domingo, 20 de febrero de 2011

caerá el muro de los petrodólares: las élites occidentales y sus clones continúan internándose en la «senda del bosque» de la historia



Con este número 52 del GEAB*, nuestro equipo celebra dos aniversarios importantes en cuanto al plazo de anticipación. Es en efecto en febrero de 2006, exactamente hace pues cinco años, el GEAB N°2 encontró repentinamente un éxito mundial anunciando el próximo « Desencadenamiento de una importante crisis mundial » caracterizada particularmente por « El fin de Occidente tal como se lo conoce desde el 1945 ». Y hace dos exactamente a través del GEAB N°32, en febrero de 2009, el LEAP/E2020 anticipaba el principio de la fase de desarticulación geopolítica mundial para la fines del mismo año. En ambos casos, es importante notar que el interés innegable suscitado por estas anticipaciones a nivel internacional y medible particularmente por los millones de lectores de los comunicados públicos relacionados, sólo ha sido comparable al silencio de los principales medios de comunicación sobre estos mismos análisis y la oposición feroz (en Internet) por la gran mayoría de los expertos y especialistas económicos, financieros o geopolíticos. 

Tasa de desempleo oficial (12/2010) - Fuente: BMGBullion, 01/2011
Tasa de desempleo oficial (12/2010) - Fuente: BMGBullion, 01/2011 

Sin embargo, al iniciarse este 2011, la mayor parte del mundo no duda que estamos totalmente inmersos en un proceso de proporciones histórica viendo al mundos post-1945 derrumbarse, con Estados Unidos a la cabeza, mientras que la comunidad internacional se desarticula cada día un poco más, así como también el tejido social y económico de la inmensa mayoría de los países (1). Pero esta evidencia actual no impidió, desde luego, que durante 2006 « responsables políticos y expertos » (2), aseguraban que no se vislumbraba ningún riesgo de grave crisis en el horizonte; y en 2009, que era absurdo de imaginar el menor riesgo de desarticulación del orden mundial y menos todavía del orden social. Por desgracia, hoy, la capacidad intelectual de estas élites no parece haber mejorado ya que los mismos « responsables y expertos » no imaginaron como posible hace solamente dos meses que en Túnez y luego Egipto la caída de sus regímenes estaba próxima. Gobiernos e instituciones internacionales ciegas (3), expertos y medios de comunicación superados (4),… las élites occidentales y sus clones de las diferentes regiones del mundo, continúan internándose en el « holzweg » de la Historia, caminos forestales que no llevan a ninguna parte, o más exactamente como lo subrayaba Heidegger, que conducen a alguna parte sólo si se tiene la humildad de estar constantemente escuchando al bosque y sus señales (5).

Sin embargo, aunque las señales pasan a ser verdaderas sirenas de alerta, nuestras élites parecen decididas a hacer todo lo posible para ignorarlas. Tomemos un ejemplo muy reciente: la comparación de los acontecimientos que afectan al mundo árabe con la Caída del Muro de Berlín. Nuestro equipo constató que esta imagen que utilizamos desde 2006 para ayudar a comprender el proceso en curso de la desintegración del poder de Estados Unidos, ahora es tomada alegremente por dirigentes políticos (Angela Merkel en primer lugar (6)) y expertos de todo género. Con todo, hasta ahora, incluso quienes hacen esta comparación parecen inhibidos de proseguir su desarrollo intelectual hasta el final, es decir hasta lograr entender la dinámica de los acontecimientos. Se limitan a describir, sin analizar. 
 

Tasa de desempleo por país en el mundo árabe y en el Irán - Fuente: Le Temps, 11/02/2011 2011
Tasa de desempleo por país en el mundo árabe y en el Irán - Fuente: Le Temps, 11/02/2011 2011 

Sin embargo, este « muro » que se derrumba fue construido por alguien, o algo así, para un propósito específico. El « Muro de Berlín » había sido construido por el régimen alemán oriental, dentro del contexto más general de la « Cortina de Hierro », la URSS quiso separar tan firmemente como fuera posible el bloque comunista de Occidente. Y esto pretendía esencialmente evitar cualquier cuestionamiento del poder en manos del partido único en cada país comunista para perpetuar el control, por parte de Moscú, de los países de Europa del Este, a cambio, Moscú aseguraba apoyo sin falla y prebendas de todo género a los dirigentes de los países de Europa del Este. El colapso del « Muro de Berlín », desafiando el monopolio del poder y consiguientemente los objetivos que servía, se tradujo en unos pocos meses en la caída sucesiva de los regímenes comunistas en toda Europa del Este para finalizar dos años más tarde con la disolución de la URSS y el final de setenta años de poder absoluto del Partido Comunista ruso.

Entonces, si también es un « muro » lo que está visiblemente se está cayendo en el mundo árabe, para tener la esperanza de anticipar los acontecimientos que siguen es esencial poder responder a estas preguntas: ¿ quién lo construyó? y ¿ Con que fin? Las respuestas no son tan difíciles para quién mira la actualidad sin anteojeras ideológicas:


. este « muro » ha sido construido por cada uno de los dictadores (o regímenes) árabes de la región con el fin de asegurarse el mantenimiento del monopolio del poder y de las riquezas del país, evitando toda posibilidad de desafío a su partido único o a su legitimidad dinástica (en los reinos). En este sentido, hay muy poca diferencia entre las camarillas en el poder en los países árabes y las que dirigían los países comunistas.


. este « muro » se integraba en un dispositivo más general implementado por Washington para preservar su acceso preferencial (en USD) a los recursos petroleros de la región y resguardar los intereses de Israel. La integración con el dispositivo de defensa de Estados Unidos, impulsada por el aparato militar y de seguridad de estos países (salvo Siria y Libia), que asegura (que tenga) un firme apoyo estadounidense, le permite (secretamente) a los dirigentes árabes implicados gozar de prebendas en todo género sin riesgo de cuestionamientos por fuerzas interiores o exteriores.


Reflexionando un poco más en relación con la comparación con la Caída del Muro de Berlín, durante la
Conferencia sobre Seguridad en Munich, la canciller alemana habría podido dirigirse a su vecina de debate, la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, preguntándole: « ¿no piensa que los acontecimientos actuales de Túnez y Egipto son las primeras señales de la caída de todos los regímenes que dependen de Washington para su supervivencia y qué podrían, en particular, conducir a un rápido colapso del sistema de suministro petrolero de Estados Unidos, tal como fue implementado hace décadas? ¿ Y por consiguiente del sistema global de facturación del petróleo con el rol central del USD? (7) ». En tal caso la audiencia de la Conferencia de Munich sobre Seguridad repentinamente habría percibido que finalmente discutían algo serio (8). Ángela Merkel habría podido añadir: « y acerca de Israel, ¿no piensa que esta caída del « muro » conducirá muy rápidamente a la necesidad de reconsiderar toda la política israelí-estadounidense en la región? » (9). Entonces el milagro, la Conferencia de Munich sobre Seguridad habría puesto pie en el siglo XXI y el debate euro-estadounidense podría haberse enraizado en el mundo real en vez de divagar en la virtualidad transatlántica y la lucha contra el terrorismo.

Por desgracia, como todos sabemos, este intercambio no se efectuó. Las divagaciones de nuestros dirigentes probablemente continúen con la consecuencia de acentuar despiadadamente las conmociones del año 2011, como lo anticipáramos en el GEAB N°51. 
 

Rendimiento anual relativo de 40 clases de activos (en el %,  valorización en USD) (en verde: ganancia / en rojo: pérdida)  Fuente: Chris Martenson, 04/02/2011
Rendimiento anual relativo de 40 clases de activos (en el %, valorización en USD) (en verde: ganancia / en rojo: pérdida) Fuente: Chris Martenson, 04/02/2011 

Sin embargo, el LEAP/E2020 está convencido que los acontecimientos actuales del mundo árabe, cuyos mecanismos habíamos anticipado correctamente, son ante todo la traducción regional de las tendencias de fondo de la crisis sistémica global y en particular de la desarticulación geopolítica mundial (10). A este respecto, son los síntomas de conmociones mayores en los trimestres venideros. Consideramos en particular que el fin de 2011 estará caracterizado por lo que nuestro equipo llama la « Caída del muro de los petrodólares » (11) que generará inmediatamente un importante shock monetario-petrolero para los Estados Unidos. Es, por otra parte, una de las principales materias de este GEAB N°52 conjuntamente con una anticipación más general de la evolución del mundo árabe (incluso un indicador preciso del riesgo-país en la región). Por otra parte nuestro equipo analiza la aceleración que experimenta el proceso de surgimiento de Eurolandia y sus consecuencias para el Euro y la situación en Europa. Por fin, presentamos nuestras recomendaciones relativas a todos estos acontecimientos.

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Notas
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(1) Hasta el FMI, aunque con la imaginación poco desarrollada, ahora menciona el espectro de guerras civiles a través de todo el mundo como lo reporta el
TelegraphThe Onion del 24/01/2011 se ejercita con éxito en el humor negro en un asombroso artículo, pero revelador del ambiente actual, que menciona la nominación por la Fundación del Patrimonio Mundial, patrocinada por Goldman Sachs, de la « Brecha entra ricos y pobres del planeta » como la 8 ° Maravilla del mundo a causa de su amplitud ya sin equivalente. 


(2) Ponemos comillas porque según nuestra opinión un responsable que no prevé nada y un experto que no sabe nada son, en realidad, impostores.

(3) La CIA y el gobierno francés constituyen dos ejemplos ilustrativos de esta tendencia general: no vieron en lo mas el otro se paseaba al más alto nivel (Primer ministro y Ministro de los Asuntos Exteriores) en le núcleo de estos países Aunque la simple lectura de nuestras anticipaciones de 2008 (
GEAB N°26Spiegel del 03/02/2011,« La revolución, cosa que no es buena para los negocios », podríamos añadir sobre todo cuando no se la vio venir. Sobre la materia habría podido ponerlos sobre aviso ya que entonces fueron descritas exactamente las tendencias que desembocaron en los acontecimientos tunecinos y egipcios de estas últimas semanas. 

(4) En este sentido, los inversores y los agentes económicos que se contentaron con estos análisis se encuentran hoy en dificultades serias ya que « El Dorado » promovido a base de reportajes y comentarios « iluminados » se transformaron repentinamente en trampa para capitales, en zonas inestables, en previsiones inciertas. Las « fantásticas ventajas competitivas », por su parte, pasaron a ser en una noche o casi un « riesgo-país insoportable ». Deslocalización, subcontratación, turismo, construcción de infraestructuras,… para el conjunto de estas actividades el contexto social, legal, económico, monetario y financiero de los países en cuestión se proyectan hacia lo desconocido.

(5) Breve comentario filosófico y metodológico: sin ninguna premeditación, nuestro equipo se ajusta una vez más en un enfoque muy franco-alemán ya que nuestro trabajo de anticipación se apoya no sólo en esta noción de « escuchar » y revelar de realidad muy caro a Heidegger, sino en el enfoque defendido por Descartes: la definición de un método racional. Esta es por otra parte una síntesis que debería inspirar a los que actualmente trabajan a definir las futuras características de la gobernanza de Eurolandia. Para saber más sobre eso sobre el tema del « camino » de Heidegger y Descartes, puede ser útil leer la página del sitio
Digressions. Y para comprender mejor el método utilizado por LEAP/E2020 e intentar aplicarlo por usted mismo, le recomendamos a Manual de Anticipación Política publicado por Ediciones Anticipolis.

(6) Fuente:
Bundeskanzlerin, 10/02/2011

(7) Ya asistimos a un movimiento de amplitud alrededor del petróleo, ya que Estados Unidos se apresta a abandonar su propio índice de la cotización del petróleo,
WTI, para adoptar el índice europeo Brent al cual Arabia Saudita ya se convirtió en 2009, abandonando el WTI. La divergencia de los precios entre ambos indicios culminó con la crisis egipcia. Volveremos sobre la cuestión petrolera en otro capítulo de este número del GEAB. Fuente: Bloomberg , 10/02/2011

(8) Esta conferencia, a ejemplo del
Foro de Davos, tiene un aire deliciosamente retro. Los organizadores y los participantes parecen no haber comprendido que el mundo al cual pertenecen ya desapareció, que sus debates no no interesan a nadie del mundo « real » y que las numerosas horas de emisiones que se les dedican en los canales internacionales de televisión son inversamente proporcionales a los espectadores que las siguen. Con más de 1.500 participantes estadounidenses y británicos contra 58 latinoamericanos y menos de 500 asiáticos, Davos encarna innegablemente un foro típico del « mundo pre crisis », confirmado por su firma lingüística, el monolingüismo anglófono (hasta sobre su sitio Web). Monolingüismo o multilingüismo constituye por otra parte, según LEAP/E2020, el primer criterio muy simple de evaluación para saber si un proyecto o una organización con vocación de internacional pertenece al mundo pre crisis o al contrario ya comienza a adaptarse al mundo post crisi.

(9) Sobre este tema, lea el excelente editorial de Larry Derfner en el
Jerusalem Post du 09/02/2011.

(10) Washington dio prueba así de una absoluta falta de preparación, luego de una evidente indecisión, confirmando no sólo el fin de todo liderazgo estadounidense a nivel internacional sino de la aceleración de un proceso de parálisis del poder central americano. Para comprender la importancia del fenómeno, hay que recordar que Egipto es uno de los países en el mundo que está directamente más financiado y encuadrado por los Estados Unidos desde fines de los setenta. Por otra parte, el
New York Times del 12/02/2011 resume muy bien la situación, tratando de presentarla como una estrategia cuando es únicamente una falta de ella, describiendo la gestión de la crisis por Barack Obama como que es una « straddle », una técnica bursátil que consiste en tratar de cubrir de ambas partes cuando se huele que un acontecimiento importante sucederá pero no se tiene idea del sentido que tomará. De paso, el artículo ilustra la brecha entre lo « antiguo » y lo « modernos » que esta crisis hizo emerger en el corazón del poder estadounidense. Pero, volvemos más detalladamente, en otra parte de este GEAB, sobre todos estos aspectos y sus consecuencias.
 

(11) Que es un segmento estratégicamente esencial de el « Muro del Dólar », como el « Muro de Berlín » fue para el conjunto de la « Cortina de hierro ».

Jeudi 17 Février 2011
http://www.leap2020.eu/

domingo, 13 de febrero de 2011

¡¡Indignaos!!

Ignacio Ramonet*

Tiene 93 años. Se llama Stéphane Hessel. Y la historia de su vida es una fabulosa novela. Lo era ya, en cierto modo, antes mismo de que naciera. Algunos quizás recuerden aquella película de François Truffaut, Jules et Jim. Pues bien, la mujer anticonformista interpretada por Jeanne Moreau, y uno de sus dos amantes (1), Jules, judío alemán traductor de Proust, fueron sus padres. En la atmósfera artística del París de los años 1920 y 1930, Stéphane Hessel creció rodeado de los amigos de la casa, entre otros, el filósofo Walter Benjamin, el dadaísta Marcel Duchamp y el escultor Calder...

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se alista en la Resistencia y se suma, en Londres, al equipo del general De Gaulle, quien le confía una peligrosa misión en territorio francés. Detenido por los nazis, es torturado y deportado al campo de exterminio de Buchenwald, de donde trata, una y otra vez, de evadirse. Lo acaban capturando y lo condenan a la horca. A punto de ser ejecutado, consigue usurpar la identidad de un muerto y logra por fin evadirse. Se une a la lucha por la liberación de Francia, inspirado en los principios del Consejo Nacional de la Resistencia que promete una democracia social, la nacionalización de los sectores energéticos, de las compañías de seguros y de la banca, y la creación de la Seguridad Social.

Después de la victoria, De Gaulle lo envía –tiene apenas 28 años– a Nueva York, a la ONU, cuyos fundamentos teóricos se están acicalando entonces. Allí, Hessel participa, en 1948, en la elaboración y redacción de uno de los documentos más trascendentales de los últimos seis decenios: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Regresa luego a París para integrarse en el gabinete socialista de Pierre Mendès-France, que inicia la descolonización, pone fin a la guerra en Indochina, y prepara la independencia de Túnez y Marruecos. 

Los años más recientes, este noble y persistente defensor de las causas justas, diplomático de profesión, los ha consagrado a protestar sin descanso contra el trato dispensado a los “sin papeles”, a los gitanos, a todos los inmigrantes...
 
Y si hoy nos referimos a él, es porque acaba de publicar un librito, más bien un breve panfleto político de 30 páginas, devenido –en la Francia popular sublevada contra la regresión social–, un excepcional éxito editorial y un fenómeno social. Gracias al boca a boca y, sobre todo, a las nuevas redes sociales, el texto, ninguneado al principio por los medios de información dominantes, ha conseguido franquear las censuras y llenar de esperanza miles de corazones. En apenas unas semanas, de este repertorio de las injusticias más indignantes, ya se han vendido (cuesta 3 euros) más de 650.000 ejemplares... Algo jamás visto. Su título: una consigna, ¡Indignaos! (2).
 
Dice Balzac que el panfleto “es el sarcasmo convertido en bala de cañón”. Añade Stéphane Hessel que la indignación es la pólvora de toda explosión social. Dirigiéndose a sus lectores, les recomienda: “Deseo que halléis un motivo de indignación. Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible”.

Los motivos de indignación no escasean: “En este mundo, dice Hessel, hay cosas insoportables”. En primerísimo lugar: la naturaleza del sistema económico responsable de la actual crisis devastadora. “La dictadura internacional de los mercados internacionales” constituye además, según él, “una amenaza para la paz y la democracia”. “Nunca, afirma, el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta, y nunca los fieles servidores de Don Dinero se situaron tan alto en las máximas esferas del Estado”.

En segundo lugar, Hessel denuncia la desigualdad creciente entre los que no tienen casi nada y los que lo poseen todo: “La brecha entre los más pobres y los más ricos jamás ha sido tan profunda; ni tan espoleados el afán de aplastar al prójimo y la avidez por el dinero”. A guisa de enmienda sugiere dos propuestas sencillas: “Que el interés general se imponga sobre los intereses particulares; y que el reparto justo de la riqueza creada por los trabajadores tenga prioridad sobre los egoísmos del poder del dinero”.

En temas de política internacional, Hessel afirma que su “principal indignación” es el conflicto israelo-palestino. Recomienda que se lea “el informe Richard Goldstone de septiembre de 2009 sobre Gaza (3), en el cual este juez sudafricano, judío, que incluso se declara sionista,  acusa al ejército israelí”. Relata su visita reciente a Gaza, “prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos”. Una experiencia que lo sobrecoge y solivianta. Aunque no por ello reniega de la no-violencia.  Al contrario, reafirma que “el terrorismo es inaceptable”, no sólo por razones éticas sino porque, al ser “una expresión de la desesperación”, no resulta eficaz para su propia causa pues “no permite obtener los resultados que la esperanza puede eventualmente garantizar”.

Hessel convoca el recuerdo de Nelson Mandela y de Martin Luther King. Ellos, dice, nos indican “el camino que debemos aprender a seguir”. Porque, para avanzar, sólo existe una conducta: “apoyarnos en nuestros derechos, cuya violación –sea quien sea el autor de ésta–, debe provocar nuestra indignación. ¡No transijamos jamás con nuestros derechos!”.

Finalmente, se declara partidario de una “insurrección pacífica”. En particular contra los medios masivos de comunicación en manos del poder del dinero, y que “sólo proponen a los ciudadanos el consumo de masas, el desprecio hacia los humildes y hacia la cultura, la amnesia generalizada y una competición a ultranza de todos contra todos”.

Stéphane Hessel ha sabido expresar con palabras, lo que tantos ciudadanos golpeados por la crisis y por las medidas de regresión social sienten en el fondo de sí mismos. Ese sentimiento de que les están arrebatando sus derechos, esos anhelos punzantes de desobedecer, esos deseos de gritar hasta perder el aliento, esas ganas en fin de protestar sin saber cómo... 

Todos esperan ahora la segunda entrega. Cuyo título, lógicamente, sólo puede ser: ¡Sublevaos!

(1) El otro era Pierre-Henri Roché, autor de la novela con el mismo título llevada a la pantalla por François Truffaut.
(2) Stéphane Hessel, Indignez-vous!, Indigène éditions, Montpellier, 2010.
(3) NDLR: “Human Rights In Palestine And Other Occupied Arab Territories. Report of the United Nations Fact Finding Mission on the Gaza Conflict”, Naciones Unidas, Nueva York, 15 de septiembre de 2009.


* http://www.monde-diplomatique.es


lunes, 7 de febrero de 2011

túnez y egipto: la crisis alimentaria, combustible de la cólera popular


Michael R. Krätke*


Ya se anunció el verano pasado: se avecina la próxima crisis alimentaria para la mayoría de la población mundial.  Las Naciones Unidas alertaron a comienzos de 2011 de nuevas revueltas de pobreza. Se dice que la crisis alimentaria mundial de 2008, que condujo a precios récord de los alimentos básicos y provocó revueltas sociales desde México a Indonesia, podría repetirse. Ahora se ha demostrado que los funcionarios de la ONU tenían razón. El 2008 la necesidad condujo a sangrientos disturbios en los países pobres, no sólo en Haití, sino también en Egipto.

El índice de precios de alimentos de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas inglesas) –un cesto de compra básico con trigo, maíz, arroz, soja, azúcar, aceite y productos lácteos– llegó a su cota más elevada desde 1990, el año de su introducción. Desde entonces se encuentra, con 215 puntos, por encima del valor de 213'5 puntos de junio de 2008, cuando la crisis de entonces alcanzó su punto culminante. En diciembre los índices para el trigo, el aceite, el maíz, el arroz, la carne y la leche pulverizaron todos los récords: el maíz registró una subida del 60%, el trigo del 43% y el azúcar del 77%. Incluso en la bienestante Europa aumentaron los precios de los alimentos para los consumidores en un año que se despedía con inflación, mientras en otras regiones del mundo se intentaba conjurar la malnutrición y la lucha diaria para la supervivencia que acarrea el alza de precios.   

La mayoría de los países africanos dependen hoy de la importación de alimentos, mientras que los estados árabes, con Egipto a la cabeza, se han consolidado ya como los mayores importadores de cereales del mundo. En Túnez, Argelia y Egipto los hogares deben invertir de un 40 a un 50% de sus ingresos en la compra de alimentos, de modo que el 'boom' de los precios del 20 hasta el 25% que se vivió a partir de noviembre apenas pudo ser absorbido. Mucho menos por una población abrumadora joven que padece un insoportable desempleo. Sin trabajo no hay salario, poco pan y menos carne todavía. No es ninguna sorpresa que la gente haya llevado su desesperación a las calles.

El gobierno de Mubarak ha subvencionado fuertemente la importación de alimentos, a la que destina cerca del siete por ciento del Producto Interior Bruto (BIP) del país con el objetivo de mantener mal que bien la estabilidad de los precios. Sin embargo, es claro que esta medida no alcanza a atrapar a los precios al alza del mercado mundial. Sólo la carne en Egipto valía un cuarto más que antes del cambio de año, lo que condujo a que en los restaurantes cairotas no se ofreciesen ya platos con carne. Al fin y al cabo, ¿quién podía costeárselos?

DEMOS GRACIAS AL DINERO BARATO

La actual crisis alimentaria comprende varias regiones del planeta a pesar de la en parte buena cosecha media del año 2010, comparable a la de 2007 y 2008. Por vez primera los principales gobiernos de los países industriales han declarado querer poner coto a la especulación en las bolsas a futuros. Naturalmente, el aplauso no es unánime: los economistas vulgares están en contra, la especulación no podría nunca influir en los precios de las mercancías porque éstos son resultado de la oferta y la demanda. Por desgracia, las bolsas a futuro funcionan de una manera muy diferente ya desde mediados del siglo XIX.

Aunque el volumen del mercado de materias primas, especialmente de los mercados agrario y de alimentos, es pequeño comparado con los mercados de divisas o acciones, en las últimas décadas creció de manera perceptible y ofreció a cada vez más inversores un campo de acción lucrativo. Hace ya mucho tiempo que las bolsas a futuros para alimentos han sido secuestradas por bancos, fondos de inversión y hedge funds, que es tanto como decir: por los especuladores profesionales mejor organizados. Goldman Sachs, JP Morgan, Barclays y el Deutsche Bank manejan allí el dinero de inversores, a quienes a su vez venden certificados de gran éxito en las bolsas a futuros que son sumamente atractivos para los poseedores de grandes fortunas, porque muchos de estos fondos especiales en pocos meses adquieren un 20% y más de su valor inicial. Como consecuencia, el dinero fluye hacia el comercio con materias primas. Grandes especuladores, fondos de inversión o de hedge funds individuales se encuentran cómodos junto a la caja registradora donde pueden comprar un siete, un ocho o un diez por ciento de la cosecha mundial de cacao, arroz o trigo. Los precios no son imperturbables. La cantidad de contratos a futuros en alimentos que se comercian en las bolsas de todo el mundo (sobre todo en Chicago) ha subido como la espuma. Decenas de miles de estos contratos, con un volumen de miles de millones, son exactamente iguales a la hora de las transacciones, donde los grandes bancos y hedge funds controlan a gran escala las materias primas y los alimentos y actúan inflando los precios.

La propuesta de la comisión reguladora estadounidense CFTC a comienzos la semana anterior de limitar los ítem para la especulación en las bolsas a futuros que un mismo vendedor puede tener al mismo tiempo a un 25% del volumen total, dice mucho. En Europa todavía no hay ni una sola norma que obligue a informar sobre los derivados de valores agrarios. Sin una política de dinero barato e inundación de capital como la que la Reserva Federal estadounidense y otros bancos centrales han propuesto no se dará este desarrollo. Los negocios especulativos con alimentos se manejarán, como siempre, a crédito. Lo que valió para el 2008 valdrá para el 2011.

Lo que pueden hacer los gobiernos en contra de la especulación –la compra de stocks alimenticios, como en Arabia Saudí o Algeria, o la prohibición de exportaciones, como en Rusia y Ucrania– podría generar en los precios del mercado mundial un 'boom' adicional. No es ninguna sorpresa que incluso al Banco Mundial le recorra un escalofrío la espalda y advierta a voz en grito de la existencia de una guerra comercial en torno a los alimentos y a las materias primas artificialmente encarecidas. Esta guerra hace tiempo que se libra, y lo hace sin piedad y a pleno rendimiento. 

sábado, 29 de enero de 2011

la decadencia de la economía mundial

Carlos Berzosa*

La economía mundial atraviesa una fase en la que las inestabilidades y las incertidumbres aumentan. La crisis económica que afecta fundamentalmente al mundo desarrollado está lejos de resolverse y el camino que se está siguiendo para salir del atolladero en el que nos encontramos conduce inexorablemente a sociedades más desarticuladas en las que la polarización económica tiende a crecer. Los costes del ajuste son elevados, mientras la renta de los grupos más ricos tiende al aumento.

Todo lo cual está generando en algunos países fuertes conflictos sociales, como ha sido el caso de Grecia, Francia, Italia, Reino Unido e Irlanda. Ahora parece todo más en calma, pero nunca se sabe lo que puede suceder debido a que es fácil, tal como están las cosas, que cualquier hecho encienda la llama que se extienda rápidamente, pues el reguero de pólvora está puesto. Los líderes políticos actuales, sean del color que sean, así como los economistas que les asesoran e influyen con sus ideas en los poderes decisorios, parecen poco conscientes de las condiciones económicas y sociales que están creando. Se está profundizando todavía más en la economía neoliberal que nos ha conducido a este desastre, y el fundamentalismo de mercado se impone sobre las ventajas del Estado del bienestar.

Nuevos peligros acechan a la economía mundial en su conjunto, pero afectan sobre todo a los más pobres. La subida del precio de los alimentos y materias primas que se está dando actualmente perjudica notablemente a los pobres que viven en los países más pobres. La amenaza de posibles hambrunas está cada vez más próxima, y las revueltas populares que se puedan dar como consecuencia de ello es una probabilidad que va en aumento. El presidente de Francia, Sarkozy, que pasa a presidir el G-20, ha dado el aviso de ese posible peligro, y ha propuesto regular el mercado de los alimentos y materias primas. Esperemos que esto no se quede en meras palabras como tantas veces y que los líderes de la economía mundial tomen acciones eficaces que eviten hambrunas.

Tal vez sea ya un poco tarde para ello, pero no se puede seguir perdiendo el tiempo como hasta ahora ante lo que supone el agravamiento de las condiciones de vida para tanta gente. En los últimos tiempos, agobiados con la crisis, por un lado, y deslumbrados por los indicadores de crecimiento de los países emergentes, por otro, se está dejando marginado y prácticamente en el olvido a ese otro mundo que sigue padeciendo graves privaciones, y en donde la lucha por la supervivencia diaria resulta ser una verdadera odisea. El hambre, la pobreza y la falta de oportunidades sigue siendo una triste realidad que afecta a millones de personas de nuestro planeta.

No se dan pasos que remedien estas calamidades, y se confía en lo que se considera buena gobernanza para que los países salgan del subdesarrollo y avancen en el camino del desarrollo, como han hecho algunos de los países emergentes. Se propugna un orden económico internacional neoliberal en contra de las propuestas que se hicieron en la década de los setenta, que planteaban un Nuevo Orden Económico Internacional sustentado en una mayor regulación económica, con mecanismo de compensación hacia los países menos desarrollados y en el que la cooperación remediase los fallos del mercado, que entre otras cosas lleva consigo incrementos de la desigualdad. El orden neoliberal no es capaz de afrontar los graves problemas existentes de desigualdad, pobreza y hambre. El paso de los años lo corrobora.

Hay que tener en cuenta, además, que los países emergentes no han practicado los supuestos de los fundamentalistas del mercado para iniciar el despegue. Además, estos países con crecimientos económicos significativos, están plagados de problemas. En unos, no hay libertades democráticas, y en todos ellos se dan unos índices de desigualdad elevados y que tienden a crecer, si bien es cierto que han paliado graves privaciones como la disminución de la pobreza y el hambre. Un desarrollo desigual, como el que se está dando es generador de tensiones sociales, que se pueden materializar en disturbios y conflictos el día de mañana.

El Magreb está que arde. A la crisis de Túnez le están siguiendo graves conflictos en Egipto y Argelia. La inestabilidad aumenta en una zona ya de por sí conflictiva, y tan cercana a Europa. Toda África del Norte es víctima de un mal desarrollo y de gobiernos dictatoriales. Unos países que cuentan con una población joven, en algunos casos formada, como en Túnez, que no tiene oportunidades para encontrar trabajo y en los que los frutos del crecimiento se reparten muy desigualmente. Los gobernantes de los países desarrollados, con la hipocresía que les caracteriza, mientras denuncian insistentemente la falta de libertades y la violación de derechos humanos en algunos países, en otros hacen la vista gorda. En aquellos a los que se considera aliados, que no ponen en peligro los grandes intereses económicos y financieros y suponen un cierto freno al fundamentalismo islámico, se les disculpa. Las consecuencias, sin embargo, de esa actitud pueden ser fatales.

La ceguera está siendo tremenda ante un mundo cada vez más inseguro e inestable. A muchos les ha cogido por sorpresa la crisis de Túnez. Se hacían demasiados elogios sobre este país. Pocos habían vaticinado lo que se podía venir encima. No obstante, ha habido excepciones, como la de Juan Goytisolo, que en un artículo que se puede encontrar en su excelente libro “Pájaro que ensucia su propio nido” (Círculo de Lectores, 2001), ya nos pone sobre aviso acerca del régimen dictatorial que había en Túnez, a pesar de las apariencias. Y de esto hace ya diez años. Al final del artículo, hablando con la oposición, exigua y acosada, se le señala que si bien a corto plazo no había salida, a medio plazo la situación podía ser difícil, incluso explosiva. Entre otros argumentos se da este: “Un régimen tan autocrático y policial no responde desde luego a las exigencias de una sociedad moderna como la tunecina. La brecha abierta entre el Túnel oficial y el real aumentará inevitablemente de día en día”.

En suma, no podemos basarnos sólo en análisis que se sustentan en índices de crecimiento, y de ahí destacar los éxitos conseguidos. Hay que analizar también las estructuras económicas, que nos sirven para saber qué hay detrás de los aparentes éxitos de los crecimientos obtenidos y los fracasos en el desarrollo. Un análisis del sistema es necesario para tratar de entender lo que sucede. Hay que propugnar un desarrollo humano más allá de lo que nos dicen las grandes cifras macroeconómicas. Pero estamos lejos de ello, y así los economistas neoliberales, los grandes poderes económicos, y sus cada vez más subordinados políticos, nos conduce a un mundo que se asienta sobre un polvorín.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

hacia un nuevo decenio

Alberto Piris

No es fácil hacer el recuento de los factores que más han influido en el curso del año que ahora concluye ni determinar cuáles de entre ellos han tenido mayor impacto en nuestra sociedad o presentan una mayor incertidumbre ante el año que va a comenzar. Hago a continuación una síntesis apretada para un apunte de fin de año.

La última bomba que ha estallado en el terreno internacional, cuyos plenos efectos apenas han empezado a sentirse todavía, no lo ha hecho en las ahora discutidas aguas coreanas o en las ensangrentadas poblaciones del Oriente Medio. Ha explosionado en el vasto e impreciso territorio del mundo "web" con la revelación de los documentos diplomáticos filtrados por WikiLeaks a un limitado número de diarios de amplia difusión, desde los cuales el eco ha alcanzado los rincones más lejanos del mundo. Lo ha hecho tras otras conmociones anteriores, causadas por las filtraciones sobre actividades militares en Iraq y Afganistán, que dejaron en entredicho la retórica con la que se ha venido intentando adornar la invasión y ocupación de ambos países.

Casi todos los analistas de esta última andanada, dosificada poco a poco por los cinco diarios que han recibido el privilegio de tan exclusiva primicia, coinciden en señalar que los verdaderos agentes protagonistas de las relaciones internacionales muestran un enorme desdén por los procedimientos establecidos, las limitaciones legales y los usos habituales. Si en sus declaraciones públicas suelen insistir en el respeto que sienten por todo esto, en el forcejeo diario entre bastidores se percibe que lo consideran como una molesta traba que conviene soslayar. Se advierte así, a los ojos de todo el que quiera enterarse, la endeble cultura democrática sobre la que se sustentan las relaciones internacionales de los países que más alardean de democracia e incluso pretenden exportarla a cañonazos.

Consecuencia de lo anterior es la necesidad de mentir y engañar a los pueblos. Aunque esto ya quedó bien de manifiesto en los prolegómenos de la invasión de Iraq, las pruebas inculpatorias aireadas ahora por WikiLeaks son demoledoras. Consecuencia de ello es el descrédito de la actividad política en general y el peligro que esto representa para la subsistencia de un mínimo y creíble nivel de democracia que frene las constantes tentaciones de los autoritarismos de cualquier signo.

Si lo anterior ya dibuja un cuadro deprimente, más lo es la evolución de la actual crisis económica, con el sometimiento de la política a los misteriosos e indefinidos mercados y la sensación de impotencia de gobernantes y gobernados frente a las esotéricas fórmulas y exigencias propuestas por quienes, al fin y al cabo, no son sino la elite y la cúspide del feroz capitalismo financiero: los especuladores aferrados a la obtención de los máximos beneficios en el más corto plazo.

Ha sido un poeta granadino -Luis García Montero-, y no un economista, quien ha atinado describiendo la situación con estas palabras: "El capitalismo ha puesto en marcha una verdadera revolución de los ricos contra los pobres, de los mercados contra la soberanía cívica. No tomar conciencia de lo que está en juego significa renunciar para siempre al Estado, a la política y a la democracia". Grave diagnóstico que suscribo en su totalidad.

Y como ya es habitual en los últimos años, el terrorismo sigue estando en los primeros planos de la actualidad. En sus diversas facetas y alentado por odios y fanatismos de frecuente base religiosa, llena los espacios de los medios de comunicación, alienta los temores de la gente y somete por miedo la voluntad de las personas a los arbitrarios dictados de los tecnócratas de la seguridad. Sin embargo, sus efectos, el número de sus víctimas y el peligro que representa el terrorismo para la humanidad palidecen ante el efecto brutal, instantáneo, demoledor y universal de la especulación financiera, capaz de hundir a vastos sectores de la humanidad en el paro, la miseria y la desesperación.

En este océano de ambiciones y codicia que parece abarcarlo todo, brillan sin embargo algunos faros aislados de esperanza, como ese reducido pero selecto número de personas capaces de dedicar sus esfuerzos e incluso arriesgar su vida por los demás, por los más necesitados, por los desposeídos, por esos que, desde las alturas del poder, no son otra cosa que simples perdedores: unos cuantos miles de millones de seres humanos. También brilla la esperanza en esas organizaciones verdaderamente solidarias que, mirando más allá de lo que hoy se observa, aspiran a imaginar y elaborar unas nuevas formas de hacer política, de gestionar los bienes y recursos de la humanidad y de avanzar poco a poco por el camino de convertir en realidad esa utópica trilogía de libertad, igualdad y fraternidad, tan enaltecida con las palabras como menospreciada en las obras. Al comenzar el segundo decenio de este siglo XXI no todo está perdido, pero cada vez brillan con más debilidad esos aislados faros de la esperanza.

domingo, 26 de diciembre de 2010

año nuevo, economía vieja

Carlos Berzosa Alonso-Martínez*

Dejamos el año 2010 y entramos en el nuevo con la crisis económica a cuestas. Han pasado más de tres años desde que se inició y no parece que las cosas vayan a cambiar de un modo significativo, sobre todo para los desempleados. Se dijo por parte de muchos economistas que la crisis tendría una forma de V de manera que tras la caída vendría una fuerte recuperación. Se mantuvo que 2009 sería un mal año y que luego empezaríamos a ver las cosas mejor en 2010. Pero acaba este año y no se observa un panorama despejado.

La crisis económica ha supuesto el fracaso de la economía de mercado. De ahí se deduce una cosa clara y es que los fundamentos económicos tendrían que cambiar para encontrar una senda de desarrollo diferente a la que hemos vivido en los últimos años. Una crisis supone que muchas personas son arrastradas al paro y a la incertidumbre, se generan muchos damnificados, pero también es una ocasión para cambiar y remediar los males que nos han conducido a la situación actual. Sin embargo nada de esto último se está haciendo y se vuelve una vez más a las andadas del fundamentalismo de mercado. Se llevan a cabo políticas de ajuste sin mecanismos compensatorios que permitan un ajuste con rostro humano, tal como enunció las Naciones Unidas a finales de los años ochenta del siglo pasado.

Mientras tanto, no se pone coto a los excesos de la globalización neoliberal y las finanzas, que son en gran parte los responsables de la gran recesión. Se hace recaer los costes de la crisis en las víctimas de la misma, y sin embargo, el mundo de las finanzas sigue tan campante, proporcionando elevados salarios a sus ejecutivos, concediendo bonus, dando sumas elevadas de indemnizaciones por despido a sus directivos y proporcionado a estos unas jubilaciones de lujo.

Se premia a los que han conducido a la economía al borde del abismo, al tiempo que los directivos de estas entidades pregonan la flexibilidad del mercado laboral, la disminución de la indemnización por despido, la eliminación de la contratación colectiva y la rebaja de las pensiones. En suma, predican para los demás lo que ellos no están dispuestos a hacer ni para ellos mismos ni para el grupo selecto de directivos que les rodea. Las desigualdades económicas que provocan estas actuaciones no dejan de ser alarmantes y son un escándalo social. No es que se pueda acusar a todas las entidades financieras de ser responsables de esta crisis, pero sí a muchas de ellas y sobre todo a un sistema global de comportamiento. John Cassidy lo explica muy bien en su libro “Por qué quiebran los mercados”, (RBA, 2010).

Las teorías económicas que han sustentado el comportamiento económico que se ha dado desde los años ochenta del siglo XX siguen en pie, y reaparecen con fuerza para imponer sus criterios e incluso favorecer aún más si cabe al mercado frente a la política de regulación, de intervención y de cohesión social. Sus soluciones no pueden ser las nuestras, por eso resulta interesante leer a Susan George en “Sus crisis, nuestras soluciones” (Icaria, 2010). A su vez un antiguo dirigente estudiantil de mayo del 68, Daniel Cohn- Bendit, escribe un pequeño tratado de imaginación política, como él mismo subtitula, y cuyo título “¿Qué hacer? (RBA; 2010), nos recuerda a Lenin, aunque en este caso se trate de algo muy distinto, en su formulación y en sus proposiciones, fundamentalmente ecológicas.

Desde luego, hace falta imaginación en estos momentos y no repetir machaconamente las viejas recetas económicas de ajuste, en la que insisten los economistas convencionales que hablan con prepotencia y como sentando cátedra, dando la impresión de que tienen las recetas adecuadas para salir de la crisis, cuando no solamente no fueron capaces de predecirla, sino incluso de no acertar en su desarrollo y desenvolvimiento. En los últimos tiempos nos han bombardeado con ideas que han demostrado ser mitos falsos y que no han funcionado ni para asegurar la estabilidad económica ni un crecimiento económico equitativo, sino que nos han conducido al desastre actual. En Francia se publica “Manifeste d´économistes atterrés” (Les liens qui libèrent, 2010) en el que se exponen 10 falsas evidencias, 22 medidas para salir del impase. Este pequeño manifiesto, firmado por gran cantidad de economistas, pretende hacer progresar la idea según la cual la ciencia económica debe esclarecer la pluralidad de elecciones posibles.

En suma, se inicia un nuevo año pero no con una nueva economía, sino con la vieja, tanto en ideas como en hechos, que necesita profundas reparaciones, pero que no se hacen en la escala que sería necesario hacer. Hay proposiciones diferentes efectuadas desde posiciones progresistas, que sin embargo no tienen audiencia en los medios de decisión internacional ni nacionales. Los partidos socialistas se doblegan ante el paradigma dominante y los poderes de los mercados, y no se está sabiendo articular una nueva izquierda capaz de transmitir otra política económica, otra economía.

Y finalizo deseando feliz año nuevo, que eso sí, si nadie lo remedia será con ideas económicas viejas y respuestas obsoletas para los problemas nuevos. De esta forma será muy difícil que el año sea feliz, cuando hay tantos perdedores y la brecha de la desigualdad se ensancha todavía más.


http://www.ucm.es

lunes, 20 de diciembre de 2010

rumores de guerra

Paul Rogers*

Un artículo reciente señalaba que una buena cantidad de acontecimientos políticos ocurridos a finales de 2010 contribuían a aumentar las posibilidades de un ataque militar israelí a las instalaciones nucleares iraníes. Entre ellos se mencionaban: los resultados de las elecciones parlamentarias de mitad de mandato en Estados Unidos que fortalecieron a los republicanos que apoyan incondicionalmente a Israel y estarán en condiciones de limitar la capacidad del gobierno de Barack Obama para condenar el eventual ataque, y la creciente preocupación israelí por los desarrollos de misiles de Irán y por su presunto programa de fabricación de armas nucleares. Los acontecimientos que se sucedieron después, entre ellos la información contenida en la última tanda de documentos publicados el 28 de noviembre pasado por Wikileaks, fortalecen sensiblemente este argumento.

El nuevo material difundido por Wikileaks revela el inmenso tesoro de las comunicaciones diplomáticas secretas de las embajadas estadounidenses del mundo entero con el Departamento de Estado. Entre los temas más salientes de la cobertura que ofrecieron los medios se destaca el informe de algunos diplomáticos a propósito de la antipatía que sienten varios líderes árabes por Irán; el ejemplo más llamativo es la declaración del rey Abdullah de Arabia Saudí en la que exhorta a Washington a “cortarle la cabeza a la serpiente”.

Esta revelación puede ser interesante más por lo explícito de los comentarios que por el sentimiento mismo, que no es ninguna novedad. Pero mucho menos publicitada -hasta que fue recogido por el Weekly Standard, el periódico más destacado de los neoconservadores de Washington- fue una afirmación saudí según la cual Irán estaba albergando a una red de miembros de al-Qaida, entre ellos a uno de los hijos menos conocidos de Osama bin Laden, Ibrahim. Este detalle alimenta un punto de vista más amplio que está ganando adeptos en Washington, que sostiene que Irán representa cada vez más un peligro aún mayor de lo que se suponía.

Cualquier conexión entre Irán y los responsables de los atentados del 11 de setiembre -por remota que parezca- es bienvenida por aquéllos que en Estados Unidos (sobre todo, pero no exclusivamente, de la derecha republicana) que ya se adhieren a la creencia de que las ambiciones nucleares de Irán no son más que el último ejemplo de una perfidia consumada, ejemplo que ofrecería una justificación adicional para atacar al régimen iraní o, al menos, para apoyar una operación similar por parte de Israel. La lógica salta a la vista: Irán apoya a al-Qaida y está desarrollando armas nucleares, un proceso que terminará con al-Qaida dotada de armas nucleares y un ataque aún más catastrófico a Estados Unidos.

LA MENTALIDAD

La divulgación política de este argumento en el Weekly Standard, con la consiguiente popularidad que ha alcanzado, resulta reforzada por dos acontecimientos actuales. El primero es el atentado simultáneo perpetrado en Teherán el 29 de noviembre pasado contra dos científicos nucleares iraníes: Majad Shahriari (que resultó muerto) y Fereydoon Abbasi (herido). Los dos fueron atacados de la misma manera: cuando iban en sus respectivos autos hacia su trabajo, mediante bombas lapa colocadas en las ventanillas por desconocidos que circulaban en motocicleta. El 12 de enero de 2010 Masoud Ali Mohammadi, un especialista en mecánica cuántica, fue asesinado en Teherán por una bomba trampa colocada en una motocicleta, un caso opacado por la sugerencia de que Mohammadi simpatizaba con el movimiento verde de oposición al régimen iraní. 

Hasta ahora, los asesinos no han sido identificados. Pero también puede ser significativo el hecho de que durante 2010 algunas de las instalaciones nucleares de Irán hayan sido objeto de intentos de sabotaje. Tal vez el más grave fue, por ejemplo, un sostenido ataque informático que es probable que haya afectado a la planta de enriquecimiento de uranio localizada en Natanz.

El segundo acontecimiento es el acuerdo al que llegaron Irán y la comunidad internacional para iniciar una nueva ronda de conversaciones sobre la cuestión nuclear, que se llevará a cabo en Ginebra, el 6 y 7 de diciembre: son las primeras discusiones de alto nivel entre las partes desde octubre de 2009. La delegación iraní estará presidida por el principal negociador nuclear de Irán, Sabed Jalili, en tanto que Catherine Ashton, la alta representante de la Unión Europea para la política exterior y de seguridad será quien encabece la delegación de los “3 + 3” (Inglaterra, Francia, Alemania, China, Rusia, Estados Unidos).

La reactivación del estancado diálogo entre la Unión Europea e Irán bien podría leerse en términos de un bienvenido aflojamiento de las tensiones. Pero también podría verse como un indicador de cierta debilidad del lado iraní, tanto si fuera un resultado del impacto de la actual ronda de sanciones económicas como si se hubieran presentado dificultades en el programa nuclear civil de Irán, o bien por ambas cosas.

El problema es que el otro actor clave de este drama multilateral, la elite gobernante y de seguridad israelí, considera a Irán desde una óptica completamente diferente. Israel interpreta cualquier iniciativa diplomática de Irán como una táctica evasiva y de dilación que le permitiría avanzar en su desarrollo de un arsenal nuclear. Una mera fachada. Irán es simplemente un peligro y es necesario enfrentarlo. 

LA AMENAZA
La profundidad de las sospechas que despierta Irán en la dirigencia política y militar de Israel -que muchos en Washington comparten- está bien expresada en un análisis publicado el 15 de noviembre pasado por un destacado profesor israelí en Defense News, la respetada revista estadounidense dedicada a temas de defensa. Las credenciales del profesor Efraim Inbar en el establishment son irreprochables: es director del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat de la Universidad Bar-Ilan, imparte clases en varias de las universidades más importantes de Estados Unidos e Inglaterra y actualmente es el presidente de la Asociación Israelí de Estudios Internacionales. Un prestigio que confiere a sus puntos de vista una indiscutible influencia y repercusión entre los principales políticos israelíes.

La evaluación general de Efraim Inbar es descarnada: “Lamentablemente, la diplomacia ha hecho lo de siempre y las sanciones económicas, en general, son inútiles. Sólo una acción militar puede poner fin a la carrera de Irán en su búsqueda de armas nucleares”. Esta idea está respaldada por el conocido argumento según el cual un Irán pertrechado con armas nucleares se convertirá en una amenaza a la estabilidad regional en general, y a la de Israel en particular, aparte de alentar a Turquía, Egipto y Arabia Saudí a a desarrollar su propio armamento nuclear. Pero un Irán pertrechado con armas nucleares también será mucho más audaz a la hora de tratar de desestabilizar a Turquía y Egipto, dice Inbar, que además rechaza enfáticamente la idea de que la nuclearización regional pueda asegurar una disuasión estable.

El hecho de que Irán cuente con armas nucleares implica otros peligros, afirma Inbar. En principio, Occidente perderá influencia en los Estados de Asia central más ricos en reservas de petróleo y gas, que se sentirán atraídos hacia un Irán nuclear o intentarán anudar nuevos y más estrechos lazos de seguridad con Rusia o China; Pakistán, por su parte, “adaptará su postura nuclear” en respuesta a la nueva realidad que inauguraría la existencia de un vecino con poderío nuclear, e India a su vez hará lo mismo, con lo que “podría crear un equilibrio nuclear aún más delicado”.

Además, las repercusiones de un Irán dotado de armas nucleares incluyen dos amenazas directas a la estabilidad en Europa: “Irán es aliado de Siria, otro Estado fundamentalista antiestadounidense, y trata de crear un corredor chií fundamentalista que iría desde Irán hasta el Mediterráneo a través del sur de Irak, Siria y el Líbano. Ese corredor le facilitará a Irán la posibilidad de proyectar su poder en los Balcanes, donde cuenta con una presencia en Bosnia, Albania y Kosovo, los tres Estados musulmanes de la región. Un Irán nuclear también podría alentar la radicalización de los musulmanes que viven en Europa”.

También hay que tener en cuenta el impacto que el desarrollo exitoso de un arma nuclear en Irán tendría en una serie de organizaciones terroristas de la región que cuentan con el apoyo iraní, como Hamás, Hizbulá y la Yihad Islámica. Inbar sostiene que estas organizaciones “se sentirán más seguras y confiadas sabiendo que cuentan con el respaldo de un Irán nuclear”.

Publicado en una de las más importantes revistas sobre temas de defensa de Estados Unidos, el artículo de Inbar, que caracteriza al desafío nuclear iraní como una amenaza muy importante para toda la región, para Europa occidental y también para Israel, resulta muy útil para comprender el pensamiento de la elite israelí. La nota que apareció después en el Weekly Standard, que llega a relacionar a Irán directamente con el 11 de septiembre, con al-Qaida y con el peligro permanente de ataques contra Estados Unidos (que ahora también podrían ser nucleares), se complementa muy bien con lo expuesto por Inbar.

EL PRECEDENTE

Cuando Efraim Inbar plantea que “en esta última etapa, sólo una acción militar puede evitar que el Gran Oriente Medio se degrade hasta convertirse en una región decididamente salvaje”, el atractivo que ejerce su punto de vista -especialmente entre aquellos que estarían en condiciones de hacer caso a sus recomendaciones-, es considerable. Después de todo, un análisis de este tipo tiene un precedente nada desdeñable. La opción de un ataque militar contra Irak para poner fin al régimen de Saddam Hussein había sido planteada en Washington al menos cuatro años antes de que se adoptara, de manera que no debería resultar sorprendente que el 11 de septiembre se convirtiera en un pretexto para “incriminar” casi instantáneamente a Irak, vecino de los talibanes de Afganistán, donde se refugiaba la dirigencia de al-Qaida.

Los ecos de aquel precedente, ahora con Irán en lugar de Irak, resuenan con fuerza. Es cierto que llevará mucho más tiempo persuadir a un gobierno de Estados Unidos presidido por Barack Obama de que debe comprometerse en una acción militar directa contra el principal adversario de Estados Unidos en Oriente Medio. Pero la dirigencia de Israel está sopesando las opciones, planeando las perspectivas, calculando los beneficios y evaluando las consecuencias. Esta vez habrá muchas menos excusas para mostrarse sorprendidos.

lunes, 6 de diciembre de 2010

el banco central europeo frente a la deuda: se necesita algo más que comprar bonos

Juan Torres López *

Por fin parece que el Banco Central Europeo (BCE) ha actuado, lo que muchos economistas críticos veníamos proponiendo desde hace meses y últimamente incluso personalidades como Felipe González o el portavoz del grupo socialista en el Congreso de los Diputados.

En realidad, el BCE ha hecho una simple "advertencia" a los especuladores fácil de entender: comprando bonos de los Estados les señala que sus operaciones podrían salirles caras porque la autoridad monetaria está dispuesta a jugar a la contra de sus movimientos y quitarles el objeto de sus operaciones. De momento ha quitado presión y la situación se ha aliviado algo pero de ninguna manera se puede decir que de esa forma se resuelva el problema. Hay que tener en cuenta que la especulación contra la deuda de los Estados (la que se ha generado, no lo olvidemos, por causa de la quiebra irresponsable de los bancos y de las consecuencias de que éstos hayan cerrado el crédito a la economía) genera varios problemas: encarecimiento de la deuda, porque eleva artificialmente los tipos a los que ha de venderse, extorsión a los gobiernos soberanos, escasez de capital para la actividad productiva y nuevas burbujas y desestabilización financiera. En suma, que se siga sin poder salir de la crisis.

Para que desaparecieran por completo estos problemas harían falta más cosas que un simple amago de intervención por parte del Banco Central Europeo. En primer lugar una compra de deuda mucho más grande, decidida y constante hasta ahuyentar por completo a los especuladores.

En segundo lugar, que esa financiación a los Estados no sea vergonzante ni encubierta. Hasta ahora es así porque al hacerla, como se está haciendo en realidad desde hace meses, se están violando las normas constitucionales europeas que impiden que el Banco Central Europeo financie a los gobiernos. Una soberana estupidez establecida en su día con el solo propósito de dejar a los bancos privados el negocio de la financiación, muy rentable para ellos pero con las consecuencias que ahora estamos sufriendo. Dada la magnitud de las operaciones contra el euro y la deuda de los diferentes países, el BCE debería mostrarse como una auténtica autoridad pública y frenar en seco a los especuladores afirmando su posición central en el sistema y no actuar solamente como un mero apagafuegos.

En tercer lugar, el Banco Central Europeo no puede financiar a los gobiernos echando sobre sus economía una losa igual de pesada que la que supone la financiación privada. Debería reembolsar los intereses a los Estados para aliviar el peso de esta deuda que, como comentaré enseguida, se puede convertir -si no se actúa como digo con urgencia- en una bomba de relojería para el conjunto de la economía europea.

En cuarto lugar, no se puede tratar sólo de hacer frente a la deuda, y ni siquiera de financiarla en las condiciones ventajosas que acabo de señalar. Hay que evitar que la "solución" a la deuda consista simplemente en salvar una vez más a los bancos hundiendo a las economías, es decir, en conceder como en Irlanda nueva financiación (incluso aunque fuese en condiciones más benévolas) para que se salde el agujero o la deuda de los bancos privados a costa de imponer condiciones que van a lastrar la actividad económica durante años.

Para evitar esto el Banco Central Europeo debería financiar al mismo tiempo planes de recuperación económica y tirar ya de una vez por la borda los principios de austeridad que van a condenar a las pequeñas y medianas empresas y los ciudadanos europeos a años de quiebras, de desempleo y deterioro económico.

Esta sería la única solución sensata y realista al problema gigantesco que ha ocasionado la crisis financiera en Europa. La buena noticia es que eso podría evitar los males mayores que se van a dar si se sigue permitiendo que los financieros sigan acosando a los gobiernos, subiendo artificialmente la factura de la deuda y logrando mediante la extorsión que cada dos por tres se tengan que sacar de la manga medidas de recortes de derechos sociales, como viene ocurriendo en España.

Pero la mala noticia es que incluso si se pudiera actuar así, violentando las normas de la Unión Europea y del propio Banco Central, este tipo de actuaciones sería insuficiente y deberíamos de pensar, como está de moda decir ahora, en un Plan B. La mayor parte de la deuda que hoy día soportan los Estados es una auténtica deuda odiosa (sobre el concepto de deuda odiosa: http://es.wikipedia.org/wiki/Deuda_externa). Es verdad que este concepto nació para referirse a la deuda que impusieron a los pueblos gobiernos dictatoriales y que la que ahora pesa sobre los países se ha generado con gobiernos legítimamente elegidos por la ciudadanía. Pero ¿realmente se puede decir que se haya producido como resultado de una decisión libre y deseada de estos gobiernos? ,¿no es más cierto que se ha generado obligadamente para hacer frente a comportamientos que han sido realmente criminales por parte de muchos bancos y grandes empresas, como las agencia de calificación? ¿Por qué tienen que soportar su peso los pueblos mientras que los grandes poderes financieros se están beneficiando de ella? Repudiar la deuda odiosa es siempre un imperativo moral, la expresión de una justificada condena del tipo de actividades que la han producido. También es la única forma de hacerle frente económicamente y de evitar que provoque un estallido continuado de perturbaciones financieras en el futuro inmediato. Aunque es muy difícil de calcular, se estima que la deuda pública mundial en estos momentos es de casi 41 billones de dólares (hay un "reloj" donde se puede ver cómo evoluciona constantemente en http://www.economist.com/content/global_debt_clock) que representa un 65% del PIB mundial, que es de unos 63 billones de dólares. Pero a ella hay que añadir la deuda privada, que es muchísimo mayor en casi todos los países: mientras que la pública prevista en España para 2010 es del 62,5% del PIB (será más), la privada estaba en el 310% en una de las estimaciones más aceptadas (McKinsey & Company. “Debt and Deleveraging: The Global Credit Bubble and its Economic Consequences,” En http://www.mckinsey.com/mgi/publications/debt_and_deleveraging/index.asp). A mi juicio, y como he analizado en mi último libro (La crisis de las hipotecas basura. ¿Porqué se cayó todo y no se ha hundido nada?), es completamente imposible que la economía mundial digiera o metabolice esta deuda ingente sin problemas, sobre todo, cuando en su mayor parte es la contraparte de operaciones puramente financieras que no han llevado consigo creación de riqueza alguna. Solo de podría hacer mediante una inflación tremenda y terrible o a través de una operación de gasto capaz de absorber ingentes cantidades de recursos, algo que solo podría ocurrir con una guerra que debería tener unas dimensiones y llevar a cabo una destrucción inimaginables. Y ambas vías llevarían consigo conflictos sociales quizá más graves que el problerma de base que pudieran "resolver".

La única solución, por tanto, es ir hacia una quita mundial de la deuda (la "quita" es el acuerdo entre deudor y acreedor en cuya virtud éste renuncia a una parte de la deuda) y que un tribunal internacional determine, al mismo tiempo, cuál de ella es verdaderamente odiosa para repudiarla para siempre. Es decir, hacer que quienes han provocado el daño asuman al menos en parte el costo de su reparación. Soy plenamente consciente de que mi propuesta es irreal hoy día. Tan irreal o ideal como pueda serlo pensar en establecer en nuestro planeta una economía y un modo de vida justos, respetuosos con el medio ambiente y acordes con la naturaleza humana. Pero justamente por eso la defiendo.

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domingo, 14 de noviembre de 2010

sáhara: episodios calientes de un conflicto enfriado

Juan Antonio Sacaluga*

Lo que está pasando estos días en el Sahara occidental habrá podido sorprender a muchos, pero no a quienes siguen de cerca la evolución de la última colonia española. Como si se tratara de una novedad, la mayoría de los medios han destacado estos días que, en esta ocasión, la protesta de los saharauis no ha estado relacionada con las reclamaciones de soberanía e independencia del territorio, sino con el deterioro de sus condiciones de vida. Y, sin embargo, hace mucho tiempo que se estaba cociendo a fuego lento una explosión social como ésta, a pesar de que el conflicto político parecía enfriado o relegado a un proceso diplomático fallido y seguramente tramposo.

Más allá del violento levantamiento del campamento de Agdaym Izik y de la represión posterior en diferentes barrios de El Aiún, este episodio caliente de un conflicto que se ha pretendido enfriar pone de manifiesto el fracaso de una estrategia de ocultamiento del problema. Aunque es aún muy pronto para sacar conclusiones, es bastante probable que esta primera gran crisis social en el Sahara con amplia repercusión mediática marque la tendencia de la evolución futura del conflicto y afecte, en distinta medida, a todos sus actores, directos e indirectos, cercanos y lejanos.

EL DESTINO DE LOS SAHARAUIS

Durante muchos años, los saharauis han sido tratados como población de territorio ocupado, aunque el discurso del ocupante haya negado con vehemencia esa realidad y los considerara públicamente como ciudadanos/súbditos meridionales del Rey y Comendador de los Creyentes. Que la retórica oficial era manifiestamente falsa lo evidencia la política de repoblamiento masivo de las "provincias del sur" con marroquíes procedentes de otros lugares del reino, a los que se ofrecía mejores sueldos (si eran funcionarios, en cada uno de los empleos, funciones y categorías) que el resto de sus compatriotas), más infraestructuras (relativamente) y unas condiciones de vida más atractivas (en términos generales). De esta forma, en un par de décadas largas, los saharauis originarios, habitantes de larga data y nómadas “sedentarizados” ya en proporciones superiores al 80%, se han visto convertidos en minoría dentro de su propio país. En estos momentos, con la prudencia que aconseja el asunto, puede decirse que la población implantada en el Sahara y sus descendientes sobrepasa a la que pudiera considerarse, con todos los matices precisos, como originaria.

La mayoría de esa población originalmente saharaui se siente partícipe de una identidad nacional y mantiene la aspiración de pronunciarse sobre su futuro y sus derechos políticos como pueblo. Y sigue reconociendo a la RASD (la República Árabe Saharaui Democrática) como la expresión política de su estado provisional, aunque puedan detectarse críticas al gobierno saharaui en el exilio y diferentes sensibilidades políticas. En esa mayoría, ahora minoritaria si se toma el conjunto de residentes y nuevos pobladores del Sahara, siguen vivos los lazos de hermandad con la población desplazada que resiste y espera en los campamentos de refugiados de territorio argelino. Residentes y refugiados saharauis mantienen la independencia como aspiración irrenunciable.

Sin embargo, hay que vivir todos los días, y en los últimos años, las reivindicaciones cotidianas, de orden social y económico y de contenido práctico, han pesado mucho más en la definición del malestar frente al poder extranjero que los administra. Esta realidad puede desbordar la capacidad representativa y el poder de interlocución del Frente Polisario o de la propia RASD. El actual ciclo de protestas y otras anteriores menos publicitadas se han realizado sin el liderazgo evidente del movimiento de liberación nacional. Los dirigentes polisarios deben admitirlo y tenerlo en cuenta. La última crisis ha estallado en vísperas de una nueva ronda negociadora, que concluyó con estériles resultados. Ninguna de las dos partes ha demostrado capacidad para controlar los acontecimientos. Las respuestas sociales parecen mostrar amplia autonomía de las estrategias políticas.

LAS CONTRADICCIONES DE MARRUECOS

Para Marruecos, el drama de estos días pasará factura. La estrategia de enfriar el conflicto, eludir y obstaculizar las resoluciones de la ONU, trabar el proceso referendario, jugar con la indiferencia de las potencias influyentes en la zona y manipular o exagerar riesgos para los intereses occidentales presenta límites cada vez más difícil de soslayar.

La respuesta represiva es la peor que podría ofrecer Marruecos, y eso lo saben muy bien en Rabat, desde la Casa Real hasta el responsable gubernamental más básico. Tanto es así, que, durante años, han puesto en la vitrina del Sahara justo lo contrario, aunque en la trastienda no han dejado de existir las prácticas más terribles de represión. La violencia institucional y abierta pone en evidencia el nerviosismo del Majzén, el conglomerado de poder en Marruecos. La realidad social saharaui ya no admite simplemente el método del palo y la zanahoria. Los colonos han dejado de disfrutar de una vida de privilegios. El deterioro de las condiciones de vida también les alcanza. Si Rabat fomenta o consiente el enfrentamiento civil, para enmascarar o justificar la represión oficial, el resultado puede ser mucho más inquietante y más elevado el riesgo de perder el control.

Frente a las potencias extranjeras influyentes, Marruecos ha vendido estos años que su control sobre el Sahara representaba una garantía y un apoyo en la vigilancia y contención de la amenaza islamista, nucleada en torno a las ramas magrebí y saheliana de Al Qaeda. El secuestro de ciudadanos occidentales en regiones próximas le ha proporcionado a Marruecos el discurso sustitutivo de agente occidental local que tuvo en la guerra fría frente a la amenaza soviética. Entonces, su gran rival, Argelia era un aliado de la Unión Soviética, muy sui generis, desde luego, pero útil como referencia de confrontación global. Sin mundo bipolar, la enemistad entre ambos países del Magreb continúa. En Argelia, el desafío integrista ha conocido periodos más terribles, pero sigue vivo. Como lo está en Marruecos, y con más razón para preocuparse, porque el fenómeno no es implantado sino autóctono.

Yolanda Sobero, compañera periodista de Televisión Española, acaba de publicar un libro sobre el conflicto del Sahara en el que analiza todas las claves históricas y presentes del conflicto. Durante el acto de presentación de su obra, celebrado esta misma semana en Madrid, resaltaba, entre otras contradicciones, la paradoja de la estrategia internacional marroquí. El gobernador de El Aiún le justificaba el control del Sahara como esencial para neutralizar los riesgos islamistas que se le presentan a Occidente, cuando, en realidad, como señalaba Yolanda, el peligro islamista en Marruecos no viene del sur, sino que anida en el corazón del reino, en Casablanca, la gran urbe en peligro permanente de explosión.

LA MALA CONCIENCIA ESPAÑOLA

El gobierno español ha escuchado críticas de distinta procedencia y de solvencia desigual por su reacción a los acontecimientos de estos días. Los sectores de apoyo a la causa saharaui le reprochan al gobierno falta de compromiso, ambigüedad, pasividad ante los excesos represivos marroquíes, desinterés por la evolución del conflicto, inhibición y desplazamiento de responsabilidad hacia la ONU. Puede entenderse el desconcierto oficial e incluso el patinazo de algún flamante Ministro (Ramón Jáuregui), hablando en términos de "soberanía" de Marruecos en el pleno del Congreso para luego corregirse acertadamente en los pasillos y afirmar que quiso decir "administración". O puede comprenderse la tibieza de la Ministra de Asuntos Exteriores, intentando medir sus palabras, desde el otro lado del Atlántico. En realidad, y sin escatimar los errores e insuficiencias del actual gobierno, lo cierto es que es toda la trayectoria de la España democrática en el Sáhara lo que merece la pena evaluar.

Ninguno de los gobiernos democráticos, desde 1979, parecen haber acertado. Las distintas políticas de apaciguamiento de Marruecos no han dado resultado y, sin embargo, se mantienen con formas y estilos diferentes. Es cierto que el comportamiento de Rabat hay que medirlo por lo que hace y no por lo que dice que hace o va a hacer. Que en el balance de las relaciones bilaterales, los sucesivos gobiernos españoles han ido preservando mal que bien sus intereses durante estas últimas décadas, ya sea en la explotación del recurso pesquero, en el control del tráfico de droga, en la canalización de las reivindicaciones territoriales, en los flujos migratorios o la vigilancia del fenómeno islamista. Pero es difícil evitar la sensación de que en el asunto del Sahara el resultado es negativo. Puede haber tres razones:

- Una, que ése haya sido el precio de otras concesiones o contenciones o frustraciones marroquíes, y que se haya aceptado el canje como ejercicio de pragmatismo.

- Dos, que los sucesivos gobiernos no hayan sentido verdadera presión de la opinión pública, más allá de una simpatía moral por la causa saharaui y determinadas acciones solidarias, para que realizaran una política más acorde con la responsabilidad histórica y jurídica de España.

- Y tres, que los intereses de los aliados norteamericano y francés haya servido de pantalla o dique a otro comportamiento público español más comprometido, hasta el punto de colaborar en escamoteo de los mandatos internacionales.

No se trata de opciones excluyentes, sino todo lo contrario. Con toda seguridad, es la combinación de las tres razones lo que explicaría esta "mala conciencia española", para decirlo en las acertadas palabras de nuestra compañera Yolanda Sobero.



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