domingo, 1 de mayo de 2011

¿aquí no hay nada que investigar?

Juan Torres López*

Con fecha 13 de abril se publicó en Estados Unidos el informe del Senado sobre la crisis que lleva como explícito título "Wall Street y la crisis financiera: Anatomía de un colapso financiero". No se puede decir que en sus 652 páginas se encuentren informaciones sustancialmente novedosas o más relevantes que las ya sabidas para conocer las causas de la crisis pues las investigaciones y análisis que se han venido realizando hasta ahora han desvelado ya con suficiente claridad lo que ha ocurrido. Incluso basta con ver el documental “Inside Job” para que cualquiera pueda hacerse una idea veraz y rigurosa del modo en que se urdió la colosal estafa de los bancos y los grandes poderes financieros que dio lugar a la crisis. Pero, al menos, es justo reconocer que el Senado estadounidense ha proporcionado una información interesante que viene a corroborar que lo sucedido no puede considerarse ni mucho menos como un simple accidente ni como algo inevitable sino como la consecuencia de la pasividad de las autoridades, de fallos buscados en la regulación y de la degeneración del negocio financiero que los bancos habían promovido en los últimos años para satisfacer sin límite su sed de beneficios. Y, sobre todo, hay que apreciar el mero hecho de que se haya tratado de investigar lo que ocurrió, manifestando así el interés por mostrar al pueblo que una institución que lo representa se sentía concernida por los hechos que han producido tanto daño económico y personal. Se pueden valorar de cualquier forma sus conclusiones, que, obviamente, no pueden ser ajenas al abanico de intereses que siempre envuelve la tarea legislativa en aquel país, pero el hecho de que Estados Unidos pueda mostrar al mundo que su Senado se propuso investigar lo sucedido debería llevar a reflexionar sobre lo que ocurre en otras latitudes.

Sin ir más lejos, el caso español es bien significativo.

La crisis nos ha producido uno de los impactos más fuertes. Mantenemos los registros más altos de nuestro entorno en aspectos tan vitales como el desempleo, el paro juvenil, la pobreza, desigualdad, universitarios subempleados, fracaso escolar, endeudamiento familiar, empresarial y bancario... y también batimos record por lo bajo en gasto educativo, en I+D+I, en el dedicado a políticas familiares, o en niveles salariales. Mientras que, al mismo tiempo, aquí circulan la tercera parte de los billetes de 500 euros, las grandes empresas abominan del Estado pero viven de él y usan el poder que eso les da para hundir a los miles de pequeños y medianos empresarios que son los que crean el empleo, nuestros bancos son los más rentables del mundo financiando el mayor volumen de viviendas del planeta que en mayor proporción que en ningún otro lugar no son habitadas por nadie...

En los juzgados españoles comienzan a acumularse miles de demandas contra los bancos que ponen de relieve que éstos han engañado a sus clientes ofreciéndoles productos especulativos muy arriesgados de tapadillo (clips, swaps,...) y como si fueran bicocas financieras. Miles de personas de todas las categorías sociales, albañiles, viudas, pensionistas, amas de casa, catedráticos de universidad... han perdido miles de euros en manos de los bancos sin saber ni siquiera por qué y sin que ahora puedan hacer nada para recuperarlos porque el Banco de España hace la misma vista gorda que antes para proteger a los bancos en cuya patronal o consejos de administración se sentarán muchos de sus directivos cuando acaben su mandato de supervisores "independientes", como ha venido sucediendo hasta ahora.

Los bancos españoles han estado haciendo el negocio de su vida alterando durante años artificialmente el precio del suelo y de las viviendas para que de esa forma tuviese que aumentar la demanda de créditos, respondiendo a ello multiplicando su oferta (su negocio) sin respetar los principios elementales de prudencia y responsabilidad, y provocando al final un endeudamiento que asombra al mundo y que nos pone al pie de los caballos a la hora de refinanciarlo. Y mientras que hacían ese gigantesco negocio, urdían al mismo tiempo los hilos para generar una estructura de mercados aún más oligopolista controlando no solo más bancos sino más empresas industriales y de servicios, o incluso universidades y más medios de comunicación para ir parapetándose en un poder político y social decisivo que no renuncian a visibilizar siempre que se da la ocasión, sea diciéndole al rey lo que se debe hacer con España, aunque eso sea a costa de saltarse a la torera la constitución, sea llenando los centros universitarios de sucursales bancarias, o bordando sus logos en el mismísimo manto de la Virgen del Pilar, como hizo el inefable Emilio Botín para que se advierta que la influencia que le da su capital va incluso mucho más lejos de los avatares de este mundo.

Pero nada de eso parece que llame suficientemente la atención. Nada parece que haya tenido que ser investigado para determinar si todo ello se hubiese realizado, como la inmensa mayoría de la ciudadanía sospecha con todo realismo, saltándose leyes, cometiendo delitos, manipulando los mercados y soslayando los intereses nacionales a cada instante.

El presidente de la Junta de Andalucía reconocía que se practicaba terrorismo financiero con España pero no propuso ni una sola medida para hacerle frente. Las agencias de calificación han manipulado los mercados para alterar el precio de las cosas, después de haber engañado a medio mundo dando por buenos los negocios bancarios con las hipotecas basura, pero solo han sido unas cuantas asociaciones civiles las que han denunciado su comportamiento ante los juzgados. Los inspectores del Banco de España acusan a sus directivos de no hacer nada para impedir el desastre que luego se nos vino encima pero nadie hace nada por saber más del asunto y exigir responsabilidades.

Ninguno de estos comportamientos, entre otros muchos que es imposible mencionar aquí, ha parecido ser sospechoso para las docenas de legisladores españoles con capacidad para poner en marcha comisiones de investigación parlamentarias que con todos los medios y legitimidad pudieran haber determinado qué es lo que de verdad ha pasado en España para que al final los ricos terminen siendo más ricos, los bancos que provocaron la crisis más fuertes y poderosos haciendo lo mismo que antes pero dominando ahora un segmento aún mayor del mercado, mientras que los daños de sus despropósitos y crímenes financieros los tenemos que pagar los ciudadanos de a pie.

Ni a los poderes públicos ni a los legisladores parece que les llame la atención el hecho de que sean las grandes empresas que dominan los mercados y a las que no ha afectado la crisis las que terminan ganando aún más dinero logrando que los gobiernos recorten cada día más derechos sociales.

Y ni siquiera a los parlamentarios que sostienen un gobierno legítimo elegido por más de diez millones de españoles parece que les duela nada al ver que su presidente es extorsionado por los mercados, es decir, por los banqueros y financieros que junto con la gran patronal han provocado la crisis, que se le culpe de los desastres que éstos han producido, que se le insulte hasta la saciedad achacándole destrozos que de ninguna manera son de su responsabilidad y que quede en una situación verdaderamente patética de sumisión ante todos ellos porque los suyos no levantan la voz para defenderlo como debieran y para hacer que sus votantes y simpatizantes entiendan lo que de verdad ha ocurrido con la economía de nuestro país.

Al revés. En lugar de tratar de poner de relieve lo que realmente ha ocurrido, la gran mayoría de los parlamentarios de quienes cabría esperar respuestas progresistas se han acomodado en silencio cerrando filas esperando que escampe de la mejor manera posible para cada uno de ellos y han dejado solo al gobierno que, para colmo, en esas condiciones tampoco ha podido o no ha querido, quién lo sabe, decir la verdad y enfrentarse con valor a los poderes que se han empeñado en destrozarlo. Y preso de ellos, para visualizar ante la sociedad que se hace frente a la crisis, el presidente del gobierno sienta a su mesa a los bancos y empresas que la han producido, a las que exigen que se aumente la edad de jubilación y sin embargo quieren prejubilar a miles de sus empleados cuando ganan miles de millones de euros, a las que más empleo destruyen, a las que más impuestos defraudan, a las que utilizan los paraísos fiscales para evitar contribuir al progreso del país que dicen querer sacar adelante, a las que tienen consejos de administración presididos por quienes solo se han salvado de ser delincuentes convictos gracias a retrasos judiciales que permiten que puedan prescribir sus conductas penalmente reprobables, a las que más riqueza natural destrozan, a las que han cometido más atentados urbanísticos, a las que se van a Marruecos o Mauritania para poder contratar mujeres o niñas por unas pocas rupias y sin contrato.

Aquí no hay nada que investigar, no hay responsabilidades que depurar y el gobierno y el partido que lo sustenta incluso se sienten satisfechos de la generosidad con que conceden canales televisivos a la extrema derecha o se financian los púlpitos desde los que se tergiversa la historia para extender por todas las esquinas del país la idea de que ZP es la causa de todos nuestros malos, la infamia que pregonan sin cesar para ocultar la responsabilidad de los auténticos causantes del desastre. Es lo que pasa cuando cunde el cesarismo y se renuncia a situarse incómodamente contra la corriente, y a investigar y a promover la información y el debate colectivo sobre nuestra historia.


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