miércoles, 7 de julio de 2010

necesitamos una nueva gobernanza y geopolítica para nuestro conflictivo mundo


Adolfo Castilla*
Jueves 31 de Diciembre de 2009

Los términos Gobernanza y Geopolítica son antiguos y fueron populares hace años. En los últimos tiempos han vuelto a ser usados generalizadamente, cada uno de ellos por motivos distintos. Gobernanza es el más arcaico y, a parte de su origen griego y su primer uso atribuido a Platón, parece que fue reintroducido hacia el siglo XIV por los franceses, como ha ocurrido en muchas otras ocasiones en el terreno de las palabras. Gouvernance se utilizó entonces como denominación del arte o manera de gobernar y para hacer referencia al buen gobierno de algunos reyes. Del francés pasó a otros idiomas occidentales tales como el inglés, el español y el portugués.

Probablemente porque entendido de esa forma no añadía nada al término “gobierno”, más simple y coloquial, su uso se fue perdiendo hasta fechas tan recientes como los primeros años 90, en los que reapareció con un significado más específico. Fueron los americanos los que se acordaron de él y comenzaron a utilizarlo en esas fechas para designar una nueva forma de gobernar el mundo en una época de fuerte globalización de las actividades económicas, mayor interacción entre gobiernos de todo el mundo, mayores responsabilidades sociales y más interrelaciones estado-mercado-sociedad civil amén de una forma distinta de entenderse caracterizada por el trabajo en red. También ha sido utilizado desde entonces para referirse al management y el liderazgo de las grandes multinacionales y en parte para el manejo de las ONGs y otras instituciones modernas.


En España sonaba mejor el término cercano de “gobernabilidad”, pero se cuenta que fueron los mejicanos los que potenciaron el término “gobernanza” por su cercanía al inglés “governance” y por estar desde antiguo en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Cuando se estaba traduciendo al español a finales de los 90 el informe del Club de Roma “Governance in an era of Globalization” el equipo español que la supervisaba tuvo fuertes quejas del equipo mejicano y hubo que poner al final el término menos significativo entonces para nosotros de “gobernanza”.


En cuanto a Geopolítica, la cosa es más simple, cualquier manual de Geografía Política explica que fue el geógrafo sueco Rudolf Kjellén el que introdujo el término en 1916 en su libro “El Estado como organismo viviente”. El alemán Friedrich Ratzel aportó con anterioridad el concepto de “Espacio Vital” necesario para la supervivencia de un país y contribuyó sin utilizarlo a dotar de significado al término Geopolítica como concepto relacionado con la expansión de los países y con la conveniencia de que las fronteras de los países fueran dinámicas y cambiantes. Posteriormente otros autores alemanes y políticos y militares anglosajones (ingleses y americanos) desarrollaron y aplicaron el concepto y lo utilizaron con profusión en los años del colonialismo e imperialismo de los siglos XIX y XX. La Alemania nazi en los años anteriores a la segunda guerra mundial y Japón, Rusia y otros países en los años 30 y 40 del pasado siglo, también se adscribieron a él para dotarse de un poder mundial y extender su presencia allende sus fronteras.


Aparte de su significado formal de conjunto de conocimientos o ciencia que relaciona las decisiones políticas con el espacio geográfico y con los habitantes de un país, la Geopolítica es más conocida como práctica de las relaciones de poder de unos países con otros, expansión de unos a costa de otros y dominio e influencia. El control de los recursos naturales, especialmente los energéticos, la presencia en otros países y la protección de las fronteras propias lejos de ellas, han sido temas tradicionales de la Geopolítica. Es la forma cómo unos países compiten con otros para obtener presencia, poder e influencia. Las ideas de dominio de otros y de apropiación de sus recursos naturales, como hemos dicho, han formado parte de esta materia, históricamente y en las actualidad.

 

En tiempos recientes fue Kissinger el que potenció de nuevo el término aunque decididamente con un sentido distinto. Este asesor del Pentágono y Secretario de Estado con Richard Nixon en 1973 estaba interesado en una estabilidad global en el mundo en la que los intereses nacionales estuvieran protegidos y representados, así como en las nuevas relaciones entre los Estados Unidos y China y en general en el equilibrio de poder en un mundo multipolar.

La Nueva Geopolítica


Mucho más reciente es la aparición de lo que se ha llamado “La Nueva Geopolítica”, tema tratado por autores diversos y difundido ampliamente en Internet y otros medios. Un primer artículo con ese título fue publicado por Michael Klare en la revista Monthly Review en 2003 (1). En la misma revista y en diversas otras han ido apareciendo otros relacionados con la misma cuestión.


Lo que explicó Klare, profesor de Seguridad Mundial y Paz en el Hampshire College de Amherst, Massachusetts en su trabajo fue la Geopolítica de los Estados Unidos bajo la presidencia de Bush de la que ha formado parte la intervención militar en Irak. Para este autor, no hay duda de que Oriente Próximo, incluyendo el Golfo Pérsico, la zona del Mar Caspio y todo lo que él llama Eurasia constituye una región mundial disputada por las grandes potencias. Del petróleo que se concentra en esta zona (más del 70 % de las reservas mundiales) dependen las economías de las grandes economías mundiales y Norteamérica no puede dejar de estar presente allí. A otros países como China, Rusia o Japón y por supuesto Europa, les ocurre lo mismo, con lo que la Geopolítica como competencia de poder entre países está de nuevo entre nosotros. El mundo pivotará en los próximos años sobre Oriente Próximo y Eurasia y desde luego no sería extraña la continuidad y escalada de grandes conflictos armados en la zona.


El mismo tema ha sido tratado en fecha más reciente (2006) por John Bellamy Foster, editor de la misma Monthly Review y profesor de Sociología de la Universidad de Oregon. Su trabajo titulado The New Geopolitics of Empire hace una revisión histórica de la teoría y práctica de la Geopolítica, mencionando a los tres autores que la perfeccionaron como área de conocimientos en el periodo de entre guerras: Halford Mackinder en el Reino Unido, Karl Haushofer en Alemania y Nicholas John Spykman en los Estados Unidos (2). Concluye que la Geopolítica nunca ha dejado de practicarse en este último país y que existe una continuidad en ella que pasa de un presidente a otro. Parecen existir, según lo que este autor explica, unas leyes no escritas ni explicadas que indican lo que el imperio americano tiene que hacer para no perder la supremacía mundial. Las guerras e intervenciones armadas que tanto mal causan son tributos que hay que pagar para mantener la hegemonía y el poder mundial y, desde luego, para tener acceso a las fuentes energéticas y a las materias primas fundamentales. Desde antiguo, por otra parte, la importancia estratégica de Eurasia y Oriente Próximo ha sido señalada por la mayor parte de los teóricos de la Geopolítica.


También ha utilizado el mismo título el conocido economista de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs en un artículo publicado en Scientific American. Su tesis es que para evitar las guerras y otros conflictos la nueva Geopolítica debería buscar la sostenibilidad y preocuparse por las consecuencias ecológicas de nuestras actividades económicas (3).


El estado del mundo


Reflexionar sobre el estado actual del mundo y sobre su futuro puede llenarnos hoy de angustia y preocupación profunda. Los problemas y conflictos de todo tipo no son pequeños ni tienen fácil solución, ya se trate del terrorismo, de los conflictos armados de todo tipo, de la escasez y desigual distribución del agua y la energía, del hambre en el mundo, de la inmigración, de los estados fallidos, de los nacionalismos sin fundamento y, en fin, del deterioro medioambiental y el cambio climático.

 

Se podría decir que necesitamos hoy más que nunca una nueva Gobernanza y una nueva Geopolítica. Algunas tendencias actuales muestran lo complicado de la situación.

Desde hace años se nota en el mundo un incremento de relevancia y poder de naciones hasta ahora consideradas en vías de desarrollo o formando parte de economías planificadas centralizadamente. El fenómeno es en principio de carácter económico y está basado en el volumen de actividad alcanzado por países como China, India, Rusia, Brasil o México, pero de lo económico se pasa a lo político y estas naciones reclaman ya su lugar en la organización y el gobierno del mundo. Dicho fenómeno está relacionado también con la adopción de todos estos países, parcial o totalmente, de la economía de mercado y de su incorporación al comercio internacional. La marcha hacia un mundo multipolar es señalada por todos los autores y analistas actuales, existiendo diferencias entre ellos en cuanto al diagnóstico y al resultado final al que se llegará. Para algunos es la pérdida de peso y hegemonía de los Estados Unidos y para otros, tales como Fareed Zakaria, no es tanto un descenso de USA como un ascenso de otros países (Rise of the rest) (4).


El tema de la multipolaridad es una cuestión ampliamente debatida en el seno de un área de conocimientos tan amplia y bien definida como las Relaciones Internacionales (RRII) en la que trabajan y han trabajado autores muy destacados. Zakaria, que es un periodista que escribe sobre asuntos internacionales, no forma realmente parte de ellos aunque sus libros gozan de cierta notoriedad.


Entre los verdaderos expertos existen opiniones contrapuestas. Stanley Hoffman, por ejemplo, escribió hace unos años que hablar de multipolaridad era prematuro (5). La complejidad ha sido señalada como una característica del mundo del futuro por autores como Joseph S. Nye y Robert O. Kehoane, y, especialmente el primero, ha hablado de tres niveles para explicar el reparto de poder entre los Estados y otros actores. En el nivel superior ligado a lo militar el mundo es unipolar. En el segundo, ligado a lo económico, el mundo es ya multipolar, con Estados Unidos, Europa y Japón representando dos tercios del PIB mundial y China acercándose velozmente a ellos. El tercer nivel, por fin, formado por agentes no gubernamentales de todo tipo y relacionado con las transacciones internacionales, es muy disperso y no cabe en él hablar de hegemonía, unipolaridad o multipolaridad. La turbulencia de las relaciones políticas en la actualidad ha sido también señalada por J. Rosenau.


Otros expertos orientan sus debates al nuevo gobierno del mundo (o gobernanza) necesario para la resolución de problemas como la persistencia de la pobreza, el cambio climático, la identidad y los nacionalismos, el terrorismo y otros, ya citados anteriormente.


Las Naciones Unidas, con todas sus unidades asociadas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Tribunal de Justicia de La Haya así como los llamados G-8, G-20 y otras instituciones internacionales, son antiguas y requieren cambios. Algunos países y gobernantes piensan que necesitan ser sustituidos por otros o reformados drásticamente.


La democracia parlamentaria occidental no es aceptada por todos los países del mundo. Tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y las posteriores ilusiones de “final de la historia” (uno más, y no el más importante, de los temas de discusión de los expertos en aquella época) y de convergencia de todo el mundo en un único sistema de organización política y económica, los desarrollos posteriores muestran tendencias diversas tales como: vuelta a situaciones típicas de la “guerra fría”, formas de gobierno con gran atractivo como el Capitalismo de Estado de China, enfrentamientos radicales a lo occidental como el practicado por los países islámicos o socialismos de antiguo o nuevo cuño como los preconizados por Cuba y Venezuela con orientación también a la ruptura y el enfrentamiento con la cultura occidental y su forma de vida.


El resurgir de los nacionalismos de todo tipo, muchos de ellos con intenciones independentistas, y los ataques diversos al sistema de estados-nación es otro fenómeno actual. Según Samuel Huntington, el famoso profesor de Harvard (fallecido el 24 de diciembre de 2008), autor del libro
El choque de civilizaciones. La reconfiguración del orden mundial, los enfrentamientos del futuro serán más identitarios que ideológicos (8). Tema ampliamente tratado por Castells en el segundo tomo de su famosa obra La Era de la Información (9).

Habrá por otra parte conflictos y enfrentamientos diversos relacionados con la escasez de recursos, con la desigualdad, la pobreza y el subdesarrollo, con las migraciones mundiales, con la vida en las mega-ciudades, y con el terrorismo y el crimen organizado, asuntos a los que habrá que prestar una atención especial.


También, y por último, hay tendencias relacionadas con la aparición de nuevos actores y nuevos poderes no estatales y agentes muy diversos a nivel mundial. Precisamente lo “no estatal” puede ser una característica destacada en un futuro próximo en relación con los temas de seguridad. Guerras no convencionales, como el terrorismo, intervención contra la piratería, intervenciones en conflictos regionales no estatales en los que no hay gobiernos ni autoridades con las que negociar y otras características difíciles de manejar.


Los hechos constatados


El reciente libro de Eamonn Kelly, un futurista que ha sido director de la empresa de Consultoría GBN (Global Business Network) con sede en San Francisco,
La Década Decisiva, comienza de una forma muy brillante. Cuenta la respuesta dada a Nicolás Maquiavelo por Pandolfo Petrucci, Señor de Siena, a una pregunta sobre su actuación irregular en asuntos de gobierno de su ciudad. Parece ser que Maquiavelo (1469- 1527), como segundo canciller de Florencia, recibió el encargo del consejo de gobierno de la ciudad de que investigara los motivos por los que Petrucci era tan inconstante en su comportamiento y tan propenso a la intriga. La contestación dada por el gobernante de Siena, citada por Kelly en el primer capítulo de su libro, impresionó a Maquiavelo en su época y nos impresiona a nosotros hoy, más de quinientos años después. La contestación fue: “Como deseo cometer cuantos menos errores posibles, llevo mi gobierno día a día y manejo mis asuntos hora a hora, porque los tiempos son más poderosos que nuestros cerebros”.

Los tiempos son siempre poderosos y es por eso por lo que los hechos proporcionan más información que las ideas. La realidad de la vida nos puede indicar si los análisis y las tendencias anteriores son ciertos. Las recientes reuniones de los gobernantes mundiales nos dan pistas de por dónde van las cosas.


El mundo es ya multipolar como se deduce de los encuentros del G-20, aunque no hay todavía método de trabajo y nadie sabe cómo se gobernará el mundo con esa y otras nuevas instituciones. Las decisiones conjuntas son muy complicadas como se constata una y otra vez.


La reciente reunión mundial en Copenhague sobre cambio climático muestra de nuevo ese mundo al que vamos en el que el poder de decisión y actuación estará en las manos de los países más poblados y con economías más boyantes al estar poco a poco saliendo de su condición de emergentes. China, Rusia e India se han puesto de acuerdo con los Estados Unidos al margen de todos los demás países presentes. Esta será la fórmula para las decisiones futuras.


Las Naciones Unidas hace tiempo que son un convidado de piedra y Europa pierde presencia y poder día a día. Algunos de los países que forman parte de la UE dan la impresión de estar a las puertas de entrar en una nueva categoría: la de países en “vías de subdesarrollo”.


Las terceras vías intentadas una vez más, en esta ocasión por países como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Irán y otros, son fuentes adicionales de dificultad para el gobierno del mundo. La Geopolítica se centra hoy en el Próximo Oriente y es ahí donde radica la seguridad del mundo. No se detendrán allí fácilmente los conflictos armados actuales y es probable la escalada a enfrentamientos mucho mayores.


La hegemonía de un país como los Estados Unidos que ha hecho uso de ella hasta ahora para el bien y para el mal comienza a desaparecer, con la terrible duda de si eso será mejor o peor para el mundo.


Barack Obama sigue siendo para todos “la gran esperanza negra”, pero en actuaciones internacionales relacionadas con el poder de su país parece no poder prescindir de esas leyes no escritas que siguen todos los presidentes norteamericanos. Son leyes que tienen que ver, como se ha dicho anteriormente, con la supervivencia de los Estados Unidos como potencia mundial y con la protección de su forma de vida.


Es muy probable además, en relación con cualquier país, que no se pueda bajar la guardia en el mundo actual. La Geopolítica como instrumento para intervenir en otros países, tener presencia en regiones diversas, proteger los intereses propios y defenderse en definitiva, puede que sea una necesidad y una obligación. No olvidemos que enfrente de nosotros podemos tener competidores o enemigos que tengan las ideas más claras al respecto y que directamente nos ataquen e interfieran en nuestros derechos legítimos.


Las ideas y los hechos pues coinciden en mostrar un futuro conflictivo, complejo y difícil para nuestro planeta en el que no hay razones sólidas para pensar que no se producirán guerras y enfrentamientos graves como los vividos en el pasado. Sería necesario que todos, absolutamente todos los pueblos, todas la culturas y todas las civilizaciones del mundo tomaran conciencia de la necesidad de formas nuevas de gobierno y enfoques adecuados para resolver las cuestiones de poder e influencia. Es una pena que ante el panorama actual no se abran camino entre nosotros una Gobernanza guiada por la responsabilidad social y una Geopolítica inspirada por la sostenibilidad y la ecología.


Notas al pie

(1) Michael Klare, “The New Geopolitcs”, Monthly Review, Volumen 55 Número 3
(2) John Bellamy Foster, “The New Geopolitics of Empire”, Monthly Review, Volume 57, Número 8
(3) Jeffrey Sachs, “The New Geopolitics”, Scientific American, Junio de 2006
(4) Fareed Zakaria, The Post-American World. W. W. Norton & Company, New York, 2008.
(5) Stanley Hoffman, “El estado de las cosas”, la vanguardia Dossier, nº 3, octubre-diciembre, 2002
(6) Joseph S. Nye, La paradoja del poder norteamericano, Taurus, Madrid, 2003
(7) James A. Rosenau, Turbulence in World Politics. A Theory of Change and Continuity,
Havester/Wheatsheaf, Londres 1990
(8) Samuel P. Huntington, ¿Choque de Civilizaciones?. Editorial Tecnos, Grupo Anaya, Madrid, 2003.
Manuel Castells, La Era de la Información (Volúmenes, 1, 2 y 3), Alianza Editorial, Madrid, 1998.


* http://www.tendencias21.net/Prospectiva/