jueves, 13 de mayo de 2010

para salvar a los ricos, hunden las economías


Juan Torres López *

El Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha tomado por fin las medidas que seguramente nunca quiso tomar y ahora caen sobre él todo tipo de críticas. Solo recibe parabienes de los banqueros y de los poderosos que controlan los organismos internacionales y del poder ejecutivo de la Unión Europea, cada vez más parecida a un lobby de los ricos que a una institución al servicio de la libertad, la pluralidad y la democracia.

Creo que las medidas que ha tomado el Gobierno son criticables pero que es necesario contextualizarlas adecuadamente porque no me parece justo ni riguroso que caiga sobre él todo el peso de la responsabilidad por lo que está sucediendo en nuestra economía. No es verdad, por ejemplo, que sea prioritario combatir ahora el déficit porque se haya alcanzado un nivel peligroso de deuda puesto que el aumento que se está produciendo está todavía dentro de lo que se puede considerar plenamente aceptable. Lo principal, por el contrario, es recuperar cuanto antes la actividad, el empleo y los ingresos porque la deuda se ha generado justamente porque estos se han reducido a causa de la crisis.

Tampoco es verdad que haya que reducir ahora el déficit porque el gobierno haya despilfarrado gasto, como se dice desde la derecha más demagógica.

Este gobierno administró los presupuestos públicos con superávit (incluso innecesariamente a la vista del retraso en bienestar y capital social que sufrimos desde hace decenios y a diferencia de lo que están haciendo administraciones municipales o autonómicas gobernadas por la derecha). El gran incremento del déficit se produjo cuando la banca internacional provocó una crisis sin parangón que hundió las economías de casi todos los países del mundo. Una crisis que en España se llevó también por delante un modelo de crecimiento basado en el ladrillo que en esta última etapa de expansión había sido puesto en pie y alimentado inicialmente por el Gobierno del Partido Popular.

El Gobierno español, como tantos otros, no se ha endeudado caprichosamente sino para salvar a los bancos y para evitar el colapso de las economías, algo que no se hubiera tenido que hacer si quienes ahora piden reducir el déficit hubieran actuado de otra manera en los últimos años: si la banca no hubiese sido tan irresponsable, si los bancos centrales no hubieran actuado como sus cómplices, y si la Unión Europea y el resto de los organismos internacionales se hubieran dedicado a imponer en los últimos años más coordinación política y políticas de estabilidad y bienestar social en lugar de limitarse a facilitar la libertad de actuación y movimiento de los capitales especulativos.

Dicho esto, y sabiendo que la reducción del gasto público ha sido impuesta por el Fondo Monetario, por el ejecutivo de la Unión Europea y en realidad por los grandes poderes financieros, como el propio presidente reconoció implícitamente en algún momento de su intervención en el parlamento, creo que hay que señalar algunas cuestiones esenciales para poder entender lo que está sucediendo.

La principal es que las propuestas que se hacen no buscan de verdad reducir la deuda del estado español. Hay que se consciente de que la emisión de deuda pública y privada es el negocio de los banqueros y que son ellos quienes tratan de crearla constantemente por todos los medios. Por eso lograron que se estableciera la prohibición de que los bancos centrales financien en casos como este a los gobiernos. Hay que decirlo claro: lo que buscan los bancos es que los individuos, las empresas y los gobiernos tengamos sobre nuestras espaldas cada vez más deuda. Lo diabólico del caso es que gracias a la deuda que ahora han de emitir los gobiernos para hacer frente al desaguisado provocado por la banca y los grandes financieros, éstos ganan ahora miles de millones de euros: reciben liquidez al 1% de los bancos centrales y la invierten en deuda pública al 5% o incluso al 10% si logran, como en Grecia, que las agencias de calificación que trabajan a su servicio digan que es de baja calidad.

De hecho, el recorte del gasto que se propone no va a reducir la deuda de modo efectivo (y mucho menos satisfactorio socialmente) porque va a deteriorar la capacidad de crear actividad e ingresos de la economía española: limitar la inversión en infraestructuras simplemente significa disminuir el negocio de las empresas que la llevan a cabo, reducir los sueldos o las pensiones es contener el consumo del que salen los ingresos de miles de pequeñas y medianas empresas. Valga como prueba de ello el caso del cheque bebé que va a suprimirse. Sin entrar en consideración de su carácter más o menos equitativo y sobre sus efectos negativos sobre la incorporación al empleo de las mujeres, lo cierto es que pone en manos de las familias una cantidad global de dinero bastante importante que éstas dedican al consumo. Un estudio reciente de Libertad González de la Universidad Pompeu Fabra (“The Effects of a Universal Child Benefit: A Regression Discontinuity Approach”) pone de manifiesto que ha sido utilizado por las familias principalmente para aumentar el gasto en equipamiento del hogar y más concretamente en electrodomésticos.

Eso creo que demuestra muy gráficamente que las medidas impuestas al gobierno con la excusa de reducir el déficit son pan para hoy y hambre para mañana porque redundarán en una nueva caída de la actividad y de la tasa de crecimiento y casi con toda seguridad van a significar que la economía española vuelva a entrar en recesión cuando comiencen a aplicarse.

Y al caer la actividad lo que ocurrirá será que disminuirán los ingresos de las empresas y de las familias, de modo que o se recurre más tarde de nuevo al endeudamiento o se da por bueno que la economía se deteriore constantemente.

Es verdad que ningún país puede soportar que su deuda crezca ilimitadamente pero antes de entrar a limitar la actividad y a frenar la recuperación de economía española hubiera sido necesario plantear algunas consideraciones importantes.

La primera, como he dicho, que la deuda es odiosa en el sentido de que ha sido obligada por la especulación financiera con la que se han enriquecido y lo siguen haciendo banqueros e inversores cuyos nombres son bien conocidos y a quienes ahora no se les pide esfuerzo alguno para aliviar la situación que han provocado.

La segunda, que para frenar el crecimiento de la deuda la medida más eficaz es actuar sobre la causa que en realidad lo está generando y que no es otra que la falta de ingresos productivos en la economía. Reducir los únicos que están consiguiendo relanzar la actividad y no hacer nada para garantizar que la financiación vuelva a las empresas y a los consumidores es una barbaridad, justamente lo contrario de lo que hay que hacer para que la economía vuelva a funcionar al mejor ritmo posible.


La tercera, que para ser mucho más eficaces e intervenir sobre la raíz del problema habría que actuar sobre lo que incentiva la creación de deuda financiada por la banca privada y sobre lo que la encarece constantemente: permitiendo que fueran los bancos centrales quienes la financiaran a mucho menor coste, evitando que la emisión de deuda sea un negocio para los bancos y los financieros privados, prohibiendo la actuación de las corruptas agencias de calificación, y frenando radicalmente el “terrorismo financiero” que denunció hace unos días el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán.

La cuarta que para reducir el déficit no se puede actuar solo sobre el gasto. Es irracional limitar la fuente de ingresos productivos cuando lo que se requiere es precisamente generar ingresos y cuando al mismo tiempo existen recursos ociosos o dedicados a generar los problemas que se quiere combatir. Por eso es más justo y sería mucho más eficaz tratar de incrementar los ingresos públicos combatiendo el fraude y la evasión fiscal y haciendo que quienes han obtenido y obtienen ganancias extraordinarias contribuyan fiscalmente. Es sencillamente repugnante que la reducción del déficit la paguen las personas con menos rentas mientras que los bancos y las cajas españoles siguen actuando en paraísos fiscales, blanqueando capitales, y ganando miles de millones de euros gracias a las ayudas material de todos los ciudadanos y al apoyo legal del Estado.

La medida que se le ha impuesto al gobierno español no busca sanear nuestra economía. Es una expresión más de las llamadas políticas deflacionistas de los últimos decenios que tienen en realidad otro objetivo: limitar la actuación y la capacidad de decisión de los poderes públicos para que los grandes intereses privados actúen más fácilmente y puedan ganar dinero más cómodamente. No les preocupa que no se recupere el empleo o que bajen ingresos de la población porque saben que es cuando esto ocurre cuando hay menos capacidad de respuesta social. Buscan lo que han conseguido: que el gobierno que representa a todos los españoles (le guste o no a la derecha) se ponga de rodillas y se doblegue ante los poderes financieros. Enseguida dirán que las medidas ahora aprobadas son insuficientes y que hay que ir más lejos: todos los chantajes funcionan igual. Más tarde irán contra los sindicatos y los partidos porque lo fundamental para ellos no es que los niveles de deuda bajen (todo lo contrario mientras sean ellos quienes la financien) sino concentrar en sus manos el máximo poder de decisión. Dicen que van a sanear la economía pero lo que quieren es salvar a los bancos y a los poderosos y para ello no les importa hundirlas una vez más.

El gran error de la ciudadanía sería enfrentarse ahora al Gobierno de Rodríguez Zapatero (como quieren el Partido Popular y la patronal) y no hacerlo con lo poderosos. Aunque para que ese error no se produzca sería necesario que el partido socialista no se clone con ellos, que le hable mucho más claro a los ciudadanos y se ponga cuanto antes a la tarea.


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domingo, 9 de mayo de 2010

las cosas se desmoronan

William Rivers Pitt *

"Las cosas se desmoronan" escribió William Butler Yeats. "El centro no puede sostenerse; simplemente la anarquía cae sobre el mundo, la marea de sangre se ha desatado y en todas partes se ahoga la ceremonia de la inocencia". Podía estar hablando de nosotros, de la semana pasada en Estados Unidos, sobre lo que sucede cuando la locura, la codicia y el miedo se combinan y conspiran para mostrarnos lo que se ve cuando se abren las puertas del infierno.

Dos incidentes separados ocurrieron en dos zonas distintas del país. El menos grave de los dos fue un intento de atentado con coche bomba en la plaza Times de Nueva York. Un observador vendedor de camisetas vio el humo que salía de una camioneta aparcada y dio la alarma. Cuando llegaron las autoridades descubrieron que el vehículo estaba lleno de tanques de propano, mechas y cebadores conectados a las alarmas de relojes que serían los detonantes. Si hubiera explotado, dijo la policía, la bola de fuego resultante habría causado considerable muertes, heridos y daños. 

Afortunadamente el intento se frustró, pero imaginar las consecuencias es sobrecogedor. El suceso revivió el fantasma de la “Alerta Roja” de la época de Bush y la posibilidad de la declaración de la ley marcial. Durante el decenio pasado se firmaron e implementaron un montón de leyes y órdenes ejecutivas que, de una forma espectacularmente simple, permiten al Gobierno suspender la Constitución en caso de actividad terrorista. Si hubiera explotado la bomba podríamos haber visto tropas en las calles y el final del reinado de la ley tal como la conocemos.

El segundo suceso tiene a la gente hablando, literalmente, del fin del mundo.

Hace unos días una plataforma petrolera de la British Petroleum explotó y se hundió en la costa del Golfo matando a 11 trabajadores y creando lo que los expertos describen como uno de los mayores derrames de petróleo de la historia. Según Mobile Press-Register :
Un reporte confidencial del Gobierno sobre el desastre del derrame de petróleo que se está produciendo en el Golfo pone de manifiesto que ahora la guardia costera teme que el pozo se convierta en un derrame continuo y descontrolado capaz derramar millones de galones de petróleo al día en el Golfo.
“Lo siguiente no es público” dice el documento de respuesta de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration's, NOAA) del 28 de abril. "Dos puntos de pérdidas adicionales se han descubierto hoy en el tubo de salida. Si el tubo se deteriorase más el flujo podría descontrolarse y resultar en la liberación de un orden de magnitud mayor del que se pensaba al principio”.
Preguntado sobre el documento el viernes Scott Smullen, en nombre de NOAA, explicó que se informó al público el miércoles por la noche sobre las pérdidas adicionales. Sobre la posibilidad de que el derrame se convierta en un orden de magnitud mayor Smullen dijo: “Les voy a dejar un documento que habla por sí mismo”.
En los círculos científicos un orden de magnitud superior significa diez veces mayor. En este caso un orden de magnitud superior significaría que se derramaría un volumen diez veces mayor de 5.000 barriles diarios. Lo que quiere decir 50.000 barriles diarios o, a 42 galones por barril, 2,1 millones de galones al día. Al parecer los nuevos escapes que se mencionan en el comunicado son las pérdidas que se filtraron al público el miércoles por la noche.
“No hay cambio oficial en cuanto al volumen derramado, pero la USCG ya no sostiene que el ritmo de derrame es de 1.000 barriles diarios”, continúa el documento señalado como reporte número 12. En vez de esto están diciendo que se están preparando para un derrame más grave y tomando en cuenta todos los recursos”.
El documento de emergencia también señala que el derrame ha crecido en tamaño tan rápidamente que sólo un 1 ó 2% del mismo se ha rociado con dispersadores. The Press-Register obtuvo el reporte de emergencia de un funcionario del Gobierno; la Casa Blanca, NOAA, la guardia costera y British Petroleum Plc. no contestaron inmediatamente a las llamadas de esta mañana debidas a los comentarios. El peor escenario del caso sobre un pozo quebrado vertiendo petróleo en el Golfo de México sería la pérdida del cabezal y las tuberías que actualmente restringen el flujo a 5.000 barriles -ó 210.000 galones- diarios.
Si eso sucede, según artículo de Pure Energy Systems , podríamos apagar las luces, porque estamos acabados. Pájaros, abejas, usted, yo y todo lo demás en el planeta Tierra podría enfrentarse a una extinción masiva: 
“La estimación inicial era de unos 5.000 galones de petróleo derramados diariamente en el océano. Ahora hablan de 200.000 galones diarios. ¡Eso es más de medio millón de galones de petróleo crudo a la semana! Soy un ingeniero con 25 años de experiencia. He trabajado en grandes proyectos con grandes máquinas. Quizá por eso este desastre está tan claro para mí.
En primer lugar la plataforma de BP estaba perforando en busca de lo que llaman petróleo profundo. Llegan a donde el océano tiene unos 5.000 pies de profundidad y perforan otros 30.000 pies en la corteza de la tierra. Esto está justo en el límite de lo que tecnología humana es capaz de hacer. Bueno, esta vez se encontraron con una bolsa de petróleo a tan alto nivel de presión que rompió todas las válvulas de seguridad, incluso la propia plataforma e hizo que ésta explotara y se hundiera. Tómese un minuto para entender la importancia de esto. La presión tras ese petróleo es tan alta que destruyó el máximo esfuerzo de la ciencia humana para contenerla.
Cuando la plataforma se hundió se dio la vuelta sobre sí misma y aterrizó sobre la perforación, a unos 5.000 pies bajo el océano. Ahora hay un agujero en el fondo del mar a 5.000 pies de profundidad con los restos de la plataforma sobre él lanzando a borbotones 200.000 barriles de petróleo diarios al océano. Tómese un minuto para considerar esto, por favor.
Primero tienen que remover la plataforma para llegar a la perforación y taparla. ¿Sabe el nivel del esfuerzo que se necesita para mover esa plataforma petrolera destrozada ubicada bajo 5.000 pies de agua? Sólo esa operación llevará años y cientos de millones. Y después, ¿cómo tapar una perforación en el lodoso fondo del océano? Simplemente no hay manera. Ninguna manera. La única pieza de la tecnología humana que podría lidiar con esto es una bomba nuclear. No estoy bromeando. Si ponen una bomba nuclear en el lugar exacto se podría sellar el agujero. No hay nada menor que pueda funcionar. Si no conseguimos tapar el agujero el petróleo continuará destruyendo los océanos del mundo. Sólo hace falta un litro de aceite de motor para convertir 250.000 galones de agua en un tóxico para la fauna y la flora. ¿Empieza a entender la magnitud de esto?”
Estas declaraciones puede que no sean más que una siembra de terror súper-exagerado, pero son más que suficientes para ponernos a pensar. El problema está sucediendo a miles de pies bajo la superficie del mar y detener el derrame parece que va a necesitar una espectacular hazaña de ingeniería. Hasta que suceda, el derrame continuará creciendo y el Golfo, una región ya maltratada, va a recibir un golpe salvaje.

Cabe imaginar que el Presidente Obama se está pateando a sí mismo y a sus asesores por haber hecho ese anuncio inoportuno sobre la apertura de perforaciones submarinas. Aunque para su crédito haya mantenido ese proyecto en suspenso y dada la magnitud del desastre del Golfo parece seguro decir que no veremos pronto ninguna otra nueva plataforma en el horizonte. Si Noel está en lo cierto en su planteamiento, sin embargo, puede que no importe, de cualquier forma. (Véase la “respuesta de Noel”).

El tercer suceso, que tuvo lugar en mi propio patio este fin de semana, no fue tan grave como el coche bomba ni el derrame descontrolado de petróleo, pero no obstante me heló hasta los huesos y me hizo pensar grave y largamente sobre Nueva York, el Golfo y el propio estado de la nación. A pocas millas al oeste de mi casa se rompió un acueducto masivo y dejó sin agua a dos millones de personas de la gran área metropolitana de Boston. Las noticias estaban llenas de advertencias sobre la necesidad de hervir el agua antes de tomarla o preparar la comida. Mi esposa y yo hemos estado haciéndolo exactamente, y tenemos toda el agua que necesitamos.

El día después de ese incidente, sin embargo, las noticias se llenaron con una historia de naturaleza más sombría. Al parecer la gente en todas partes de la ciudad se estaba peleando en los supermercados tratando de comprar agua embotellada. Yo mismo lo vi en un Stop&Shop el domingo por la tarde cuando fui a comprar toallas de papel; el lugar estaba lleno de gente sumamente agresiva, gente con pánico que se empujaba y se golpeaban unos a otros ante el agua embotellada que realmente no necesitan. Supuestamente todos tienen cocinas, ollas y refrigeradores en sus casas, pero se zambulleron en un “estado de motín” convirtiendo una mala situación en otra mucho peor.

Enfermaba verlo. Y dice mucho sobre nuestro carácter nacional que resulta profundamente incómodo de contemplar. Una persona llena de odio intentó volar Times Square. Una plataforma de extracción de petróleo puede, literalmente, matarnos a todos. Una crisis en el suministro de agua convirtió a las personas corrientes en animales codiciosos y agresivos directamente ante mis ojos.

El centro no puede sostenerse.