lunes, 6 de diciembre de 2010
el banco central europeo frente a la deuda: se necesita algo más que comprar bonos
Juan Torres López *
Por fin parece que el Banco Central Europeo (BCE) ha actuado, lo que muchos economistas críticos veníamos proponiendo desde hace meses y últimamente incluso personalidades como Felipe González o el portavoz del grupo socialista en el Congreso de los Diputados.
En realidad, el BCE ha hecho una simple "advertencia" a los especuladores fácil de entender: comprando bonos de los Estados les señala que sus operaciones podrían salirles caras porque la autoridad monetaria está dispuesta a jugar a la contra de sus movimientos y quitarles el objeto de sus operaciones. De momento ha quitado presión y la situación se ha aliviado algo pero de ninguna manera se puede decir que de esa forma se resuelva el problema. Hay que tener en cuenta que la especulación contra la deuda de los Estados (la que se ha generado, no lo olvidemos, por causa de la quiebra irresponsable de los bancos y de las consecuencias de que éstos hayan cerrado el crédito a la economía) genera varios problemas: encarecimiento de la deuda, porque eleva artificialmente los tipos a los que ha de venderse, extorsión a los gobiernos soberanos, escasez de capital para la actividad productiva y nuevas burbujas y desestabilización financiera. En suma, que se siga sin poder salir de la crisis.
Para que desaparecieran por completo estos problemas harían falta más cosas que un simple amago de intervención por parte del Banco Central Europeo. En primer lugar una compra de deuda mucho más grande, decidida y constante hasta ahuyentar por completo a los especuladores.
En segundo lugar, que esa financiación a los Estados no sea vergonzante ni encubierta. Hasta ahora es así porque al hacerla, como se está haciendo en realidad desde hace meses, se están violando las normas constitucionales europeas que impiden que el Banco Central Europeo financie a los gobiernos. Una soberana estupidez establecida en su día con el solo propósito de dejar a los bancos privados el negocio de la financiación, muy rentable para ellos pero con las consecuencias que ahora estamos sufriendo. Dada la magnitud de las operaciones contra el euro y la deuda de los diferentes países, el BCE debería mostrarse como una auténtica autoridad pública y frenar en seco a los especuladores afirmando su posición central en el sistema y no actuar solamente como un mero apagafuegos.
En tercer lugar, el Banco Central Europeo no puede financiar a los gobiernos echando sobre sus economía una losa igual de pesada que la que supone la financiación privada. Debería reembolsar los intereses a los Estados para aliviar el peso de esta deuda que, como comentaré enseguida, se puede convertir -si no se actúa como digo con urgencia- en una bomba de relojería para el conjunto de la economía europea.
En cuarto lugar, no se puede tratar sólo de hacer frente a la deuda, y ni siquiera de financiarla en las condiciones ventajosas que acabo de señalar. Hay que evitar que la "solución" a la deuda consista simplemente en salvar una vez más a los bancos hundiendo a las economías, es decir, en conceder como en Irlanda nueva financiación (incluso aunque fuese en condiciones más benévolas) para que se salde el agujero o la deuda de los bancos privados a costa de imponer condiciones que van a lastrar la actividad económica durante años.
Para evitar esto el Banco Central Europeo debería financiar al mismo tiempo planes de recuperación económica y tirar ya de una vez por la borda los principios de austeridad que van a condenar a las pequeñas y medianas empresas y los ciudadanos europeos a años de quiebras, de desempleo y deterioro económico.
Esta sería la única solución sensata y realista al problema gigantesco que ha ocasionado la crisis financiera en Europa. La buena noticia es que eso podría evitar los males mayores que se van a dar si se sigue permitiendo que los financieros sigan acosando a los gobiernos, subiendo artificialmente la factura de la deuda y logrando mediante la extorsión que cada dos por tres se tengan que sacar de la manga medidas de recortes de derechos sociales, como viene ocurriendo en España.
Pero la mala noticia es que incluso si se pudiera actuar así, violentando las normas de la Unión Europea y del propio Banco Central, este tipo de actuaciones sería insuficiente y deberíamos de pensar, como está de moda decir ahora, en un Plan B. La mayor parte de la deuda que hoy día soportan los Estados es una auténtica deuda odiosa (sobre el concepto de deuda odiosa: http://es.wikipedia.org/wiki/Deuda_externa). Es verdad que este concepto nació para referirse a la deuda que impusieron a los pueblos gobiernos dictatoriales y que la que ahora pesa sobre los países se ha generado con gobiernos legítimamente elegidos por la ciudadanía. Pero ¿realmente se puede decir que se haya producido como resultado de una decisión libre y deseada de estos gobiernos? ,¿no es más cierto que se ha generado obligadamente para hacer frente a comportamientos que han sido realmente criminales por parte de muchos bancos y grandes empresas, como las agencia de calificación? ¿Por qué tienen que soportar su peso los pueblos mientras que los grandes poderes financieros se están beneficiando de ella? Repudiar la deuda odiosa es siempre un imperativo moral, la expresión de una justificada condena del tipo de actividades que la han producido. También es la única forma de hacerle frente económicamente y de evitar que provoque un estallido continuado de perturbaciones financieras en el futuro inmediato. Aunque es muy difícil de calcular, se estima que la deuda pública mundial en estos momentos es de casi 41 billones de dólares (hay un "reloj" donde se puede ver cómo evoluciona constantemente en http://www.economist.com/content/global_debt_clock) que representa un 65% del PIB mundial, que es de unos 63 billones de dólares. Pero a ella hay que añadir la deuda privada, que es muchísimo mayor en casi todos los países: mientras que la pública prevista en España para 2010 es del 62,5% del PIB (será más), la privada estaba en el 310% en una de las estimaciones más aceptadas (McKinsey & Company. “Debt and Deleveraging: The Global Credit Bubble and its Economic Consequences,” En http://www.mckinsey.com/mgi/publications/debt_and_deleveraging/index.asp). A mi juicio, y como he analizado en mi último libro (La crisis de las hipotecas basura. ¿Porqué se cayó todo y no se ha hundido nada?), es completamente imposible que la economía mundial digiera o metabolice esta deuda ingente sin problemas, sobre todo, cuando en su mayor parte es la contraparte de operaciones puramente financieras que no han llevado consigo creación de riqueza alguna. Solo de podría hacer mediante una inflación tremenda y terrible o a través de una operación de gasto capaz de absorber ingentes cantidades de recursos, algo que solo podría ocurrir con una guerra que debería tener unas dimensiones y llevar a cabo una destrucción inimaginables. Y ambas vías llevarían consigo conflictos sociales quizá más graves que el problerma de base que pudieran "resolver".
La única solución, por tanto, es ir hacia una quita mundial de la deuda (la "quita" es el acuerdo entre deudor y acreedor en cuya virtud éste renuncia a una parte de la deuda) y que un tribunal internacional determine, al mismo tiempo, cuál de ella es verdaderamente odiosa para repudiarla para siempre. Es decir, hacer que quienes han provocado el daño asuman al menos en parte el costo de su reparación. Soy plenamente consciente de que mi propuesta es irreal hoy día. Tan irreal o ideal como pueda serlo pensar en establecer en nuestro planeta una economía y un modo de vida justos, respetuosos con el medio ambiente y acordes con la naturaleza humana. Pero justamente por eso la defiendo.
domingo, 14 de noviembre de 2010
sáhara: episodios calientes de un conflicto enfriado
Juan Antonio Sacaluga*
Lo que está pasando estos días en el Sahara occidental habrá podido sorprender a muchos, pero no a quienes siguen de cerca la evolución de la última colonia española. Como si se tratara de una novedad, la mayoría de los medios han destacado estos días que, en esta ocasión, la protesta de los saharauis no ha estado relacionada con las reclamaciones de soberanía e independencia del territorio, sino con el deterioro de sus condiciones de vida. Y, sin embargo, hace mucho tiempo que se estaba cociendo a fuego lento una explosión social como ésta, a pesar de que el conflicto político parecía enfriado o relegado a un proceso diplomático fallido y seguramente tramposo.
Más allá del violento levantamiento del campamento de Agdaym Izik y de la represión posterior en diferentes barrios de El Aiún, este episodio caliente de un conflicto que se ha pretendido enfriar pone de manifiesto el fracaso de una estrategia de ocultamiento del problema. Aunque es aún muy pronto para sacar conclusiones, es bastante probable que esta primera gran crisis social en el Sahara con amplia repercusión mediática marque la tendencia de la evolución futura del conflicto y afecte, en distinta medida, a todos sus actores, directos e indirectos, cercanos y lejanos.
EL DESTINO DE LOS SAHARAUIS
Durante muchos años, los saharauis han sido tratados como población de territorio ocupado, aunque el discurso del ocupante haya negado con vehemencia esa realidad y los considerara públicamente como ciudadanos/súbditos meridionales del Rey y Comendador de los Creyentes. Que la retórica oficial era manifiestamente falsa lo evidencia la política de repoblamiento masivo de las "provincias del sur" con marroquíes procedentes de otros lugares del reino, a los que se ofrecía mejores sueldos (si eran funcionarios, en cada uno de los empleos, funciones y categorías) que el resto de sus compatriotas), más infraestructuras (relativamente) y unas condiciones de vida más atractivas (en términos generales). De esta forma, en un par de décadas largas, los saharauis originarios, habitantes de larga data y nómadas “sedentarizados” ya en proporciones superiores al 80%, se han visto convertidos en minoría dentro de su propio país. En estos momentos, con la prudencia que aconseja el asunto, puede decirse que la población implantada en el Sahara y sus descendientes sobrepasa a la que pudiera considerarse, con todos los matices precisos, como originaria.
La mayoría de esa población originalmente saharaui se siente partícipe de una identidad nacional y mantiene la aspiración de pronunciarse sobre su futuro y sus derechos políticos como pueblo. Y sigue reconociendo a la RASD (la República Árabe Saharaui Democrática) como la expresión política de su estado provisional, aunque puedan detectarse críticas al gobierno saharaui en el exilio y diferentes sensibilidades políticas. En esa mayoría, ahora minoritaria si se toma el conjunto de residentes y nuevos pobladores del Sahara, siguen vivos los lazos de hermandad con la población desplazada que resiste y espera en los campamentos de refugiados de territorio argelino. Residentes y refugiados saharauis mantienen la independencia como aspiración irrenunciable.
Sin embargo, hay que vivir todos los días, y en los últimos años, las reivindicaciones cotidianas, de orden social y económico y de contenido práctico, han pesado mucho más en la definición del malestar frente al poder extranjero que los administra. Esta realidad puede desbordar la capacidad representativa y el poder de interlocución del Frente Polisario o de la propia RASD. El actual ciclo de protestas y otras anteriores menos publicitadas se han realizado sin el liderazgo evidente del movimiento de liberación nacional. Los dirigentes polisarios deben admitirlo y tenerlo en cuenta. La última crisis ha estallado en vísperas de una nueva ronda negociadora, que concluyó con estériles resultados. Ninguna de las dos partes ha demostrado capacidad para controlar los acontecimientos. Las respuestas sociales parecen mostrar amplia autonomía de las estrategias políticas.
LAS CONTRADICCIONES DE MARRUECOS
Para Marruecos, el drama de estos días pasará factura. La estrategia de enfriar el conflicto, eludir y obstaculizar las resoluciones de la ONU, trabar el proceso referendario, jugar con la indiferencia de las potencias influyentes en la zona y manipular o exagerar riesgos para los intereses occidentales presenta límites cada vez más difícil de soslayar.
La respuesta represiva es la peor que podría ofrecer Marruecos, y eso lo saben muy bien en Rabat, desde la Casa Real hasta el responsable gubernamental más básico. Tanto es así, que, durante años, han puesto en la vitrina del Sahara justo lo contrario, aunque en la trastienda no han dejado de existir las prácticas más terribles de represión. La violencia institucional y abierta pone en evidencia el nerviosismo del Majzén, el conglomerado de poder en Marruecos. La realidad social saharaui ya no admite simplemente el método del palo y la zanahoria. Los colonos han dejado de disfrutar de una vida de privilegios. El deterioro de las condiciones de vida también les alcanza. Si Rabat fomenta o consiente el enfrentamiento civil, para enmascarar o justificar la represión oficial, el resultado puede ser mucho más inquietante y más elevado el riesgo de perder el control.
Frente a las potencias extranjeras influyentes, Marruecos ha vendido estos años que su control sobre el Sahara representaba una garantía y un apoyo en la vigilancia y contención de la amenaza islamista, nucleada en torno a las ramas magrebí y saheliana de Al Qaeda. El secuestro de ciudadanos occidentales en regiones próximas le ha proporcionado a Marruecos el discurso sustitutivo de agente occidental local que tuvo en la guerra fría frente a la amenaza soviética. Entonces, su gran rival, Argelia era un aliado de la Unión Soviética, muy sui generis, desde luego, pero útil como referencia de confrontación global. Sin mundo bipolar, la enemistad entre ambos países del Magreb continúa. En Argelia, el desafío integrista ha conocido periodos más terribles, pero sigue vivo. Como lo está en Marruecos, y con más razón para preocuparse, porque el fenómeno no es implantado sino autóctono.
Yolanda Sobero, compañera periodista de Televisión Española, acaba de publicar un libro sobre el conflicto del Sahara en el que analiza todas las claves históricas y presentes del conflicto. Durante el acto de presentación de su obra, celebrado esta misma semana en Madrid, resaltaba, entre otras contradicciones, la paradoja de la estrategia internacional marroquí. El gobernador de El Aiún le justificaba el control del Sahara como esencial para neutralizar los riesgos islamistas que se le presentan a Occidente, cuando, en realidad, como señalaba Yolanda, el peligro islamista en Marruecos no viene del sur, sino que anida en el corazón del reino, en Casablanca, la gran urbe en peligro permanente de explosión.
LA MALA CONCIENCIA ESPAÑOLA
El gobierno español ha escuchado críticas de distinta procedencia y de solvencia desigual por su reacción a los acontecimientos de estos días. Los sectores de apoyo a la causa saharaui le reprochan al gobierno falta de compromiso, ambigüedad, pasividad ante los excesos represivos marroquíes, desinterés por la evolución del conflicto, inhibición y desplazamiento de responsabilidad hacia la ONU. Puede entenderse el desconcierto oficial e incluso el patinazo de algún flamante Ministro (Ramón Jáuregui), hablando en términos de "soberanía" de Marruecos en el pleno del Congreso para luego corregirse acertadamente en los pasillos y afirmar que quiso decir "administración". O puede comprenderse la tibieza de la Ministra de Asuntos Exteriores, intentando medir sus palabras, desde el otro lado del Atlántico. En realidad, y sin escatimar los errores e insuficiencias del actual gobierno, lo cierto es que es toda la trayectoria de la España democrática en el Sáhara lo que merece la pena evaluar.
Ninguno de los gobiernos democráticos, desde 1979, parecen haber acertado. Las distintas políticas de apaciguamiento de Marruecos no han dado resultado y, sin embargo, se mantienen con formas y estilos diferentes. Es cierto que el comportamiento de Rabat hay que medirlo por lo que hace y no por lo que dice que hace o va a hacer. Que en el balance de las relaciones bilaterales, los sucesivos gobiernos españoles han ido preservando mal que bien sus intereses durante estas últimas décadas, ya sea en la explotación del recurso pesquero, en el control del tráfico de droga, en la canalización de las reivindicaciones territoriales, en los flujos migratorios o la vigilancia del fenómeno islamista. Pero es difícil evitar la sensación de que en el asunto del Sahara el resultado es negativo. Puede haber tres razones:
- Una, que ése haya sido el precio de otras concesiones o contenciones o frustraciones marroquíes, y que se haya aceptado el canje como ejercicio de pragmatismo.
- Dos, que los sucesivos gobiernos no hayan sentido verdadera presión de la opinión pública, más allá de una simpatía moral por la causa saharaui y determinadas acciones solidarias, para que realizaran una política más acorde con la responsabilidad histórica y jurídica de España.
- Y tres, que los intereses de los aliados norteamericano y francés haya servido de pantalla o dique a otro comportamiento público español más comprometido, hasta el punto de colaborar en escamoteo de los mandatos internacionales.
No se trata de opciones excluyentes, sino todo lo contrario. Con toda seguridad, es la combinación de las tres razones lo que explicaría esta "mala conciencia española", para decirlo en las acertadas palabras de nuestra compañera Yolanda Sobero.
http://jasacaluga.blogspot.com/
EL DESTINO DE LOS SAHARAUIS
Durante muchos años, los saharauis han sido tratados como población de territorio ocupado, aunque el discurso del ocupante haya negado con vehemencia esa realidad y los considerara públicamente como ciudadanos/súbditos meridionales del Rey y Comendador de los Creyentes. Que la retórica oficial era manifiestamente falsa lo evidencia la política de repoblamiento masivo de las "provincias del sur" con marroquíes procedentes de otros lugares del reino, a los que se ofrecía mejores sueldos (si eran funcionarios, en cada uno de los empleos, funciones y categorías) que el resto de sus compatriotas), más infraestructuras (relativamente) y unas condiciones de vida más atractivas (en términos generales). De esta forma, en un par de décadas largas, los saharauis originarios, habitantes de larga data y nómadas “sedentarizados” ya en proporciones superiores al 80%, se han visto convertidos en minoría dentro de su propio país. En estos momentos, con la prudencia que aconseja el asunto, puede decirse que la población implantada en el Sahara y sus descendientes sobrepasa a la que pudiera considerarse, con todos los matices precisos, como originaria.
La mayoría de esa población originalmente saharaui se siente partícipe de una identidad nacional y mantiene la aspiración de pronunciarse sobre su futuro y sus derechos políticos como pueblo. Y sigue reconociendo a la RASD (la República Árabe Saharaui Democrática) como la expresión política de su estado provisional, aunque puedan detectarse críticas al gobierno saharaui en el exilio y diferentes sensibilidades políticas. En esa mayoría, ahora minoritaria si se toma el conjunto de residentes y nuevos pobladores del Sahara, siguen vivos los lazos de hermandad con la población desplazada que resiste y espera en los campamentos de refugiados de territorio argelino. Residentes y refugiados saharauis mantienen la independencia como aspiración irrenunciable.
Sin embargo, hay que vivir todos los días, y en los últimos años, las reivindicaciones cotidianas, de orden social y económico y de contenido práctico, han pesado mucho más en la definición del malestar frente al poder extranjero que los administra. Esta realidad puede desbordar la capacidad representativa y el poder de interlocución del Frente Polisario o de la propia RASD. El actual ciclo de protestas y otras anteriores menos publicitadas se han realizado sin el liderazgo evidente del movimiento de liberación nacional. Los dirigentes polisarios deben admitirlo y tenerlo en cuenta. La última crisis ha estallado en vísperas de una nueva ronda negociadora, que concluyó con estériles resultados. Ninguna de las dos partes ha demostrado capacidad para controlar los acontecimientos. Las respuestas sociales parecen mostrar amplia autonomía de las estrategias políticas.
LAS CONTRADICCIONES DE MARRUECOS
Para Marruecos, el drama de estos días pasará factura. La estrategia de enfriar el conflicto, eludir y obstaculizar las resoluciones de la ONU, trabar el proceso referendario, jugar con la indiferencia de las potencias influyentes en la zona y manipular o exagerar riesgos para los intereses occidentales presenta límites cada vez más difícil de soslayar.
La respuesta represiva es la peor que podría ofrecer Marruecos, y eso lo saben muy bien en Rabat, desde la Casa Real hasta el responsable gubernamental más básico. Tanto es así, que, durante años, han puesto en la vitrina del Sahara justo lo contrario, aunque en la trastienda no han dejado de existir las prácticas más terribles de represión. La violencia institucional y abierta pone en evidencia el nerviosismo del Majzén, el conglomerado de poder en Marruecos. La realidad social saharaui ya no admite simplemente el método del palo y la zanahoria. Los colonos han dejado de disfrutar de una vida de privilegios. El deterioro de las condiciones de vida también les alcanza. Si Rabat fomenta o consiente el enfrentamiento civil, para enmascarar o justificar la represión oficial, el resultado puede ser mucho más inquietante y más elevado el riesgo de perder el control.
Frente a las potencias extranjeras influyentes, Marruecos ha vendido estos años que su control sobre el Sahara representaba una garantía y un apoyo en la vigilancia y contención de la amenaza islamista, nucleada en torno a las ramas magrebí y saheliana de Al Qaeda. El secuestro de ciudadanos occidentales en regiones próximas le ha proporcionado a Marruecos el discurso sustitutivo de agente occidental local que tuvo en la guerra fría frente a la amenaza soviética. Entonces, su gran rival, Argelia era un aliado de la Unión Soviética, muy sui generis, desde luego, pero útil como referencia de confrontación global. Sin mundo bipolar, la enemistad entre ambos países del Magreb continúa. En Argelia, el desafío integrista ha conocido periodos más terribles, pero sigue vivo. Como lo está en Marruecos, y con más razón para preocuparse, porque el fenómeno no es implantado sino autóctono.
Yolanda Sobero, compañera periodista de Televisión Española, acaba de publicar un libro sobre el conflicto del Sahara en el que analiza todas las claves históricas y presentes del conflicto. Durante el acto de presentación de su obra, celebrado esta misma semana en Madrid, resaltaba, entre otras contradicciones, la paradoja de la estrategia internacional marroquí. El gobernador de El Aiún le justificaba el control del Sahara como esencial para neutralizar los riesgos islamistas que se le presentan a Occidente, cuando, en realidad, como señalaba Yolanda, el peligro islamista en Marruecos no viene del sur, sino que anida en el corazón del reino, en Casablanca, la gran urbe en peligro permanente de explosión.
LA MALA CONCIENCIA ESPAÑOLA
El gobierno español ha escuchado críticas de distinta procedencia y de solvencia desigual por su reacción a los acontecimientos de estos días. Los sectores de apoyo a la causa saharaui le reprochan al gobierno falta de compromiso, ambigüedad, pasividad ante los excesos represivos marroquíes, desinterés por la evolución del conflicto, inhibición y desplazamiento de responsabilidad hacia la ONU. Puede entenderse el desconcierto oficial e incluso el patinazo de algún flamante Ministro (Ramón Jáuregui), hablando en términos de "soberanía" de Marruecos en el pleno del Congreso para luego corregirse acertadamente en los pasillos y afirmar que quiso decir "administración". O puede comprenderse la tibieza de la Ministra de Asuntos Exteriores, intentando medir sus palabras, desde el otro lado del Atlántico. En realidad, y sin escatimar los errores e insuficiencias del actual gobierno, lo cierto es que es toda la trayectoria de la España democrática en el Sáhara lo que merece la pena evaluar.
Ninguno de los gobiernos democráticos, desde 1979, parecen haber acertado. Las distintas políticas de apaciguamiento de Marruecos no han dado resultado y, sin embargo, se mantienen con formas y estilos diferentes. Es cierto que el comportamiento de Rabat hay que medirlo por lo que hace y no por lo que dice que hace o va a hacer. Que en el balance de las relaciones bilaterales, los sucesivos gobiernos españoles han ido preservando mal que bien sus intereses durante estas últimas décadas, ya sea en la explotación del recurso pesquero, en el control del tráfico de droga, en la canalización de las reivindicaciones territoriales, en los flujos migratorios o la vigilancia del fenómeno islamista. Pero es difícil evitar la sensación de que en el asunto del Sahara el resultado es negativo. Puede haber tres razones:
- Una, que ése haya sido el precio de otras concesiones o contenciones o frustraciones marroquíes, y que se haya aceptado el canje como ejercicio de pragmatismo.
- Dos, que los sucesivos gobiernos no hayan sentido verdadera presión de la opinión pública, más allá de una simpatía moral por la causa saharaui y determinadas acciones solidarias, para que realizaran una política más acorde con la responsabilidad histórica y jurídica de España.
- Y tres, que los intereses de los aliados norteamericano y francés haya servido de pantalla o dique a otro comportamiento público español más comprometido, hasta el punto de colaborar en escamoteo de los mandatos internacionales.
No se trata de opciones excluyentes, sino todo lo contrario. Con toda seguridad, es la combinación de las tres razones lo que explicaría esta "mala conciencia española", para decirlo en las acertadas palabras de nuestra compañera Yolanda Sobero.
http://jasacaluga.blogspot.com/
lunes, 1 de noviembre de 2010
los papeles de la guerra
Alberto Piris*
A los militares españoles que desde mediados de los años 50 del pasado siglo empezamos a efectuar con frecuencia estancias en EEUU, para seguir cursos de formación táctica y técnica, nos sorprendían muchas cosas de nuestros homólogos estadounidenses; en general, en sentido favorable. Uno de los aspectos que más me llamaba la atención era la proliferación de impresos, formularios y estadillos que había que rellenar cuidadosamente con motivo de cualquier actividad. No había tarea que no quedara debidamente registrada y filling the form (rellenar el impreso) era algo obligado en toda operación. Para los oficiales de aquel ejército español, desmedrado tras las penurias de la Guerra Civil y donde las carencias "se suplían con el celo" -según frase común-, ver cómo funcionaba un ejército moderno era una novedad extraordinaria.
Para los militares estadounidenses era entonces la guerra de Vietnam la principal pesadilla, pues su fin no se veía próximo. Cuando aún quedaban más de diez años para que concluyera, oí comentar, en el club de oficiales de la base en la que me alojaba, que el mejor procedimiento para acabar con el Vietcong sería lanzar desde el aire, mediante los famosos B-52, todas las toneladas de papel que la guerra había generado: el territorio enemigo y su población quedarían aplastados bajo una gruesa capa de documentos, con lo que se daría fin a la guerra, aunque solo fuese por asfixia.
Este recuerdo se ha reavivado al conocer lo que los medios han dado en llamar "filtración" de documentos militares de la guerra de Irak, que ha causado un escándalo de grandes proporciones. Esta segunda andanada es mucho más de lo que podría deducirse del nombre de la organización que la ha disparado. WikiLeaks se traduce como "las filtraciones de Wiki", pero los casi 400.000 documentos que acaban de ver la luz, más que una simple filtración, constituyen una enorme marea o una gigantesca inundación.
Si pertenece al ámbito del humor la idea de un Vietnam sumergido bajo un océano de papel, no se puede dudar de que el actual equivalente digital de los documentos generados por la ocupación de Irak, difundidos sin fronteras por Internet, supone para el Pentágono, la Casa Blanca y el Gobierno de Bagdad un huracán político de consecuencias muy devastadoras. También a Londres han llegado fuertes ramalazos.
Muchas conclusiones se irán extrayendo del análisis de esta documentación. Pero una de las más demoledoras, tras un examen superficial, es la crueldad y el sadismo (ejecuciones sumarias, palizas, electrocuciones, uso de ácidos y de taladros eléctricos contra los detenidos) mostrado por los soldados del ejército iraquí contra su propio pueblo. ¿No era así como actuaban las tropas de Sadam? Asumido el culpable fiasco de las armas de destrucción masiva ¿no se aseguró insistentemente que la invasión tenía por objeto poner fin a las prácticas tiránicas del ahorcado dictador? Pues no parece que las cosas cambiaran para bien del sufrido pueblo iraquí, cuando se comprueban las sevicias que ha padecido a manos de sus soldados y, lo que es peor, la tolerancia mostrada por las fuerzas ocupantes, que tenían orden de no investigar los casos que solo afectasen a torturas o violencia entre iraquíes. Eso, cuando no eran los mismos soldados de EEUU los que entregaban expresamente sus prisioneros a los especialistas iraquíes en tortura.
Ante tan aplastante colección de pruebas incriminatorias, es muy hipócrita pasarlas por alto y argüir que su difusión pone en peligro la seguridad de las tropas, como se ha dicho en Washington. Aunque hoy sea Afganistán, y no Irak, el principal motivo de preocupación, es difícil separar y compartimentar en el tiempo y en el espacio unas actuaciones que vulneran los más elementales códigos de la ética humana y del comportamiento de los ejércitos en las guerras. Lo que ocurrió en Irak ¿se repetiría en Afganistán si hubiera permanecido oculto?
Forzoso es constatar, como consecuencia de lo anterior, que se necesitan unos árbitros independientes, como WikiLeaks y otras organizaciones análogas. Árbitros no implicados directamente en el terrible juego que allí se desarrolla (¿quién dará crédito, ahora, a los informes oficiales del Pentágono?) y capaces de actuar con valentía contra los Estados que, en virtud de una pretendida conciencia democrática y de difusión de los derechos humanos, recurren a la guerra para imponer por las armas los principios que luego no practican sobre el terreno cuando llega el momento de la verdad.
Los papeles de la guerra de Irak están cumpliendo una función para la que no fueron concebidos: en vez de atender a las exigencias de la burocracia militar, sirven para denunciar los horrores de una guerra que jamás debió iniciarse. Y en vez de atacar al mensajero, como suele ocurrir en estos casos, lo que exige la más elemental moral militar, política y cívica es comprobar los delitos revelados y proceder contra sus perpetradores en la forma que cabe esperar en cualquier Estado que se tenga por democrático.
lunes, 25 de octubre de 2010
reinventando las naciones unidas
Miguel d´Escoto*
Desde que dejé mi puesto como Presidente de la Asamblea General de la ONU, el 14 de septiembre de 2009, he estado trabajando en una Propuesta de Reinvención de la Organización de las Naciones Unidas. Esa Propuesta pronto la estaremos presentando.
Me encuentro entre los convencidos de que hoy más que nunca el mundo está necesitando unas verdaderas Naciones Unidas que nos una a todos los pueblos y gobiernos del mundo en la defensa del derecho a la vida y de todos los demás derechos inalienables de los seres humanos individualmente y de la humanidad en su conjunto, de todos los seres vivientes, de la naturaleza en general y de la Madre Tierra. Lo que tenemos ahora por Naciones Unidas es un fraude, una farsa, una gran mentira porque hay quienes se han empeñado en viciarla más allá de cualquier reforma posible.
Y digo esto porque es evidente que dentro de la Organización tenemos a un Estado miembro, el más influyente, por rico y militarmente poderoso, que ha logrado persuadir a otros miembros, principalmente del llamado primer mundo, a trabajar por una agenda radicalmente diferente a la agenda de paz, respeto y armonía entre todos los Estados miembros, respetando siempre su igualdad soberana que la Carta consigna como su primer principio. Ese Estado miembro se comporta como dueño y señor de la Organización y sus "negociaciones" no son más que amenazas, represalias e ingentes campañas difamatorias que sólo podríamos calificar de terrorismo mediático.
Para que las Naciones Unidas lleguen a ser una Organización auténtica se necesitaría que todos los Estados miembros, y particularmente los más poderosos e influyentes, estuvieran realmente comprometidos con la paz mundial, la erradicación de las guerras, el hambre y la pobreza de este mundo. Ésos, después de todo, fueron los objetivos por los cuales se crearon las Naciones Unidas y, al suscribir su Carta, los Estados miembros, se comprometieron a dedicar sus mejores esfuerzos por lograr esos propósitos.
Desde hace ya más de treinta años, por lo menos, se sabe que la erradicación del hambre y la pobreza extrema ya no es una utopía inalcanzable. Contamos con los recursos y los conocimientos científicos y técnicos para lograrlo. Lo único que hace falta es la voluntad política de vivir en hermandad, de amarnos los unos a los otros y de estar siempre a la altura de las exigencias de la solidaridad humana. Necesitaríamos también la voluntad política para estar a la altura de las exigencias del respeto, amor y cuidado de todo lo viviente y de nuestra Madre Tierra.
Considero que no hay duda de que la mayor parte de los pueblos del mundo anhelan la paz y la consideran el bien supremo por el cual debemos trabajar. No obstante, existe, como ya hemos dicho, un Estado para el que el bien supremo, el que le da razón a su existencia, no es la paz, sino el poder. Un poder de dominación y aplastamiento que sólo podríamos calificar de diabólico, ya que no existe medio, por violento y criminal que sea, que este Estado, al que normalmente llamamos simplemente imperialismo, no esté dispuesto a utilizar para lograr su objetivo de Full Spectrum Dominance (Dominio de Espectro Total), nombre dado por el propio Pentágono a la estrategia militar para lograr el control de todo el planeta y más allá. Éste, obviamente, es un objetivo que otros ya habían intentado antes, sin poder jamás lograrlo. Según el propio Pentágono, la agenda de este objetivo es controlarlo todo y en todas partes, incluyendo los mares, tierra, aire e, incluso, el espacio exterior y el ciberespacio.
Cuando hablamos de este tipo de ambiciones demenciales, se hace difícil impedir que vengan a la mente memorias de hechos tan condenables y perversos como todos los relacionados con Hitler, que nunca podrán ser suficientemente condenados. No obstante, no es ninguna exageración afirmar que Hitler, con todo el mal que hizo, nunca pudo haber causado tanto daño a la humanidad como el que Estados Unidos ya ha causado y sigue exponencialmente causando, hasta el punto de poner en peligro la continuación de la especie humana y de la mayor parte de la vida en la Tierra. Estados Unidos, sus aliados y la OTAN son mil veces más peligrosos y condenables que el propio Hitler.
Por lo tanto no deja de resultar difícil, por deseable que sea, imaginarnos a unos Estados Unidos diferentes, integrados en el resto de la familia humana, trabajando por la paz y la seguridad del mundo y haciendo todo lo posible por erradicar el hambre y la extrema pobreza de esta Tierra, siendo que ellos son sus principales causantes. Y, además, por supuesto, nos gustaría ver a unos Estados Unidos tratando seriamente también de responder con efectividad al cambio climático, al calentamiento global y a los serios problemas ecológicos de los que han sido de los principales causantes. Pero, cabe preguntarnos, ¿hasta cuándo debemos de seguir esperando que Estados Unidos y sus aliados se compongan y dejen de seguir actuando como enemigos de la humanidad, de la vida y de la Madre Tierra?
La esencial perversidad del imperio no es algo que resultó, por sí sólo, así no más, como por accidente. Fue algo premeditado, decidido por los principales arquitectos de la política de contención de la Guerra Fría, con George F. Kennan, Director de la sección de Planificación de Políticas del Departamento de Estado, a la cabeza. En un documento interno sobre política exterior de 1948, clasificado como Top Secret, hace un resumen de los que debían ser los principales objetivos de la política exterior estadounidense mientras creaban el imperio de la posguerra que se conocería como el siglo americano. La tesis de Kennan, eventualmente desclasificada, era espeluznantemente clara. El egoísmo y la codicia fueron oficialmente entronizados, mientras que la solidaridad internacional fue caracterizada como una extravagancia ante las prioridades "más serias e importantes" del momento. "No necesitamos engañarnos pensando que hoy en día nos podemos dar el lujo de altruismos y de actuar como benefactores de este mundo." Con estos valores y criterios era de esperar que Estados Unidos se comportara siempre como enemigo de los valores y principios consignados en la Carta de la ONU.
Eso sí, los planificadores de la nueva política exterior de los Estados Unidos eran muy conscientes del hecho de que, a estas alturas de la historia, la palabra imperialismo se había vuelto políticamente repugnante, y por eso los arquitectos del orden global de la posguerra controlado por Estados Unidos, consciente y explícitamente optaron por obviar la palabra imperio en referencia al nuevo orden. La alternativa escogida por Estados Unidos fue camuflar su poder imperial bajo el disfraz de "liberación" colonial, apoyo a la "democracia" y al "libre mercado". Como comenta William Engdahl, el mundialmente reconocido experto en relaciones internacionales y autor de varios bestsellers, "esta maniobra fue uno de los más efectivos y diabólicos golpes propagandísticos de los tiempos modernos."
No podemos darnos el lujo de seguir engañándonos. Estados Unidos pudo haber suscrito la Carta de Naciones Unidas pero nunca compartió sus principios y valores. Nunca ha buscado la paz porque necesita la guerra como medio de lograr su Full Spectrum Dominance que ahora se extiende al espacio exterior y al ciberespacio. Estados Unidos nunca ha creído en el imperio del derecho en las relaciones internacionales, siempre ha creído en la ley de la selva, es decir, el derecho del más fuerte. Nunca ha creído en las Naciones Unidas, únicamente ha querido manipularlas y desde su posición como Estado miembro más influyente en la Organización siempre la ha chantajeado y amenazado si no lo acompaña de sus genocidios como el que cometió contra Nicaragua, y sigue hoy día cometiendo contra Iraq y Afganistán.
Con su incomparable aparato de influencia mediática y de lavado cerebral, Estados Unidos ahora prepara psicológicamente al mundo para que acepte una agresión contra Irán, con la misma lógica que lo hizo contra Iraq y Afganistán, hacerse con sus recursos naturales y acercarse cada vez más a Rusia que es, y siempre ha sido, su principal objetivo. La arrogancia del imperio lo hace no prestar suficiente atención a las posibles consecuencias de sus aventuras. Con todo respeto a Iraq y Afganistán, Irán es diferente. Si los estadounidenses no han podido contra Iraq y Afganistán menos podrán contra Irán y las consecuencias de esta nueva aventura criminal podrían ser catastróficas, no sólo para Irán y los países circundantes, sino también, para el mundo entero. Algo similar pasaría si Estados Unidos no acepta seriamente el principio de una sola China y sigue empeñado en su locura de dividirla para eventualmente fragmentarla.
Me parece que ha llegado ya la hora de, como dice el gran intelectual africano Ngugi Wa Thiongâ Öo, descolonizar el intelecto, sacándonos ideas domesticadoras como ésa de que necesitamos a los Estados Unidos a como los esclavos necesitaban a sus verdugos esclavistas. La verdad es que a los Estados Unidos lo necesitamos tanto como necesitamos el arsénico. Basta ya de negación, de no querer enfrentar la realidad ni llamar a las cosas por su nombre.
Las Naciones Unidas no son naciones verdaderamente unidas puesto que las posiciones de los diferentes Estados miembros de la Organización no son iguales con respecto a los temas vitales de la guerra y la paz, el hambre y la pobreza, cambio climático, calentamiento global y desarme nuclear y respeto al derecho a la soberanía, independencia e integridad territorial de todos los Estados. Los Estados Unidos, el país más influyente en la Organización y el mayor violador sistemático de todas sus normas y principios, tiene una posición diametralmente opuesta a la de la inmensa mayoría de los Estados miembros. Sus principales aliados son el Reino Unido, la mayoría de los países europeos e Israel. El arma principal con la que cuenta para imponer su voluntad en el mundo es la OTAN. Al aliarse todos ellos con Estados Unidos se han convertido también en enemigos de la humanidad, de la paz, de la vida y de la Madre Tierra.
Desde mi punto de vista, como religioso y seguidor de mi Señor Jesús de Nazaret, estoy absolutamente convencido de que Estados Unidos está bajo una severa posesión diabólica. El mundo está atravesando un momento verdaderamente apocalíptico. Posiblemente no el primero, pero bien podría ser el último, debido al inmenso y sin precedente poder destructivo de la Bestia y a la apatía, aparente indiferencia y cobardía de los que dicen ser creyentes en Dios, y que debiéndose unir para organizar una estrategia efectiva de resistencia, no lo hacen.
Me encuentro entre los convencidos de que hoy más que nunca el mundo está necesitando unas verdaderas Naciones Unidas que nos una a todos los pueblos y gobiernos del mundo en la defensa del derecho a la vida y de todos los demás derechos inalienables de los seres humanos individualmente y de la humanidad en su conjunto, de todos los seres vivientes, de la naturaleza en general y de la Madre Tierra. Lo que tenemos ahora por Naciones Unidas es un fraude, una farsa, una gran mentira porque hay quienes se han empeñado en viciarla más allá de cualquier reforma posible.
Y digo esto porque es evidente que dentro de la Organización tenemos a un Estado miembro, el más influyente, por rico y militarmente poderoso, que ha logrado persuadir a otros miembros, principalmente del llamado primer mundo, a trabajar por una agenda radicalmente diferente a la agenda de paz, respeto y armonía entre todos los Estados miembros, respetando siempre su igualdad soberana que la Carta consigna como su primer principio. Ese Estado miembro se comporta como dueño y señor de la Organización y sus "negociaciones" no son más que amenazas, represalias e ingentes campañas difamatorias que sólo podríamos calificar de terrorismo mediático.
Para que las Naciones Unidas lleguen a ser una Organización auténtica se necesitaría que todos los Estados miembros, y particularmente los más poderosos e influyentes, estuvieran realmente comprometidos con la paz mundial, la erradicación de las guerras, el hambre y la pobreza de este mundo. Ésos, después de todo, fueron los objetivos por los cuales se crearon las Naciones Unidas y, al suscribir su Carta, los Estados miembros, se comprometieron a dedicar sus mejores esfuerzos por lograr esos propósitos.
Desde hace ya más de treinta años, por lo menos, se sabe que la erradicación del hambre y la pobreza extrema ya no es una utopía inalcanzable. Contamos con los recursos y los conocimientos científicos y técnicos para lograrlo. Lo único que hace falta es la voluntad política de vivir en hermandad, de amarnos los unos a los otros y de estar siempre a la altura de las exigencias de la solidaridad humana. Necesitaríamos también la voluntad política para estar a la altura de las exigencias del respeto, amor y cuidado de todo lo viviente y de nuestra Madre Tierra.
Considero que no hay duda de que la mayor parte de los pueblos del mundo anhelan la paz y la consideran el bien supremo por el cual debemos trabajar. No obstante, existe, como ya hemos dicho, un Estado para el que el bien supremo, el que le da razón a su existencia, no es la paz, sino el poder. Un poder de dominación y aplastamiento que sólo podríamos calificar de diabólico, ya que no existe medio, por violento y criminal que sea, que este Estado, al que normalmente llamamos simplemente imperialismo, no esté dispuesto a utilizar para lograr su objetivo de Full Spectrum Dominance (Dominio de Espectro Total), nombre dado por el propio Pentágono a la estrategia militar para lograr el control de todo el planeta y más allá. Éste, obviamente, es un objetivo que otros ya habían intentado antes, sin poder jamás lograrlo. Según el propio Pentágono, la agenda de este objetivo es controlarlo todo y en todas partes, incluyendo los mares, tierra, aire e, incluso, el espacio exterior y el ciberespacio.
Cuando hablamos de este tipo de ambiciones demenciales, se hace difícil impedir que vengan a la mente memorias de hechos tan condenables y perversos como todos los relacionados con Hitler, que nunca podrán ser suficientemente condenados. No obstante, no es ninguna exageración afirmar que Hitler, con todo el mal que hizo, nunca pudo haber causado tanto daño a la humanidad como el que Estados Unidos ya ha causado y sigue exponencialmente causando, hasta el punto de poner en peligro la continuación de la especie humana y de la mayor parte de la vida en la Tierra. Estados Unidos, sus aliados y la OTAN son mil veces más peligrosos y condenables que el propio Hitler.
Por lo tanto no deja de resultar difícil, por deseable que sea, imaginarnos a unos Estados Unidos diferentes, integrados en el resto de la familia humana, trabajando por la paz y la seguridad del mundo y haciendo todo lo posible por erradicar el hambre y la extrema pobreza de esta Tierra, siendo que ellos son sus principales causantes. Y, además, por supuesto, nos gustaría ver a unos Estados Unidos tratando seriamente también de responder con efectividad al cambio climático, al calentamiento global y a los serios problemas ecológicos de los que han sido de los principales causantes. Pero, cabe preguntarnos, ¿hasta cuándo debemos de seguir esperando que Estados Unidos y sus aliados se compongan y dejen de seguir actuando como enemigos de la humanidad, de la vida y de la Madre Tierra?
La esencial perversidad del imperio no es algo que resultó, por sí sólo, así no más, como por accidente. Fue algo premeditado, decidido por los principales arquitectos de la política de contención de la Guerra Fría, con George F. Kennan, Director de la sección de Planificación de Políticas del Departamento de Estado, a la cabeza. En un documento interno sobre política exterior de 1948, clasificado como Top Secret, hace un resumen de los que debían ser los principales objetivos de la política exterior estadounidense mientras creaban el imperio de la posguerra que se conocería como el siglo americano. La tesis de Kennan, eventualmente desclasificada, era espeluznantemente clara. El egoísmo y la codicia fueron oficialmente entronizados, mientras que la solidaridad internacional fue caracterizada como una extravagancia ante las prioridades "más serias e importantes" del momento. "No necesitamos engañarnos pensando que hoy en día nos podemos dar el lujo de altruismos y de actuar como benefactores de este mundo." Con estos valores y criterios era de esperar que Estados Unidos se comportara siempre como enemigo de los valores y principios consignados en la Carta de la ONU.
Eso sí, los planificadores de la nueva política exterior de los Estados Unidos eran muy conscientes del hecho de que, a estas alturas de la historia, la palabra imperialismo se había vuelto políticamente repugnante, y por eso los arquitectos del orden global de la posguerra controlado por Estados Unidos, consciente y explícitamente optaron por obviar la palabra imperio en referencia al nuevo orden. La alternativa escogida por Estados Unidos fue camuflar su poder imperial bajo el disfraz de "liberación" colonial, apoyo a la "democracia" y al "libre mercado". Como comenta William Engdahl, el mundialmente reconocido experto en relaciones internacionales y autor de varios bestsellers, "esta maniobra fue uno de los más efectivos y diabólicos golpes propagandísticos de los tiempos modernos."
No podemos darnos el lujo de seguir engañándonos. Estados Unidos pudo haber suscrito la Carta de Naciones Unidas pero nunca compartió sus principios y valores. Nunca ha buscado la paz porque necesita la guerra como medio de lograr su Full Spectrum Dominance que ahora se extiende al espacio exterior y al ciberespacio. Estados Unidos nunca ha creído en el imperio del derecho en las relaciones internacionales, siempre ha creído en la ley de la selva, es decir, el derecho del más fuerte. Nunca ha creído en las Naciones Unidas, únicamente ha querido manipularlas y desde su posición como Estado miembro más influyente en la Organización siempre la ha chantajeado y amenazado si no lo acompaña de sus genocidios como el que cometió contra Nicaragua, y sigue hoy día cometiendo contra Iraq y Afganistán.
Con su incomparable aparato de influencia mediática y de lavado cerebral, Estados Unidos ahora prepara psicológicamente al mundo para que acepte una agresión contra Irán, con la misma lógica que lo hizo contra Iraq y Afganistán, hacerse con sus recursos naturales y acercarse cada vez más a Rusia que es, y siempre ha sido, su principal objetivo. La arrogancia del imperio lo hace no prestar suficiente atención a las posibles consecuencias de sus aventuras. Con todo respeto a Iraq y Afganistán, Irán es diferente. Si los estadounidenses no han podido contra Iraq y Afganistán menos podrán contra Irán y las consecuencias de esta nueva aventura criminal podrían ser catastróficas, no sólo para Irán y los países circundantes, sino también, para el mundo entero. Algo similar pasaría si Estados Unidos no acepta seriamente el principio de una sola China y sigue empeñado en su locura de dividirla para eventualmente fragmentarla.
Me parece que ha llegado ya la hora de, como dice el gran intelectual africano Ngugi Wa Thiongâ Öo, descolonizar el intelecto, sacándonos ideas domesticadoras como ésa de que necesitamos a los Estados Unidos a como los esclavos necesitaban a sus verdugos esclavistas. La verdad es que a los Estados Unidos lo necesitamos tanto como necesitamos el arsénico. Basta ya de negación, de no querer enfrentar la realidad ni llamar a las cosas por su nombre.
Las Naciones Unidas no son naciones verdaderamente unidas puesto que las posiciones de los diferentes Estados miembros de la Organización no son iguales con respecto a los temas vitales de la guerra y la paz, el hambre y la pobreza, cambio climático, calentamiento global y desarme nuclear y respeto al derecho a la soberanía, independencia e integridad territorial de todos los Estados. Los Estados Unidos, el país más influyente en la Organización y el mayor violador sistemático de todas sus normas y principios, tiene una posición diametralmente opuesta a la de la inmensa mayoría de los Estados miembros. Sus principales aliados son el Reino Unido, la mayoría de los países europeos e Israel. El arma principal con la que cuenta para imponer su voluntad en el mundo es la OTAN. Al aliarse todos ellos con Estados Unidos se han convertido también en enemigos de la humanidad, de la paz, de la vida y de la Madre Tierra.
Desde mi punto de vista, como religioso y seguidor de mi Señor Jesús de Nazaret, estoy absolutamente convencido de que Estados Unidos está bajo una severa posesión diabólica. El mundo está atravesando un momento verdaderamente apocalíptico. Posiblemente no el primero, pero bien podría ser el último, debido al inmenso y sin precedente poder destructivo de la Bestia y a la apatía, aparente indiferencia y cobardía de los que dicen ser creyentes en Dios, y que debiéndose unir para organizar una estrategia efectiva de resistencia, no lo hacen.
Deberíamos todos con humildad reconocer que el Comandante Fidel Castro, héroe mundial de la solidaridad, es el gran profeta y líder moral y espiritual en el mundo de hoy. Sus reflexiones son realmente inspiradas e inspiradoras. En las del 15 de octubre nos advierte que el daño colateral de una guerra nuclear hoy en día sería la vida de la humanidad. Y, permitiendo a mi Señor Jesús hablar a través de él, Fidel nos urge: ¡Tengamos el valor de proclamar que todas las armas nucleares o convencionales, todo lo que sirva para hacer la guerra debe desaparecer! ¡Gracias Fidel por tu valentía y ejemplo de por vida!
Son todas estas reflexiones las que me llevaron a decir, al concluir mi período como Presidente de la Asamblea General, que la ONU ha llegado a un punto que no basta con reformas y remiendos. Tiene que ser REINVENTADA y es como aporte a esta urgente tarea de reinvención a la que me he dedicado durante los últimos dos años. La propuesta la hago a titulo personal, como ex presidente de la Asamblea General de la ONU, bajo mi total y exclusiva responsabilidad, y como persona interesada en la paz, la erradicación de las guerras, el hambre, la pobreza y el maltrato a nuestra Madre Tierra sin la cual no podemos vivir. Los valores que defiendo, y que toda mi vida he defendido, son los valores de mi Señor Jesús que, en lo fundamental, encuentro absolutamente compatibles con los valores de mis hermanas y hermanos musulmanes, judíos, budistas, confucionistas, hindúes, aymaras, como con los de todas las religiones del mundo y de las más ricas tradiciones éticas-filosóficas como el marxismo, por ejemplo, que propician correctas relaciones entre todo lo viviente y sufriente.
Si alguna vez (para Dios todo es posible) los Estados Unidos deciden, de verdad, regresar a la familia humana y como muestra de ello desmantelan la OTAN y sus más de 1.000 bases militares regadas por todo el planeta, actúa seriamente en el proceso de abolición de armas nucleares, desmilitarización del espacio exterior y pone fin a sus genocidas guerras de agresión, cesa su criminal acoso contra Cuba, suspendiendo el bloqueo y liberando a los 5 héroes cubanos, estoy seguro de que todos lo celebraríamos y los recibiríamos con los brazos abiertos al seno de la familia humana pues lo que nos motiva no es ni el odio, ni el revanchismo, es sólo el amor y las ansias de fraternidad universal. Dios los bendeciría y regresarían la paz, la seguridad y la alegría a nuestro mundo.
Me parece que es sumamente urgente que pongamos manos a la obra en la reinvención de la ONU para que sea realmente eso y no una organización sometida a ningún patrón, por rico y militarmente poderoso que sea. En lo personal, yo he querido responder a la confianza que los Estados miembros depositaron en este su humilde servidor al elegirme Presidente del 63 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, reflexionando durante los últimos dos años e intercambiando ideas con la personas que me parecían entre las más calificadas para ayudarme a preparar una buena y viable Propuesta para reinventar las Naciones Unidas y convertirla en un efectivo instrumento en la lucha por la paz, la erradicación de guerras, hambre y pobreza extrema en la Tierra. Unas Naciones Unidas verdaderamente democratizadas y desmilitarizadas. Con humildad y mucho amor, pronto la estaremos presentando en su última versión en nuestro sitio Web: www.reinventingtheun.org
Son todas estas reflexiones las que me llevaron a decir, al concluir mi período como Presidente de la Asamblea General, que la ONU ha llegado a un punto que no basta con reformas y remiendos. Tiene que ser REINVENTADA y es como aporte a esta urgente tarea de reinvención a la que me he dedicado durante los últimos dos años. La propuesta la hago a titulo personal, como ex presidente de la Asamblea General de la ONU, bajo mi total y exclusiva responsabilidad, y como persona interesada en la paz, la erradicación de las guerras, el hambre, la pobreza y el maltrato a nuestra Madre Tierra sin la cual no podemos vivir. Los valores que defiendo, y que toda mi vida he defendido, son los valores de mi Señor Jesús que, en lo fundamental, encuentro absolutamente compatibles con los valores de mis hermanas y hermanos musulmanes, judíos, budistas, confucionistas, hindúes, aymaras, como con los de todas las religiones del mundo y de las más ricas tradiciones éticas-filosóficas como el marxismo, por ejemplo, que propician correctas relaciones entre todo lo viviente y sufriente.
Si alguna vez (para Dios todo es posible) los Estados Unidos deciden, de verdad, regresar a la familia humana y como muestra de ello desmantelan la OTAN y sus más de 1.000 bases militares regadas por todo el planeta, actúa seriamente en el proceso de abolición de armas nucleares, desmilitarización del espacio exterior y pone fin a sus genocidas guerras de agresión, cesa su criminal acoso contra Cuba, suspendiendo el bloqueo y liberando a los 5 héroes cubanos, estoy seguro de que todos lo celebraríamos y los recibiríamos con los brazos abiertos al seno de la familia humana pues lo que nos motiva no es ni el odio, ni el revanchismo, es sólo el amor y las ansias de fraternidad universal. Dios los bendeciría y regresarían la paz, la seguridad y la alegría a nuestro mundo.
Me parece que es sumamente urgente que pongamos manos a la obra en la reinvención de la ONU para que sea realmente eso y no una organización sometida a ningún patrón, por rico y militarmente poderoso que sea. En lo personal, yo he querido responder a la confianza que los Estados miembros depositaron en este su humilde servidor al elegirme Presidente del 63 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, reflexionando durante los últimos dos años e intercambiando ideas con la personas que me parecían entre las más calificadas para ayudarme a preparar una buena y viable Propuesta para reinventar las Naciones Unidas y convertirla en un efectivo instrumento en la lucha por la paz, la erradicación de guerras, hambre y pobreza extrema en la Tierra. Unas Naciones Unidas verdaderamente democratizadas y desmilitarizadas. Con humildad y mucho amor, pronto la estaremos presentando en su última versión en nuestro sitio Web: www.reinventingtheun.org
Una vez recibida la propuesta habría que actuar pronto y tener en cuenta que su aceptación o rechazo tendría que ser tomada entre los jefes de Estado y de Gobierno. Remitirlo para que lo analicen y trabajen los Representantes Permanentes en la ONU sería exponerla a una muerte súbita al encontrarse atrapada en la inmensa telaraña de normas de procedimiento como las previstas para "reformas" cuyo único propósito es que no cambie nada. Negociarla regionalmente por grupos de jefes de Estado y Gobierno de los integrantes del Grupo de los 77 + China, podría resultar relativamente fácil y lograrse con la rapidez necesaria al someterla para la aprobación de la Asamblea General una vez garantizados los votos del Grupo de los 77 + China al cual, estoy seguro, muchos otros se sumarán.
miércoles, 20 de octubre de 2010
ee.uu. planea apoderarse del arsenal nuclear de pakistán
Rick Rozoff, Chicago, EE.UU.*
Dos noticias recientes provenientes de EE.UU. han comenzado a reverberar en Pakistán y causan especulación de que el aumento de los ataques de drones estadounidenses y de ataques de helicópteros de la OTAN en ese país podrían ser el presagio de acciones mucho más amplias: Nada menos que la expansión de la guerra de Occidente en Afganistán hacia Pakistán con el objetivo final de apoderarse de las armas nucleares de esa nación.
News International, el mayor periódico en idioma inglés de Pakistán, publicó un informe el 13 de octubre basado en pasajes del libro recientemente publicado del periodista estadounidense Bob Woodward Obama's Wars que señalan que durante una cumbre trilateral entre los presidentes de EE.UU., Afganistán y Pakistán el 6 de mayo de 2009 el jefe de Estado paquistaní Asif Ali Zardari acusó a Washington de estar tras los ataques de los talibanes dentro de su país con el propósito de utilizarlos a fin de que “EE.UU. pudiera invadir y apoderarse de sus armas nucleares”. [1]
Woodward describió comentarios intercambiados en una cena de Zardari y Zalmay con Khalilzad, nacido en Afganistán, ex embajador de EE.UU. ante las Naciones Unidas (2007-2009), en Iraq (2005-2007) y Afganistán (2003-2005). Khalilzad también fue un cercano asociado del Consejero Nacional de Seguridad de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, arquitecto de la estrategia estadounidense de apoyar desde 1978 ataques de extremistas armados basados en Pakistán contra Afganistán, cuando se unió al expatriado polaco en la Universidad Columbia de 1979 a 1989.
El “testigo” de relevo para lo que es ahora la intervención de más de 30 años de Washington en Afganistán fue pasado de Brzezinski a Khalilzad en los años ochenta cuando este último fue nombrado uno de los funcionarios superiores del Departamento de Estado del gobierno de Ronald Reagan a cargo de apoyar a combatientes muyahidines que operaban desde Peshawar en Pakistán. Entró al Departamento de Estado de 1984 con una beca del Consejo de Relaciones Exteriores y trabajó para Paul Wolfowitz, entonces secretario adjunto de Estado para Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico. Sus esfuerzos fueron aumentados por el director adjunto de la Agencia Central de Inteligencia de entonces, Robert Gates, actualmente secretario de defensa de EE.UU. Dos de sus principales clientes, Gulbuddin Hekmatyar y Jalaluddin Haqqani, son fundadores y dirigentes de Hezb-e Islami Gulbuddin y de la red Haqqani, contra los cuales el Pentágono de Gates combate actualmente a ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán.
Según la información de Woodward sobre las acusaciones del presidente paquistaní a Khalilzad en mayo del año pasado, “Zardari dejó caer su cuidado diplomático. Sugirió que uno de… dos países estaba organizando los ataques de los talibanes paquistaníes dentro de su país: India o EE.UU. Zardari no pensaba que India podría ser tan hábil, pero EE.UU. sí. [El presidente afgano Hamid] Karzai le había dicho que EE.UU. estaba tras los ataques, confirmando las afirmaciones del ISI paquistaní [Inteligencia Inter-Servicios].” [2]
Se dice que Khalilzad, cuyo currículum vitae también incluye tareas en el Departamento de Defensa, el Consejo de Seguridad Nacional, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, la Fundación Nacional por la Democracia [NED], la Corporación Rand (donde ayudó a establecer el Centro de Estudios de Oriente Próximo) y el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, discrepó de la afirmación de Zardari, lo que llevó a que este último respondiera que lo que había descrito “era un complot para desestabilizar Pakistán”, tramado para que, según la versión de sus palabras de Woodward, “EE.UU. pudiera invadir y apoderarse de las armas nucleares [de Pakistán]”.
El informe señaló que Zardari “no podía explicar de otra manera la rápida expansión de la violencia. Y la CIA no había perseguido a los dirigentes de los talibanes paquistaníes, un grupo conocido como Tehrik-e-Taliban-e-Pakistan o TTP que había atacado al gobierno. TTP también fue culpado del asesinato de la esposa de Zardari, Benazir Bhutto.”
En las palabras del presidente paquistaní: “Os damos objetivos de talibanes que no perseguís. Perseguís otras áreas. Estamos desconcertados.”
Cuando Khalilzad mencionó que los ataques con drones dentro de Pakistán “tienen el objetivo primordial de dar caza a miembros de al-Qaida e insurgentes afganos, no a los talibanes paquistaníes”, Zardari respondió insistiendo “Pero el movimiento talibán está vinculado a al-Qaida… por lo tanto al no atacar los objetivos recomendados por Pakistán EE.UU. ha revelado su apoyo a TTP. En un cierto momento la CIA incluso trabajó con el líder del grupo, Baitullah Mehsud.” [3] (Tres meses antes un ataque de drone dirigido por la CIA mató a Mehsud, su mujer y a varios parientes políticos y guardaespaldas.)
En agosto de 2009, mientras todavía comandaba todas las fuerzas de EE.UU. y de la OTAN en Afganistán, el entonces general Stanley McChrystal emitió su confidencial Evaluación Inicial del COMISAF (Comandante de la Fuerza Internacional de Ayuda a la Seguridad) que afirmó que “los principales grupos insurgentes según la importancia de su amenaza para la misión son: Quetta Shura Taliban (05T), la Red Haqqani (HQN), y Hezb-e Islami Gulbuddin (HiG)." [4] El primero es un grupo talibán afgano que, como indica su nombre, está basado en la capital de la provincia Baluchistán de Pakistán.
Steve Coll, Alfred McCoy y otras autoridades sobre el tema han documentado la participación de la CIA con Gulbuddin Hekmatyar y Jalaluddin Haqqani: Que eran compartidos con la Inteligencia Inter-Servicios de Pakistán, si no transferidos por ésta a la CIA, como recursos privados. Coll ha afirmado además que Haqqani dio refugio y apoyó a Osama bin Laden desde los años ochenta.
En la reunión entre Obama, Zardari y Karzai en mayo de 2009, el presidente estadounidense afrentó a sus dos homólogos por su supuesta falta de decisión en la realización de la guerra a ambos lados de la Línea Durand, a pesar de que mientras hablaba Pakistán estaba involucrado en un gran ataque militar en el Valle Swat que llevó al desplazamiento de 3 millones de civiles.
Cuatro días después del intercambio de palabras entre Zardari y Khalilzad, el presidente paquistaní apareció en la edición del 10 de mayo de Meet the Press de NBC en un programa que también incluyó al presidente afgano Karzai y a Steve Coll, ahora presidente y director ejecutivo de New America Foundation y autor de Ghost Wars: The Secret History of the CIA, Afghanistan, and Bin Laden, from the Soviet Invasion to September 10, 2001 (2004) y de The Bin Ladens: An Arabian Family in the American Century (2008).
Los comentarios de Zardari ante su audiencia estadounidense incluyeron la afirmación de que los talibanes “forman parte de vuestro pasado y de nuestro pasado, y la ISI y la CIA los crearon juntos. Y puedo encontrar para vosotros 10 libros, y 10 filósofos, y diez ensayos al respecto…” [5]
El hecho de que los dirigentes de los otros dos grupos armados identificados por McChrystal - Haqqani y Hekmatyar – se encontraban entre los tres dirigentes muyahidines financiados, armados y entrenados por la CIA (el difunto Ahmed Shah Massud fue el tercero), completa el cuadro: Robert Gates, el secretario de defensa, libra una guerra contra fuerzas que Robert Gates, el director adjunto de la CIA, apoyó a través de uno de los programas clandestinos más prolongados y costosos de la Agencia, la Operación Ciclón.
Después de retirarse de la vida pública, George Kennan, el principal arquitecto de la política de Guerra Fría de EE.UU., citó una línea que atribuyó a Goethe para advertir que finalmente todos somos destruidos por monstruos de nuestra propia creación. Para corregir a Voltaire, la Casa Blanca, en lugar de Dios, “es un comediante que actúa para una audiencia demasiado asustada para reír”.
La versión de Woodward de los comentarios del año pasado del presidente de Pakistán y de Zalmay Khalilzad podrían ser desdeñados como simplemente anecdóticos si no fuera por un artículo que apareció en el New York Post el 3 de octubre y los eventos en el propio Pakistán en las últimas seis semanas.
Arthur Herman, un experto visitante del think tank conservador American Enterprise Institute declaró en un artículo intitulado “Nuestro problema en Pakistán: el enfoque de Obama está fracasando”, que “la ironía amarga es que incluso mientras Obama trata de salir de la guerra en Afganistán, podría estarnos llevando hacia otra en Pakistán”.
El autor detalló que mientras en 2009 EE.UU. lanzó 45 ataques de vehículos aéreos Predator sin tripulación (drones) dentro de Pakistán, había triplicado la cifra hasta la fecha de publicación de su artículo y que sólo en septiembre se había lanzado la mitad de la cantidad de ataques de todo el año pasado.
Herman advirtió, mencionando también el ataque de helicóptero de la OTAN del 30 de septiembre en la Agencia Kurram de las Áreas Tribales bajo Administración Federal de Pakistán, que mató a tres miembros del Cuerpo Fronterizo y que “Incursiones del Equipo de Persecución Contraterrorista de la CIA –con sus 3.000 soldados afganos– dentro de Pakistán también se están convirtiendo en rutina”.
“Todo esto refleja un esfuerzo estadounidense en Pakistán que recuerda en mucho el que emprendimos en Laos en los años sesenta –uno de los trampolines que llevaron al cenagal vietnamita”.
“Si la creciente presión de Obama sobre Pakistán desestabiliza a ese gobierno, lo único que podría mantendrá las armas nucleares de ese país fuera de las manos de al-Qaida tendrían que ser las tropas estadounidenses. Es un panorama bélico que hará que Obama desearía que su nombre fuera Lyndon Baines Johnson." [6]
Herman atribuye la expansión de la guerra afgana hacia Pakistán a un nivel cualitativamente más peligroso a las maquinaciones del ex agente de la CIA y actual Socio Sénior de Brookings Institution, Bruce Riedel y del comandante de 152.000 soldados de EE.UU. y de la OTAN en Afganistán, general David Petraeus.
Un informe del 13 de octubre documentó que desde que Petraeus se hizo cargo del comando del esfuerzo bélico en Afganistán en junio ha habido un aumento de un 172% en los ataques aéreos de EE.UU. y de la OTAN, de 257 misiones de ataque en septiembre de 2009 a más de 700 el pasado mes. Además “los vuelos de vigilancia aumentaron a casi tres veces la cantidad de septiembre de 2009 y los vuelos de suministro también han aumentado… A veces parece que Petraeus estuviera más dispuesto a arriesgar el así llamado ‘daño colateral’ de muertes de civiles…” [7]
Los ataques de drones del mes pasado fueron los más numerosos en cualquier mes desde que se iniciaron los asesinatos selectivos en 2004 y la cantidad de muertes que han causado –más de 150– es el total mensual más elevado hasta la fecha.
Hasta mediados de este mes ha habido por lo menos ocho ataques con drones y no menos de 66 personas muertas.
Según la New American Foundation de Steve Coll, 1.439 de las 1.844 muertes causadas por ataques de drones en Pakistán ocurrieron en 2009 y hasta ahora durante este año. [8]
De la misma manera, las muertes de 1.111 de 2.160 soldados de EE.UU. y de la OTAN muertos en Afganistán desde 2001 ocurrieron en el mismo período. Diecisiete soldados extranjeros resultaron muertos sólo entre el 13 y el 16 de octubre.
El 13 de octubre, la prensa paquistaní informó de que helicópteros de la OTAN, que hasta entonces sólo operaban en las Áreas Tribales bajo Administración Federal, (en cuatro ataques contra la red Haqqani entre el 25 y el 30 de septiembre), violaron el espacio aéreo de la nación sobre la provincia de Baluchistán, llevando a Islamabad a presentar una protesta formal a la OTAN.
Desde las revelaciones del nuevo libro de Bob Woodward y la publicación del artículo de Arthur Herman, han aparecido comentarios en los periódicos paquistaníes que indican la seriedad con la que se consideran los recientes eventos y augurios aún más sombríos.
Un artículo del 13 de octubre en The Nation señaló que “la continua guerra contra el terror en Afganistán apunta a llevar las operaciones a territorio paquistaní… El verdadero objetivo es el potencial nuclear de Pakistán; ellos [EE.UU. y la OTAN] no se ven ante una amenaza plausible a la seguridad de los mal equipados talibanes o de extremistas harapientos.”
En un comentario sobre el artículo del New York Post citado anteriormente, el comentarista paquistaní A. R. Jerral afirmó además que lo que “Herman sugiere en su texto es en realidad una dirección política para el gobierno de EE.UU. Implica que la política de enviar drones y de atacar escondites combatientes en el territorio paquistaní no ha funcionado… El objetivo son las bombas nucleares de Pakistán. Es una manera tácita de decir a los responsables políticos en Washington que mantengan la presión sobre nuestro país, que debilitará la posición del gobierno paquistaní, causando inestabilidad. Eso suministrará la razón para el ingreso de tropas de EE.UU.”
Agregó: “Sabemos de los ataques de drones porque se informa al respecto en los medios, pero lo que no sabemos y lo que no dicen los medios es el hecho de que fuerzas de la OTAN dirigidas por EE.UU. están lanzando incursiones a través de la frontera hacia Pakistán… Para hacerlo, la CIA opera Equipos de Persecución Contraterrorista en Afganistán.
“Esos equipos organizan regularmente incursiones terrestres dentro de territorio paquistaní”.
“De esta manera, las cosas se agravan en lo que tiene que ver con la guerra contra el terror. Pakistán tiende a convertirse en el primer plano en esta guerra. Bruce Riedel, un ex funcionario de la CIA y del NSC [Consejo Nacional de Seguridad] ha aconsejado al señor Obama que transfiera el foco de la guerra ‘de Afganistán a Pakistán’; es lo que estamos presenciando mediante el incremento del esfuerzo bélico hacia territorio paquistaní.” [9]
Un comentario paquistaní del día anterior declaró: “Hemos sido… arrastrados a dar acceso a Baluchistán a EE.UU., desde donde ha estado tratando de desestabilizar el régimen iraní mediante apoyo al grupo terrorista Jundullah... Aún más amenazante es que, a menos que cambiemos de rumbo ahora, habremos perdido la batalla por retener nuestros recursos nucleares porque es donde lleva en última instancia el camino de la OTAN y de EE.UU.”
“El acceso descontrolado para agentes encubiertos militares y de inteligencia, contratistas oficiales y privados, es otro factor de desestabilización que aparentemente no somos capaces o estamos dispuestos a controlar. Y ahora tenemos las incursiones de la OTAN hacia nuestro territorio y sus ataques incluso contra nuestro personal militar, lo que muestra el Estado servil en el que vivimos actualmente. [10]
“A medida que la guerra en Afganistán, la mayor y más prolongada del mundo, prosigue con cantidades récord de víctimas entre civiles y combatientes a ambos lados de la frontera afgano-paquistaní, hay planes en marcha para expandir aún más la guerra hacia Pakistán y amenazar también a Irán… Se hacen comparaciones con la guerra de Washington en Indochina. Pero Pakistán, con sus 180 millones de habitantes y armas nucleares, no es Camboya, e Irán, con su población de más de 70 millones, no es Laos.”
Notas:
[1]. Shaheen Sehbai, Zardari dice que EE.UU. está tras los ataques talibanes en Pakistán, The News International, 13 de octubre de 2010
[2]. Ibíd.
[3]. Ibíd.
[4]. Washington Post, 21 de septiembre de 2009
[5]. Meet the Press, 10 de mayo de 2009
[6]. Arthur Herman, Our Pakistan problem: Obama's approach is failing, New York Post, 3 de octubre de 2010
Obama's Pakistan Failure, American Enterprise Institute, 3 de octubre de 2010
[7]. ABC News Radio, 13 de octubre de 2010
[8]. New America Foundation
[9]. A R Jerral, Shifting war on terror to Pakistan, The Nation, 13 de octubre de 2010
[10]. Shireen M Mazari, Ending Collaboration with the US on the War on Pakistan, The Dawn, 12 de octubre de 2010
[11]. NATO Expands Afghan War Into Pakistan, Stop NATO, 28 de septiembre de 2010
By courtesy & © 2010 Rick Rozoff
domingo, 17 de octubre de 2010
benito 16: un enemigo de la humanidad
Richard Dawkins*
¿Debería haberse recibido a Joseph Ratzinger con la pompa y la ceremonia reservadas a un Jefe de Estado? No. Como Geoffrey Robertson ha mostrado en su libro The Case of the Pope, la pretensión de la Santa Sede de actuar como Estado se basa en un pacto fáustico que permitió a Mussolini conceder a la Iglesia más de tres kilómetros cuadrados del centro de Roma a cambio de su apoyo al régimen fascista. Nuestro gobierno aprovecha la ocasión de la visita del papa para anunciar su intención de “acercarse a Dios”. Que no nos sorprenda, como comenta un amigo mío, si Hyde Park se cede al Vaticano para cerrar el trato.
¿Debería Ratzinger, pues, ser recibido como jefe de la Iglesia? Evidentemente, si los católicos a título individual desean pasar por alto sus muchas infracciones a la ley y tender una alfombra roja al diseñador de sus zapatos rojos, que lo hagan. Pero que no nos hagan pagar al resto. Que no pidan al contribuyente británico subsidiar la misión propagandística de una institución cuya riqueza se calcula en decenas de miles de millones; una fortuna para la cual la expresión “mal habida” viene como anillo al dedo. Y que nos ahorren el espectáculo nauseabundo de la Reina, del Duque de Edimburgo, de los representantes de la Casa Real y de otros dignatarios arrastrándose y adulándolo como sicofantas, haciéndonos creer que se trata de alguien a quien deberíamos respetar.
El predecesor de Benedicto, Juan Pablo II, era considerado por algunas personas un hombre santo. Pero nadie podría llamar santo a Benedicto XVI sin que se le caiga la cara de vergüenza. Este viejo y malicioso intrigante es todo menos un santo ¿Un intelectual? ¿Un académico? Es lo que suele decirse, aunque no está claro que puede haber algo académico en la teología. Como mínimo, nada respetable.
El desafortunado y breve incidente del paso de Ratzinger por las Juventudes Hitlerianas ha sido puesto en un paréntesis, ampliamente respetado. Yo mismo he respetado esta moratoria. Pero tras oír el escandaloso discurso del Papa en Edimburgo, en el que culpó al ateísmo por la existencia de Hitler, es imposible no sentir que la veda se ha levantado ¿Habéis escuchado lo que dijo?
“Todavía hoy podemos recordar cómo Gran Bretaña y sus líderes se levantaron contra una tiranía que pretendía erradicar a Dios de la sociedad y negar a muchos nuestra humanidad común, especialmente a los judíos […] Mientras reflexionamos sobre la aleccionadora experiencia del extremismo ateo del siglo XX”.
Al leer este párrafo, uno se pregunta sobre el talento en materia de relaciones públicas de los asesores que permitieron su incorporación en el discurso. Pero claro, me olvidaba, su consejero oficial es ese Cardenal que al ver el color de algunos funcionarios de migraciones en Heathrow concluyó que debía haber aterrizado en el Tercer Mundo. Seguramente, al pobre hombre le cayó una buena cantidad de Ave Marías, además de su repentino ataque de gota diplomática (un ataque en el que uno no puede evitar preguntarse si el pie afectado es el que se pone en la boca al hablar).
En un comienzo, yo estaba indignado por los vergonzosos ataques del papa a ateos y laicistas, pero luego los vi como un estímulo. Como una muestra de que los habíamos puesto tan nerviosos que sólo les quedaba echar mano al insulto, en un intento desesperado de distraer la atención del escándalo de las violaciones de niños.
Probablemente es muy severo pretender que el Ratzinger de 15 años entendiera lo que suponían los nazis. Como católico devoto, es posible que, junto al catecismo, le inocularan la odiosa idea de que los judíos eran responsables por haber matado a Jesús. De hecho, el argumento de los “asesinos de Cristo” no fue rechazado hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) por una Iglesia cuya psique estaba atravesada por un antisemitismo de siglos.
Adolf Hitler fue un católico apostólico romano. O al menos tan católico como los cinco millones de británicos llamados católicos de este país. Hitler no renunció nunca a su catolicismo bautismal, que es el criterio que supuestamente permite afirmar la existencia de cinco millones de católicos británicos hoy. Una de dos. O se tienen cinco millones de católicos, en cuyo caso hay que hacerse cargo de Hitler, o Hitler no era católico, en cuyo caso habría que dar una cifra honrada del número genuino de católicos que existen en el Reino Unido hoy –los que de verdad creen que Jesús se convierte en una hostia, como supuestamente profesa el ex Profesor Ratzinger-.
Sea como fuere, Hitler no fue ateo. En 1933 se ufanaba de haber “erradicado el ateísmo” al haber prohibido la mayoría de las organizaciones ateas de Alemania, incluida la Liga alemana de librepensadores, cuyo edificio fue convertido en una oficina de información para asuntos eclesiásticos.
En última instancia, Hitler creía en una “Providencia” personificada, probablemente relacionada con la Divina Providencia invocada por el Cardenal Arzobispo de Múnich en 1939, cuando Hitler se libró de ser asesinado y el Cardenal ordenó un Te Deum especial en la Catedral de Múnich para agradecer a la Divina Providencia por la salvación del Führer.
Puede que nunca sepamos si Hitler identificaba su “Providencia” con el Dios del Cardenal. Lo que sí tenía claro era el carácter abrumadoramente cristiano de sus grupos de apoyo, los millones de buenos cristianos alemanes que, con la inscripción Gott mit uns (“Dios con nosotros”) en la hebilla de sus cinturones, hicieron el trabajo sucio por él. Hitler conocía bien su base social. Por eso “se acercó a Dios”. Este es un extracto del discurso que pronunció en Múnich, en el corazón de la católica Baviera, en 1922:
“Mi sentimiento como cristiano me permite ver en mi Señor y Salvador a un luchador. Me permite ver al hombre que, solo y rodeado por unos pocos seguidores, reconoció a esos Judíos por lo que eran, al que convocó a los hombres a luchar contra ellos, y al que –Dios es Verdad!- fue el más grande no por su sufrimiento sino por su lucha. Con amor infinito como cristiano y como hombre, leo el pasaje que explica cómo el Señor se irguió en toda su grandeza y cogió el látigo para echar del Templo a las víboras y serpientes ¡Cuán terrible fue su lucha contra la ponzoña judía! Hoy, dos mil años después, con la más profunda emoción, me doy cuenta más profundamente que nunca que fue por eso que derramó su sangre en la Cruz”.
Este es sólo uno de de los numerosos discursos y pasajes en Mein Kampf en los que Hitler invoca su cristianismo. No sorprende, pues, que haya recibido tanto apoyo de la jerarquía eclesiástica alemana. Pío XII, predecesor de Benedicto, no está exento de culpa, como de manera devastadora demostró el escritor católico John Cronwell en su libro Hitler’s Pope.
Sería desconsiderado extenderme en este punto, pero el discurso de Ratzinger en Edimburgo este jueves fue tan desafortunado, tan hipócrita, tan propio de quien arroja piedras sobre su propio tejado, que sentí que debía responder.
Incluso si Hitler fuera ateo –como Stalin seguramente lo fue- ¿cómo se atreve Ratzinger a sugerir que exista conexión alguna entre el ateísmo y sus atrocidades? No más, desde luego, que las podrían existir entre éstas y su incredulidad en los duendes o los unicornios. Y no más, tampoco, que su afición al bigote, algo que comparten, por ejemplo, con Franco y Saddam Hussein. No hay camino lógico alguno que conduzca del ateísmo a la maldad. A menos, claro, que se esté empapado de algunas obscenidades ancladas en el corazón de la teología católica. Me refiero –estoy en deuda en este punto con Paula Kirby- a la doctrina del Pecado Original. Esta gente cree –y enseña a los niños pequeños, junto a la aterradora falsedad del infierno- que los bebés “nacen en pecado”. Este pecado sería el de Adán, quien por cierto, como ellos mismos admiten ahora, no existió nunca. El pecado original significa que, desde el momento en que nacemos, somos malvados y estamos corrompidos, condenados. Salvo que creamos en su Dios. O que sucumbamos a la zanahoria del cielo y al palo del infierno. Esta, señoras y señores, es la impresentable teoría que permite asumir que fue la falta de creencia en dios lo que convirtió a Hitler o a Stalin en los monstruos que fueron. Todos somos monstruos a menos que seamos redimidos por Jesús. Una teoría vil, depravada, inhumana, sobre la que basar la propia vida.
Joseph Ratzinger es un enemigo de la humanidad.
Es un enemigo de los niños, ya que ha permitido que sean violados y ha alentado la infección de sus mentes con la culpa. Está vergonzosamente claro que la iglesia está menos preocupada por colocar a los niños a salvo de violadores que por salvar almas sacerdotales del infierno. Y que su preocupación principal consiste en salvar su propia reputación a largo plazo.
Es un enemigo de las personas gay, ya que ha descargado sobre ellos el tipo de intolerancia que su iglesia solía reservar a los judíos.
Es un enemigo de las mujeres, ya que las mantiene apartadas del sacerdocio como si el pene fuera una herramienta esencial para cumplir con los deberes pastorales ¿A qué otro empleador se le permitiría discriminar en razón de sexo, sobre todo tratándose de un empleo que de forma manifiesta no requiere fuerza física ni otra cualidad que sólo se suponga a los varones?
Es un enemigo de la verdad, ya que propaga mentiras descaradas sobre la inutilidad de los condones contra el SIDA, especialmente en África.
Es un enemigo de la gente más pobre del planeta, ya que la condena a tener familias numerosas que no pueden alimentar y, con ello, a la esclavitud de la pobreza permanente. Una pobreza que casa mal con las obscenas riquezas del Vaticano.
Es un enemigo de la ciencia, ya que obstruye investigaciones vitales como las de las células madre, no con argumentos morales sino con base en supersticiones pre-científicas.
Y aunque es lo menos grave desde mi punto de vista, Ratzinger es incluso un enemigo de la propia iglesia de la Reina, ya que de manera arrogante ha asumido el desprecio de su antecesor por las órdenes anglicanas, considerándolas “absolutamente nulas y vacías”, al tiempo que trata de reclutar furtivamente vicarios anglicanos para apuntalar su propio penoso y decadente panorama sacerdotal.
Finalmente, y quizás es lo que más me preocupa personalmente, es un enemigo de la educación. Dejando de lado el duradero daño psicológico causado por la culpa y el miedo y que han hecho infame a la educación católica en todo el mundo, Ratzinger y su iglesia alimentan una perniciosa doctrina educativa: pretender que la evidencia constituye una base menos confiable para creer en algo que la fe, la tradición, la revelación y la autoridad, sobre todo su autoridad.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Dawkins
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