provocar un caos sin precedentes y elevar a límites insoportables la crisis económica mundial.
Pero, por un ejercicio elemental de responsabilidad intelectual, lo primero que habría que plantear es si el origen de ese hipotético conflicto responde a la realidad. O, en otras palabras, si no estamos asistiendo a una manipulación sensacional como la que tuvo lugar con la guerra de Irak, en 2003. En este sentido, habría que responder a dos cuestiones fundamentales:
- ¿hay pruebas fidedignas de que, efectivamente, Irán pretende dotarse de armas nucleares?
- en caso afirmativo, ¿es lícito, ético o inteligente tratar de impedirlo por la fuerza?
A la primera pregunta no tenemos una respuesta concluyente, por mucho que los halcones pretendan lo contrario. Irán insiste en que sólo pretende dotarse de una fuente de energía adicional para garantizar su desarrollo económico. Desde luego, es comprensible que se dude de los informes de inteligencia, después de lo visto en crisis anteriores (singularmente la iraquí). Pero aún confiando en ellos, resulta que sus resultados no son concluyentes.
Micak Zenko, uno de los expertos de la llamada Comunidad de Inteligencia (IQ), acaba de recordar, en claro análisis para FOREING AFFAIRS, que no existen pruebas inequívocas de las supuestas intenciones armamentísticas de Irán. "Los proponentes de un ataque preventivo contra el sospechado programa nuclear iraní -escribe- raramente plantean la seguridad que tienen en que Irán construirá la bomba". Zenko añade que la Agencia Internacional de la Energía Atómica tiene controladas las quince instalaciones nucleares iraníes. Sería extremadamente arriesgado para las autoridades iraníes proceder a la producción de "material fisible" en esos lugares. Por tanto, no es factible que el organismo internacional dispusiera alguna vez de la 'smoking gun' (la prueba concluyente) que avalaría una operación militar.
La otra cuestión previa es si resulta lícito, ético o (por plantearlo con cierto cinismo) inteligente una escalada militar. Desde una perspectiva occidental o árabe (los estados temerosos de la potencia persa), puede entenderse la preocupación por vivir con un Irán dotado de armas nucleares. Pero el estatus nuclear de Israel, aceptado por Occidente sin el menor problema, plantea una cuestión sin resolver.
Dejando aparte estas dos cuestiones, la opción militar se maneja de momento en un plano académico, estratégico, casi como una respuesta no deseada aunque nada descartable, en caso de 'provocación' (léase, por el estrangulamiento iraní del suministro petrolero).
Israel presiona en favor de resolver este asunto cuanto antes, y no permitir que se haga demasiado tarde. A falta de una acción militar directa, la campaña de sabotaje (asesinato, destrucción parcial de instalaciones, tecnología y recursos, compra de científicos, etc.) parece una alternativa atractiva. EL NEW YORK TIMES, en un artículo en el que repasa estas operaciones encubiertas, no descarta, efectivamente la autoría israelí y, al menos, la connivencia de Washington, pese a los rotundos desmentidos oficiales norteamericanos.
Los exégetas de la intervención sostienen que no es viable la convivencia con un Irán capaz de amenazar con armas nucleares. Matthew Kroening, un asesor del Pentagono en asuntos nucleares e iraníes, asegura que los riesgos de un fracaso (resultaría muy difícil eliminar completamente las instalaciones iraníes) no constituyen razón suficiente para descartar una acción militar, porque está en juego la preservación de vitales intereses de seguridad de Estados Unidos. Un Irán nuclear condicionaría gravemente la política mediooriental de Washington y podría provocar la proliferación atómica en la región.
El asunto no ocupa un lugar preeminente en la campaña electoral norteamericana, pero no está ausente. El belicoso Gingrich es el único candidato republicano que ha planteado directamente colaborar con Israel en una hipotética operación militar. El resto muestra mayor cautela o no precisa sus posiciones.
EL ALCANCE DE LAS SANCIONES ECONÓMICAS
A los halcones la opción más templada de presión económica adoptada por la administración Obama, con el respaldo de los aliados europeos y asiáticos, les parece claramente insuficiente.
Sin entrar en la conveniencia o no de la acción militar, otros analistas cuestionan la eficacia de las sanciones, recientemente incrementadas. Resulta de particular interés el análisis de Suzanne Maloney, de la BROOKING INSTITUION. Esta investigadora considera que la decisión de Obama es "contraproducente" y supone la anulación de la estrategia llevada a cabo por Estados Unidos hacia Irán desde 1979: una combinación de presión y persuasión.
Argumenta Maloney que no se puede esperar que un país (o un régimen) al que se quiere destruir económicamente se avenga a buenos comportamientos. Más bien lo contrario: se le empujará a radicalizar su posición; es decir, a refugiarse en la última opción disuasiva: el arma nuclear. Justo lo contrario de lo que se pretende.
Pero, además, Maloney emplea otros razonamientos. El régimen islámico lleva décadas soportando presiones y sanciones -éstas no son las primeras, por supuesto- y hasta ahora, su estrategia de seguridad no ha sido debilitada, ni sus planes disuasivos alterados. De nuevo, todo lo contrario: se ha reforzado la línea dura, los sectores moderados o dialogantes han perdido fuerza o han resultado barridos, incluso con indudable pedigrí revolucionario (como Rafsanjani o Mussavi).
Considera Maloney que solo cabe explicarse la decisión de Washington como una apuesta por el cambio de régimen, por una rebelión interna, como consecuencia del caos que las sanciones podrían provocar. En esta impresión coincide Daniel Drezner en su análisis para FOREIGN POLICY. En Irak, esa pretensión resultó claramente fallida.
Por lo tanto, partiendo del principio de que a ninguna de las partes interesa la guerra (en todo caso, sólo a un sector de Israel), lo inteligente sería que la administración Obama regresara a su estrategia inicial: insistir en la vía negociadora, limitar los riesgos de una escalada y manejar los instrumentos de presión con cautela, dejando siempre una salida a los dirigentes iraníes.
Académicamente impecable. Política y diplomáticamente, un ejercicio endiablado.
martes, 3 de enero de 2012
urgencias climáticas
Ignacio Ramonet*
La grave crisis financiera y el horror económico que padecen las sociedades europeas están haciendo olvidar que –como lo recordó, en diciembre pasado, la Cumbre del clima de Durban, en Sudáfrica– el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad siguen siendo los principales peligros que amenazan a la humanidad. Si no modificamos rápidamente el modelo de producción dominante, impuesto por la globalización económica, alcanzaremos el punto de no retorno a partir del cual la vida humana en el planeta dejará poco a poco de ser soportable.
Hace unas semanas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció el nacimiento del ser humano número siete mil millones, una niña filipina llamada Dánica. En poco más de cincuenta años, el número de habitantes de la Tierra se ha multiplicado por 3,5. Y la mayoría de ellos vive ahora en ciudades. Por primera vez los campesinos son menos numerosos que los urbanos. Entre tanto, los recursos del planeta no aumentan. Y surge una nueva preocupación geopolítica: ¿qué pasará cuando se agrave la penuria de algunos recursos naturales? Estamos descubriendo con estupefacción que nuestro “ancho mundo” es finito...
En el curso de la última década, gracias al crecimiento experimentado por varios países emergentes, el número de personas salidas de la pobreza e incorporadas al consumo sobrepasa los ciento cincuenta millones... (1) ¿Cómo no alegrarse de ello? No hay causa más justa en el mundo que el combate contra la pobreza. Pero esto conlleva una gran responsabilidad para todos. Porque esa perspectiva no es compatible con el modelo consumista dominante.
Es obvio que nuestro planeta no dispone de recursos naturales ni energéticos suficientes para que toda la población mundial los use sin freno. Para que siete mil millones de personas consuman tanto como un europeo medio se necesitarían los recursos de dos planetas Tierra. Y para que consumieran como un estadounidense medio, los de tres planetas.
Desde el principio del siglo XX, por ejemplo, la población mundial se ha multiplicado por cuatro. En ese mismo lapso de tiempo, el consumo de carbón lo ha hecho por seis... El de cobre por veinticinco... De 1950 a hoy, el consumo de metales en general se ha multiplicado por siete... El de plásticos por dieciocho... El de aluminio por veinte... La ONU lleva tiempo avisándonos de que estamos gastando “más del 30% de la capacidad de reposición” de la biosfera terrestre. Moraleja: debemos ir pensando en adoptar y generalizar estilos de vida mucho más frugales y menos derrochadores.
Este consejo parece de sentido común pero es evidente que no se aplica a los mil millones de hambrientos crónicos del mundo, ni a los tres mil millones de personas que viven en la pobreza. La bomba de la miseria amenaza a la humanidad. La enorme brecha que separa a los ricos de los pobres sigue siendo, a pesar de los progresos recientes, una de las características principales del mundo actual (2).
Esta no es una afirmación abstracta. Tiene traducciones muy concretas. Por ejemplo, en el tiempo de lectura de este artículo (diez minutos), 10 mujeres van a fallecer en el mundo durante el parto; y 210 niños de menos de cinco años van a morir de dolencias fácilmente curables (de ellos 100 por haber bebido agua de mala calidad). Estas personas no fallecen por enfermedad. Mueren por ser pobres. La pobreza las mata. Mientras tanto, la ayuda de los Estados ricos a los países en desarrollo ha disminuido, en los últimos quince años, un 25%... Y en el mundo se siguen gastando unos 500.000 millones de euros al año en armamento...
Si en las próximas décadas tuviésemos que aumentar un 70% la producción de alimentos para responder a la legítima demanda de una población más numerosa, el impacto ecológico sería demoledor. Además, ese crecimiento ni siquiera sería sostenible porque supondría mayor degradación de los suelos, mayor desertificación, mayor escasez de agua dulce, mayor destrucción de la biodiversidad... Sin hablar de la producción de gases de efecto invernadero y sus graves consecuencias para el cambio climático.
A este respecto, conviene recordar que unos 1.500 millones de seres humanos siguen usando energía fósil contaminante procedente de la combustión de leña, carbón, gas o petróleo, principalmente en África, China y la India. Apenas el 13% de la energía producida en el mundo es renovable y limpia (hidráulica, eólica, solar, etc.). El resto es de origen nuclear y sobre todo fósil, la más nefasta para el medio ambiente.
En este contexto, preocupa que los grandes países emergentes adopten métodos de desarrollo depredadores, industrialistas y extractivistas, imitando lo peor que hicieron y siguen haciendo los actuales Estados desarrollados. Todo lo cual está produciendo una gravísima erosión de la biodiversidad.
¿Qué es la biodiversidad? La totalidad de todas las variedades de todo lo viviente. Estamos constatando una extinción masiva de especies vegetales y animales. Una de las más brutales y rápidas que la Tierra haya conocido. Cada año, desaparecen entre 17.000 y 100.000 especies vivas. Un estudio reciente ha revelado que el 30% de las especies marinas está a punto de extinguirse a causa de la sobrepesca y del cambio climático. Asimismo, una de cada ocho especies de plantas se halla amenazada. Una quinta parte de todas las especies vivas podría desaparecer de aquí a 2050.
Cuando se extingue una especie se modifica la cadena de lo viviente y se cambia el curso de la historia natural. Lo cual constituye un atentado contra la libertad de la naturaleza. Defender la biodiversidad es, por consiguiente, defender la solidaridad objetiva entre todos los seres vivos.
El ser humano y su modelo depredador de producción son las principales causas de esta destrucción de la biodiversidad. En las últimas tres décadas, los excesos de la globalización neoliberal han acelerado el fenómeno.
La globalización ha favorecido el surgimiento de un mundo dominado por el horror económico, en el que los mercados financieros y las grandes corporaciones privadas han restablecido la ley de la jungla, la ley del más fuerte. Un mundo en el que la búsqueda de beneficios lo justifica todo. Cualquiera que sea el coste para los seres humanos o para el medio ambiente. A este respecto, la globalización favorece el saqueo del planeta. Muchas grandes empresas toman por asalto la naturaleza con medios de destrucción desmesurados. Y obtienen enormes ganancias contaminando, de modo totalmente irresponsable el agua, el aire, los bosques, los ríos, el subsuelo, los océanos... Que son bienes comunes de la humanidad.
¿Cómo poner freno a este saqueo de la Tierra? Las soluciones existen. He aquí cuatro decisiones urgentes que se podrían tomar:
— Cambiar de modelo inspirándose en la “economía solidaria”. Ésta crea cohesión social porque los beneficios no van sólo a unos cuantos sino a todos. Es una economía que produce riqueza sin destruir el planeta, sin explotar a los trabajadores, sin discriminar a las mujeres, sin ignorar las leyes sociales.
— Poner freno a la globalización mediante un retorno a la reglamentación que corrija la concepción perversa y nociva del libre comercio. Hay que atreverse a restablecer una dosis de proteccionismo selectivo (ecológico y social) para avanzar hacia la "desglobalización".
— Frenar el delirio de la especulación financiera que está imponiendo sacrificios inaceptables a sociedades enteras, como lo vemos hoy en Europa donde los mercados han tomado el poder. Es más urgente que nunca imponer una tasa sobre las transacciones financieras para acabar con los excesos de la especulación bursátil.
— Si queremos salvar el planeta, evitar el cambio climático y defender a la humanidad, es urgente salir de la lógica del crecimiento permanente que es inviable, y adoptar por fin la vía de un "decrecimiento" razonable.
Con estas simples cuatro medidas, una luz de esperanza aparecería por fin en el horizonte, y las sociedades empezarían a recobrar confianza en el progreso. Pero ¿quién tendrá la voluntad política de imponerlas?
NOTAS:
(1) Sólo en América Latina, como consecuencia de las políticas de inclusión social implementadas por gobiernos progresistas en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Venezuela y Uruguay, cerca de ochenta millones de personas salieron de la pobreza.
(2) En el mundo, unos 100 millones de niños (sobre todo niñas) no están escolarizados; 650 millones de personas no disponen de agua potable; 850 millones son analfabetas; más de 2.000 millones no disponen de alcantarillas, ni de retretes...; unos 3.000 millones viven (o sea se alimentan, se alojan, se visten, se transportan, se cuidan, etc.) con menos de dos euros diarios.
martes, 29 de noviembre de 2011
ee.uu. y pakistán se adentran en zona de peligro
M. K. Bhadrakumar*
El ataque aéreo que la OTAN perpetró el viernes por la noche contra el puesto militar pakistaní en Salala, perteneciente a la agencia territorial Mohmand, situada en la frontera afgano-pakistaní, está destinado a convertirse en un hito destacado en la crónica de la guerra afgana.
A las pocas horas del incidente, las relaciones de Pakistán con EEUU empezaron a caer en picado y así continúan. La OTAN violó todas las líneas rojas.
Lo que resulta absolutamente impactante en el comunicado emitido por el Comité de Defensa del Gabinete pakistaní (CDGP), que se reunió el sábado en Islamabad bajo la presidencia del primer ministro Yusuf Gilani, es que no se molestaron siquiera en pedir una investigación de EEUU o la OTAN sobre el ataque aéreo que acabó con la vida de 28 soldados pakistaníes.
Sigue siendo un misterio que fue lo que sucedió en la fatídica noche del viernes, si es que la OTAN cometió un error garrafal en un acto venganza ciego (o preventivo) o se aventuró en una calculada acción gravemente provocadora. Quizá no importe ya saber qué paso al haberse derramado la sangre y perdido la inocencia, que se ha convertido en la principal cuestión.
De todas formas, el CDGP procedió a actuar considerando sencillamente que se había tratado de un ataque aéreo calculado y en modo alguno de un suceso accidental. De nuevo, el comunicado del CDGP implica que, en la valoración del ejército pakistaní, el ataque de la OTAN emanó de una decisión estadounidense. Pakistán presentó una firme protesta ante los cuarteles de la OTAN en Bruselas pero solo a nivel de “dejar constancia en el registro”, mientras que la parte “operativa” se dirigió hacia Washington.
En la sede del ejército pakistaní en Rawalpindi (GHQ) se llevó a cabo una evaluación de los hechos a escasas horas del incidente de Salala del que EEUU es directamente culpable. Obviamente, el GHQ asesoró como corresponde al CDGP, recomendando el conjunto de medidas que Pakistán debería adoptar a través de lo que su jefe de estado mayor, el General Ashfaq Parvez Kiani, denominó públicamente como “respuesta eficaz”.
El CDGP adoptó las siguientes decisiones: a) cerrar las rutas de tránsito de la OTAN por todo el territorio pakistaní con efecto inmediato; b) pedir a EEUU que se fuera de la base aérea de Shamsi en el plazo de 15 días; c) “retomar y emprender una revisión completa” de todos los “programas, actividades y acuerdos de cooperación” con EEUU, la OTAN y la Fuerza de Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés), incluidas las áreas “diplomáticas, políticas y de inteligencia”; d) anunciar en breve un amplio conjunto de nuevas medidas respecto a la futura cooperación de Pakistán con EEUU, la OTAN y la ISAF.
Se acabaron los eufemismos
La respuesta estuvo a punto de poner fin a la participación pakistaní en la guerra que EEUU capitanea en Afganistán (que, por cierto, es también la demanda del político pakistaní Imran Khan, considerado muy cercano a los círculos militares pakistaníes). Sin embargo, a todos los efectos, Pakistán está al borde de llegar a esa decisión.
Puede que el cierre de las rutas de tránsito de EEUU y la OTAN a través del territorio pakistaní no afecte de inmediato a las fuerzas de la coalición en Afganistán, ya que han acumulado reservas que podrían durar varias semanas. Pero el agotamiento de tales reservas podría causar gran ansiedad si el embargo pakistaní se prolonga, lo cual no debe descartarse.
Por tanto, la medida pakistaní va a afectar a las operaciones de la OTAN en Afganistán, ya que alrededor de la mitad de los suministros para las tropas de EEUU y la OTAN llegan a través del territorio pakistaní. Para EEUU y la OTAN, otra alternativa sería empezar a utilizar más las rutas de tránsito de la Red Norte de Distribución (RND). Pero que EEUU y la OTAN pasen ahora a depender de la RND tiene un precio político: que Rusia esté dispuesta a cooperar.
Moscú está nervioso a causa de las políticas regionales de EEUU. La intervención de la OTAN en Libia creó fricciones, que profundizaron la angustia rusa ante la percibida falta de seriedad de EEUU a la hora de considerarles sus iguales, socios importantes o “asociación selectiva”.
Además, hay otras cuestiones específicas que agitan a Moscú: el empujón estadounidense al “cambio de régimen” en Siria; la aparición de EEUU y la OTAN en la región del Mar Negro; el continuado despliegue del sistema de defensa antimisiles de EEUU y la ampliación en el tiempo y en el espacio de las bases militares estadounidenses en Afganistán. Además, Moscú ha empezado ya a cerrar filas ante la iniciativa de la “Nueva Ruta de la Seda” de EEUU y su ofensiva por Asia Central.
El futuro del reajuste entre EEUU y Rusia sigue siendo incierto. Washington apenas disimula su aversión visceral ante la perspectiva del retorno de Putin al Kremlin tras las elecciones presidenciales de marzo del próximo año. Bravuconadas aparte, EEUU y la OTAN no deberían fanfarronear diciendo que disponen de un as en la manga con la opción de la RND en lugar de las rutas de tránsito pakistaní. El ejército pakistaní es también muy consciente de todo eso.
Igualmente, el cierre de la base aérea de Shamsi puede dañar las operaciones estadounidenses con aviones no tripulados. Hasta ahora, Pakistán había hecho la vista gorda ante los ataques con aviones teledirigidos, e incluso había mostrado cierta connivencia con ellos. Shamsi, a pesar de la insistencia de EEUU en que las operaciones con aviones no tripulados se lanzaban desde bases afganas, tuvo seguramente un papel importante en cuanto a apoyo de inteligencia y soporte logístico.
Al exigir que EEUU se largue de Shamsi, posiblemente Pakistán está cambiando de posición acerca de los ataques con aviones no tripulados; puede que esté poniendo fin a su doble lenguaje. Pakistán está “reforzando” su defensa aérea sobre la frontera afgano-pakistaní. Es posible que las futuras operaciones de EEUU con aviones teledirigidos tengan que ejecutarse teniendo muy en cuenta la posibilidad de que Pakistán las considere como violaciones de su espacio aéreo. EEUU se mueve en un terreno resbaladizo en virtud del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.
La respuesta persa
El gran interrogante es cómo piensa Pakistán proseguir su cooperación con las operaciones de EEUU y la OTAN. La opinión pública se inclina mucho por desvincularse de la guerra dirigida por EEUU. Se espera que la próxima semana se produzca un anuncio del gobierno pakistaní acerca del curso de sus relaciones con EEUU, la OTAN y la ISAF. El futuro de la guerra pende de un hilo.
A diferencia de anteriores etapas de tensiones entre EEUU y Pakistán, Washington carece de una “mano pakistaní” para poder enfrentar de forma constructiva sus relaciones con Islamabad. El difunto Richard Holbrooke, ex enviado especial en AfPak, pertenece ya a la lejana memoria y el representante especial, Marc Grossman, no ha podido conseguir que los pakistaníes coman de su mano.
El Almirante Mike Mullen se ha retirado como presidente de la junta de jefes de estado mayor y es ahora un “caso quemado” enredado en controversias con el ejército pakistaní. El director de la CIA, David Petraeus, no es precisamente muy popular en Islamabad tras su período al frente del Mando Central de EEUU, mientras que su predecesor como jefe de los espías y ahora Secretario de Defensa, Leon Panetta, se mantuvo siempre distante.
La secretaria de estado de EEUU Hillary Clinton es una política encantadora, pero no está hecha realmente para el papel de conectar con los generales pakistaníes a nivel operativo. Quizá pueda ofrecer una imposición de manos una vez que se limpie, se suture y se vende la sangrante herida. Y el presidente Barak Obama, desde luego, no se preocupó nunca de cultivar algo de química personal con ningún líder pakistaní, como sí hizo con el primer ministro indio Manmohan Singh.
¿Quién podría ser la persona indicada para cumplir ese papel en Washington? La horrible verdad es que nadie. Es una situación espantosa para una superpotencia con alrededor de 100.000 soldados desplegados allí, en las abruptas montañas cercanas a Pakistán. La situación actual supone una crisis diplomática colosal a niveles políticos, militares y de inteligencia.
Washington confiaba en el ex embajador pakistaní Hussein Haqqani casi como si fuera su enviado especial en Islamabad, pero Haqqani ha sido sustituido sumariamente en extrañas circunstancias, probablemente por las razones apuntadas. De todas formas, sigue planteándose una cuestión intrigante: ¿Es posible que esté ocurriendo sencillamente que a Pakistán ya no le interese dialogar más con la administración Obama?
El quid del asunto es que la ciudadela pakistaní ha levantado los puentes que permitían llegar hasta ella cruzando el foso circundante infestado de cocodrilos. Como los pakistaníes se mantengan en sus trece, Obama va a tener un problema muy grave. Pakistán está boicoteando la Conferencia de Bonn II del 2 de diciembre. Esta firme postura debería preocupar a EEUU más que cualquier respuesta militar pakistaní al ataque de la OTAN.
EEUU debería saber por la experiencia iraní que no dispone de respuesta adecuada ante la clase de desafío estratégico que una nación poco amistosa y dispuesta a resistir puede levantar contra un “enemigo” al que realmente considera como “satánico”.
Los dirigentes del ejército pakistaní son tradicionalmente cautos y no van a dar una respuesta militar a la provocación estadounidense. (Para eso están siempre ahí los talibanes, para seguir sangrando a las tropas de EEUU y la OTAN).
Puede que Washington se haya equivocado realmente si la intención de la noche del viernes era poner al ejército pakistaní al contraataque para después golpearle con un mazo y hacer que se arrastrara de rodillas suplicando misericordia. Las cosas no funcionan de esa forma. Pakistán se dispone a dar una respuesta “a la persa”.
La situación regional trabaja a favor de Pakistán. La reciente conferencia de Estambul (2 de noviembre) puso de manifiesto que Rusia, China, Pakistán e Irán comparten una plataforma de oposición a la prolongación de las bases de EEUU en Afganistán en el período posterior a 2014.
El grandioso esquema de la administración Obama de transformar el período de 89 años que hay por delante en el “Siglo de EEUU en el Pacífico” convierte a Pakistán en un socio inmensamente importante para China. Como mínimo, Rusia va a apostar por impulsar la autonomía estratégica de Pakistán. Y lo mismo va a hacer Irán.
Ninguna de estas importantes potencias regionales quiere que EEUU despliegue su sistema de defensa antimisiles en el Hindu Kush y Pakistán es partidario de exorcizar de la región la presencia militar de EEUU y sus aliados. Ese es también el significado real de la preparación de Pakistán para que se convierta en miembro de pleno derecho de la Organización para la Cooperación de Shanghai, algo que está al caer.
* El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía
martes, 22 de noviembre de 2011
¡vivan las caenas!
José María Mena
Recordaremos este triste otoño. Teníamos una pertinaz sequía, y no deja de llover. Teníamos unos amables socialdemócratas desnortados, desorientados por la economía adversa, y, sin preguntarnos, han abierto la puerta de nuestra casa a los usureros, que ahora llaman "los mercados". Lo han hecho para que los tiburones de la especulación internacional no les echen de casa y les sustituyan por lugartenientes de confianza, como en Grecia o Italia. Pero, con la puerta abierta, acaban de entrar. A ellos les han echado, y veremos si a nosotros, los ciudadanos de a pie, nos dejan de realquilados en nuestra propia casa, o, peor aún, envían a alguien que nos embarga hasta los muebles, los subasta y nos desahucia. Por eso recordaremos este lluvioso otoño.
En ocasiones como esta, volver la mirada hacia atrás es reconfortante. Siempre se aprende algo de la historia. Y, además, con la cara vuelta, podemos ocultar el sonrojo, la tristeza o la indignación. Es casi un lugar común repetir que en El 18 Brumario, Karl Marx decía que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa. Y aunque los momentos históricos siempre son cualitativamente distintos, las eventuales semejanzas podemos y debemos encontrarlas, aunque solo sea para aprender de los viejos errores. Volviendo la vista atrás, esperemos que las farsas que se nos avecinan sean breves, y sus amarguras soportables.
El caso es que las alegrías de los que se alegran con lo que nos ofrece este otoño político recuerdan a las de los españolitos de 1814, cuando recibían al rey Fernando VII, el deseado, al grito de "Vivan las cadenas!" que se ha inmortalizado tal como lo exclamaban: "Vivan las caenas!".
Fernando VII estaba cómodamente alojado por Napoleón en el amable cautiverio de Valençay, mientras los españoles se batían contra el francés, y, además, hacían la primera Constitución española, liberal, lo más progresista posible en aquellos tiempos. Mientras tanto, el rey no hizo nada, no movió un dedo. En todo caso, intrigó en su exclusivo provecho. Esperó. Y un buen día la guerra había terminado. España estaba destrozada y arruinada. Todos esperaban del rey soluciones que él ni había prometido ni había concretado. Por eso fue recibido en Valencia y en Madrid por un pueblo que le esperaba con tal entusiasmo que, según las viejas crónicas, los valencianos y madrileños desengancharon los caballos del carruaje para arrastrarlo ellos mismos, en señal de adhesión. (Sin embargo parece que ese gesto no era infrecuente, y no tenía el significado de sumisión que hoy tendría, sino el más parecido a la costumbre torera de llevar a hombros, pero a lo bruto, con carroza). Y todos (menos los caballos) gritaban "Vivan las caenas!", esperando que ello les había de beneficiar de algún modo.
Pero las cadenas siempre son solo eso, cadenas. El deseado no hizo nada de lo que deseaban. Suprimió todas las leyes que no se ajustaban a sus intereses absolutistas. Y cuando, después, las necesidades sociales amenazaron con la reimplantación y consolidación de la legalidad derogada, y el pueblo empezó a salir a la calle cantándole al rey las coplas del "trágala, trágala", no dudó en llamar a la Europa reaccionaria, absolutista, que envió cien mil soldados franceses, que barrieron España, llegando hasta Cádiz.
Esa es la historia, en su dimensión trágica, de la que deberíamos aprender. Veamos la farsa que viene. El actor principal también ha estado acomodado en el retiro de la oposición política sin hacer nada, sin mover un dedo, sin formular una sola propuesta concreta, esperando que el final de la guerra financiera le brinde una aclamación indiscriminada. Esa guerra, desde luego, no ha terminado. Pero sí una batalla que le ha transportado, como en volandas, en carroza electoral arrastrada por todos los que esperan que les resuelva sus problemas. Y no lo hará porque no le corresponde. Él no viene para eso. Él es el que han enviado los usureros, que ahora llaman "los mercados", para que, si no lo remediamos, nos informe que somos realquilados en nuestra propia casa, o, lo que es peor, nos desahucie, tras embargarnos hasta los muebles. Y cuando salgan a la calle los que lo veían venir, y los desengañados, y los que tiraron de la carroza electoral, exigiendo el Estado social de la Constitución, y la democracia efectiva, y vuelvan a cantar, con nueva música, el "trágala, trágala", él volverá a llamar a las fuerzas absolutistas, ahora financieras, para que vuelvan a barrer España, en esta ocasión de la farsa, afortunadamente, sin soldados. Ahora barren vendiendo y comprando, y siempre están, por eso, con el ganador. Recuerdan a Patricio de la Escosura, cuando decía aquello de "no se si hemos ganado los conservadores o los liberales", porque no les importa quien les abrió la puerta de nuestra casa, y quien nos desahucia.
Desde luego, recordaremos este triste otoño político.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
hasta el próximo sobresalto de los mercados
Michael R. Krätke*
Danzando el baile de San Vito, de cumbre en cumbre, desde hace semanas. Con el discurso descuidado de Merkel, las ociosas declaraciones de Sarkozy y contribuciones parecidas, la caravana viaja en círculo. Ninguna sorpresa que para los participantes se haya cargado la atmósfera. El primer ministro de Luxemburgo Jean-Claude Juncker reprueba el 'muddling through' (salir del paso) porque sabe que al público no le gusta el espectáculo.
Con los nuevos planes de la Cumbre de Bruselas –desde la condonación de parte de la deuda a Grecia hasta la recapitalización de los bancos y el “apalancamiento” del fondo de rescate– las manos podrían irse al cuello de los que hasta ahora pertenecían a los ganadores de la crisis. Entre ellos se encuentran los airados contribuyentes alemanes, los holandeses, los franceses y los británicos tanto como sus respectivas élites.
Que son los beneficiarios de la crisis, es cosa que no gusta oír a los alemanes. Y por buenas razones: beneficiarios, sólo unos pocos, que ahora salen más reforzados aún, si cabe, de la crisis. En primer lugar, el estado y los bancos. Es algo que puede verse en el caso de Holanda. El pequeño país europeo, que navega viento en popa a la sombra de su vecino alemán, se ha aprovechado de la crisis europea desde su comienzo. Y no en poca medida. Entre enero de 2009 y octubre de 2011 el Ministerio de Economía en La Haya se ha ahorrado 7'6 mil millones de euros en intereses, y ello a pesar del aumento de la deuda del estado. Para los préstamos a diez años, el estado holandés paga un 1% menos de intereses que antes del estallido de la crisis europea en marzo de 2010. Y hasta la fecha la participación de Holanda en las sucesivas medidas de rescate no le ha costado ni un céntimo. Todo lo contrario: el país gana con los intereses a pagar por griegos, irlandeses y portugueses. Las ganancias multimillonarias para el fisco crecen con cada mes que el euro se aproxima al borde del precipicio.
Los intereses bajan a mínimos históricos
Lo mismo vale para Alemania. El ministro de Finanzas [Wolfgang] Schäuble puede endeudarse más barato que nunca, gracias a la enorme demanda de bonos alemanes debido a la fuga de capitales en el marco de Europa, donde los inversores evitan a toda costa a Grecia, el país más endeudado. Así como la economía exportadora alemana se ha aprovechado del euro, así se ha aprovechado el estado alemán de la crisis europea. Empresas y bancos, pero también constructoras, han sacado igualmente su tajada, y lo seguirán haciendo mientras el Banco Central Europeo (BCE) mantenga los intereses mínimos históricos. Sólo quienes tienen un salario decente o precario salen perdiendo.
Sin embargo, de lo que ahora se trata –a la vista de una amenazadora fusión del núcleo de la Eurozona– de algo más que repartir las ganancias de la crisis. Con las decisiones tomadas en Bruselas debería de alcanzarse sobre todo una cosa: ganar tiempo para poder proseguir desde el comienzo con una política anticrisis en pequeñas dosis hasta el próximo sobresalto de los mercados.
Las consecuencias de esta mala gestión, de la que son especialmente responsables Alemania y Francia, han traspasado entre tanto las fronteras de la Eurozona y los daños colaterales se hacen notar especialmente en las islas británicas, donde residen los opositores más virulentos al euro y el Primer ministro David Cameron debe aplacar la insurrección de los euroescépticos en la Cámara baja. Los que no quieren saber nada del euro en el Reino Unido son ya mayoría.
Demasiado tarde y demasiado poco
No es que uno no se pudiera hacer desde hace tiempo una composición de las debilidades y los fallos en la construcción de esta unión de estados y moneda única. Ya con el Tratado de Maastricht (1992), y aún más con el Tratado de Lisboa (2007), todos los estados europeos se alinearon con el mercado y la competencia como únicos criterios políticos racionales. No sólo el euro ha salido dañado. El modelo de un capitalismo dominado por las altas finanzas internacionales ha sido desacreditado, un modelo que no era mejor ni peor, sólo un poco más aerodinámico y posmoderno que otros modelos de capitalismo a los que sustituyó. Equipado con un marco institucional en el que no encajaba, la Unión Europea se debate aquí y allá entre ser una potencia mundial o volver al regionalismo. Cuando se trata solamente del capitalismo transnacional la cosa funciona. Pero sin unión económica y fiscal toda unión monetaria está destinada al fracaso. Y quien dice una unión fiscal quiere decir algo más que lo que hasta ahora tenemos: una pizca de autoridad impositiva aquí, algo de redistribución allá y un poco de burocracia transnacional acullá.
En toda federación justa que se precie de ese nombre existe un equilibrio financiero. Y eso no significa otra cosa que una unión de transferencias. Una unión que existe –oculta y avergonzada– desde hace años en la UE en la política agraria y la promoción regional, sólo que ahora se hace indispensable en las finanzas públicas.
Comparados con los estados anglosajones, los países del euro –incluso Grecia y acaso Portugal– son aún solventes. Si estados en quiebra como los Estados Unidos o el Reino Unido siguen existiendo es porque pueden permitirse un banco central que en caso de necesidad concede créditos al gobierno sin atenerse a las pérdidas y que inunda el mercado con liquidez (léase: créditos baratos). En medio de la crisis, donde todo padece bajo la sobrecapacidad, algo así apenas tiene consecuencias inflacionarias. Esto es justamente lo que necesita Europa y eso es lo que ahora recibe Europa, podría pensarse tras el apalancamiento del Fondo de rescate europeo. El tiempo en el que el BCE se comportaría como un Banco central quedaría a voluntad de los caprichos de los alemanes. En cualquier caso, debería de llevar a cabo una política económica conjunta como la de la Reserva Federal (Fed) o el Bank of England. El recién jubilado Presidente del BCE Jean-Claude Trichet ha comenzado esta tarea. De comprar el BCE títulos de deuda europeos, la emisión de Bonos se reduciría a un detalle técnico, pero con un potencial parecido al de los bonos del tesoro estadounidenses, con los cuales unos destartalados Estados Unidos pueden aún impresionar y domar al mundo de las finanzas.
Pero debido a que ninguno de los protagonistas de las ya prácticamente diarias cumbres europeas quiere ponerse en contra a los ciudadanos o a la propia clientela conservadora en su país, al final nos dan un popurrí de medidas de efectividad reducida en sus tres cuartas partes, demasiado tarde y demasiado pequeñas, demasiado como para salir de la crisis, pero que nos permiten sobrevivir. Alegría para quienes, en los mercados financieros, están ganando. A los ciudadanos de Europa, mientras tanto, ya no les queda nada en el bolsillo que puedan rascar.
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