lunes, 23 de marzo de 2009

¿QUÉ TIENE LA IGLESIA CATÓLICA EN CONTRA DE LAS MUJERES?

Elisa Docio


Como si se tratara de artefactos mecánicos que ellos puedan manipular, ahora pares, ahora no, ahora te preñas, ahora no, ahora follamos, ahora no.

Sus campañas relacionadas con el sexto mandamiento siempre conllevan un trasfondo de agresividad contra las mujeres, para controlar nuestra libertad, para mantenernos esclavizadas del sexo, para seguir culpándonos del pecado original y de todos los pensamientos y “actos impuros” cometidos por los hombres, sean clérigos o simpatizantes en sus diversas gradaciones. Curiosa conducta la de la cúpula eclesial teniendo en cuenta que la mayor parte de su colaboradoras, barredoras de iglesias, bordadoras de altares y voluntariado prosélito son mujeres.

El fariseísmo de la Iglesia de las púrpuras ya ni tan siquiera se camufla, luce en todo su esplendor. Hace pocos años y con eco bastante silenciado se supo de un informe elaborado por Esther Fangman, monja benedictina y psicológa y que fue presentado al Congreso de abades, priores y abadesas de la orden benedictina celebrado en Roma en septiembre del 2000. La traducción al español es de Il Regno (número 7/2001) cuya lectura se recomienda. En él dice textualmente: “Hoy estoy frente a vosotros para hablar de un tema inquietante del que hemos tomado conciencia estos últimos años durante nuestros encuentros entre benedictinas. No es fácil hablar de esto, pero es necesario poneros al corriente de que, en algunas situaciones, las religiosas benedictinas nos vemos obligadas a llevar una cruz muy pesada, como víctimas del comportamiento sexual de un cura. Callar significaría consentirlo.”

Poco tiempo después otra noticia publica que centenares de monjas católicas eran violadas habitualmente por misioneros en 23 países, el Vaticano lo reconoció y el Parlamento Europeo en Estrasburgo aprobó una Resolución de 5 de abril de 2001 “Sobre la violencia sexual contra las mujeres y en particular contra religiosas católicas” por la que se pronunciaba condenando toda violación de los derechos de la mujer, pide que los autores de estos delitos sean arrestados y juzgados y pide a la Santa Sede que considere seriamente todas las acusaciones. Un arzobispo africano condenó a un cura persistente violador a dos meses de retiro por violar a una novicia que quedó embarazada teniendo que abandonar la congregación y echarse a la selva discriminada por pecadora.

Leemos en la prensa que el equipo médico y los familiares de una niña de nueve años preñada de gemelos, violada por su padre desde los seis años, han sido excomulgados por la Iglesia Católica. Espeluznantes informes médicos dicen que la menor pesa treinta kilos, mide un metro treinta y tiene un útero incapaz de albergar un feto por cuanto es inviable de todo punto que pueda llevar a término y sobreviva al parto. Escuchen mujeres del mundo, el padre incestuoso y violador no ha sido excomulgado.

Pagan 400 millones de dólares de indemnizaciones por pederastia y las sotanas togadas se rebelan enervadas ante la más mínima mención de sexo. Las persecuciones religiosas a las mujeres no tienen cómputo posible en la historia. ¿Cuántas mujeres han ordenado quemar a hombres por brujos?

Las bases entregadas no entienden el discurso lejano de los iluminados. Durante siglos, y aún para las que se dejan, morbosos clérigos autodenominados directores espirituales se cebaron con la conciencia de las mujeres, trastornadas, confusas, manejables, chantajeadas. ¿Y las confesiones? Fuente de morbo erótico para hombres reprimidos contra natura, pidiendo detalles para ilustrar sus autosatisfacciones y a continuación sus flagelaciones para purgarse. Hoy ya no es necesario acudir a la tortura del detalle, el mercado del porno y del sexo es amplio y muy accesible. Se puede pecar en la intimidad o en compañía pero sin atosigar a nadie.

¿Aprueban las bases eclesiales, los curas de pueblo, los colaboradores voluntarios, los misioneros en primera línea de sufrimiento, las consignas cerriles? A los talibanes católicos les da igual lo que piense y lo que crea nadie que no sean ellos. ¿Cómo se sienten esos fariseos? Tal vez como prepotentes castrados porque su dios no les dio el supremo poder de crear vida y no pueden alcanzar la cúspide, por eso se nomina a la mujer enemigo público de la Iglesia.

Si lo que buscaban con sus campañas antiaborto y contra preservativo era el campanazo visionario, lo han conseguido. Si pretendían división en la opinión pública también, pero entre los suyos. Los demócratas que tenemos siempre presente la libertad de las personas y los derechos de las mujeres estos barruntos no nos dividen, al contrario nos alertan de la amenaza de abandonar parcelas sociales en manos y mentes que tanto peligro entrañan, sobre todo para nosotras.

Cuando un Papa se arrodille y pida perdón a las mujeres que nos avisen. ¡Ah! y no olvide, si es mujer marque Vd. la cruz en su declaración que la Iglesia velará por su esclavitud.